Venus No Tiene la Culpa (pero Mercurio, ese sí) Epílogo — Siete Meses Después
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Epílogo — Siete Meses Después

El pastel mágico salió bien al quinto intento.

Lo sé porque conté, y anoté la fecha en el cuaderno de recetas que me regaló mi mamá de cumpleaños, al lado de la receta tachada y reescrita cuatro veces: capa densa abajo, crema en medio, esponja arriba, exactamente como debía ser desde el principio, nomás que esta vez sin ninguna prisa por forzar el resultado antes de tiempo.

—Quedó buenísimo —dijo Caio, probando un pedazo en la cocina del departamento que compartíamos desde hacía dos meses, un departamento ni mío ni suyo, elegido juntos, con librero organizado por tema en toda la sala porque "por altura es rendición estética", frase suya, repetida tantas veces que ya se había vuelto chiste de boda antes de que nadie hubiera mencionado ninguna boda.

—Ya sé que quedó bueno. Entrené toda mi vida para este momento específico.

—Exageras el significado de las cosas.

—Soy astróloga, Caio. Exagerar significado es literalmente mi oficio.

Se rió, y lavó el plato, y en el pasillo, cerca de la puerta, la caja de zapatos con las rueditas —ahora con nomás una adentro, la otra guardada en una cadenita delgada que traía puesta desde la noche del desfile, sin quitármela ni para dormir— seguía en el mismo lugar de siempre, medio fuera de lugar entre los demás objetos de la entrada, sin que nadie hubiera decidido nunca guardarla en ningún sitio más discreto.

El celular de Caio vibró. Lo vio, y sonrió de un modo que ya reconocía como sonrisa de mensaje bueno.

—Mi prima —dijo—. Mandando foto del cumpleaños de su hija. Preguntando si vamos al bautizo el próximo mes.

—¿Vas a ir?

—Voy. —Guardó el celular—. Decidí, después de todo, que familia que sobra vale más que familia que falta. Voy a los cumpleaños, a los bautizos, a las cosas aburridas. Es el modo que elegí de ya no dejar a nadie más como llamada sin contestar.

No dije nada. Nomás agarré su mano, sin necesitar ninguna calle que cruzar, y apreté.

Esa noche, hice el live semanal —el Mapa a Ciegas, el mismo formato de siempre, con una diferencia chica que nomás quien seguía desde el principio iba a notar: ahora, una vez al mes, leía mi propia carta en vivo, sin miedo, mostrando tránsito, aspecto, lo que había salido bien y lo que había leído mal en el pasado, sin esconder ninguna cicatriz.

Rodrigo sorteó la captura de la noche, sin avisar de quién era, del modo de siempre.

—Es una carta con Saturno fuerte en la Séptima —leí, en voz alta, para el público, sin saber todavía de quién era—.

Tránsito de compromiso. De estructura que se prueba con tiempo, no con pánico.

—Sonreí, viendo la cámara—. Este nativo aprendió, del modo más difícil posible, que promesa no es dato.

Es apuesta. Y decidió apostar de todos modos.

Rodrigo reveló el nombre en el chat.

Era el mío.

Me reí sola, en el estudio, para que todo el público viera, y no corregí nada, no fingí ninguna sorpresa, nomás dejé que quedara exactamente del modo en que ya era desde hacía mucho tiempo.

Predicción para esta nativa , escribí en el pie del video después, antes de publicarlo: ninguna. Ella decide.

Gracias por leer hasta aquí.

Si este libro te hizo reír, llorar o leer tu propia carta otra vez, considera dejar una reseña. Es lo que más ayuda a una autora independiente a seguir escribiendo.

FIN