Capítulo 6
—N unca dejes de sonreír. —Conor le acarició los labios con las yemas de cuatro dedos.
—No tenía pensado hacerlo.
—Quiero levantarme todos los días de mi vida con esa sonrisa que desarma el corazón de cualquier hombre.
—¿De cualquiera? —Alzó las cejas, asombrada.
—Me desarmas y desnudas mi alma.
Sin contenerse la besó.
***
Cuando Tony le sonrió de aquella manera en la acera, lo desarmó del mismo modo que lo hacía en el pasado; todavía seguía teniendo esa fuerza.
Por ello, aquel recuerdo le rondaba por la cabeza, aunque también percibió algo distinto, no era una sonrisa espontánea como aquellas, era más bien una sonrisa profesional, estudiada, que pretendía ocultar lo que no quería que nadie supiese o mantener alejada a la gente mientras, por otro lado, les daba confianza.
«¿Desde cuándo es así?», se preguntó a sí mismo a la vez que le daba vueltas al botellín de cerveza que sostenía con la mano derecha.
Había quedado con los chicos en la casa de Jared para tomar algo y al estar juntos había creído que podían hallar alguna solución, pero el pasado jamás se podía solucionar. Solo podías apechugar con él.
—Tío, ¿qué esperabas? —Jared quería que razonase—. ¿Qué se tirase a tus brazos?
—No, pero, nunca fue una mujer fría —explicó él recordando a la Tony del pasado.
Una parte de él, le indicaba que solo había que buscar para encontrarla, otra era más cauta, le ordenaba tomar el tiempo suficiente para acercarse a Tony. Pero tenerla cerca de nuevo y que le mostrara esa indiferencia hacia él, le mostraba que el tiempo lo había congelado y destruido todo.
—¿Quién, Tony? —preguntó Abner Brook, el sheriff, que, aunque era mayor que ellos, todos se conocían en Cold Spring y Abner era amigo del hermano mayor de Conor, Taylor.
En Cold Spring no importaban las edades, en la camaradería y las cuadrillas de amigos nada importaba cuando alguno regresaba.
—Sí —respondió Mark, quien era la pareja de Kendall.
—Es un encanto de mujer y, —alzó los brazos estirándose—, no me la imagino cabreada.
—Ni tú ni nadie —pensó Logan en voz alta, soltando la verdad. Era muy raro verla enfadada—. Tú has logrado en minutos conseguir lo que nadie hizo, deberías entrar en el libro de los Récord Guinness.
—Solo tenemos que recordar lo que hizo este señor aquí sentado. —Jared miró a Conor, siendo el único de los cuatro amigos que se atrevía a meter el dedo en la herida.
—No me hagáis sentir como un cerdo repugnante —pidió Conor que se llevó una mano a la frente al notar que la cubría una fina partícula de sudor.
—A lo mejor lo eres. —Abner bebió un trago de cerveza.
—Muy amable, gracias —soltó con ironía Conor.
—No hay de qué, pero es verdad —se defendió Abner.
—Vamos a ver —intervino Jared—. Si no me equivoco todos los que estamos aquí sabemos que sucedió, pero me da la sensación, ojo no lo recuerdo bien, ¿vale? Pero me da la sensación de que Tony a lo mejor no lo sabe.
—¿El qué? —preguntó Conor reclinándose en la silla a la vez que se pasaba las manos por las perneras del vaquero.
—No sabe el motivo por el cual dejaste Cold Spring —esclareció Jared.
—Me cuesta creerlo. —Mark negaba con la cabeza—. Sería muy raro, teniendo en cuenta que todo el mundo hablaba de ello —terció Mark.
—¿La gente se enteró? —Conor no daba crédito.
Lo habían hecho cuando todo el pueblo se suponía que dormía.
—En Cold Spring se acaba sabiendo todo —alegó Logan—. Estamos en un pueblo, no en Manhattan, donde somos desconocidos para la mayoría de la gente con la que nos cruzamos.
—Ya, pero justo ella se marchó al poco a la universidad, cosa que a nosotros tres, —Jared señaló a Mark y Logan— nos quedaba un año para hacer ese salto.
—Cierto —se acordó Mark de ese detalle.
Conor era un año mayor que Logan, Jared y Mark; apenas se notaba al verlos juntos.
—Es más, tardó muchísimo en regresar, porque hubo una temporada muy larga en la que sus padres respondían que estaba viajando. —Abner estaba haciendo memoria—. Nadie sabía dónde estaba Tony.
—Me acuerdo que una de las últimas veces que mi abuela vino a Cold Spring se encontró con su madre y fue la respuesta que le dio. —Conor asentía.
—¿Quién la ayudaría a viajar tanto? —preguntó Logan—. Es que la verdad, siempre la recuerdo en el pueblo.
—Creo que entre su abuela y Flora —dijo Mark—. Si no me equivoco son familia.
—Sí —afirmó Jared que como casi todos en el pueblo sabían las relaciones familiares—. Creo que la historia es la siguiente: unas antepasadas de Tony y de Flora eran hermanas o una cosa así, y aún mantienen relación de familia.
—Tíos, no me interesan las relaciones familiares ni los árboles genealógicos, solo quiero hablar con ella —confesó Conor.
Aunque no lo dijo todo, porque dentro de su corazón sentía la necesidad de enmendar lo que le había hecho a Tony y una fuerza que creía dormida le hacía dar vueltas ante la posibilidad de recuperarla, ya que desde que la vio una parte de él se propuso intentarlo.
Sus viejos amigos del pueblo se le quedaron mirando, no con compasión o pena, algo que no soportaba, era más por el asombro de los que no contaban con esas palabras.
—Para empezar, intenta mantener una conversación con ella, no de besugos, por favor, más bien una seria —le aconsejó Logan—. Eso les gusta a las mujeres.
—Es cierto, ¿no te tiene que ayudar con algo de los libros? —le preguntó Mark
—Sí. —Ese podría ser un buen comienzo.
—Bueno, pues aprovecha eso —le propuso Jared—. Trátala de un modo normal, es decir, debes ser espontáneo, no pensar mucho lo que le dices o le vas a decir y no fuerces determinadas conversaciones o frases.
—Lo dice el tío que no paraba de discutir al principio con su novia. —Logan no se había olvidado de los comienzos de Jared con Imogen.
—Estás tú para hablar —le echó en cara Jared a su amigo como un crío pequeño.
—Vale, haya paz, ¿sí? —se metió de por medio Abner—. A veces con las personas y sobre todo con aquellas a las que les hicimos daño debemos dejar que todo fluya en plan «be water my friend» —le previno.
—Vamos, me tengo que adaptar —dijo Conor con resignación.
—Es lo único que de momento puedes hacer si no quieres que te mande a la mierda —soltó Mark a lo que Jared y Abner le clavaron cada uno, una mirada severa. Mark se encogió de hombros.
—Si no hay otro remedio, lo haré así.
El recuerdo que tenía Conor era de un intenso amor compartido, que por causas no divinas sino terrenales, tuvo que romper y con ello destrozar a Tony, pero ¿podía el amor renacer entre las espinas del pasado?
Tenía que descubrirlo y ese sería su trabajo, no buscar las localizaciones.