Verano en Cold Spring Capítulo 21
56%

Capítulo 21

P asaron unos tres días desde que Conor había huido y Tony estaba entre dos aguas: por un lado, quería escribirle e interesarse por él, por el otro, no quería entrometerse por muy preocupada que estuviera y que determinadas ideas intrusivas como la posibilidad de que se marchara le recorriera cada rincón de la mente, no ayudaba.

A lo mejor lo que requería era espacio y ella se lo daría, por eso se mantuvo callada, sin hacer nada.

Aunque no hacerlo aumentaba determinadas sensaciones que no eran muy buenas del todo.

Prefería pensar que podía estar ocupado con el editor o bien con Martha, una alcaldesa un tanto agobiante.

Pero no paraba de mirar el móvil por si le daba por escribir.

Lo peor fue la fecha de la última conexión.

El mismo día que estuvieron juntos. A eso se le juntaba que no veía a Flora, pues debía estar con la faena de contratar gente para limpiar y poner al día la Casa Gris.

No tenía a quién acudir y tampoco quería levantar la liebre por mostrarse demasiado interesada por Conor, no quería rumores ni que sus amigas echaran la imaginación a volar y pensaran lo que no era.

No entendía ese silencio de Conor.

No era tonta, se había fijado que tanto Muriel como él se habían quedado sorprendidos al verse, aunque fuera de lejos, y eso significaba algo, ¿el qué? Ni idea, sin embargo, su mente le indicaba, por muy nublada que estuviera, que todo iba unido.

Al quinto día de no saber nada de él, ya estaba más inquieta.

«Ha vuelto a desaparecer», en su cabeza era lo único que encajaba en todo.

No obstante, ella era toda una profesional y a vista de todos, el mundo giraba, supuestamente, con mucha normalidad: atendía la tienda, vendía muchos objetos de Halloween, algo que le sorprendió, y a los más indecisos les mostraba aquello que no sabía que buscaban o que querían.

Siempre con la tienda se había movido por esa intuición que su linaje Merriwick le ofrecía, aunque para ella no era magia, sino observación, debido a que la bruja de Cold Spring era Flora, no ella.

Esa tarde, unas horas antes de cerrar y mientras colocaba unas conchas muy especiales, cuyos interiores parecían verdaderos arcoíris y a las que acompañaban bonitas piedras mágicas de las que había aprendido su significado de Flora, la puerta de la tienda se abrió.

—¡Hola, Jared! —lo saludó antes de levantar la cabeza y girarse para encararlo.

—Hola.

—¿Qué te trae por aquí? —Ladeó la cabeza con una agradable sonrisa que le indicaba a su amigo que todo iba bien.

—Hoy no busco ningún regalo.

—Lo sé, el cumpleaños de Imogen ya pasó.

—Sí, por eso.

—¿En qué puedo ayudarte entonces? —Había confianza para ser directa.

—No sé si hago bien preguntándote a ti, pero encontrar a Flora es un caos. —Con esas palabras Jared ya mostraba por dónde irían los tiros.

—Vienes por Conor, ¿verdad?

—Sí, no sé nada de él —reconoció él.

—Pues ya somos dos. —Se encogió de hombros—. Estábamos tomando un helado cerca de la bandstand y se fue —omitió la parte de Muriel.

—¿Desde entonces no lo has visto?

—Nada y no me ha escrito, antes de que preguntes.

—A mí no me ha respondido a los mensajes, hoy teníamos cena en casa de Abner —le informó él.

—Creo que será mejor que lo dejemos en paz. —Tampoco dijo que ella no había querido escribirle—. A lo mejor está ocupado con lo de los libros. No sé.

—Puede ser. —Jared no estaba convencido.

—Lo siento, no puedo añadir nada más a no ser que sea mentira.

—No, no, Tony, por favor, no me malinterpretes. —Le frotó un brazo con la mano—. Creo que no podemos hacer nada, otra vez. Será mejor que me vaya, gracias.

Ella asintió con un resabio amargo en la boca y con ese «otra vez» de Jared era la señal de que se había repetido todo de nuevo. Nerviosa, dejó lo que estaba haciendo y cogió el móvil de debajo del mostrador.

¡Hola, Conor!

¿Qué tal? No he sabido nada

de ti desde la otra tarde y te escribo

para saber si estás bien o

necesitas algo. Escríbeme, por favor.

Dejó que el tiempo pasara, pero cuando llegó a casa lo primero que hizo fue mirar si tenía algún mensaje, pero nada. Su última conexión seguía siendo la misma.

Conor, me estás preocupando.

No es normal no saber nada,

sé que puedes estar

ocupado en algo o escribiendo,

Pero, por favor, dime algo.

El silencio era la respuesta de él y eso no le permitió dormir con tranquilidad.

Al contrario, no pegó ojo. La preocupación y el medio se entrelazaban en el interior de Tony como dos serpientes que iban unidas y que no paraban de soltar ese veneno que la iba afectando de todas las maneras posibles.

Ella no quería pensar que la historia se hubiera repetido, ¡era imposible!

Y si así fuera, ¿por qué le importaba tanto?

No había nada entre ellos, era cierto que su corazón se había vuelto a ilusionar, pero no habían tocado ningún tema relevante.

Había algo que sí notaba desde el primer día que no supo de él: lo echaba muchísimo de menos.

Añoraba sus visitas inesperadas a la tienda, había esperado a que entrase por la puerta, sus palabras a veces a destiempo que la descolocaban, sus carcajadas, las conversaciones.

No podía evitar tampoco recordar el tiempo que pasaron juntos en todas las localizaciones.

Harta de estar en cama y una hora antes del amanecer, se vistió con un chándal de verano y salió de casa en dirección al Dockside Park.

Por dentro era una vorágine de sentimientos que la recorrían y la atravesaban, ya que en el fondo tampoco entendía por qué lo echaba de menos y le daba importancia a su marcha, ¿no lo había hecho en el pasado?

Ahí estaba donde radicaba todo y lo que no le permitía concentrarse para dormir.

El camino a esas horas estaba despejado, todavía el pueblo estaba durmiendo.

Cold Spring era un lugar muy tranquilo en el que nunca pasaba nada grave, por eso fue a pie, solo era un paseo y sabía que nadie la atacaría.

Al bajar la calle y al llegar a Main Street, respiró hondo el frescor de la madrugada.

Cold Spring era para ella sola, no había coches, ruidos, ni conversaciones, nada, por oír ni se escuchaban sus pasos y con esa soledad como compañera, con las manos metidas en los bolsillo, arrebujada en la chaqueta, se dirigió al parque, donde una vez allí, bajo el manto de la noche se sentó en una de las rocas con los codos clavados en las rodillas, mientras dejaba que sus pensamientos los arrastrara el río, que solo veía por como las estrellas se reflejaban en él.

Aunque el parque estaba iluminado por las farolas.

En esa quietud que la cubría, se acordó que se había repetido y convencido que ningún hombre entraría sin su permiso en el corazón, por eso sus intentos de tener pareja fracasaron, en cambio, llegó Conor y le comió todo el espacio sin previo aviso.

La hacía dudar de sus sentimientos y lo que era peor, sentía que estaba cambiando con respecto a él en cuanto veía al hombre en el que se había convertido.

Con todo eso algo despertó en ella, algo que hacía tiempo que no sentía.

Tras haberse recuperado del golpe que él le había proporcionado, había estado con otros hombres, se había liado con algunos, pero no pasaba de ahí debido a que no quería que ninguna relación perturbase su tranquilidad o se entrometiese en su libertad.

Sin embargo, ahí estaba sentada, sola, con la única compañía de un río y una naturaleza oscurecida, pensando que los límites que había intentado imponer entre ella y Conor se estaban viniendo abajo.

Todo le indicaba que el amor que un día le profesó a Conor no había muerto, sino, ¿por qué estaba tan preocupada por él?

Con la sensación de que el alma le iba salir del cuerpo, se acercó a la orilla y metió las manos en el agua y el frío le subió por el brazo arriba enfriándola en todos los aspectos.

—¿Tony?

Escuchó la voz de Conor a sus espaldas.