Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 15 #2
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Avanzo hacia la izquierda, pero una mano firme se cierne sobre mi muñeca y me obliga a detenerme. La presión es breve, pero suficiente para que mi pulso se acelere. No necesito girarme para saber de quien se trata.

—Por ahí daremos más rodeo —dice Galen con calma, aunque hay algo en su tono que me hace fruncir el ceño.

Sin soltarme del todo, me guía hacia la derecha, donde Kaia aún nos espera.

Al final, ambas nos dejamos guiar por los pasos seguros de Galen, como si conociera cada recodo de este bosque.

Adelanto a Galen situándome al lado de Kaia notando cómo sus ojos me siguen y no son amables, sino como quien evalúa cada movimiento en un enfrentamiento.

Mi amiga para en seco y veo como una luciérnaga más pequeña que el resto se acerca en dirección a Kaia, situándose en su mano con confianza .

Con mucho cuidado saca el frasco, el cual tenía ya abierto, y la introduce sin prisa. El insecto se queda inmóvil dentro del cristal, mientras mi amiga saca la tapadera y lo enrosca.

—¡Eso ha sido increíble! —chilla cuando termina de cerrarlo bien—. ¿Lo has visto? —Se gira y me mira con un brillo en los ojos que nunca había visto.

—Sí, lo he visto. —Asiento cuando me agarra de las manos y empieza a dar saltitos de emoción.

—Atrapemos a la última, quiero terminar ya. —Galen se abre paso entre nosotras dejándonos desconcertadas.

—¿Qué le pasa ahora a este? —dice Kaia y nuestro mentor se gira, rehaciendo los pasos de nuevo hasta llegar a nuestra altura.

—Mi nombre es Galen, no este . Soy tu mentor y debes tenerme un…

No dejo que continúe porque me coloco delante de Kaia, él frunce el ceño sorprendido por mi reacción y su mirada me atraviesa.

—Esto no tiene que ver contigo, Sonnet. —Su tono es desafiante, con un deje que no puedo evitar ignorar.

Me resulta imposible no sonreír para mis adentros, orgullosa de mí, aunque mi corazón late con fuerza, porque es una de las pocas veces que me planto frente a alguien sin apartar la mirada.

—Claro que tiene que ver conmigo, y más si se trata de mi amiga —respondo y en cuanto las palabras salen de mi boca, me muerdo la lengua.

Ni quiera sé porque lo he hecho, aunque ya es demasiado tarde para echarme atrás.

Galen avanza un paso, acortando la distancia hasta que el calor de su cuerpo me alcanza. Su respiración roza mi mejilla y sus ojos, verdes e intensos, me clavan en el sitio.

—La siguiente te toca atraparla a ti —susurra, con una voz tan baja que casi ni lo escucho.

Kaia, inmóvil tras de mí, observa como si esperara que uno de los dos se moviera. Alzo la barbilla, sin dejar de mirarlo.

—¿Crees que no puedo hacerlo? —pregunto notando cómo sus hombros se tensan, como sus ojos muestran un brillo diferente.

No responde, pero deja ver una media sonrisa, ladeando la cabeza con un gesto desafiante.

Antes de que pueda decir nada, una luciérnaga aparece en nuestro campo de visión. Pensamos igual y nuestros cuerpos chocan brevemente, sintiendo como su brazo roza el mío mientras intentamos rodear al insecto.

—¡Por allí! —grita Kaia señalando hacia el claro en el que estábamos antes.

Corro en esa dirección sintiendo sus pasos ligeros y precisos tras de mí. Sin pensarlo salto para intentar alcanzarla, pero la luciérnaga de cristal queda fuera de mi alcance.

Tomo aire y me preparo para volver a intentarlo cuando unas manos firmes se ciñen sobre mi cintura. En un solo movimiento me impulsa lo suficiente para conseguir capturar el último insecto que nos queda.

Se aparta de mí en cuanto aparece Kaia y se aleja de nosotras, pero no sin antes haberme dado el frasco que quedaba libre .

Siento mi corazón palpitar con fuerza en mi pecho, no se si porque Galen acaba de ayudarme después de lo que acaba de pasar o por la adrenalina de haber conseguido capturar a las tres luciérnagas.

Kaia agarra mi mano y tira de mí para abrazarme.

—Vayamos al bosque para soltarlas. —No me da tiempo a reaccionar porque me guía a través del laberinto, siguiendo los pasos de Galen, quien parece saberse el camino hacia la salida.

Una vez al final del laberinto, una puerta de enredadera se empieza a desplazar, ofreciendo una vista impresionante de los ruyocas.

Desenrosco el tarro dejando en libertad a la luciérnaga que acabo de atrapar gracias a Kaia y también a Galen.

El insecto sale revoloteando a mi alrededor dejando un pequeño rastro de luz dorada por donde pasa, creando un patrón diferente al del resto, lo que hace a esta especie única.

La sigo hacia el interior de la arboleda, hasta que se encuentra con las otras dos que hemos atrapado, adentrándose en las profundidades del bosque.

—Es precioso —susurro cuando siento que Kaia rodea su brazo con el mío.

—No te lo pienso discutir. —Apoya su cabeza en mi hombro.

Ambas nos dejamos deleitar por la luz del sol que se filtra entre las hojas, las luciérnagas de cristal brillan ahora más que antes, zigzagueando entre los grandes troncos marrones, destacando aún más todavía.

Unas voces me hacen girar y es entonces cuando veo que se acerca el grupo de Micah, en nuestra dirección .

—Habéis sido los primeros. —Nos anuncia cuando llega a mi lado, apretando mi hombro libre—. ¿Y Galen? —pregunta mirando a todos lados y tanto Kaia como yo negamos sin saber la respuesta.

—¿Qué tal se os ha dado? —pregunto y su mirada viaja hacia mí después de un silencio en el que no ha dejado de observar a Lyara.

—Al principio fue fatal, pero después ha sido bastante fácil —dice cruzándose de brazos y vuelve a mirar hacia el horizonte.

El rugido de nuestros estómagos rompe el silencio, y los tres empezamos a reír.

—¡Ayuda! —Creo que reconocer la voz de Alea, la chica contra la que luche el primer día—. Sois unos torpes, se nos han escapado todas por vuestra culpa —vocifera al otro lado de la barrera de arbustos que nos separa.

—Que tú hayas estado gritando todo el rato tampoco ha sido de mucha ayuda. —No distingo quien es el otro everen que habla.

—¿Alguien me puede sacar de aquí?

Miro a mi amiga y esta no puede evitar sonreír, pero con un movimiento de mano crea un hueco que permite que salgan del laberinto.

Ella es la primera en salir, soltando maldiciones por lo bajo, alejándose de nosotros. Su novio corre tras ella y en cambio su instructor, vuelve hacia el invernadero.

—Al menos hemos conseguido terminar el juego. —Kaia se coloca a mi lado, me mira y empieza a reírse, contagiándonos al resto.