Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 14 #2
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En ese momento aparecen los hermanos seguidos del profesor de vuelo, Milo, que nos sobrevuela en su leorus .

El cuerpo del animal es delgado y musculoso, cubierto de plumas de un tono oscuro que van desde el negro al marrón, haciendo que su plumaje brille.

Su cabeza es alargada y angulosa, con orejas puntiagudas y ojos de un color ámbar, no dejan de observar cada movimiento a su alrededor, lo que me recuerda mucho a Icarus.

—Hemos acabado por hoy, Azula —informa Milo bajándose de su animal.

Coloco la cesta junto a las otras, y me dejo llevar un momento por todo lo que me rodea, sentándome en el suelo. El follaje de los ruyocas se mueve despacio, generando un sonido grave y peculiar que se mezcla con las conversaciones.

Kaia está hablando con Lyara, aunque creo que es solo una excusa para acercarse un poco a Neal.

El profesor Milo está junto Micah mientras charlan animadamente a la vez que acarician al leorus.

—No sé las veces que habré visto esto, pero siempre consiguen transmitirme la misma sensación de calma. —Alzo la cabeza al escuchar la voz de Azula.

La profesora observa cómo charlan y una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro .

La expresión le desaparece de golpe cuando una serie de gritos rompe la tranquilidad del claro, poniéndome de pie de inmediato.

Todo ocurre demasiado rápido.

—¿Qué ha sido eso? —pregunta Kaia a la vez que todos acercamos hacia donde están mi hermano y el profesor de vuelo.

—No lo sé —responde Neal— pero necesitan nuestra ayuda.

Otro grito suena más cerca.

—Tenemos que ir —dice Micah sin dudarlo.

—Que venga alguno conmigo —apremia Milo, mirándonos.

—Es mejor que Azula vaya contigo —sugiere Micah.

—Yo puedo ocuparme de uno —añade Neal. Su mirada se desvía momentáneamente hacia Kaia.

—Y yo haré los viajes que hagan falta —secunda Lyara, observándonos a mi hermano y a mí.

—Lleva primero a Khione. —Micah me mira y asiente varias veces—. Iré corriendo en vuestra dirección hasta que vuelvas a por mí.

Azula y Milo desaparecen en el aire, igual que Kaia y Neal, cuando empiezan a teletransportarse.

Cuando me agarro a Lyara, ella pregunta:

—¿Estás lista? —Siento su mano sobre la mía—. Puede ser que sientas un mareo.

—Vale —confirmó para que sepa que estoy preparada.

Entonces todo empieza a girar.

Mi alrededor da vueltas y mis pies dejan de sentirse firmes sobre el suelo. Tengo que aferrarme a Lyara para no perder el equilibrio.

Un instante después volvemos a aparecer en otro punto del bosque. Apenas me da tiempo a recuperar el aire cuando Lyara vuelve a sujetarme y desaparecemos otra vez.

La sensación se repite varias veces. Cada vez que reaparecemos en un punto diferente, el paisaje cambia un poco más.

Los gritos son cada vez más claros y cuando aparecemos en el centro y veo lo que ocurre lo entiendo todo.

Dos niños huyen entre los árboles para evitar el impacto del fuego que se dirige hacia ellos. Kaia no duda y levanta un muro de raíces de medio metro para cubrirlos, pero las bolas de fuego se vuelven azules —las más poderosas— atravesando su barrera sin esfuerzo.

Sin pensarlo Neal usa su poder, apareciendo detrás de los chicos, cargando con el impacto del fuego. Suelta un alarido mientras aparta a los niños lejos para protegerlos, aun así acaban con quemaduras en diferentes zonas del cuerpo.

Lyara repite el acto de su hermano y levanta a un niño en brazos, alejándose de la zona de batalla justo antes de que una ráfaga de fuego impacte donde se encontraban antes.

En el cielo se escuchan los graznidos y gruñidos de los animales, avisando de que Milo y Azula acaba de aterrizar. Justo en ese momento llega Micah corriendo y fatigado, colocándose a mi lado.

Cuando Neal se acerca, sin pensarlo, empiezo a curarlo. El ardor me atraviesa la espalda y no puedo evitar soltar un grito de dolor.

El moreno me mira sorprendido y agradecido a partes iguales.

Micah me dirige una mirada reprobatoria, cargada de una preocupación silenciosa. Sin embargo, me sujeta cuando comienzan los espasmos .

—Mierda, Khione. —Aprieta sus labios formando una fina línea.

—Es lo único útil que puedo hacer ahora mismo, Micah.

Un sonido seco, como el crujir de ramas, nos alerta de que los atacantes están más cerca de nosotros de lo que creíamos.

—¡Es él! —La voz de Lyara nos hace mirar en la dirección que acaba de señalar, viendo una capa de color rojo ondeando al aire.

Mi hermano me mira un segundo y asiento para hacerle saber que me encuentro mejor. Con dudas en su rostro, agarra la mano de Neal y empiezan a teletransportarse para ir a luchar, siguiendo los pasos de Lyara.

Milo se vuelve a montar en su leorus y vuela entre los árboles para no perder al que nos ha atacado de vista.

Yo trato de decidirme si ir con Micah y los demás, por si necesitan que los cure. O en su lugar ayudar a los niños.

Kaia y Azula empiezan a sacar las hojas del canasto para colocarlas en las zonas en las que han sido quemadas. Me acerco a ellos, aun pensando en salir corriendo en dirección al bosque, donde ahora mismo está mi hermano.

—Ve con ellos, aquí lo tenemos controlado, ¿verdad profesora? —dice mi amiga y Azula levanta la vista para mirarla y luego a mi asintiendo.

—¡Ayuda! —El corazón se me para cuando oigo un grito.

Corro sin dudarlo y el aire entra de nuevo en mis pulmones al ver que Micah está bien, llevando en brazos a Lyara.

—¡Por los Dioses! —la profesora le entrega lo que lleva en las manos a mi amiga y se acerca a nosotros—. ¡Traed un cesto !

Kaia ya está en camino con él mientras que yo ayudo a Micah a dejarla en el suelo, con cuidado.

—He conseguido quitarle el dolor, pero no sé si aguantará mucho tiempo —informa mi hermano, quien empieza a colocar las hojas en la piel quemada.

Kaia les ayuda situándolas por todo su cuerpo, el cual tiene carne viva. Micha detiene mi mano, en cuanto ve mis intenciones de querer curarla.

—Hoy ya no más, por favor. —Nuestras miradas conectan y puedo ver la preocupación en sus ojos grises.

—Estoy bien —le aseguro, porque realmente me siento así.

—Anoche me curaste a mí, has ayudado a Neal. Todavía estás terminando de recuperarte. —Su voz es firme pero cálida.

—Iré volando con Alvis. Llevaré a Lyara —dice Milo pasando sus manos con cuidado por la espalda de la morena, aunque eso no evita que ella se remueve y emita un quejido de dolor.

—Hay ungüentos suficientes de brasom preparados. Échale buena cantidad para que no le salgan más ampollas nada más llegues a la enfermería —explica Azula a Milo.

Entonces aparece Neal teletransportándose y corriendo.

—¿Cómo está? —pregunta entre jadeos, agitado y preocupado—. El que nos ha atacado se me ha escapado por poco.

—Tu hermana es fuerte, se pondrá bien. —Azula se acerca al moreno y le aprieta el brazo con suavidad, infundiéndole algo de calma y ánimo, a lo que Neal asiente, confiando en la palabra de la profesora.

Milo despliega el vuelo junto con Lyara, todavía inconsciente, y acto seguido Neal sigue su trayectoria.

Tras recogerlo todo y ver que los niños están mejor gracias a las hojas, decidimos ir de vuelta a Eros. De camino, observo como ambos charlan con un poco más de confianza con Azula y Kaia, contándole lo ocurrido, justo cuando notó la presencia de Micah a mi lado.

—Me preocupo por ti. Tu poder es distinto y eso me asusta. No quiero perderte, Khione.

—Lo sé —susurro y lo miro con un nudo en la garganta—. También sé que debo aprender a parar, por ti, por mamá y por mí.

Le doy un suave empujón para apartarlo un poco, intentando sonreír para aliviar la tensión. A ambos nos cuesta hablar de mamá, pero cada vez que lo hacemos duele menos.

Cierra los ojos un instante, respirando profundo y cuando los abre puedo ver cómo está intentando contener las lágrimas, así que detengo nuestros pasos.

—Prométeme que, aunque uses tu don, lo harás con cuidado. Yo… no podría soportar perderte —musita, dejando caer su frente contra la mía, como cuando éramos niños.

—Te lo prometo —respondo con un hilo de voz.

Verlo así, tan vulnerable, me parte el corazón en mil pedazos, así que lo abrazo con fuerza como si eso pudiera borrar todo su dolor.

—Te prometo que pase lo que pase, siempre estaré a tu lado —susurra tan bajo que apenas consigo oírle.

Cierro los ojos, sintiendo una opresión en el pecho, cuando empieza a temblar. Mis lágrimas recorren mi rostro, hasta mojar su ropa. En este momento solo existe su abrazo, nuestras promesas y la certeza de que estando juntos nunca estaremos solos.