Capítulo 5
—¿H as oído la última locura de la señora alcaldesa? —le preguntó Shannon a la tarde siguiente a Tony.
No podía disimular lo contenta que estaba por todo lo que Martha le había contado, debido a que nunca se imaginó que algo igual pudiera pasar en Cold Spring y formar parte de ello. Todavía la emoción le recorría todo el cuerpo.
—¡Sí!, ¿no lo ves increíble? —Cada vez que pensaba en ello le entraban unas ganas tremendas de ponerse a saltar, pues volvía a ser esa adolescente enganchada a esa historia mágica.
—Pues… —Shannon no lo tenía muy claro—. No lo sé.
Tony frunció el ceño.
—¿Has leído la trilogía de Springville ? —Quiso saber Tony, aunque intuía la respuesta.
—No, y creo que voy a esperar a que hagan la peli. —Se metió con ella; sabía que le molestaría.
—Shannon, ¡no! —arremetió con cariño hacia ella—. Te estás perdiendo una historia tremendamente buena y que engancha muchísimo. Siendo tan buena lectora como eres me sorprende.
—Sabía que te molestarías.
—¡De verdad! —se carcajeó Tony sacando unas figurillas de una caja de cartón que colocaría más tarde en el escaparate.
—En la biblioteca van a hacer una lectura especial de algunos pasajes, o eso me contó Molly.
—Tenemos que ir —dijo resuelta.
—No me digas.
—Por supuesto —aseveró con la intención de que su amiga leyera aquellas fantásticas novelas—. Y espero que saques los libros de la biblioteca o te los presto, que tengo varias ediciones.
—¡Eres una friki!
—De lo que me gusta. —Se encogió de hombros—. ¿Te sorprende?
—Un poquito, porque no me hablaste de la trilogía.
—Hace tiempo que no pienso en esos libros; hoy en día hay novelas muy chulas y muy buenas.
—Hizo un gesto con la mano en el aire para quitarle importancia—.
Teníamos que hablar ahora, cuando Martha quiere transformar Cold Spring en Springville .
Pero los tienes que leer. Ayúdame con esta mesa —pidió.
—Vale, me los leeré. —Shannon claudicó y le ayudó a mover una mesa de sitio. Tony, cuando tenía una idea, siempre la llevaba a cabo. Quería empezar a poner algunos artículos de Halloween para los turistas, aunque la etapa de esa noche mágica no hubiera comenzado—. Y ahora cuéntame, ¿quién es Conor?
—¿Qué te dijeron Kendall e Imogen? —le respondió con otra pregunta.
Shannon la miró desconcertada.
—¿Es que me tenían que decir algo?
—No sé, dímelo tú. —Se encogió de hombros.
—No fueron ellas. Oí hablar a Mark, Logan y Jared de un tal Conor y el puñetero de mi novio no abrió la boca conmigo.
Tony se puso en guardia, no se fiaba de lo que pudieran decir, ya que se acordaba de que tenían una buena relación de amistad. «¿Seguirán siendo amigos?». Aquella duda no tenía modo de despejarla.
—¿Con qué motivo? —Quiso investigar, movida un impulso bastante insano para todo su ser, pero la que era un poco cotilla siempre le picaba la curiosidad, aunque se mezclara con el miedo.
—Me lo tienes que contar tú.
«¡¡¡Hombres!!!», exclamó antes de que su mente añadiese: «divino tesoro».
—De momento no hay nada que contar. —No quería regodearse y limpiar aquella historia que estaba cubierta con una capa gruesa de polvo.
Shannon iba a hablar cuando le sonó el móvil y descolgó mientras el interlocutor parecía que le daba órdenes, ya que su amiga solo asentía a lo que oía, hasta que colgó.
—Es Lilian, nos dice que vayamos a la cafetería. —Las dos amigas se miraron.
—Qué raro, ¿no? —En muy pocas ocasiones había sucedido eso.
—Vamos —dispuso Shannon—. Hay que esclarecer el asunto del que quieren hablar.
Tony cerró la tienda con un bonito cartel que ponía: «vuelvo ahora».
Caminaron calle arriba hacia la cafetería Spring Café aquello le estaba pareciendo demasiado, aunque se calló.
—Como aparecen en los libros —sentenció Martha.
—No los he leído —reconoció Imogen.
—Ni yo. —Shannon también fue sincera.
—Me temo que yo tampoco. —Kendall se unió a ellas.
—¡Blasfemas! —bromeó Cloe prorrumpiendo en risas.
—Esas historias aún las releo hoy —añadió Sarah con una expresión más soñadora.
—Y yo —afirmó Teresa—. Cuando no hay nada en la tele, cojo un tomo lo abro y empiezo a leer a partir de ahí.
—Es una historia mágica donde las haya —intervino de repente Flora apareciendo de la nada.
Todas la saludaron con alegría.
—Vale —habló Martha tras saludar a Flora—.
Vamos por orden: la panadería puede ser El horno del Mago , porque se cuenta que los panaderos se consideraban magos por mezclar y saber juntar los ingredientes; Esta grandiosa cafetería podría ser uno de los refectorios, El refectorio de Dendale .
—Cerró las manos en puños y Martha se agitó de felicidad—.
¡Me encanta! La tienda de antigüedades puede ser la botica y la floristería, ¡claro!
La floristería será El Jardín de la dicha eterna .
—Muy buena idea, Martha —la felicitó Flora.
—¡Ay! Gracias, es que estoy muy emocionada porque, ¿a quién no le han gustado estos libros? —Enarcó una ceja al mirar de nuevo a Kendall, a Imogen y Shannon—. Aunque entre nuestras filas haya personas que no los leyeron.
—Eso iba a decir, a nosotras nos tiene que ayudar alguien —pidió Kendall.
—Yo os ayudaré en todo —se ofreció Lilian.
—Y yo —dijeron Teresa y Sarah a la vez.
—Te ayudo a ti —le dijo Tony a Shannon, para repartirse el trabajo—. Para lo que necesitéis, aquí estoy.
—Vale, gracias —asintió Imogen a Tony.
—Pero, Tony, querida, me gustaría pedirte ayuda para una persona. —Martha se acercó a ella.
—Dime. —Tony estaba contrariada, no sabía a qué atenerse con Martha, no estaba segura de lo que podía salir de su boca o lo que iba a pedir.
—Mira, tú eres la que mejor conoce la historia del pueblo…
—Esa es Flora —la interrumpió y señaló con el dedo a su amiga, girando el rostro hacia ella, que se mantuvo impasible.
—No, te quiero a ti, porque a Flora, a lo mejor, la necesito para otra cosa —se excusó Martha.
—Bueno, y dime, ¿qué tengo que hacer?
—Tienes que echarle una mano a una persona para buscar las localizaciones de Springville aquí en Cold Spring; así se demostrará que la autora se inspiró en nuestro pueblo. —Martha había cambiado su actitud, había pasado de la alegría absoluta a la cautela.
—Vale, bien, pero ¿ayudar a quién? —Le daba la sensación de que no se atrevía a decirlo y que a ella misma no le iba a gustar la respuesta.
—A mí. —Aquella voz de nuevo. Aquella voz volvía a sonar a su espalda, mientras el resto se callaba y solo los observaba—. Hola Tony —la saludó como si no hiciera años que no se veían.
A ella se le paró el corazón en el pecho y la sangre se le congeló en las venas, sin embargo, no le quedó más remedio que girarse y enfrentarse a ese hombre que había recluido al rincón más oscuro de su mente.
Ahí estaba, de pie frente a ella, la persona que un día prometió que no volvería a ver jamás, que no respiraría su mismo aire ni se acercaría a ella.
Su peor pesadilla se había personificado en Cold Spring cuando el pueblo se había convertido en su lugar seguro.
Ya no lo era.
Sus ojos se quedaron clavados en su rostro, ya no era el joven que ella tenía en la mente, sino un hombre que, como le había dicho Leslie, el tiempo lo había conservado muy bien.
Su mata de pelo rubio no había cambiado y contrastaba con unos impresionantes ojos negros que brillaban como el azabache.
Su rostro, más maduro, conservaba esas líneas alargadas, suaves, que en ese instante estaban apretadas a la espera de su reacción.
Una que tardó un tiempo y, para asombro de todos, no fue esa sonrisa en la que ocultaba sus sentimientos, al contrario, mostró una frialdad a la que nadie estaba acostumbrado en ella.
—Sí, lo que tú digas. —Se volvió hacia Martha—. ¿Quién has dicho?
—Él, Conor, es quien hará la primera lectura, ya que…
Antes de que pudiera decir una sola palabra él se le adelantó.
—Han reeditado las obras de Springville y me han pedido que me encargue yo —explicó él de modo escueto y rápido para que ella no lo interrumpiese.
—¿Y buscas la relación entre Cold Spring y el pueblo de los libros? —Eso había leído entre líneas Tony, aparte de unirlo con lo que había contado Martha.
—Sí, así me lo pidió la editorial —asintió él.
—Anda, ¡qué bien! —dijo Tony sin apenas mover los labios.
Notaba que comenzaba a sudar frío a causa del aire acondicionado de la cafetería que la estaba enfriando por segundos y se hallaba en una situación un tanto comprometida y enjaulada…
¡Quería salir de allí! Pero no podía. Percibió en su interior que aquello era una encerrona, pero prefirió callar pues no era el momento ni el lugar.
Él dio un paso al frente.
—No me has dicho «hola» —reclamó Conor evitando sonreír.
—¿Qué hay? —respondió ella, y para colmo, soltó una sonrisa como si él fuera un cliente de la tienda.
La borró en seguida.
—Hoy no me tratas de «nadie» —le recordó.
—Es que no eres nadie. —Nada más soltarlo, Shannon la cogió por el brazo y escuchó de fondo algunas exclamaciones.
Él bajó la cabeza y asintió.
—Entiendo…
—¿Ves? Nunca has sido un cateto y yo mantengo mis reservas de saliva intactas. —Miró a Martha que había empalidecido—. Dile al susodicho que lo ayudaré y punto, ¿vale?
—De acuerdo, ¿empezamos mañana? —habló Conor respondiendo por la alcaldesa.
Tony bajó la cabeza mordiéndose la punta de la lengua.
—¿Qué? —Tony lo miró por encima del hombro.
—Me has obviado —señaló él, ofendido.
—¡Oh! Siento haber molestado al «señor ego». Pues eso, mañana te lo enseñaré todo si hace falta y terminamos cuanto antes. —Levantó la mano—. Nos vemos, chicas.
Tony salió al calor sofocante de la tarde y con las manos cerradas en puños comenzó su regreso calle abajo hacia su tienda.
—Espera —le pidió Conor, pero ella hizo como si no lo escuchase.
En un par de zancadas, la cogió por el brazo para frenarla, y provocó, sin saberlo, que un rayo la recorriera entera cuando sus pieles se tocaron, haciendo que perdiera la conciencia y que fuese sensible a él—. Por favor, espera —suspiró.
—¿Por favor? —El orgullo originó que le saliera su parte más fría, esa que solo aparecía cuando debía protegerse y con él no iba a ser menos—.
De momento hablemos el lenguaje del silencio que durante estos años has llevado a cabo y que tan buen resultado te ha dado.
Y para tu información no, no hay «por favor» que valga, porque en estos instantes somos dos desconocidos.
—Pero…
—Ni peros, ni peras, ni manzanas envenenadas.
Es lo mejor para los dos y, luego, si debo explicar algo, lo haré por los libros, por Martha y Cold Spring, nuestras conversaciones serán únicamente referente al tema de la historia.
—Soltando su sonrisa más encantadora, dijo lo que su cabeza quería—.
Adiós, Conor. —Al fin pudo decirlo, cuando en el pasado no se le había permitido.
Movió un pie para caminar, pero frenó—. Dame un par de días para preparar todo antes de comenzar la búsqueda.
—Claro, lo que necesites.
Ella salió a paso apurado hacia la tienda, mientras notaba los ojos de Conor sobre su persona lo que le despertó mariposas en su corazón, cabeza y barriga.
¡Aquello no podía estar pasando!