Capítulo 10
¡T ony no se lo podía creer!
A lo largo de los años en los que se fueron publicando los libros y con las siguientes reediciones, los vecinos que los habían leído, sobre todo, las mujeres como Lilian, Teresa o Sarah, en su momento mantuvieron que habían sido escritos por alguien del pueblo, aunque nadie, ni los más atrevidos, señalaron a una persona en concreto y mucho menos a la abuela de Conor.
La recordaba como una mujer bondadosa, siempre sonriente y que tenía una voz perfecta para leer.
De hecho, en la biblioteca la habían contratado como cuenta cuentos y en la primera fila siempre atentos a sus palabras estaban Taylor y Conor, pero jamás se le hubiera ocurrido que su abuela fuera una escritora de éxito, porque era una mujer humilde, siempre dispuesta a ayudar a los demás.
Una idea peregrina se le pasó volando por la cabeza: «No estoy delante de Conor, sino del heredero de Springville» .
Estaba boquiabierta, alucinada.
—Tu abuela es la autora. —No se había oído hablar.
—Sí, ¿no lo sabías? —A Conor le sorprendió.
—A ver, alguna que otra vez oí a alguien del pueblo decir que esas novelas fueron escritas por alguien de Cold Spring, pero, la verdad, nunca les presté atención. —Fue sincera.
—Patricia Phillis, así conocían a mi abuela aquí, por el apellido de soltera pese a estar casada, pero su nombre era Patricia Helen Beverbly, el apellido de mi abuelo.
—H. Beverbly, así firmaba los libros. —Aquel descubrimiento le hizo abrir mucho los ojos—. Por eso la gente decía que tenía que ser alguien del pueblo.
—Le llegaron a preguntar a mi abuelo y él sabiéndolo, le guardó el secreto. —Conor asintió y su rostro se tornó melancólico—. Ella decía que sonaba un poco más masculino.
—Sí, un poco, se parece a los escritores ingleses de los años cuarenta. —Se acordó de las siglas de esos libros de segunda mano que tenía en la tienda—. A tu abuelo no le importaba que escribiera —afirmó por lo que él le contó.
—Nunca, porque sabía que le gustaba y era lo que hoy llamamos lector cero, porque le gustaba mucho la fantasía tipo El Señor de los Anillos , así que cuando mi abuela se puso a escribir las novelas con la primera máquina de escribir que tuvieron, él le iba corrigiendo las líneas temporales, le ponía notas a los márgenes.
—¿En serio?
—Sí, de hecho, conservamos sus papeles anotados con la letra a pluma de mi abuelo. —Bebió café y se limpió la boca con una servilleta antes de continuar—. Taylor quiere que si tiene éxito la tetralogía, también publiquemos una edición anotada.
—Eso quería saber, gracias por recordármelo, ¿qué es eso de cuatro libros? —Apoyó los brazos encima de la mesa—. Es una trilogía.
—Hay un cuarto libro que es inédito —esclareció él.
—¡Anda! —Se quedó alucinada—. Una versión anotada sería maravillosa, y con los cantos tintados.
—Ya, sí, suena todo muy fantástico, muy bonito como para hacer el cuento de la lechera, pero el que está en medio de mi hermano y la editorial —se señaló—, es aquí el menda este, y por orden y gracia de los señores editores necesito encontrar esas localizaciones.
Con ilusiones renovadas, con ganas de hacer muy grande el nombre de aquella mujer que en invierno siempre les tenía una taza del mejor chocolate y la que le había enseñado a hacer ganchillo, tomó la decisión.
—Si Springville es Cold Spring lo sabremos y lo conseguiremos con esto.
—Entonces, dime.
Tony se acercó a los papeles y leyó comparando los dos.
—Atiende, la bandstand , por ejemplo, es el lugar donde arde el fuego eterno, que una vez se consumió, cuando la hechicera fue expulsada y la maldición cayó sobre Springville .
Eso provocó que en La Oscuridad de Springville el consejo real, no hallase un lugar propicio para celebrar la asamblea de otoño y no se pudo convocar por la ausencia del fuego.
Hubo guerras, se rompieron amistades y un sin fin de consecuencias asolaron el reino.
Pero como por arte de magia, sin saber que la hechicera se había camuflado dentro de Springville y cambiado de identidad, volvió a convocar el fuego cuando descubrió que había dos corazones puros en los que residía un gran amor.
—¡Guau! Te lo sabes de memoria, alucinante. —Conor quedó fascinado.
—Sí, bueno, pero ¿has oído la explicación? —A ella le interesaba más lo que tenían entre manos.
—Desde luego, y ya que lo dices, al releer los libros me lo había imaginado como la bandstand , pero no había caído en ella hasta que lo acabas de decir. —Estudiaba esa posibilidad moviendo los ojos de un lado a otro—. Interesante. ¿Qué más?
Los dos juntaron las cabezas y Tony le fue explicando las otras localizaciones que ella creía que podían corresponder.