Verano en Cold Spring Capítulo 14
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Capítulo 14

T ony tuvo unos sueños revueltos.

No eran meras imágenes que el cerebro soltaba para relajarse y deshacerse del día.

No eran sueños.

Eran retazos del pasado que las palabras de Conor habían activado sin que ella se percatase de nada.

No eran sueños.

—Tus manos son mágicas. —Él no paraba de juguetear con sus dedos.

—No es verdad, no seas tonto. —A ella le encantaba que le dijera eso, aunque se hiciera la descreída.

—Lo son, alejan mis miedos y me aclaran la mente para saber lo que quiero. Eres magia, Tony.

Cuando abrió los ojos tras oír ese breve fragmento que sucedió en el bosque Foster muchos años atrás, se encontró incorporada en la cama sin saber cómo había aparecido así o en qué momento se sentó.

Los cerró de nuevo para frotarse la cara con las manos y notó como algunas hebras de pelo las tenía pegadas a la piel; sudaba por el ambiente cargado que había en su habitación, ya que todas las predicciones se habían puesto de acuerdo para anunciar la llegada de una ola de calor, que había comenzado a esas horas tempranas y seguiría durante el mismo día que debían ir al bosque.

Poco a poco fue despertándose y su mente recordó lo que había sucedido el día anterior.

Un día que había pasado en compañía de Conor.

Consciente de su cercanía no fue capaz de prever las consecuencias de haberlo tenido tan pegado a ella: soñar con él.

Ya no era el hecho de haber compartido un puñado de horas, sino por algunas palabras que le dedicó que todavía pesaban.

«No me mires así, cómo si pudieras leerme el alma y encontrar mis secretos más oscuros», oyó su voz apagada en el fondo del oído.

¿Qué lo que lo había marcado? ¿Qué había originado ese cambio en él?

Ella, por una insana necesidad, requería de respuestas, pero algo transcendió entre ellos: su vínculo no se había roto a lo largo de esos años.

Ahí radicaba lo que sentía cuando él le clavaba los ojos o cuando con un vistazo rápido la recorría de pies a cabeza como si quisiera grabarla en su cerebro a fuego.

—Céntrate, Tony —se pidió con la voz pastosa debido a la sed que tenía.

Sin más dilaciones se levantó y fue al baño, donde cogió el vaso, que siempre tenía, y se dispuso a beber, lo que le sentó de maravilla.

El frío que iba de su esófago hacia su estómago la enfrió en todos los sentidos y bajo el chorro de agua tibia quiso deshacerse de todo, dejar la mente en blanco para poder pasar a su lado otra jornada más, en ese caso paseando y recorriendo los rincones del bosque.

Después de vestirse con un pantalón corto de deporte y una camiseta con una bicicleta con flores y mariposas un tanto vieja, se dispuso a hacerse un café.

Mientras se calentaba la cafetera, se sentó a la mesa y comenzó a pellizcar una magdalena que le había comprado a Shannon la semana pasada y estaba como recién hecha.

Entretenida con lo que leía de sus apuntes sobre el Bosque Foster, la cafetera comenzó a burbujear justo cuando alguien le timbró a la puerta.

—Voy. —Se limpió los dedos en una servilleta, apagó el fuego y fue abrir.

Detrás de la puerta estaba Conor, lo cual le asombró, no contaba con él.

—Hola —saludó él con bastante tiento.

—Hola —respondió lo mismo ella, que por un lado no sabía muy bien qué decir, y por el otro, en cierto modo, estaba contenta de que no se olvidara de que habían quedado.

—Traigo el desayuno y la comida para pasar el día. —Levantó las dos bolsas.

—Vaya, ni que nos pusiéramos de acuerdo, hay café recién hecho en la cafetera. —Se echó hacia un lado y se apartó—. Pasa.

Él entró y dejó las dos bolsas en el suelo para deshacerse de la sudadera que traía puesta, colocándola en el colgador. Nada más verla entre sus chaquetas, Tony comprobó que para su desesperación no desentonaba, sino que parecía la pieza que faltaba.

—Si no llegas a venir, tenía pensado escribirte un mensaje. —Rompió el hielo y con esa frase se sintió medio idiota.

—Yo, después de lo de ayer… —Se interrumpió a sí mismo, cogió la bolsa del desayuno como si le diera fuerzas a continuar—. Después de lo de ayer tenía que venir, un mensaje no serviría de nada.

Ella asintió y fue hacia la cocina que desprendía un intenso olor a café.

—No sé lo que desayunas, así que sírvete tú mismo, la leche está en la nevera. —Ella frunció el ceño—. ¿Te gusta caliente? —Pero ¡qué había dicho!

—No, me la sirvo fría siempre.

Tony respiró tranquila al ver que él no lo había tomado por donde no era. «Estos son los efectos de dormir fatal», se tranquilizó.

Una vez que se sentaron, él miró la libreta.

—Veo que has empezado el día. —Cogió un croissant y le pegó un mordisco.

Ella hizo lo propio con una napolitana de chocolate, que estaba templada, cómo le gustaban.

—Sí, estaba revisando lo que tengo apuntado, pero cuando estemos allí te cuento, porque hay mucho que contar. Para saber si tu abuela se inspiró también en el imaginario de Cold Spring. —Paró a tomar un sorbo de café y coger otro dulce.

—Tony —pronunció su nombre de un modo que solo él podía, ese en el que su lengua se enredaba con las letras y le erizaba el vello.

—¿Sí? —Soltó todo el aire que había retenido, vaciando así los pulmones.

—Lo lamento, lo siento de verdad, ayer no debí comportarme así contigo ni marcharme en la forma en que lo hice. —Se notaba arrepentido.

—Creo que nos adentramos en temas personales. —Tony clavó los ojos en la magdalena a medio comer.

—No es eso, si te pregunto es porque quiero saber de ti.

—¿Después de tanto tiempo? —Aquello era bastante contradictorio para ella.

—Sí. —Él bebió un sorbo de café y tragó con fuerza—. Sí —repitió por si no había quedado claro—. Quiero saber qué hiciste, qué es de tu vida aparte de la tienda y lo bien que te va con ella. Además, de tener unas amigas que te defienden.

Tony agitó la cabeza a eso último.

—¿Cómo dices?

—En la cafetería vi a Shannon; ya no se comporta igual conmigo y me amenazó diciendo que como te haga daño me arranca los huevos.

Ella contuvo una carcajada.

—Es mi Rottweiler, ¿no te lo había dicho? —Él negó con la cabeza—. Sí, tengo muy buenas amigas y a toque de teléfono acudirán a mi llamada. —Respiró hondo—. Pero lo dicho, no podemos traspasar determinados límites.

—No hemos traspasado ningún límite, Tony. —Él al fin se atrevió a alzar los ojos y dirigirlos hacia ella. Tony pudo ver que había algo distinto en ellos, firmeza—. Cuando te dije «como si pudieras leerme el alma y encontrar mis secretos más oscuros» es que hay sucesos que desconoces.

—Pues cuéntamelos —le pidió.

—Algún día, si me atrevo.

—¿Tan malos son?

Cabizbajo de nuevo, Conor asintió en silencio. Los rasgos de su cara primero languidecieron, luego se tensaron quizás cuando algo se le pasó por la cabeza.

—Me puedes contar lo quieras.

—Lo sé. —Al volverla a mirar sus ojos oscuros eran un mundo lleno de fantasmas—. De momento es mejor que no sepas nada.

—¿Por qué? —Eso la enfadó bastante, pues sintió que la alejaba como el día anterior y como había hecho en el pasado—. No merezco saber nada, debo de ser idiota y no lo sé, o cortita con unas entendederas tan estrechas que hablar conmigo es como hablar con la pared.

—No digas eso.

Ella se levantó, tan nerviosa, como si hubiera tomado el café a morro directo de la cafetera, y debido a eso no era capaz de escuchar nada.

—¡Soy tonta y no lo sé! Cojonudo, no se me cuenta nada, soy un cero a la izquierda, lo fui en el pasado, lo soy y lo seré…

De repente, Conor se levantó, la cogió por los hombros y la giró para que lo mirase.

Sentir sus manos en su piel desnuda provocó que en cuestión de un segundo se calentase, el mismo tiempo que tardó su aroma, muy masculino y amaderado, especiado con un toque de bergamota, sensual con notas frescas y desenfadadas, se colara en ella y la impregnase.

El corazón se le aceleró dándole puñetazos en el pecho, no solo eso, sino que Tony tuvo que absorber la sensación de que estaba tocándola, sosteniéndola y adorándola con la vista.

—Calla, no eres nada de lo que dices, eres maravillosa, eres una magia de la cual no me he podido deshacer en estos años.

—Vaya, pues no debo ser muy buena.

—No te he superado; no nos he superado; no he superado nuestra historia y si me hice escritor es para poder expresar con palabras todo lo que llevo clavado en mi interior desde que abandoné Cold Spring.

Pero todo esto lo hablaremos cuando llegue el momento perfecto y no, no quiero que te alejes de mí.

Ella dio un paso atrás.

—Lo que hubo entre nosotros o lo que pudo haber ha quedado enterrado hace mucho tiempo, Conor.

—Sea como sea ayer me porté incorrectamente y algún día te enterarás de todo. Te lo prometo. —Acortando el espacio entre ellos, le dio un beso en la frente.

El hombre tiene un defecto, se olvida de lo que dice, por eso sus palabras se las lleva el viento, pero en aquellos donde residen fantasmas y recuerdos del pasado las promesas cobran un matiz distinto.