Venenosamente tuyo (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 2) Capítulo 35
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Capítulo 35

Sol

—Llevamos en este maldito sitio casi dos semanas —refunfuñó Luke—. Pero empecemos a buscar billetes de vuelta, porque hoy mismo cerramos este caso.

—Sería fantástico dejar de estar en la lista de “prohibido salir del país” del Agente de Maravilla. Necesito volver a Londres de verdad —dijo Sol.

—Por la cita con tu colorista —apuntó Divya, que también había oído a Sol quejarse del encuentro inaplazable.

—Porque mi editora me quiere de vuelta en Londres ya. He descuidado el trabajo demasiado tiempo. Además, echo de menos mi casa. Y sí, por la cita con el colorista —admitió Sol.

Los tres estaban disfrutando de un desayuno al aire libre a base de frittata , pastas, té, sol y algún que otro avistamiento de famosos (se habían cruzado con uno de los actores originales de CSI de camino allí) en Gjusta, en Venice.

Llevaban las gafas de sol puestas, hacía una temperatura agradable de diecisiete grados —aunque Sol seguía llevando uno de los gustosos jerséis de punto de Luke (olía a él: a lavanda y madera ahumada)— y el regreso a casa se veía más cerca.

Aunque siempre le había encantado viajar, Sol valoraba su tiempo en casa tanto como el que pasaba fuera.

En ese momento, empezaba a sentirse cansada de tantas comidas fuera y echaba de menos su acogedora casita georgiana al sur del Támesis.

—Parece que tú también tienes un poco de morriña de Londres —le dijo Luke con su sonrisa más seductora.

—Tengo morriña —admitió Sol.

—Pensaba que te encantaba viajar —dijo Luke.

—Me encanta, pero como has dicho, llevamos fuera casi dos semanas en un viaje que se suponía que iba a durar cuatro días. Me gustaría volver a las comodidades de mi propia casa, a mi armario y a la ciudad que aprendí a amar —dijo ella.

—Después de eso, creo que está todavía más enamorado de ti de lo que ya lo estaba —dijo Divya.

—Lo que ha dicho —asintió Luke con una sonrisa.

—Muy bien, gente, vamos a mandaros de vuelta a Londres pronto, entonces. Hagámoslo posible —dijo Divya, poniéndose en modo trabajo.

—¿No te vienes tú también en cuanto cerremos el caso? —preguntó Luke, frunciendo el ceño.

—Le preocupa que te quedes sola en un lugar tan inhóspito —bromeó Sol.

—No estaré sola. Moon viene un par de días por trabajo y me quedaré con elle. Me enseñará la ciudad, ya que vosotros dos habéis sido unos anfitriones muy poco fiables —explicó Divya.

—Lo siento. Prometo hacerlo mejor la próxima vez —dijo Sol.

—¿La próxima vez? —dijo Luke horrorizado, aunque solo bromeaba a medias. Sol y Divya no pudieron evitar soltar una carcajada.

Pero aquel momento de felicidad perfecta parecía la calma antes de la tormenta.

Todavía tenían a un sospechoso que atrapar.

Sol no podía evitar preguntarse si Luke estaba siendo demasiado optimista al pensar que el caso estaba casi terminado.

Emily había demostrado ser una persona extremadamente inteligente que había salido impune tras un asesinato porque todo el mundo o la ignoraba o no reconocía su existencia.

No deberían hacer lo mismo y seguir subestimándola.

—El Agente de Maravilla me devuelve la llamada —dijo Luke entonces y puso al detective de policía en manos libres (no había nadie en las mesas de alrededor)—. Detective Owens, buenos días.

—Buenos días —dijo Maravilla—. ¿Todo bien?

—Sí, nos estamos centrando en la investigación de Jason Zit y nos preguntábamos si él y Emily tenían un contrato prematrimonial. ¿Lo sabe por un casual? —preguntó Luke.

—Resulta que lo sé. ¿Quiere compartir algo conmigo?

—Ahora mismo no, pero le prometo que será el primero al que llame si descubrimos algo —dijo Luke.

A Sol no se le escapó que Luke nunca había sido muy fan del detective y probablemente por eso estaba enfocando la charla de forma equivocada. Había sido demasiado directo y ni siquiera le había preguntado al agente cómo estaba.

—Sí, ¿como hizo con Simon Smith? Eso no va a colar, colega —dijo el Agente de Maravilla.

—Aun así, le hicimos el trabajo —replicó Luke y Sol pensó que sonaba tan falto de paciencia como solía estarlo ella.

—Vaya, vaya. Y pensar que siempre creí que el dicho de que los británicos son cortantes y demasiado directos era solo un cliché.

Sol casi podía oír al Agente de Maravilla poniendo los ojos en blanco.

—Detective Owens, aquí Divya Bakshi, la colega más razonable y simpática de Luke. Encantada de saludarle — intervino Divya antes de que Luke pudiera importunar más al detective de policía—. ¿Cómo va todo?

—Encantado de saludarla a usted también. Todo de maravilla, pero me temo que la respuesta es la misma, aunque usted parezca mucho más tolerable que su colega —dijo el detective Owens.

Luke abrió la boca para protestar, pero tanto Divya como Sol le lanzaron una mirada que le hizo callar. Levantó ambas manos en señal de rendición.

—Más tolerable y más generosa —rebatió Divya al Agente de Maravilla—.

Verá, resulta que pensamos que Emily podría haber sido la persona que envenenó a Travis Wise y a Jason Zit.

Y perdóneme, porque parece que no tenemos el apellido de ella.

¿También es Zit? No es por ser maleducada, pero suena un poco absurdo que alguien elija ese apellido a propósito.

—Mmm, creo que sí. Aunque no estoy seguro —dijo el Agente de Maravilla distraídamente, como si estuviera rebuscando entre sus notas—. Por supuesto, la investigamos. El cónyuge o la pareja siempre es el sospechoso más probable.

Sol recordó dos noches atrás, cuando ella y Luke estaban cenando y ella hizo un comentario desafortunado que finalmente le hizo caer en la cuenta a Luke de que Emily era probablemente quien cometió el asesinato.

“Era la conclusión obvia desde el principio. ¿Por qué no nos hemos dado cuenta antes?”, había dicho él.

Todo ese tiempo, nadie le había prestado atención a Emily.

Sol no recordaba haberla conocido años atrás.

No sabía a qué se dedicaba, qué le gustaba, ni siquiera su nombre completo.

¿Simplemente se había cansado Emily de ser la mujer transparente casada con Jason Zit?

—¿Y descartaron a Emily? —continuó Divya su conversación con el detective Owens.

—Ella misma también resultó envenenada por los bombones que lo mataron a él.

Comió una cantidad mínima, pero suficiente para dejarla fuera de combate un par de días.

No tenía motivos para deshacerse del marido.

El dinero ya era todo suyo, una herencia familiar.

No es que tuviera que matarlo para quedarse con él.

No pudo haber habido un crimen pasional porque no hubo infidelidad y ella lo sabía —dijo Owens—.

Y no sé si la han conocido, pero la mujer es pura amabilidad.

Sinceramente, no creo que fuera capaz de matar a una mosca.

—Seguimos pensando que ella podría ser quien cometió el asesinato y creemos que la hemos estado subestimando todo este tiempo —dijo Divya.

Sol se dio cuenta de que no era la única que había llegado a esa conclusión.

Sabía que Luke pensaba exactamente lo mismo por la forma en que miraba a su colega y asentía—.

Ahora bien, lo más probable es que investiguemos esto y lleguemos a las mismas conclusiones que ya tienen ustedes.

Al fin y al cabo, usted es el detective veterano de Los Ángeles.

Luke puso los ojos en blanco y Divya le lanzó una mirada amenazadora. “Sí, un poco de halago estratégico es crucial si queremos conseguir la información que necesitamos”, parecía decirle con los ojos.

—Eso lo soy —dijo el Agente de Maravilla y Luke volvió a poner los ojos en blanco.

Sol tenía que admitir que se lo estaba pasando demasiado bien observando a su pareja en un entorno profesional tan bizarro.

Era como si no pudiera pensar con total claridad desde que aterrizaron en Los Ángeles y no fuera su yo más competente y eficiente en el trabajo.

No era de extrañar que estuviera tan empeñado en volver a Londres.

—Pero ¿le importaría compartir algunos detalles sobre la situación de los Zit? Creemos que había un contrato prematrimonial —continuó Divya con cautela, intentando confirmar lo que solo había sido una sospecha de Sol.

—Lo había, pero como he dicho, eso no cambiaba las cosas para Emily. Era rica cuando se casó y sigue siéndolo ahora —dijo el detective Owens.

—¿Qué habría pasado en caso de divorcio? —preguntó Divya.

—Ella se lo habría quedado todo igualmente. Creo que la única forma que él tenía de pillar algo de ese dinero era si Emily le dejaba. Pero no si era él quien pedía el divorcio —dijo el detective Owens—. Pero eso apenas tiene relevancia ahora.

—Desde luego —concedió Divya algo que todos en la mesa sabían que no era cierto—.

Y, por un casual, ¿sabría a qué se dedicaba Emily antes de dejar de trabajar?

Seguro que le hicieron una entrevista a fondo y puede que saliera el tema.

Tenemos una pequeña apuesta amistosa entre nosotros.

Mi colega Luke cree que era bibliotecaria. Yo digo que asistente política.

—Ninguna de las dos —se rió el detective Owens—. Creo que era periodista, igual que el marido. Trabajaron juntos un tiempo.

—Muchísimas gracias —dijo Divya—. Eso ha sido de gran ayuda. Y como he dicho, estoy segura de que esto no será nada. Pero, si lo es, nos encargaremos de llamarle para avisarle. Que tenga un buen día, detective Owens.

—Igualmente, señorita Bakshi. No hace falta que le dé mis recuerdos a ese colega tan seco suyo.

Divya colgó y solo entonces prestó toda su atención a Luke.

—¿Qué problema tienes exactamente con el encantador detective Owens, mate ?

—Veamos... Me dio plantón, insinuó que soy demasiado joven para Sol, le dijo a Sol que no puede salir del país... —Luke fue marcando cada punto con los dedos—. Ah, y básicamente es un imbécil. Aunque gracias por lidiar con él.

—Cuando quieras —dijo Divya sonriendo—. Tenemos lo que necesitábamos.