Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 5 #2
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Asiente y nos quitamos los sacos para juntarlo todo en un solo. Micah le ayuda a colocárselo y, de un salto, la pequeña se aferra a mi espalda, cruzando brazos y piernas alrededor de mí.

Micah entra al agua y se acerca para entregarme una daga. Señala un pequeño sendero camuflado entre rocas y árboles, avisándome de que esté atenta.

Nos internamos en una zona donde la corriente empuja con fuerza y, de repente, todos mis sentidos se ponen en alerta.

Tengo que esforzarme para mantener el equilibrio mientras avanzamos.

El único sonido es el de nuestras respiraciones, mezclado con ritmo atemporal que emite el agua al chocar con las piedras.

Un silbido corta el aire.

De forma inconsciente mis dedos envuelven la empuñadura del arma con fuerza, mientras sujeto con más firmeza la pierna de Maden. Seguimos avanzando, reduciendo la distancia que nos separa cuando otro eco resuena en las paredes del desfiladero.

Lo único que deseo en este momento es dejar atrás el desfiladero, alcanzar la zona más plana y salir de aquí cuanto antes, pero la inquietud me impide pensar con claridad.

Noto que no hago pie e intento nadar todo lo posible con Maden aferrada a mí.

Sin previo aviso una bola de fuego rojo viene en nuestra dirección. El pecho se me encoge cuando me lanzo hacia Micah, esquivando el ataque, aunque no evito que las cenizas me rocen la parte izquierda de la cara.

La adrenalina me lleva a actuar rápido y, cuando Maden grita porque parte de las llamas le han rozado el rostro, le obligo a meterlo bajo el agua. Sé que eso disminuirá la inflamación y el dolor.

— Maden esta herida —alerto a mi hermano que no deja de mirar a su alrededor, buscando a los everen que nos están atacando.

— ¡Abajo! —nos advierte Micah y los tres nos sumergimos antes de que otra oleada de fuego impacte contra nosotros.

Abro los ojos bajo el agua sin soltarle la mano. Apenas veo a la pelirroja, pero la guío hacia la cavidad subterránea que distingo cuando mi hermano bucea hacia ella y no duda en cruzarla. Al salir a la superficie cojo todo el aire posible.

Siento como la herida de mi cara se va curando lentamente .

—Me arde —se queja en voz alta la pelirroja, con la respiración agitada, mediante el lazo mental. Opto por sanarla antes de terminar de cerrar mis propias heridas.

Con la mano libre, en la que no llevo la daga, agarro su rostro y comienzo a regenerar su herida.

Un ardor agudo me recorre el lado derecho de la frente, justo donde Maden había sido herida, a la vez que más silbidos de diferentes tonalidades y vibraciones se expanden a lo largo del desfiladero, produciéndome una sensación de angustia y nerviosismo.

Cuando mi poder deja de actuar, intento tomar el control.

— Estamos a pocos metros de la salida —anuncia Micah a través del canal mental y su cuerpo desaparece bajo el agua. También de mi campo de visión.

—¡Micah! —grito con todas mis fuerzas, olvidándome por completo de que estamos siendo atacados.

Maden se une a mí, pero sus gritos se ahogan, cuando una fuerza sobrehumana tira de ella, alejándola de mí, hacia el fondo del río.

Pierdo el arma en el intento de agarrarla todo lo fuerte que puedo.

Es inútil .

Una presión invisible oprime mi pecho, el oxígeno abandona mis pulmones y la vista se me nubla, debido al agua turbulenta. La angustia vuelve a recorrer mi cuerpo y no sé qué puedo hacer para detener esto.

Estamos acabados.

El zumbido se extingue de golpe a nuestro alrededor y todo se calma durante un instante. El agua deja de sacudirme y, en ese breve silencio, busco la superficie a ciegas, moviendo los brazos con torpeza hasta notar la presión disminuir.

Comienzo a toser en cuanto el aire entra de forma irregular una vez fuera, en la superficie. Es entonces cuando consigo ver a Micah.

— ¡He perdido a Maden! —Intento conectar con él.

Nuestras miradas se cruzan y nos sumergimos de nuevo.

El agua es clara, lo que me permite ver a Maden suspendida en la corriente, siendo arrastrada hacia las rocas. Nado tan rápido como puedo, esquivando las piedras hasta alcanzarla.

— No salgas del agua —escucho la voz agitada de Micah en mi cabeza y lo obedezco.

Arrastro a Maden fuera a la superficie, hasta acercarnos a un pequeño montículo de tierra.

No tose cuando sale. Llevo mi cabeza a su pecho, pero no la oigo respirar.

Mierda, mierda.

Recuerdo vagamente como Micah me lo explicó, pero mis manos reaccionan antes que mi subconsciente.

Presiono su tórax con ambas manos. Necesito que expulse el agua de su interior, nunca he hecho algo parecido, pero aun así intento calmarme y hacerlo.

Al ver que no despierta, mis manos se vuelven temblorosas. De pronto un brazo se sitúa sobre mi hombro y por instinto coloco mi mano sobre la suya, notando una calidez bajo mi palma.

—Déjame ayudar —dice una voz suave y femenina a mis espaldas, deteniéndome a tiempo y evitando romperle los huesos de la mano .

Me giro lo suficiente para observar un cabello rubio y unos ojos marrones amables, dándome un poco de confianza.

—Solo quiero salvarla.

Pese a que no me fío mucho de la everen que hay frente a nosotras, en la situación en la que me encuentro, cualquier ayuda es válida para salvarla. Así que me aparto muy poco de la pequeña.

Sus manos se juntan, realizando una serie de movimientos rítmicos, consiguiendo que Maden vuelva en sí rápidamente. Tose con fuerza, expulsando el agua de su interior y la mujer se aparta un poco.

—Ya pasó, estoy aquí contigo. —Le aparto el pelo de la cara, acercándome todo lo posible a ella para acunarla entre mis brazos.

Cuando me giro, una línea roja aparece sobre la garganta de la everen. La sangre empieza a resbalar por su cuello y lo único que puedo hacer es ayudar a Maden a levantarse, para salir corriendo.

Un hombre con el cabello recogido en una cola y una cicatriz en el rostro empieza a acercase a nosotras.

—¡No os voy a hacer nada! —grita el hombre y los nervios le hacen dar un traspié a Maden en la carrera, aunque consigo ayudarla a reincorporarse.

—¡No te pares! ¡Corre! —Siento que todos son una amenaza.