Capítulo 31
C onor y Jared trabajaron en distintas partes de la Casa Gris, pero, sobre todo, en la terraza.
Una parte, que se abría desde la cocina, estaba empedrada pero oculta por la maleza.
Tuvieron que desbrozar, cortar y limpiar, aunque contaron con la inestimable ayuda de George, uno de los vecinos que desde el principio se había volcado en la recuperación de la casa.
Cuando estuvo más o menos lista, tuvieron que ir a unos almacenes que Jared conocía y que les aconsejó George, para limpiar mejor las grandes losas que, según George, podían tener más de cien años.
Conor salió delante de Jared después de recoger los productos y comprar otros para el mantenimiento de algunas otras partes que su amigo vio interesante comprar.
—Gracias —se despidió Conor del dueño del almacén.
—Creo que, con esto, entre hoy y mañana podrá estar listo —aseguró Jared—. A no ser que haya alguna que otra sorpresa. —Se montaron en el coche.
—Tío, ¿no te importa estar en la Casa Gris en tus días libres?
—No, mientras Imogen está en la cafetería, os puedo ayudar en todo lo que haga falta.
Era una muestra más de la diferencia que había entre la ciudad y Cold Spring, donde la comunidad se ayudaba entre sí.
—A tu pregunta, lo dudo, la casa se ha mantenido muy bien después de tantos años cerrada, la verdad, aunque me da que Flora entraba y salía de ella sin ser vista y la iba manteniendo. —No lo sabía fijo, pero era cierto que la casa, incluso por dentro, no había sufrido daños.
—Es la bruja de Cold Spring, a lo mejor hizo algo para mantenerla así.
—Su familia siempre tuvo unos dones especiales, así que podemos afirmar que a lo mejor la casa está realmente encantada, por eso no sufrió ningún daño.
Los dos rieron.
—¿Te acuerdas que de niños nos prohibían entrar? —rememoró Jared.
—«Cuidado con acercaros a la Casa Gris, nunca sabéis quién puede salir por sus puertas». —Fue bastante buena la imitación que hizo de su abuelo.
—Sí, me acuerdo que luego tu abuelo nos guiñaba un ojo. —Se carcajeó con cariño Jared.
—Pues creo que ahí tenemos la respuesta, nadie entró, ni para hacer trastadas.
—Es que, hacía falta tenerlos muy cuadrados, la gente no paraba de repetir que estaba encantada.
—Y ahora nos damos cuenta que no era cierto, sino que se trataba de la casa de Flora y Tony, evidentemente también de su familia, así que había gente que podía cuidarla.
—¿De Tony? —Jared quedó un tanto contrariado.
—Son familia.
—Lo sé. —Jared asintió a lo que todo el pueblo ya sabía.
—Y Flora se la va a dejar a Tony, es su familiar más cercano —contó a su amigo los planes que tenía Flora.
—Vaya, así que, si consigue tener los permisos para hacerla una casa de huéspedes, Tony tendrá otro negocio. —Jared comprendió la situación.
—Eso parece.
Jared separó la vista de la carretera.
—¿Qué tal os va?
—Vamos juntos y en el mismo barco.
—Oye, sé que eres escritor, pero no me vengas con metáforas o lo que sea.
—Hombre de ciencias.
—Por algo soy guardabosques.
Los dos se rieron.
—Hemos vuelto.
Jared frenó en el semáforo y la inercia los empujó hacia delante por la brusquedad que utilizó.
—¡¿Qué?!, ¡¿juntos?! —No salía de su asombro.
—Juntos. —Conor asintió.
—¿Juntos y revueltos? —Aquella pregunta en la boca de Jared sonó a viejo cotilla y le hizo gracia a Conor.
—Eso es, volvemos a ser pareja, borrón y cuenta nueva —afirmó orgulloso y con una gran sonrisa que le iluminaba la cara.
—Me alegro y no la jodas, tío, —le advirtió Jared en forma de petición—. Esa chica no se lo merece.
—Te aseguro que estaría muy loco de volver a hacer lo que hice. —Frunció el ceño y dijo lo que sintió—. Sería como arrancarme el corazón.
—Me alegro por los dos.
—Gracias, es un nuevo comienzo. —Y él por dentro sabía que no lo iba a desaprovechar.
Cuando llegaron a la Casa Gris —pues la distancia en coche no era más de tres o cuatro minutos—, lo bajaron todo y bajo la sombra de la casa y antes de ponerse de nuevo al trabajo, Jared abrió unos refrescos, pues no podía beber al conducir. Brindaron y se sentaron en uno de los escalones.
—¿Cómo surgió? —Jared que tenía un puntito cotilla se giró hacia él—. Lo último que tenía entendido era que os tirabais los trastos.
—Lo tengo claro, fue verla y querer estar con ella.
Cada día que estábamos juntos grababa frases, gestos, reconocía otros, me fascinaba la mujer que tenía delante.
Su alegría cuando descubríamos algo o la pasión que le ponía a la historia de mi abuela complementaba la mía, me resultaba irresistible, hasta que me enfrente a lo que sentía y le iba dejando amiguitas como Pulgarcito, pero fue por Muriel —reconoció esa parte oscura de lo que había vivido esas semanas que llevaba en Cold Spring.
—¿Muriel? —Jared puso los ojos en blanco e hizo una mueca de desagrado—. ¿Qué tiene que ver esa mujer?
Conor le contó a su amigo todo lo que había hecho, remontando al pasado, pues había sido la amante de su padre y el motivo de su fuga.
Le puso voz a todo lo sucedido, a todo lo que no había contado y que Cold Spring no conocía.
Las palabras se desbordaron, pero no arramblaron con él, ya no podían, y mientras hablaba se dio cuenta de que el corazón no le palpitaba enloquecido, no había ira en su voz, no sudaba ni sentía ese frío que se desprendía de los huesos.
¡Nada! Todo indicaba que lo había superado y si lo había conseguido fue por el amor incondicional de Tony, su cariño, su fuerza, lo habían ayudado a sanar su alma y a centrarse en lo que realmente importaba: el ahora que estaban viviendo y encaminándose hacia un futuro juntos.
—Solo tuvisteis que limpiar el exterior para encontrar que los sentimientos estaban ahí —explicó Jared de forma escueta y resumida.
—Sí, fue así, más o menos. Pero Tony me ha ayudado a llegar a este punto donde nada duele o eso parece.
—Pero la intromisión de Muriel hizo algo bueno, os acabó uniendo, porque ella en sí sola trae malos asuntos.
—Algo he oído —asintió Conor.
—Solo suelta veneno, porque hasta tiene un blog en el que critica al pueblo y estafa con viajes y demás y se lo lleva caliente.
Conor alzó las cejas.
—¿Y cómo sigue libre? —Era algo que Conor no entendía—. ¿No lo sabe Abner?
—Sí, sigue investigando, pero no da encontrado el hilo por el que tirar y sospecha que puede tener algún compinche.
—¡Joder con la tía! —exclamó Conor con las cejas alzadas—. Es de lo peor.
—Sí, en fin, ahora vuestra felicidad es vuestra y no permitas que nadie se meta.
—Eso es lo que tengo pensado. Mi prioridad es ella, Jared, incluso más que mi propio trabajo y como le dije a Tony, todo lo que escribí hasta ahora me conducía a ella, a nuestra historia de modo irremediable.
Jared le dio unos golpes en la pierna.
—Adelante, el que no arriesga no gana, y lo sé porque entiendo que os habéis encontrado en el momento justo, como me pasó con Imogen.
Conor bebió y se acordó de lo que había encontrado, por ello sacó el móvil para preguntarle a su amigo.
—Mira. —Buscó la foto y se la enseñó—. Hemos encontrado esto en la chimenea de Tony, ¿te suena este símbolo? ¿Lo habías visto antes?
—¡Vaya! —Jared quedó impresionado—. Lo tengo en dos chimeneas, aunque nunca supe lo que era.
—¿En serio? —El corazón casi le sale por la boca a Conor.
—Desde luego, cuando llegue a casa les haré una foto. —Lo miró—. ¿Sabes qué es?
—Es un símbolo que utilizó mi abuela en sus libros.
—¡No jodas!
—¿De qué habláis, muchachos? —George apareció detrás de ellos.
—Mira, George, lo encontramos Tony y yo en su chimenea, ¿alguna vez has visto este símbolo?
—Conor aprovechó para hablar con él, pues era un hombre que nunca había salido de Cold Spring, y mostrarle aquel símbolo del que nadie parecía conocer su historia.
Bueno, estaba seguro de que Flora o alguien más sí que lo conocía.
—¡Anda! Hacía años que no lo veía.
Conor y Jared se miraron asombrados.
—¿Lo viste?
—Pues claro, forma parte de tu historia familiar.
Aquella confesión de George dejó a Conor a piedra.