Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 5 #3
12%

5 #3

La guío hacia un pequeño bosque y nos perdemos entre los árboles.

—Tengo miedo, Khione…

Niega repetidas veces con la cabeza, mientras paramos un segundo para poder coger aire. Nunca imaginé que mis pulmones pudieran aguantar tanto .

Busco con la mirada un sitio donde ella pueda esconderse. Entonces lo visualizo: un pequeño hueco entre dos piedras, lo suficientemente grande como para que una niña quepa en él. Solo tendría que colocar algo encima para cubrirla.

—¡Maden allí, rápido! —Señalo hacia el agujero.

Ella me mira como ha hecho muchas otras veces. Asustada y preocupada.

—¿Vendrás a buscarme? —susurra sin dejar de temblar. A pesar de ello se introduce en el hueco, mientras yo arranco un arbusto y lo coloco entre las dos piedras, justo encima de ella.

—Claro que sí. No te muevas de aquí. —Echo un último vistazo al interior, y a pesar de que no la veo, sigo sintiendo un miedo terrible de que la encuentren. Me obligo a alejarme a toda prisa, asegurándome de hacer bastante ruido al correr.

Una bifurcación se presenta ante mí y opto por tomarla, girando hacia la izquierda.

Escucho al hombre acercarse, lo que quiere decir que no se ha percatado del escondite de Maden, y me tranquiliza saber que al menos por ahora está a salvo.

Mi cabeza va a mil por hora.

No puedo evitar sentir una punzada de dolor al no saber nada de Micah. Sé perfectamente que sabe cuidarse solo, pero… eso no quita el hecho de que me preocupe.

No sé cómo, pero encuentro al everen que me perseguía, cara a cara. Retrocedo por instinto, pero mi espalda topa con algo.

Al girarme veo una copia exacta del hombre y un escalofrío me recorre la espalda.

Genial, un Halovar de la clonación.

La copia se desvanece apenas un segundo después.

—No os quiero hacer daño. —Vuelvo la cabeza hacia el everen original. Levanta sus grandes manos a ambos lados de la cabeza en señal de paz.

No me fío de su palabra y más después de haber degollado a esa everen como si nada.

Intento escabullirme, pero en cuanto doy un paso lateral, su expresión cambia. Siento sus brazos rodeándome, evitando así que huya.

Micah aparece ante mis ojos, con manchas de sangre por diferentes partes del cuerpo. De un momento a otro me suelta y confundida me quedo mirando fijamente a mi hermano.

—Gracias, Profesor Bren. —Ambos acortamos la distancia mientras que Micah agradece al hombre.

Lo inspecciono, nerviosa.

—Estoy bien —dice y sus manos agarran las mías—. La sangre no es mía, Khione.

Es entonces que mi mente comienza a conectar cosas.

La chica rubia quería entregarnos. Probablemente trataba de ganarse nuestra confianza, por eso el profesor de mi hermano debió de matarla.

No lo dudo ni un segundo.

Mis piernas actúan de inmediato. Comienzo a recorrer el camino realizado hasta llegar al lugar donde había escondido a Maden, dándome cuenta de que en el matorral ya no está y su interior está vacío.

—Mad… —Una ma no tapa mi boca, escondiéndonos tras un árbol, justo cuando escucho el sonido de dos flechas, que pasan a nuestro lado e impactan contra la madera.

No tengo tiempo de reaccionar ni siquiera de ver quién es o por qué me arrastra hacia el bosque. Apenas me he recuperado de la carrera.

Todo ocurre muy rápido.

Una hilera de bolas de fuego viaja en nuestra dirección. Me agacho y escucho la voz de Micah en mi cabeza:

—Quédate detrás de él.

Otra oleada, esta vez de color azul, vuela hacia nosotros, pero el chico levanta un muro de agua, apagándolas de inmediato.

Mis instintos me dicen que tengo que buscarla antes de que sea demasiado tarde, pero es entonces que la veo al otro lado del río, inmóvil, separada de mí por el muro de agua.

—Maden… —Apenas consigo pronunciar su nombre.

No se mueve tampoco, ni quiera hace el amago de correr hacia mí.

Y mucho menos me muestra esa sonrisa que siempre tiene. Su expresión está vacía. No hay rastro de ella, ni en sus ojos, ni en la forma en la que su cuerpo se mantiene en pie, rígido, antinatural como si alguien tirara de hilos invisibles y la estuviera manejando.

Como una muñeca.

No, no, no…

Por inercia intento librarme del agarre del joven, pero mis fuerzas no responden igual.

—Maden. —Esta vez lo digo más alto, desesperada—. Mírame… —No reacciona, ni siquiera parpadea.

—Olvídate de ella —dice el chico con una voz me atraviesa .

Niego con la cabeza, mientras lo único que puedo ver son sus ojos verdes, ya que tiene cubierto todo el rostro.

—No…

—Un Halovar de control mental la está manejando.

Las palabras llegan, pero no termino de encajarlas.

—Eso quiere decir que…

No termino la frase. No hace falta.

Mis piernas ceden. Caigo de rodillas contra el suelo, sin notar el golpe, sin notar cómo la piel se abre.

—No… —el aire no me entra—. No, ella no…

Pero sigue sin moverse, sin estar. Y es entonces cuando lo entiendo.

No queda nada de ella ahí dentro, solo un cuerpo, sin vida, ni alma. Algo en mi pecho se rompe de golpe, como si me arrancaran algo desde dentro.

—Le he fallado… —susurro casi sin voz.

Le prometí que la protegería, que saldríamos de allí pero no he llegado a tiempo.

Maden está muerta.

Y es mi culpa.