Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 24
42%

24

El poder me atraviesa como un eco que no consigo controlar.

Galen me observa unos metros más allá con la respiración entrecortada. No dice nada. Solo me mira, sorprendido, sin rastro de juicio en sus ojos, intentando encajar en su cabeza todo lo que acaba de ocurrir.

—Khione… —susurra, avanzando despacio.

Yo miro mis manos, cerrando los puños para intentar detenerlo.

—No sé qué acabo de hacer…

Y entonces, un rugido resuena sobre nosotros.

El cielo se abre en un destello de luz dorada, dejando ver a un dragón que atraviesa el campo donde estamos. No hay calor en su presencia, al contrario que con Erilian, se siente un frío que cala los huesos. Impone respeto y miedo al mismo tiempo.

Callon .

Llegamos a la zona devastada, donde los supervivientes se reúnen entre los restos, marcada por un tipo distinto de destrucción .

Allí, se abre un portal del que emerge la Guardia Real Blanca, con sus armaduras reluciendo con toques dorados. Se despliegan en formación, imponiendo orden allí donde solo hay ruina.

Galen da un paso instintivo hacia mí, poniéndose delante y cubriéndome con su cuerpo.

La dragona dorada se detiene y su cuerpo se transforma en semidracónica. Veo como los ojos azules de la dragona Callon nos recorren a todos con frialdad y precisión, una que me resulta familiar.

Sobre su piel descansan unas escamas doradas y cuernos curvados, largos y elegantes que se alzan sobre su cabello blanco e impoluto.

Los primeros en inclinarse son los guardias reales, quienes abren un pasillo, con una reverencia perfecta.

Les seguimos el resto, reaccionando unos segundos más tarde.

Un movimiento entre la neblina me hace girar hacia Kaia y Neal, quienes aparecen cubiertos de hollín, jadeando. Se detienen al ver la escena y, sin dudarlo, se arrodillan junto a Galen.

Recibo una cálida sensación de tranquilidad cuando veo que ambos están a salvo. También observa las inmediaciones, deteniéndose por un instante a admirar la devastación. Es como si el mundo mismo temiera respirar ante ella.

Su sola presencia impone un silencio absoluto y el tiempo parece detenerse esperando su juicio.

Entre los soldados, una figura familiar se adelanta: Erilian. Aunque sus pasos son firmes, hay algo en su mirada… una tensión contenida.

Cuando Callon alza la cabeza, él se mueve con una discreción calculada, situándose justo entre ella y nosotros. En el ambiente se nota una vibración de energía que no logro descifrar, una mezcla de reconocimiento y advertencia.

El silencio pesa más de lo que debería. Cada respiración se siente prohibida, como si incluso el aire temiera moverse bajo la mirada de Callon.

Sus pasos resuenan con un ritmo perfecto y metódico sobre la tierra quemada. La luz que aún queda del fuego se refleja en las escamas que cubren parte de su piel. No necesita alzar la voz, ya que su presencia basta para que todo el mundo palidezca.

El incendio se ha extinguido, pero el frío que la dragona trae consigo, me hiela hasta los huesos. Más aún temo por mi vida, porque acabo de usar el poder de la creación.

El volver a sentir ese cosquilleo en las palmas de mis manos, me evoca a los momentos con Maden huyendo de la Guardia Real Blanca y se me encoge el pecho.

—Si estuvierais conmigo, nada de esto habría ocurrido. —La voz calmada de Callon me hace salir de mis cavilaciones. Nadie contesta, todos seguimos arrodillados.

Su mirada recorre los cuerpos inconscientes y muertos del suelo, luego se posa en Erilian. Él avanza unos pasos, inclinando la cabeza con una reverencia impecable y ella se la devuelve, pero de una forma más elegante y sutil.

—Fuimos emboscados. El ataque fue premeditado, estoy seguro de ello. —Erilian la escudriña con la mirada.

Aparecen Feris y Hestein en su forma medio dracónica.

El rojo destaca en la dragona del fuego y de la destrucción.

Sus escamas parecen incandescentes. Por el contrario, sobre Feris se pueden ver sus cuernos ramificados, cubiertos de musgo y flores diminutas, representando el bosque y la preservación vital.

Callon los observa y el silencio se estira hasta volverse insoportable.

—Mis everen jamás atacarían al bosque de Munea —se defiende Hestein.

—Niños de mi zona han sido abordados por Rhesar del fuego, gritando que lo hacían por su dragona —le acusa Feris, quien acaba de cruzarse de brazos.

—Eso es ment…

—¡Basta ya! —La dragona dorada le interrumpe, sin ni siquiera necesitar alzar la voz para que todos callen—. Esto se ha descontrolado porque habéis decidido transgredir las normas.

—Estoy segura de que… —dice Einstein, pero Callon vuelve a detener su perorata, alzando la mano para acallarla.

—Si hubierais seguido mis reglas, en vez de volveros tan débiles como estos everen, al relacionaros con ellos, todo sería como hace siglos. —Se pasea con la cabeza alta entre sus iguales, sin disimular su juicio sobre ellos.

—Vivir como antes lo hacíamos, era un infierno —rebate Feris, agotada.

El ambiente cambia cuando acerca su rostro al de ella y sus ojos se deslizan ligeramente hacia la izquierda. Por un segundo, pienso que ha sentido mi don e intento controlar mi respiración. No puedo controlar mi poder, que vibra pidiendo ser liberado.

Siento como la mano de Galen me busca, rozando la piel de mi muñeca. No necesito mirarlo para entender que lo que me intenta transmitir es que respire con normalidad.

Me obligo a bajar más el rostro, ocultándolo detrás de él.

—Las pérdidas que hemos tenido hoy han sido daños colaterales, necesarios para que al fin os deis cuenta de que mi método sigue siendo el más efectivo.

Aprieto las manos en puños y siento la rabia acumularse en mi interior. Mi mano encuentra el colgante bajo la ropa. La luna de plata está fría contra mi piel. Por alguna razón tocarla entre mis dedos me devuelve un poco de control sobre mis emociones y vuelvo a sentir cierta calma.

Tal vez para ella, una vida no significa nada, pero yo acabo de perder a mi hermano. Él no era una marioneta de trapo a la se puede tirar cuando te cansas de ella.

Los ojos me arden por las lágrimas acumuladas.

—¿Tu método? —La voz de Erilian tiene un toque de ironía—. Tienes a toda la población aterrorizada. No te admiran, te temen. Y por eso nos fuimos de tu lado.

Ella se le encara y coloca su fina mano en la cara llena de sangre de él.

—Algún día entenderás de cómo funcionan las cosas realmente, querido. —Observa con condescendencia a los que son como ella. Su cinismo me resulta repugnante.

Dicho esto, con un giro de muñeca la guardia golpea sus bastones y crean un portal por el cual desaparecen. Pero ella, antes de irse, nos ofrece unas últimas palabras:

—El miedo es el único lenguaje que todos entienden.

Solo cuando se desvanece, siento que vuelvo a respirar.

.