Verano en Cold Spring Capítulo 19
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Capítulo 19

—A bby muchísimas gracias, sin ti estaría perdida —reconoció Tony.

Había pasado un día desde la charla con las chicas y ella se sentía un poco más ligera tras haber contado la verdad sobre su relación fallida con Conor.

A veces, compartir el dolor se soportaba más fácil cuando había gente que te comprendía de verdad y no juzgaba.

En el pasado lo había conseguido con Leslie, sin embargo, en ese instante, había un grupo de mujeres que la sostenían para lo bueno y lo malo.

Tampoco en esas veinticuatro horas vio a Conor, ya que había estado muy ocupado con Martha, quien decidió enseñarle cómo estaba quedando el pueblo.

Eso la llevó a poner en su sitio sus pensamientos, a enfriarlos, aunque por otro lado percibía que añoraba su compañía, las conversaciones en las que descubría pequeños retazos de su vida, esa en la que ella no tenía cabida.

Debía reconocer que era agradable tenerlo a su lado.

—No se dan, puedes irte tranquila. —Abby le recordó que había quedado con Conor.

«Ya no lo echo de menos», se dijo para sí misma.

—Siento no tener tiempo suficiente para dedicarle a la tienda, pero si la gente te agobia llama, estaré aquí en lo que canta un gallo, por favor. —Quería que por una vez eso ocurriera.

—De eso nada, señorita. —Las dos chicas se giraron al oír la voz de la alcaldesa que, como siempre, estaba vestida hecha un pincel y con sus joyas—. Te he contratado para que ayudes a Conor.

—¿Me vas a pagar por los servicios prestados? —bromeó Tony.

—Yo siempre cumplo. —Sonrió Martha estirando los labios en una mueca que se parecía a una sonrisa forzada—. Y cuenta, ¿cómo vais? ¿Estáis encontrando localizaciones?

—Sí…

—Me encanta. —Subió los brazos hasta que el bolso se le quedó en la parte interna del codo y removió el cuerpo como si quisiera bailar—. Eso es lo que quería escuchar.

—Solo nos queda ir a la Casa Gris —le informó Tony.

El gesto de la alcaldesa cambió de inmediato a uno más incómodo.

—¿La…? —carraspeó—. ¿La Casa Gris? —La voz le temblaba.

—Es otra localización —afirmó Tony descubriendo que la alcaldesa era de ese grupo de personas que tenían miedo a una de las construcciones más antiguas de Cold Spring.

—Vaya. —Soltó con una risilla nerviosa.

—Tú quieres todas las localizaciones, pues eso mismo es lo que estoy haciendo —le reprochó Tony sin que se notara.

—No contaba con terminar allí. —La alcaldesa quería recomponerse de la primera impresión, pero no era capaz, con lo que Tony disfrutaba mucho.

—Ya ves. —Se encogió de hombros.

—Bueno, os dejo, ¿sí? Tengo mucho por hacer. —Agito la mano en el aire, girándose y salió lo más rápido posible.

Cuando Martha salió las chicas se echaron a reír.

—Atiende una cosa —habló Abby sin borrar la sonrisa de la boca—. ¿La Casa Gris aparece en los libros?

—Creo que sí, pero hoy saldré de dudas, porque Conor y yo nos acercaremos hasta allí.

—Tony respiró hondo, ya que al pronunciar su nombre el corazón le revoloteó en el pecho.

Era una sensación extraña como la de esa chica que nunca reconocería que se ha enamorado y era en esas ocasiones en las que la pregunta de Shannon cobraba más relevancia y era incapaz de quitarse de la cabeza.

Volvió a centrarse en la famosa casa—. Ojalá se pudiera entrar, porque hay fragmentos en todos los libros que hablan de su interior, de modo escueto, o por flashbacks y estaría bien poder verla por dentro.

—Miró el reloj—. Este tío se está tomando su tiempo en venir.

«¿Te sigue gustando?», volvió a oír en el fondo de su oído la voz de su amiga.

Tony metió los labios hacia dentro y los mordió con fuerza.

Esa maldita pregunta aparecía cada vez con más frecuencia por algo tan sencillo como que no podía darle una respuesta clara.

Volvió a mirar el reloj, Conor se estaba retrasando y por ella no hacía falta que apareciera, necesitaba poner bajo control, sobre todo, a su corazón para que sintiera con perspectiva y no se dejara llevar por ciertas emociones que no sabía si eran reales o motivadas por tenerlo cerca.

—Hola —saludó Conor entrando en la tienda—. Hola Abby.

—Hola, Conor. —Los observó un momento—. Voy al almacén a coger unas cosas.

Tony asintió cabizbaja, no le había hecho mucha gracia su llegada, era como si el karma se la tuviera jurada.

—¿No me vas a saludar? —preguntó Conor.

Con esa pregunta algo se le removió por dentro que se giró furiosa, pero quedó en agua de borrajas, ya que estaba muy atractivo con unas bermudas de vestir y la camisa por fuera del pantalón y arremangada hasta el codo.

—Si no tardases tanto ya podríamos estar en la Casa Gris y si no te saludo es por tu falta de puntualidad —recriminó sin apenas respirar y con las barreras a punto de venir abajo.

—Me encontré con Martha y me entretuvo —explicó.

—La próxima vez que te retrases o no vayas a venir, avisa, tengo un negocio que atender, no me rasco el higo como otros.

—Lo tendré en cuenta, pero si te digo la verdad, ya me estoy hartando de defenderme por tu malhumor. Aun así, lo siento.

Tony se agarró a la cinta de la bandolera como si fuese una balsa salvavidas, ya que tampoco entendía por qué de repente estaba enfadada, ¿era por su guapura subida o por la tardanza?

—No nos entretengamos más. —Salió de la tienda y se puso a caminar.

—Vamos en mi coche.

—Se puede ir perfectamente a pie.

—En mi coche llegaremos en menos de un minuto.

No le quedó más remedio que claudicar y subirse al Audi negro de líneas deportivas por fuera y por dentro elegante además de cómodo, aunque había un serio problema, ¡todo olía a él!

Su perfume en ese cubículo era mucho más intenso y desplegaba todo su magnetismo que no le permitía olvidarse que estaba con él, volviendo su presencia más palpable y consiguiendo que ella fuera sensible a él.

La repentina atracción que arrambló en su interior, provocó que lo quisiera más cerca.

Era el aroma de la virilidad con el que se sucumbía a los instintos más primarios como al deseo más ferviente, ese que debías consumir o no te dejaba en paz.

No le quedó más remedio que hacer acopio de todo su autocontrol y se removió incómoda en el asiento.

—¿Quieres que abra la ventanilla? —ofreció él.

Aquel día, aunque había una ola de calor, soplaba una suave brisa que procedía del Hudson.

—Está bien —soltó nerviosa al mirar a su mano agarrando el volante.

«Así me sujetó a mí», recordó, celosa.

En cuanto el aire de la velocidad entró en el coche, se complicó más, ya que el aire solo removía el perfume, no despejaba ni aireaba el ambiente. Lo percibía más intenso y era lo único que le entraba por la nariz. Bufó, deseando que no faltase mucho para llegar a la Casa Gris.

Aquella construcción antigua estaba en una parte alta de Cold Spring con unas grandes vistas tanto al pueblo, a las colinas, como al río.

Hacía mucho tiempo que no estaba por allí así que cuando llegaron se asombró de lo deteriorados que estaban los parterres de la entrada; era como si la vegetación del valle la quisiera hacer suya para guardar todos los secretos que escondía.

Bajaron del coche y ella se acercó a él que se había quedado parado contemplándola.

—No la recordaba así. —Conor estaba fascinado.

—Yo tampoco, hace mucho que no subía a estar parte la verdad —asintió Tony más tranquila.

—Parece que se quiere morir, pero se resiste a hacerlo, porque aún piensa que le queda mucho por contar.

—Bonitas palabras hacia una casa, aunque se las has robado a tu abuela. —Él mostró una bella sonrisa sesgada a la que ella ya no estaba acostumbrada—. Si te he traído hasta aquí es porque la Casa Gris me parece la mansión de la hechicera cuando restaura el tiempo y la maldición se rompe.

—¿Se puede entrar? —Conor giró el rostro hacia Tony con un brillo pícaro en sus ojos marrones—. Estás dudando. —Le regaló una sonrisa amplia.

—No, no lo hago. —El sentimiento que le recorría por dentro era borrarle de un plumazo aquella expresión. Luego lo desechó, pues lo dejaría sin dientes y ella no era tan mala—. Vale.

La verja estaba abierta y el camino que entraba hacia la casa estaba despejado, pese al tiempo que llevaba cerrada, la vegetación no se había adueñado del asfalto que conducía a la puerta de entrada.

Tony se imaginó cómo hubiera sido aquella casa si estuviera mejor cuidada y al mirarla ahí estaba impertérrita, con algunos hierbajos que habían crecido entre sus piedras, sobre todo, en la parte baja y que no le hacía justicia a la que consideraba la casa más bonita de Cold Spring.

—Os estaba esperando. —Flora salió del interior.

—¿Qué haces aquí? —Conor estaba asombrado—. ¿Es que la alcaldesa te dio las llaves?

—A Flora no le tiene que dar las llaves nadie, es la dueña —esclareció Tony.

—Las dos lo somos, querida. —Sonrió con cariño a Tony—. Y tú serás mi heredera, somos las últimas de nuestras familias. —Todos conocían la relación familiar que había entre ellas

—De momento es tuya.

Conor alternaba la mirada entre una y otra sin dar crédito a lo que oía y Tony parpadeó hacia él, por la cara de panoli que se le había quedado.

—¿Qué te pasa ahora? —preguntó resignada—. Esa cara de pasmado que se te ha quedado no es un buen augurio —protestó Tony a lo que Flora sonrió.

—No sabía que eras la propietaria, es un sorpresón como comprenderás, y si me he asombrado es la reacción normal, no soy tan frío —se defendió él.

—Todo Cold Spring lo sabe —alegó Tony—. Si no te has enterado antes es tu problema.

—No todos lo saben —matizó Flora.

—¡Ajá, espabilada, ahí lo tienes! —le encasquetó Conor a Tony con un guiño gracioso, a lo que ella respondió negando con la cabeza.

—¿Pasamos? —los invitó Flora.

Tony no lo dudó, cruzó la puerta y no se sintió como una extraña, al contrario, notó como si la casa le hubiera dado la bienvenida.

—¡Qué fuerte! —exclamó Conor, dándole un susto a Tony

—¿Es que siempre tienes que romper la magia? —le riñó ella.

—¿Qué dices?

—Apareces de la nada y hablas como una cotorra y dando sustos. —Aquellas palabras eran de su cabeza, porque su corazón quería compartir aquellas sensaciones con él, pero no quería responder la pregunta de Shannon.

—Lo siento, mujer. ¡Ah! No sabía que mi voz te sonara a un taladro.

—Peor.

—Chicos, tranquilos —puso paz Flora que percibía la presencia de fuertes sentimientos que recorrían a la pareja, aunque los tenían presos y debían liberarlos.

—Si te he traído aquí, es porque me recuerda a la mansión que aparece en las novelas de tu abuela —aclaró al final Tony las razones por las que habían ido a la Casa Gris.

Él asintió en silencio observando todo a su alrededor, como si estuviera estudiándolo con cuidado, buscando aquello que su abuela había plasmado sobre el papel.

—Me encantaría hacer la primera lectura aquí, en la Casa Gris. —Él estaba fascinado con la casa.

Los tres entraron en el salón.

—A mí me gustaría darle vida, hacerla una pensión con sus habitaciones y derecho a desayuno, creo que le vendría bien al pueblo y, además, es un edificio histórico, seguro que a mucha gente le encantaría pasar la noche en una casa como esta.

—Es muy buena idea —aplaudió Tony las intenciones de Flora.

—Es solo un pensamiento.

—Flora, ¿puedo separar esas cortinas? —le pidió Conor a lo que asintió. Él lo hizo, pero levantó una buena capa de polvo y estornudó dos veces seguidas.

—Vaya, menuda chimenea. —Tony se acercó a tocar el tallado cuidado y elegante de la madera y se dio cuenta que no manchaba los dedos de polvo—. La has limpiado.

—No, estaba tapada por una lona y al darle la luz cayó. —Señaló con el mentón el suelo.

—¡Es como la que aparece en las novelas de la abuela! —Conor se agachó—. ¿Cómo es posible?

Tony se quedó mirándola.

—Es verdad —reconoció.

—Y tanto si lo es, por que la hemos utilizado para la portada del cuarto libro —asentía admirado y el corazón le martilleaba—. Ojalá pudiéramos hacerlo aquí, ¿no sería genial? —Se dirigió a Tony.

—Claro que sí, porque la hechicera cuando descansaba soñaba con un salón como este. —Se acordó de ciertos pasajes.

Por inercia o felicidad se abrazaron sin dudarlo bajo la mirada de Flora, que los observaba con una sonrisa candorosa, pero como quien sabe cómo terminaría la historia.

Tony hundió la nariz en su cuello y volvió a embriagarse de él y aquel abrazo lo fue también para el corazón, que esclareció todas las dudas, despejando años de tinieblas, ya que de pronto quiso con ese simple gesto que no se volviera a marchar, ya que haber encontrado todas las localizaciones daba por hecho que eso sucedería y se podía poner un punto final.

Al darse cuenta de sus pensamientos, se separó.

—Lo siento —se disculpó poniendo una buena distancia entre ellos y sin mirarlo a los ojos.

—Fue… fue… —Conor parecía un disco rayado—, fue la emoción. Flora, ¿crees que aquí se podría hacer la presentación al lado de la chimenea? —Conor lo preguntó más serio.

—Sí, se puede tener listo, puedo pedir ayuda a Logan y a otros granjeros del pueblo para los distintos jardines.

—Yo puedo ayudar en la limpieza —dijo Tony ofreciéndose.

—No, tranquila, ya has hecho mucho, quédate a su lado controlando todo, además, Martha puede movilizar a la gente, es muy persuasiva —describió con amabilidad a la alcaldesa.

—Eres demasiado buena, yo en tu lugar no hubiese utilizado ese adjetivo.

—Déjame esto a mí, ¿de acuerdo?

Los dos asintieron, felices.