13
—¡Corre! —Alguien me grita y su voz me resulta familiar—. ¡Yo los entretengo!
Me giro, pero la penumbra distorsiona su figura. No logro ver su rostro con claridad.
Lo único que sí diferencio es un cabello negro ligeramente desordenado, con mechones que caen de forma natural y rebelde.
Mi pecho se oprime. Su presencia me resulta extrañamente familiar. El corazón me da un vuelco, como si lo hubiera reconocido antes de siquiera pensarlo.
Sus palabras despiertan en mí un sentimiento de seguridad, una certeza absoluta de que, mientras él esté ahí, nada malo podría ocurrirme. Y, aun así, mis pies se niegan a obedecer.
—No pienso irme sin ti. —Las palabras salen de forma automática.
Él me sonríe, una sonrisa breve, fugaz, que brilla en medio de la oscuridad.
—Enseguida estoy con vosotros, te lo prometo.
Un estremecimiento me recorre la espalda cuando ambos pronunciamos al mismo tiempo:
— Dyavas nu hon nuara nun perti.
La frase vibra en el aire, con el juramento de quienes caminan hacia lo inevitable. Que los dioses decidan nuestro sino.
Y antes de que pueda extender mi mano hacia él, su cuerpo se disuelve en una bruma oscura, convirtiéndose en una nebulosa, dejándome sola frente al eco de sus palabras.
Me despierto sobresaltada por el sueño, sintiendo una sensación de angustia por todo el cuerpo.
Salgo de la cama sin hacer ruido y me coloco el abrigo gris por encima del pijama verde.
Abro con mucho cuidado la puerta para empezar a caminar por los oscuros, fríos y vacíos pasillos, sin rumbo fijo. Mientras camino, mi mente vuelve al sueño. Todo parecía tan real que el miedo sigue asentado en mi interior.
Suspiro pesadamente y cuando me quiero dar cuenta, estoy delante de la enfermería. La puerta chirría al empujarla, así que la dejo abierta.
Una vez enfrente de mi hermano agarro su mano y beso su frente, para acto seguido empezar a cambiar el follaje verde oscuro que cubre parte de su cuerpo. Acerco el carrito para mayor comodidad y una vez están cambiadas, me siento en el borde de la cama.
Observo cómo las hojas se adhieren a su piel y también su rostro tranquilo. En cuestión de segundos su respiración se vuelve irregular y empieza a moverse incómodo a la vez que suelta algún quejido de dolor .
No puedo verle así.
Sitúo una de mis palmas en su pecho y la otra la coloco en su pierna, transfiriendo todas sus heridas a mi cuerpo.
Me muerdo el labio al intentar no soltar un alarido, notando el sabor de la sangre en mi boca. Siento una presión muy fuerte en el costado y cuando creo que lo peor ha pasado, siento un pinchazo en la base de la cabeza. Todo empieza a darme vueltas.
Justo antes de que el cansancio me venza y mi cuerpo se hunda contra el colchón, escucho la respiración relajada de mi hermano y sé que su cuerpo empieza a recuperarse rápido.
Cierro los ojos un segundo, esperando el impacto contra el suelo pero unos brazos detienen la caída, pasando por debajo de mis piernas y sujetándome de la espalda.
—A tu hermano no le va a hacer gracia lo que acabas de hacer. —Puedo distinguir que es la voz de Galen y en ella hay un hilo muy fino de admiración, camuflado de reproche.
—Si tú no le dices nada, no tiene por qué saberlo —digo, tratando de controlar el dolor. Levanto la mirada hacia sus ojos y ahora entiendo porque las chicas suspiran por él. No solo es guapo, tiene ese atractivo que te atrapa sin darte cuenta.
Y es entonces cuando me doy cuenta que está sin camiseta y noto mis mejillas arder.
—Creo que ya puedo caminar sola. —Me remuevo entre sus brazos.
—Y yo creo que no estás en posición de decidir nada.
—Te digo que ya me encuentro bien. —Me vuelvo a mover, a la vez que mi pulso se acelera y el calor me recorre todo el cuerpo .
Sin mediar palabra me deja en el suelo, con cuidado. Noto como todo se desestabiliza y pierdo el equilibrio.
—Tan cabezona como siempre —Vuelve a cogerme entre sus brazos y puedo ver como sonríe con diversión.
Suspiro derrotada y la cabeza empieza a darme vueltas otra vez.
Pese a que me siento nerviosa ante su tacto, apoyo mi oreja en su pecho, captando durante una milésima de segundo como su respiración se corta y su ritmo cardíaco aumenta levemente.
Mientras Galen recorre los pasillos, yo cierro los ojos y me dejo llevar por los ahora acompasados latidos de su corazón, sintiendo una calma que no sé si debería sentir.
—¿Por qué actúas de forma tan hostil conmigo? —pregunto antes de que el cansancio me venza por completo.