5
Antes de salir de Neve hemos cargado algo de equipaje para el camino. Micah le ha dado instrucciones a los taberneros para que cuiden de Icarus, hasta que venga a recogerlo. Maden también se ha podido despedir de sus padres.
Mi hermano les ha asegurado que, en Eros, ella estará a salvo. Allí nadie le hará daño. Finalmente han entendido que es lo mejor para Maden.
Viajar en el leorus sería la forma más rápida y fácil, pero el camino hacia allí es demasiado largo como para hacerlo dos veces. Sería demasiado para Icarus. Por suerte los taberneros tienen cuatro ceres , y hemos podido coger a tres de ellos.
Mientras avanzamos hacia nuestro nuevo destino me fijo en los animales.
Son más pequeños que un leorus, de pelaje pardo y hocico negro y húmedo. Sus ojos, grandes y brillantes, no dejan de moverse, observándolo todo con una curiosidad constante .
Cuando le acaricio la cabeza, emite un sonido reconfortante que me hace sonreír, mientras mueve sus orejas grandes y ovaladas, intentando captar cualquier sonido que nos rodea.
Tras varias horas avanzando, el cansancio empieza a pesar en los hombros y Micah decide que es mejor no forzar la marcha a oscuras.
Encontramos una casa escondida entre rocas y matorrales secos. Parece deshabitada desde hace tiempo, aunque las paredes y el techo siguen en pie.
Al entrar, Micah empieza a encender el fuego mientras Maden y yo nos acomodamos contra una de las paredes. La casa abandonada cruje cada vez que el viento golpea fuera, pero sigue siendo más cálida que dormir a la intemperie.
Maden se acurruca a mi lado y durante unos minutos ninguna habla.
—Khione… —murmura de pronto y bajo la mirada hacia ella.
—¿Sí?
Juguetea nerviosa con las mangas enormes de la camiseta que le ha dado Micah cuando le ha entrado frío. Sus ojos evitan los míos.
—¿Por qué han venido esos guardias? —La pregunta hace que algo se tense dentro de mí y levanta la cabeza despacio para mirarme—. ¿Mi poder es malo?
Mi respiración se entrecorta apenas un segundo. Sigue siendo una niña que no ha elegido este poder y a la que nunca sus padres le han explicado nada.
Me obligo a sonreír un poco y aparto un mechón pelirrojo detrás de su oreja.
—No es malo .
—Entonces, ¿por qué querían matarme?
El fuego chisporrotea al otro lado de la habitación mientras pienso cómo explicarle algo que ni siquiera yo termino de entender.
—Desde hace mucho tiempo existe una dragona muy poderosa —murmuro y veo que tengo toda su atención—. Tan poderosa que incluso los otros dragones le temen.
Maden me observa en silencio.
—Dicen que podía crear todo cuando quisiera e incluso cambiar cosas. —Asiente y sus manos se aferran a mi brazo.
—Como yo…
—Algo así. Y por eso empezaron a verla como una amenaza. —Su atención sigue en mí, así que sigo explicándole—. Los dioses nos crearon porque los dragones se sentían solos. Nosotros a pesar de compartir poder con algunos de los que hay en Theyra, nuestro don es mucho más limitado que el ellos.
Siento como se me seca un poco la garganta, pero continúo:
—Hay everen que creen que ese poder nunca debería existir, otros que piensan lo contrario. Dicen que cualquiera con esa capacidad de crear también puede salirse de control.
Maden baja la mirada.
—Pero yo no quiero hacer daño a nadie.
Mi pecho se encoge al escucharla y sujeto sus manos entre las mías.
—Lo sé. —Sus ojos negros vuelven a encontrarse con los míos, húmedos y asustados.
—Entonces, ¿por qué sentí que todos en la taberna me miraban como si fuera un monstruo?
—Porque tienen miedo de lo que no entienden —susurro y beso su cabeza—. Pero eso no significa que tengan razón.
Maden permanece callada unos segundos antes de acercarse más a mí.
—¿Tú también me tienes miedo?
La abrazo antes incluso de pensar la respuesta.
—Nunca.
No sé cuánto tiempo pasa, pero al cabo de un rato siento como se queda dormida sobre mí, como si su cuerpo hasta ahora hubiera aguantado solo por pura voluntad.
Yo me quedo despierta un rato más, observando las sombras que proyecta la luna a través de las ventanas y que se reflejan en la piedra.
Ninguno menciona lo ocurrido.
Ni el relif. Ni el ceric que Maden ha sido capaz de crear. Mucho menos a la mujer rubia… o lo cerca que estuvimos de morir. Es un pacto silencioso, una forma de seguir avanzando sin rompernos.
Cuando finalmente cierro los ojos, Eros se convierte en el único pensamiento constante. No porque no sepamos exactamente lo que nos espera allí, sino porque es el único lugar donde Micah cree que podremos dejar de huir, ya que conoce el lugar y ha sido su otra casa durante estos últimos años.
Al despertar, un suave ronroneo me hace abrir los ojos. Junto a la puerta, están los tres ceres acurrucados entre ellos.
Me acerco a uno y se empiezan a despertar, con ellos aquí, por un instante, todo parece más seguro. Maden se revuelve en el sitio, y siento que, aunque estemos cansados y marcados por lo que hemos vivido, no estamos completamente solos .
Mi hermano no tarda en despertarse y al escuchar ese sonido no puede evitar acercarse para acariciarlos y sonreír.
—Hoy hay que avanzar un poco más rápido —informa Micah saliendo de la casa.
Una vez la pelirroja se despierta, cogemos las pocas cosas que tenemos y nos ponemos en marcha hacia Eros.
No puedo evitar pensar en cómo será todo a partir de ahora.
En la Academia Eros, se ofrece protección a cambio de defenderla. Es algo que nunca me había planteado, pero ahora no tenemos alternativa y teniendo en cuenta lo que ha ocurrido, corremos peligro.
—¿Qué opinas tú Khione? —La dulce voz de Maden me saca de mis pensamientos.
—Perdón, no prestaba atención.
—Me estaba preguntado qué por qué no usar los portales.
—Es más arriesgado… —continúo—. Por eso mismo dieron contigo Maden. Cada vez que alguien crea uno, Callon lo detecta. Y no queremos eso, ¿verdad?
Niega varias veces con la cabeza y suelta un suspiro de cansancio.
Ayudar a una everen con el poder de la creación también se considera delito y por eso nos estamos alejando.
El hecho de recordar que gracias a mi hermano podemos ir a Eros, donde nos sentiremos más seguros, me hace sentir más aliviada.
Aun así, el recuerdo de todo lo que me ha contado mi hermano sobre Eros se instala en mi pecho como un refugio. Un lugar donde dice, que nadie mira dos veces cuando alguien es diferente. Donde las normas existen para proteger, no para castigar .
Golpeo el costado de mi ceres para alcanzar a Micah, sin apartar la vista de la pelirroja.
—¿Llevas…?
—¿Armas? —dice por mí—. Siempre las llevo, pero no las usaré a menos que sea necesario.
Mi hermano le hace un simple gesto con la cabeza a Maden, y ella se coloca delante nuestra.
—Me gustaría decirte que va a ser un camino fácil y tranquilo, pero no puedo. Tenemos que ir atentos, hasta que no estemos en Tarred, no estaremos seguros —nos explica Micah.
—Lo sé, lo único que me preocupa es el desfiladero. Sé que en esa zona estaremos más expuestos a posibles everen saqueadores.
No he visitado esta zona antes, pero sé que los viajeros que cruzan estas tierras suelen ser emboscados. A medida que nos acercamos, el pulso se me acelera sin que pueda evitarlo.
* * *
Una vez en el desfiladero de Ayug, el camino se vuelve tortuoso. Tras pasar la parte baja de la cordillera Rev, nos adentramos en el río Tasso.
—Khione. Tú y Maden iréis detrás —dice Micah detiene a los ceres y camina hacia la orilla—.
Esta parte el agua está helada por las bajas temperaturas, pero conforme vayamos avanzando hacia Tarred se irá volviendo más cálida —continúa y que se levanta del suelo donde estaba de cuclillas para acercar la mano a la superficie del río.
Ambas asentimos.
—¿Qué pasará con los animales? —habla la más pequeña, a la vez que le rasca el cuello. La criatura emite un sonido de satisfacción.
—Tus padres vendrán a por ellos. —Mira a la pelirroja—. Me dijeron que teniendo agua y hojas podrán aguantar solos hasta la noche.
—Si, muchas veces los dejamos libres para que se coman las plantas que crecen cerca de casa. —Asiente convencida y le abraza.
—Estarán bien —le confirmo.
—Como ya sabes odian el agua. —Señala con la cabeza a los animales y se acerca a la pequeña—. Y tenemos que evitar zonas con demasiado movimiento de everen, por eso vamos a ir por aquí, no sabemos quién sabe de nuestra huida. La información llegará más pronto que tarde.
Echo un vistazo a mi alrededor, observando el paso de agua entre las montañas. Algunos cipreses se asientan sobre el río junto a unos arbustos.
Respiro llenando mis pulmones lo máximo posible, justo cuando noto como mi estómago se cierra. Me ajusto la correa de mi morral sobre los hombros y me acerco a la orilla.
En cuanto el agua fría se filtra a través de mi ropa, siento como si mil agujas se me clavaran por todo el cuerpo.
—Esto… está congelado. —La voz tiritante de Maden hace que me gire hacia ella.
—Anda, ven —acelero mis pasos para alcanzarla y cubrirla con mi cuerpo—. Ahora tenemos que ser lo más silenciosas que podamos, ¿vale?
Asiente y le agarro la mano, sintiéndome así más tranquila.
En cuanto me giro, los dedos fríos de Micah se apoyan en mi frente, extendiendo un ungüento de croanil y drima sobre mis sienes. Repite el gesto con Maden y, en cuanto termina, una descarga recorre mi cuerpo.
—¿Esto para qué sirve? —Maden me pregunta casi en un susurro, tirando de mi ropa.
—Nos permite comunicarnos mentalmente durante un tiempo determinado. —Me llevo mi dedo índice a los labios.
— Estad atentas. —La voz de mi hermano retumba dentro de mi cabeza—. Dentro del agua somos presa fácil.
— ¡Ala! ¿Podéis oírme? —Maden no puede ocultar su asombro.
Lo que me permite deducir que los tres estamos conectados mentalmente.
—Maden, céntrate —le reprende Micah—. Puede que te necesitemos más tarde.
La pelirroja se acerca más aún a mí, supongo que al igual que yo, está helada.
—Yo te llevaré —le digo a la niña—. Tú llevas el equipaje. ¿Podrás con ello?