14
Lo último que recuerdo de anoche son los latidos rítmicos de Galen y el calor de su cuerpo. Esta mañana me he despertado en mi cama con el canto de los pájaros.
Muerdo el interior de mis mejillas mientras camino a la enfermería, limpiando el sudor de mis manos en los pantalones negros del uniforme.
—Seguro que las hojas de ruyoca han hecho su trabajo y hoy estará mucho mejor. —Me anima Kaia, que ha decidido acompañarme, a la vez que enrolla su brazo en el mío.
Si supiera lo que hice anoche. Aunque pronto lo descubrirá .
No necesito entrar porque veo cómo Micah avanza hacia mí a grandes zancadas. Me alivia verlo recuperado, a pesar de que también me asusta pensar que pueda estar enfadado conmigo.
Kaia se aparta justo cuando él me envuelve en sus brazos.
—Gracias, pero no quiero que vuelvas a hacer algo así —susurra en mi oído.
—Eres mi hermano. Lo haría una y mil veces más —respondo, mientras una lágrima rueda por mi mejilla.
—Te quiero, Khio. —Siento cómo besa mi cabeza, apretándome un poco más contra su pecho.
—Y yo a ti, Micah.
Antes de marcharnos de la enfermería, la voz de Azula nos detiene:
—Niños, hoy es el día de la recolección de las hojas de los rucoyas, en el bosque Munea ¿queréis venir?
Miro a Kaia, cuyos ojos se iluminan al instante, reflejando una sonrisa amplia.
—¿Hoy sábado? —pregunto algo sorprendida.
—Íbamos a ir ayer, pero después de lo que pasó me negué en rotundo —explica Azula, saliendo junto a Neal y una chica de cabello moreno y rizado que estaban dentro—.
Lyara, vuestra futura profesora de vuelo nos acompañará junto a su hermano Neal; ambos comparten el don de la teletransportación y se han ofrecido para ayudar.
Mi mirada se cruza con la de Micah, que no aparta los ojos de la hermana de su amigo. Ella, al notarlo, se sonroja, aunque mantiene el gesto serio.
Niego varias veces con la cabeza, sonriendo sin poder evitarlo. Al volverme hacia Kaia, me la encuentro haciéndome ojitos.
Quiere que vayamos , pienso.
—Está bien… —cedo y ella da un pequeño salto de emoción—. Creo que iremos todos entonces —suspiro, justo cuando Neal pone los ojos en blanco.
—Espero que no hayas perdido tus dotes de Kovar de teletransportación, profesora de vuelo —bromea el moreno, mirando a su hermana.
Lyara aparta la vista con una media sonrisa y hace rodar los ojos ante su comentario.
Azula encabeza la comitiva hasta una puerta cubierta por una enredadera de hojas verde oscuro y flores moradas.
—Desde pequeña, uno de mis sueños ha sido ver como recogían el follaje de estos árboles sanadores con esas propiedades curativas únicas, de las que tanto hablaban en los libros —susurra Kaia con los ojos brillantes, colocándose a mi lado.
—Pues tu sueño está a punto de hacerse realidad porque vas a poder cosecharlas tú misma. —Su sonrisa se ensancha, al tiempo que enrolla su brazo con el mío. Una costumbre a la que ya me he habituado y de la que me sentiría rara si no la hiciera.
—Me recuerdas mucho a mi madre —suelto de golpe, pero siento la mirada atenta de mi amiga sobre mí—. Ella se podía pasar horas y horas con plantas, probando diferentes cosas y descubriendo que mezclas hacer de distintos elementos para crear un antibiótico efectivo para alguna infección.
Me giro para mirarla y veo como sonríe.
—¿Qué? —pregunto al verla así de feliz.
—No sabes lo que me alegra que consigas hablar de tu madre sin que tus ojos se pongan acuosos.
Nos abrazamos en medio del camino, provocando que Neal se choque con mi amiga. Él suelta un bufido, a lo que ella responde:
—Si miraras hacia delante no te hubiera pasado eso.
—Y si tú… —La señala, a pesar de que la culpa ha sido de las dos—. Si no te hubieses parado en seco, en medio del camino, no me habría chocado contigo.
—Encima la culpa es mía, cuando el que no ve eres tú.
Sutilmente me alejo de Kaia, sin evitar reírme, al igual que Lyara y Micah.
—Se puede cortar la tensión con un cuchillo —me dice Lyara al pasar por mi lado, avanzando hacia la otra profesora.
Miro a mi hermano, que se coloca a mi lado. Ambos aceleramos la marcha, cuando Azula se acerca a nuestros amigos para poner un poco de orden.
—Siento que estos días he estado un poco ausente, pero es que hemos estado muy ocupados. Estamos preparando la prueba final y no doy abasto.
Sus ojos grises muestran cansancio y lo comprendo perfectamente.
—Y pese a que no me gusta que me hayas curado, porque sé que tu sientes el mismo o incluso más dolor que yo, te lo agradezco. Pero solo por esta vez. —Su mirada muestra gratitud y golpea su hombro contra el mío.
Cuando estábamos en casa, solo éramos él y yo, pero aquí las cosas son diferentes.
Él lleva tres años aquí, incluso antes de que nos mudamos a Neve. Su vida es esto.
—Micah —llamo su atención—. Aquí estoy muy contenta. He conocido a Kaia, he aprendido muchas cosas… Pero no estoy segura de que esto sea para mí —confieso.
—No tienes que agobiarte por eso —me dice a medida que cruzamos hacia el bosque de Munea—. Incluso después de que te hayas presentado a la fase final, puedes decidir marcharte. Pero desde que estás aquí te veo mucho mejor, más animada e incluso puedo ver un nuevo brillo en tus ojos.
Nos apartamos del camino antes de llegar a la entrada del bosque y me agarra los hombros para que lo escuche con atención.
—Eres libre de irte cuando quieras, aquí no te obliga nadie a quedarte una vez que has demostrado que eres capaz de ser un guardián. Pero estoy convencido que este lugar está hecho para ti.
Puede que tenga razón, siempre la tiene. Él lleva aquí más tiempo que yo y también me conoce mejor que yo misma.
De pronto mi campo de visión se centra en lo que me rodea.
Una imagen majestuosa en la que aprecio miles de ruyocas ante mí, obligándome a levantar la vista para intentar ver sus copas espesas y grandes, que están a más de cien metros de altura del suelo. A su lado parecemos hormigas.
Sus troncos son gruesos y rugosos.
—Niños, prestad atención. —Azula chasquea los dedos un par de veces con esmero, situándose delante nuestra, volviendo con el grupo, ya que nos habíamos apartado —. En breve llegará Milo, el otro profesor de vuelo para ayudar a Lyara y Neal a cortar las hojas.
—Ellos se encargarán de usar su poder de la teletransportación para que sea mucho más fácil ir de un lado a otro —me explica Micah, señalando a los hermanos.
—Recordad cortarlo en forma de pico invertido para su mayor duración—. La profesora se acerca para darle unas tijeras de muelle a cada uno y se queda mirando a Neal, como si ese aviso fuera únicamente para él.
Todos los presentes sonreímos, incluido el susodicho.
—¿Y nosotros qué haremos? —La voz de Kaia suena impaciente, a la vez que emocionada.
Ambos se esfuman en un abrir y cerrar de ojos, teletransportándose de rama en rama hasta llegar a la altura adecuada. Intento enfocar la vista a lo alto de los árboles pero son tan altos y densos que me es imposible ver nada que no sea una espesura que lo cubre todo.
—Nosotros nos encargaremos de cogerlas cuando caigan al suelo.
Asiento a la vez que mi amiga y mi hermano. Ellos empiezan a recoger las hojas que van cayendo. Micah alcanza algunas antes de que toquen tierra, mientras Kaia, absorta en lo que ve, se agacha una y otra vez sin importarle ensuciarse.
Azula aparece con tres cestos para que guardemos lo que recogemos mientras me inclino para tomar una hoja. No puedo evitar pensar en lo que Micah me contó.
Hace tiempo todo esto era mucho más fácil.
Los Rhesar del aire solían encargarse de estas tareas; bastaba con una ráfaga para recogerlo todo.
Pero eso fue antes de que la dragona Eythora —portadora del aire y del sonido— se distanciara de su igual, Callon. Desde entonces, ella y sus seguidores desaparecieron de Theyra y nunca más se supo de los del aire.
Suspiro, dejando caer otra hoja en el cesto. Si Callon no hubiera provocado aquella ruptura, quizá nada de esto sería tan complicado .
—Así que… —Le doy unos golpecitos a Micah en el hombro, que está agachado en el suelo.
—¿Qué? —Me mira y yo no puedo evitar sonreír.
—Así que te gusta Lyara… —Sus ojos se desvían hacia la cesta y se empieza a poner rojo.
—Vaya tonterías dices, hermanita. —Apoya las rodillas en el suelo y sigue recogiéndolas, para evitar mirarme.
Efectivamente, le gusta Lyara y no poco. Solamente me ha llamado hermanita dos veces; la primera vez fue cuando empezó a sentir cosas por la herrera de Neve.
Entonces me viene a la mente Galen. La forma en la que me sujetó después de haber curado a Micah, cuando me ofreció la mano para levantarme, su tacto cuando me sacó en brazos de la enfermería y mi corazón empieza a latir más rápido. Aunque actúa de forma contradictoria cuando nos cruzamos.
—Te estás poniendo roja, Khione. —La voz de Kaia me hace salir del trance.
—Es que hace calor —me excuso.
Busco con la mirada a mi hermano, quien ha salido corriendo en cuanto ha visto que me he despistado.
—Ya, seguro que no es por un tal Gal…— Le tapo la boca antes de que nadie la escuche, sintiendo como se empieza a reír a carcajadas sobre mi palma.
—No eres la más indicada para decir nada. —No hace falta que pronuncie su nombre, porque con solo mirar hacia arriba sabe que me refiero a Neal.
—Yo no digo nada, pero… —habla una vez he quitado mi mano de su rostro—. Es que su sonrisa arrogante, su pelo moreno, esos oj os oscuros… —Suspira con expresión embelesada y, cuando se da cuenta de lo evidente que está siendo, se sonroja.
Esta vez soy yo la que se ríe a carcajadas, provocando que Micah y la profesora Azula se volteen a vernos. En cuanto mis ojos conectan con los de mi hermano, le advierto alzando las cejas que aún tenemos una conversación pendiente. Él evita mi mirada.