Capítulo 7
A ntes de marcharse para casa tras cerrar la tienda, Tony dio un paseo por la calle principal de Cold Spring para luego desviarse e ir a parar a la bandstand donde un grupo estaba dando un concierto.
Se perdió entre la multitud y se refugió en el pequeño embarcadero.
Allí se sentó y con la vista clavada en el agua del río permitió que sus pensamientos fluyeran a la misma velocidad tranquila que fluía el agua.
Era lo que necesitaba luego de hablar con Conor, quien había avivado la peor versión de sí misma.
Aprovechando la música y que toda la gente estaba reunida escuchando al grupo, habló con el río, algo que siempre le ayudaba a poner las ideas en su sitio.
—No me has alejado de él, al contrario, me has puesto en su camino y como no se puede deshacer lo hecho, te pido que me protejas y, sobre todo, a mi corazón.
—Bajó la cabeza y pensó en todo lo que el encuentro con Conor le había provocado: su aroma, que no había olvidado, deslizaba una suave red de telaraña que si se lo permitiera la retendría, porque todavía su perfume tenía efecto sobre ella y supo que, en cuestión de segundos, la haría flaquear; sus ojos negros, pese al tiempo que había pasado, la observaban de un modo diferente, la reconocían y la escrutaban con demasiado detenimiento como si quisieran descubrir todos los recodos de su alma.
El roce de sus dedos sobre su piel palpitaba y por acto reflejo, se llevó la mano hacia esa zona donde le había dejado su marca.
¿Qué le hacía Conor? O ¿todavía era sensible a él? —. No me dejes sola.
—Nunca estarás sola —dijo Flora detrás de ella.
Tony se giró y ahí estaba su amiga con una sonrisa y esa mirada de cariño que calmaba casi todos los males.
—Flora.
—Hola, querida. —Se sentó a su lado y la miró fijamente a los ojos—. El corazón duda. —Leyó en ellos y le acarició el pelo—. Y teme.
Tony asintió con los ojos perdidos en el Hudson.
—Nunca pensé que lo fuera a volver a ver y mucho menos que tuviera que ayudarlo —reconoció.
—Todo ocurre por algo.
Tony giró el rostro hacia ella y en el fondo de los ojos de Flora discernió que sabía más de lo que hablaba.
—Sabes algo —afirmó.
Flora la rodeó con un brazo y Tony apoyó la cabeza en su hombro.
—Algo que solo vosotros podéis hacer que se cumpla o no. —No lo desmintió.
—Tengo miedo, es verdad. —Sabía que con ella se podía abrir—. Pero una parte de mí me previene a no cometer los mismos errores.
—Tony, —la separó para hablarle frente a frente y que entendiese mejor sus palabras—, somos humanos y como tal cometemos errores, va impreso en nosotros, pero jamás has estado sola, tienes a gente que te quiere y te adora y no tengo que dar nombres, porque tú misma lo sabes.
—Sí.
—Tengo algo que contarte.
—Dime. —Volvió a contemplar el discurrir del río Hudson que pasaba por delante de ella como si no sucediera nada.
—Conor se está quedando en mi casa, porque la suya precisamente muy habitable no está. ¿Te parece bien?
—No importa. —En el fondo no le gustaba, pero era incapaz de enfadarse con Flora—.
Sé que eres amiga de su abuela y de su madre y lo que haya pasado entre él y yo no tiene nada que ver contigo.
—Se conformó con esa explicación, no era quién para meterse en la vida de nadie ni a quien debía dejar entrar o a quien no.
Las dos quedaron en silencio durante unos segundos en los que Tony inspiró hondo aquel aire que estaba allí solo para ella y en los cuales el río expiró su aliento para darle fuerzas y enfrentarse al del pasado, que la asaltó en los instantes más imprevisibles, ya que no lo vio venir.
—En esta época debes tener la mente abierta. —Flora interrumpió el momento de silencio.
—¿Por qué lo dices?
Flora se separó de ella para explicarle aquello que no todos los mortales sabían.
—Verás, todo el mundo cree que el influjo del solsticio solo dura unas horas, pero no es así, puede durar semanas en las cuales todavía se puede percibir en el agua —señaló al río—, en la tierra y en el aire.
También, los límites entre el mundo de los humanos y el de los espíritus se vuelven imperceptibles, como ocurre con el día y la noche, con los sueños y las viejas leyendas que se fusionan, y en medio de todas esas fuerzas ancestrales, universales, el pasado y el presente se rozan, se tocan hasta conseguir que sucedan cosas maravillosa además de inesperadas.
Tony asintió a esa explicación de Flora.
—Este reencuentro estaba predestinado a suceder. —No lo preguntó, al contrario, lo afirmó pues no necesitaba una gran explicación.
—Eso parece y solo podemos sentarnos, observar y esperar a que el destino muestre sus designios y que la magia del solsticio poco a poco vaya surtiendo efecto. —La volvió a abrazar—. No tengas miedo, sé tú misma.
—Eso intentaré y que la mala leche no fluya. —Soltó una risilla nerviosa.
—Tampoco hagas eso. —Flora la obligó a mirarla—.
Si tienes que mandarlo a paseo, o a la mierda o gritar, hazlo, no escondas tus emociones, porque eso somos: sentimientos y emociones que deben salir para poder renovarnos como hacemos en primavera o en otoño y crecer como personas.
Pero atiende, a veces debemos enfrentarnos para pasar página.
—Gracias. —Los consejos siempre eran bienvenidos en la vida de Tony.
—No se dan, cielo.
Hay momentos en los que hay que escuchar los consejos con el corazón.