Verano en Cold Spring Capítulo 34
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Capítulo 34

T ony leyó al día siguiente la respuesta eufórica de Taylor, que prometía volver a Cold Spring y conocer cada una de las localizaciones.

Mostraba más alegría de la que Conor esperaba en un primer momento, como de los editores, que se emocionaron al ver cumplidas sus expectativas.

Todos coincidían en el entusiasmo que provocaban las noticias, aunque el editor le informó que también la editorial quería hacer algo en Nueva York, pues no quería perder esa oportunidad.

A Conor le dio igual, porque la idea de hacerla en Cold Spring se mantenía en pie, además, la veía necesaria con toda la gente que los había ayudado en ese tiempo a descubrir todo.

Era el pueblo de sus abuelos, de su familia y lo tenía claro: Cold Spring era el verdadero Springville y luego del esfuerzo de Martha y todos los comerciantes de darle vida, no los iba a dejar tirados.

De ese modo también se lo contó por una llamada a Thomas, su editor, que estaba dispuesto a todo como bien le había dicho antes de su viaje a Cold Spring, aunque tuvo la palabra de Conor como de Taylor que harían algo juntos en la ciudad.

—¿Y vosotros dos? —preguntó Taylor cuando hizo una videollamada a su hermano.

—Estamos juntos —anunció Tony, cogiendo del brazo a Conor.

Él echó la cabeza hacia atrás como si hubiera recibido un golpe.

—¡Joder! Vaya hombre con suerte, te ha cundido tu regreso al pueblo. —Estaba anonadado—. Tengo que volver, quiero saber que me tiene guardado.

—Envidioso —lo acusó de broma su hermano y los dos sonrieron de la misma manera.

—En este caso, sí, pero ya verás cuando se entere mamá. —La expresión de Taylor era una mezcla entre la picardía y llena de intenciones.

—Será una sorpresa —dijo Conor.

—Pero de las buenas. —Tony miró a los hermanos, tenían cierto parecido, aun así, eran distintos: las facciones de Taylor eran más marcadas, aunque quedasen escondidas en una barba bien cuidada, el color de ojos eran distintos, más marrón y el pelo era más oscuro que el de Conor, de jóvenes se parecían un poco más.

Para continuar, añadió—: Mis padres alucinarán.

—Normal, después de maldecirlo por lo que te hizo que ahora vuelvas con el mismo. —Se carcajeó Taylor—. Es una sorpresa hasta para el más pintado, Tony, y te aseguro que todavía no me lo creo.

—Estoy delante, ¿sí? —protestó Conor al dejarlo fuera de la conversación, una en la que se hablaba de él.

Después de esa charla, los días transcurrieron tranquilos, con calma, mientras ayudaban en la Casa Gris, cuya inauguración sería el mismo día de la presentación.

Todas las chicas se volcaron tanto en la casa, como en tener listos determinados preparativos para la presentación, ya que después de que Martha hablase con el editor y con Conor, ya se podía anunciar que la presentación sería en Cold Spring.

Entre Kendall y Shannon hicieron unos cupcakes especiales, hechos para ese día y cogiendo el dulce que aparecía en las novelas.

En todas se hablaba de unos dulces hechos con cereza y naranja.

El primero que dijo que debían estar buenísimos fue Logan: «lo que a todos no casa, es lo que va a tener mejor sabor».

Cuando hornearon la primera bandeja, a los escépticos no les quedó más remedio que reconocer que estaban buenísimos.

—Me encanta. —Martha estaba radiante de felicidad—. ¡Está todo preparado!

—Tienes que ir a ver la Casa Gris —le propuso Tony a la alcaldesa, una tarde en la que se acercó a la tienda.

—Bueno, no sé, allí a lo mejor tocas algo y te quedas cual estatua de sal o rana, sapo, culebra… —A medida que iba contabilizando animales se le fruncía más el gesto.

Delante de ella nadie rio, pero luego, las risas y las bromas fueron tremendas.

Conor y Tony continuaron con su relación, tranquilos, como si el tiempo se parase cuando estaban juntos, pero sin hacerlo.

—Toma. —Tony le tendió una caja de regalo de su propia tienda y en cuanto él la cogió el corazón le saltó varios latidos para en segundos comenzar a brincarle en el pecho.

—¿Y esto? —Conor se sentó mejor en el sofá y acarició la caja antes de volver la vista hacia ella—. No es mi cumpleaños, ni tenemos cerca ninguna celebración. —Movió los ojos—. Que yo sepa. —Tony lo estaba haciendo dudar.

—Bueno, si es por aniversarios podemos hacer una lista. —Cerró la mano derecha y empezó a contar—: El día que regresaste; el día que nos vimos; el día que me pediste para salir; el día de nuestros dos primeros besos, el que tú me diste, y el que yo te di.

—Si me das a elegir me quedo con el segundo.

—Yo con el primero, porque fuiste el primer chico al que besé y contigo aprendí a dar morreos.

Conor tosió de modo exagerado.

—Vale, me queda claro, has regalado morreos. —Él lo sopesó—. Ninguno de los dos fuimos monjes.

—No preguntes. —En ese tiempo Tony había besado muchos sapos y ranas.

—¡Ah! —Le salió una voz de pito que hizo reír a Tony—. Suena fatal.

—¿Sigo contando fechas? —Asintió ella con la cabeza.

—Será mejor que no o nos quedamos con aquellas que más nos gusten. —Se acercó a ella y la besó en los labios.

—Ábrelo —le ordenó con la cara iluminada por la emoción.

—Está bien, aunque no tenías por qué comprarme nada.

—Tú ábrelo y listo.

A él le temblaban las manos, pues nunca había recibido un regalo tan de improviso y por supuesto, especial.

Sacó el papel de seda en el que estaba envuelto y descubrió un viejo cuaderno con las pastas de piel envejecida con un engarce en oro viejo que lo cerraba.

Poco a poco fue alzando las cejas y abriendo más la boca.

—Tony, es precioso. —Conor no paraba de girarlo entre sus manos, boquiabierto y la miró y vio que ella le devolvía una mirada emocionada—. Nunca me han regalado nada tan espectacular, pero ¿cómo…? —No le salió la pregunta entera.

—Me vino en otro pedido, ya sabes que me está llegando todo lo de otoño y no me acordaba de él y cuando lo vi tu rostro apareció de repente y supe que eras su dueño perfecto.

—Gracias. —La abrazó y le dio un beso en la mejilla y otro en los labios—. Es perfecto y ya sé que escribir.

—¿El qué? —Él parecía indeciso en decirlo—. Vamos.

—Nuestra historia, esa historia que siempre he querido contar y que no lo hice porque no te la podía dedicar, pero de vuelta a tu lado, ha llegado su hora.

Esa confesión los llevó a enredarse casi toda la noche entre las sábanas, para seguir originando recuerdos que su memoria jamás borraría.

Con el primer amor, con su primera relación se habían dicho y hecho cosas que vistas con los ojos de quienes eran, tras haber pasado el tiempo, parecían muy tontas y si las pudieran ver se echarían a reír. Su relación y su forma de amar había cambiado.

Porque no hay nada más imborrable que el amor y nada más posible que un amor que al principio parecía imposible.