25
Lo primero que hago es abrazar a Kaia con fuerza. Ella me devuelve el gesto sin decir nada, pero en su silencio encuentro más consuelo del que esperaba, mientras Neal y Galen se quedan mirándonos.
—¿Dónde está Mic…? —empieza a preguntar Neal, pero el codo de Galen lo hace callar de inmediato.
No hace falta que nadie lo diga. Lo entiende en cuanto ve mi cara. Neal se queda inmóvil, con los ojos muy abiertos.
—No… —susurra. Da un paso atrás, luego otro hacia adelante, como si esperara verlo aparecer—. No puede ser.
Galen, en cambio, no dice nada. Se pasa una mano por el cuello, con la mirada clavada en el suelo. Cuando finalmente levanta la vista, sus ojos se detienen en mí.
—Lo siento —murmura Galen y su voz suena tan rota que no necesita decir más.
Nos acercamos a ellos y no hay palabras, solo un silencio compartido que pesa demasiado .
Por un instante, el dolor deja de ser mío. Está en ellos también. Micah no era solo mi hermano mayor, era el de los tres.
Un compañero aparece de entre los pocos árboles que quedan en esta zona y se detiene frente a nosotros, compungido.
—Neal… es tu hermana —dice con voz quebrada.
El silencio que sigue a sus palabras me hace darme cuenta de que algo no va bien. Nuestro amigo se queda quieto, con los labios apretados y casi parece contener el aire. Por un momento creo que va a desplomarse, pero en su lugar, da un paso adelante.
—¿Dónde está? —pregunta con una calma que no es habitual en él.
Nadie contesta, pero no hace falta.
Tal vez si está herida, aún puedo curarla.
Neal desaparece con el otro chico. Sin embargo, nosotros tardamos unos segundos en reaccionar y seguirles.
Puedo sentir la angustia de Neal desde aquí.
Mientras atravesamos el camino hacia Eros, observamos las ruinas a nuestro alrededor.
Hay Rhesar de la tierra levantando escombros y algunos Halovar de los sueños moviéndose entre los heridos, curando sus recuerdos.
Cuando los tocan, sus manos se vuelven translúcidas y sus respiraciones se calman, como si el miedo se disolviera al fin, ahora que todo ha pasado.
Cuando llegamos, nos hacemos más conscientes del ambiente, cargado de humedad.
Entre los restos de la Academia, Azula está arrodillada frente a Lyara. Su mano tiembla mientras baja los párpados de la chica .
El silencio que nos rodea es insoportable. Vuelvo a ver a Micah, en vez de a Lyara. Respiro hondo mientras una sensación de rabia hierve en mi interior. Intento contener las lágrimas.
Neal se queda quieto, con la mirada vacía y los labios entreabiertos, como si intentara respirar y no pudiera. Da un paso, luego otro, hasta quedar frente a ella. Se deja caer de rodillas frente a su hermana y pasa los dedos por su cabello, apartándole un mechón del rostro.
No hay llanto, solo el silencio de alguien que acaba de perder a un ser querido, de romperse por dentro y no saber cómo juntar las piezas. Lo sé porque es exactamente como me siento yo.
Cuando se pone de pie, sus hombros están tensos y su mandíbula apretada. Su mirada ahora parece perdida. Me agacho y lo abrazo, sintiendo el temblor que intenta contener. Por un instante, creo que va a ceder, pero no lo hace.
Se queda inmóvil, dominado por una calma dolorosa. Ahí es cuando lo entiendo.
Y cuando nos miramos a los ojos: ambos tenemos el mismo propósito.