Verano en Cold Spring Capítulo 36
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Capítulo 36

E l día siguiente fue bastante agotador para Tony.

Tenía el almacén a rebosar de pedidos que le habían llegado a lo largo de la mañana y el último hacía una hora y media que había sido entregado.

Fue la primera vez que tenía el almacén manga por hombro y la primera vez que sintió que no sabía por dónde empezar y no le gustaba notar esa sensación de desbordamiento.

Estaba claro que en algún momento tendría que ordenarlos, catalogarlos y ponerles un precio antes de venderlos y lo que recibió de aquel caos fue un agobio enorme que debía controlar para que no arramblase con ellos.

No solía llevarlos muy bien, le provocaban grandes dosis de estrés, sobre todo, percibir que no tenía la tienda controlada.

A eso se le sumaba que había recibido un mail de sus padres, diciéndole que la semana siguiente llegarían a Cold Spring.

¡Todo se le había juntado!

Miró el reloj, eran las cinco y media y todavía no sabía nada de Conor.

Le extrañó no haber tenido noticias, pero tampoco se alarmó, al contrario, se lo tomó a bien, era lo que menos le preocupaba, podría haber tráfico, pues se había ido en coche, no en tren, así que por ese lado estaba muy tranquila.

—¿Nos vamos? —Abby asomó la cabeza por la puerta del almacén.

—Sí, será mejor. —Quería salir de allí antes de que le diera un ataque de nervios. Cogió la chaqueta y el bolso—. Fue un día muy ajetreado —suspiró cansada.

—Mejor así, sino sería un poco aburrido todo, ¿no crees? —Abby la miró con una sonrisa disimulada en los labios, pero terminaron riendo.

Tony cerró la puerta de la tienda echando la doble cerradura que tenía, pues no podía colocar una persiana como los establecimientos más recientes.

Nada más despedirse de Abby, cogió camino hacia la cafetería, necesitaba algo para soltar el agobio que tenía.

Allí, estaban Lilian, Flora, Shannon, Imogen y Kendall que la saludaron al verla llegar.

—¿Qué tal? —le preguntó Kendall.

—No te has dejado ver mucho últimamente —apostilló Imogen.

—Tenía un hombre entre manos —explicó Shannon por ella.

—Con Shannon ya no necesito contar nada, ella lo sabe todo. —Se dejó caer en la silla agotada—. Lo siento. —Le cogió un brazo y puso su cabeza en él—. Hoy no me hagáis mucho caso, estoy agobiada. Kendall, ¿me pones algo bien frío?

—¿Un buen vaso de té helado? —Tony asintió con la cabeza a esa propuesta.

—Ya he visto que te has recibido un porrón de pedidos, fue un no parar de cajas de cartón, de madera, ¿qué vas a hacer? —Shannon usó un tono cómico—. Una fiesta cadáver, no. —Alzó las cejas—. ¡Has comprado momias!

La broma de Shannon consiguió que se riera y Kendall llegó a la mesa con su vaso, una jarra llena y además con un acompañamiento salado que había traído Shannon de la panadería.

—Son pedidos que hice para la temporada otoño e invierno —explicó ella.

—En parte estoy deseando que llegue el otoño —soltó Imogen, que tenía una expresión soñadora.

—Me imagino la razón por la que te gusta. —Se acordaba lo que había sucedido un año antes.

—Fue la época del año en que Jared y yo nos medio reencontramos y empezamos a salir, así que el otoño tiene unas connotaciones muy especiales para mí —comentó Imogen contenta.

—Y cuando nos conocimos —le recordó Lilian.

—También —afirmó Imogen—. Voy a cumplir mi primer año en Cold Spring.

—Todas las épocas hay que vivirlas como se merecen y con amor mucho mejor —les aconsejó Flora.

—¿Sabes algo de Conor? —le preguntó Kendall cogiendo un panini de los que había traído Shannon—. Me dijo Mark que se había marchado a Nueva York.

—Sí, así es, me dijo en un mensaje que vendría hoy a cenar, pero no sé nada de él —las informo a todas.

Bebió otro sorbo a la vez que unas gotas de condensación del vaso le cayeron en el pantalón, y el frescor que volvió a sentir con ese trago en la boca, que bajó por su garganta y por el esófago, la fue calmando. Era lo que necesitaba, un golpe frío para bajar la tensión.

—Y ¿cuándo os iréis a vivir juntos? —quiso saber Shannon, formulando la pregunta del millón.

—Pues… No hemos hablado de eso. —Se dio cuenta Tony.

—No te apures, con calma. —Flora le quería restar importancia para relajarla.

—Ya lo hacéis. —Su amiga se encogió de hombros.

—Sí, cierto —asintió en dirección de Shannon, pues desde que habían retomado la relación era raro que él no se quedase con ella.

—Flora, qué alegría —Lilian le puso una mano en el brazo—. Este pueblo está lleno de maravillosas historias de amor.

Flora se rio por lo bajito dándole la razón.

—Sí, con cada estación ocurre algo, por eso digo que hay que vivirlas y sin miedo. —Miró a Tony—. No te preocupes, sucederá que nunca os separéis más.

—Esto no lo tomo como una separación, eran cuestiones de la editorial que Taylor no podía solucionar sin Conor —comentó ella.

—No lo digo por eso, sino que la presencia de él a tu lado será permanente muy pronto. —Le guiñó un ojo cómplice.

—¡Hala! Eso no vale, a ella le haces gratis los pronósticos futuribles —protestó en broma Shannon, que hizo reír al resto.

—Tú y…

—No digas nada —la paró Shannon, levantando las manos—. ¿Es algo malo? —Le picó la curiosidad.

—La verdad es que no. —Flora tenía una expresión más de risa.

—Bueno, pues déjamelo descubrir con el tiempo —pidió Shannon.

—Estáis en vuestro mejor momento —aprovechó Kendall para intervenir y hablar con Tony—. Así que vosotros decidís si queréis ir más lento o más rápido.

—Cuando él se venga para aquí definitivamente, se irá viendo, no quiero poner tiempos ni límites…

—El amor nunca debería tener límites —dijo Imogen mirándolas con certeza en los ojos—. Basta que se los pongas, para que todo vaya al cuerno.

Tony bebió otro trago de ese té que estaba delicioso con esos cubitos de hielo y con trozos de melocotón fresco que le daban otro sabor.

—Que surja con el tiempo —terminó Tony.

—Y que nadie interfiera —le aconsejó Imogen que no era muy dada a darlos.

—Ni él ni yo lo permitiremos, esta vez va a ser que no, porque ya fue bastante doloroso la otra vez. Estamos enamorados y nos aferramos a eso —les contó a sus amigas con plena confianza.

—¡Uy! —exclamó Imogen poniendo cara de asco.

Todas se giraron hacia la puerta en cuanto Kendall se levantó y descubrieron que quien entraba en la cafetería era Muriel.

—Que la atienda Ken, porque yo no soy capaz de parecer neutral —explicó Imogen que era incapaz de cambiar el gesto—. Ella tiene más paciencia que yo. —Alzó las cejas y miró al techo—. Esa mujer me pone de los nervios.

—Debería irse del pueblo. —Shannon no pudo contener ese comentario.

—Todo el mundo es bienvenido en Cold Spring —la corrigió Flora sin ánimo de ofender.

—Sí, lo acepto, pero allí por donde pasa, deja todo hecho una mierda —protestó Shannon que la había vivido en sus propias carnes.

—No la soporto. —Imogen se sinceró, cruzándose de brazos.

Tony prefirió callarse y hacer como si no existiera. Era lo mejor, porque no se había olvidado de las veces que se encontró con Conor solo para meter el dedo en la herida y abrirla de nuevo.

—Veo que el muchacho se ha ido otra vez —soltó Muriel.

Todas miraron a Tony que apretó tanto las muelas que se le oían rechinar.

—Tony —la llamó Flora con aire sosegado para que sus ojos se clavasen en los de ella.

—Ya sabía yo que no se podía fiar uno de los Radford; pero muy mal, Tony, muy mal, has tropezado en la misma piedra con el mismo resultado, compuesta y abandonada…

—Muriel, vete —le ordenó Kendall, interrumpiéndola.

—Tony —repitió con tono pausado Flora.

Pero ella negó con la cabeza.

—¿Cuántas veces más te vas a dejar avasallar por un amor que no merece la pena? —Muriel disfrutó de ese momento.

Tony volvió a negar en dirección a Flora con la respiración alteraba y esa pregunta era el remate final para su agobio.

—¡Tony, no! —exclamó por lo bajo Flora.

Pero esa vez la bruja de Cold Spring llegó tarde, Tony se levantó hecho una fiera y antes de que Muriel saliera por la puerta la agarró del brazo con todas sus fuerzas y la giró quedando ella con la entrada a su espalda.

—No sabes lo que dices, solo vives en el rencor, y tu corazón putrefacto solo sabe soltar bilis y para no ahogarte con ella la esparces.

No te llegó con martirizar a Conor… —Esa afirmación hizo que las chicas soltasen exclamaciones—, sino que ahora vienes a por mí, pues te digo que conmigo no puedes.

—Ya lo veremos. —La actitud de Muriel era chulesca y la miró de arriba abajo—. Pues contigo, lo estoy consiguiendo.

Tony no se iba a callar y le iba a devolver la misma moneda.

—No puedes con nadie de este pueblo, porque aquí viven corazones limpios de maldad, mientras que tú te has quedado anclada en un amor, el de tu marido, que no era tal.

Lo retenías, pero te hizo infeliz, porque no te amaba, y sigues ahí, en ese agujero donde te pudrirás sola.

Es lo que te mereces después de robar la felicidad a quien se te pone delante.

Piensa… ¿Por qué cuando crees que la alcanzas te se escurre entre los dedos?

Es tu destino, ser infeliz como le hiciste a tu marido y a tu propia vida, la cual se mueve por caprichos.

Muriel echa una fiera y colorada como una ciruela, soltó:

—Y, ¿tú por qué piensas que Conor siempre te deja?

Esa frase fue suficiente para que Tony estuviera a punto de saltarle encima, pero, de repente, un brazo fuerte como el acero no se lo permitió, rodeándole la cintura y levantándola del suelo para pegarla a su cuerpo.

Ella de inmediato reconoció la calidez de ese cuerpo, pero no podía callarse, ya no.

—Tú no sabes nada de él, ni de mí, ni de nadie… —Tony pataleaba en el aire, aunque se fijó en que Muriel empalidecía como si hubiese visto un fantasma.

—Nos volvemos a encontrar Muriel. —Delante de ellos se puso una mujer.

—No, tú no, tú no, tú… Otra vez…

—¿Creías que no iba a volver? —le preguntó la madre de Conor con una indiferencia fría, como aquella persona a la que no se le puede hacer más daño.

Sin decir nada, como si el averno la rodease con sus llamas a punto de consumirla, Muriel salió corriendo de la cafetería.

En todo ese tiempo, Conor le fue susurrando a Tony palabras tranquilizadoras.

—Tranquila —le susurraba—. Ya, ya, tranquila, estoy aquí y ya no podrá hacer ni decirte nada. —La beso en el pelo.

—¡Menudo recibimiento nos ha dado Cold Spring! —exclamó Taylor, el hermano de Conor—. Este pueblo se ha vuelto más interesante.

—Taylor. —Flora se levantó radiante para recibir a la familia.

—¡Hola, madrina! —La abrazó levantándola del suelo y luego lo hizo con Lilian.

Conmocionada, no se dio cuenta de que no respiraba y soltó el poco aire que había retenido dentro.

—Mi querida niña. —La madre de Conor le sonrió con cariño y le dedicó una caricia—. Como me alegro de verte y veros juntos. —Al ver que no reaccionaba, le dijo a su hijo—. Llévala fuera, cariño, necesita respirar —se dirigió a Tony—. Pero que sepas que todo está bien. Como tiene que estar.