Venenosamente tuyo (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 2) Capítulo 34
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Capítulo 34

Sol

Travis y Sol estaban nerviosos y sentados en el lujoso sofá que a Sol le había parecido tan increíblemente cómodo la última vez que estuvo en aquella mansión de Hancock Park.

Pero ahora, por alguna razón, la experiencia no resultaba tan acogedora.

¿Había sido siempre tan áspera la tapicería?

Esta vez incluso la casa le parecía más fea.

En su primera visita había admirado los suelos de madera oscura, las estanterías empotradas y la chimenea; pero ahora encontraba el lugar un tanto anticuado y cargado y las estanterías estaban sospechosamente vacías de libros para haber vivido en ella un editor.

No dejaba de pensar en la visita que habían hecho antes a la boutique de chocolate Cacao Vieille, que había confirmado algunas de las sospechas que ella y los detectives habían ido acumulando. El hecho de que parecieran ir tras la persona adecuada la hacía sentir aún más inquieta.

También se sentía un poco insegura con su estilo informal; su maleta seguía desaparecida. Al lado de Travis, vestido con un traje de tweed impecable, ella parecía la típica Lululemon mom con sus leggings de yoga y una sudadera de Luke.

—Ya casi está —oyeron a su anfitriona desde la cocina, al final del pasillo. Sol y Travis se miraron con preocupación grabada en el rostro.

—¿Seguro que no necesitas ayuda? —le gritó Travis. Había intentado sonar amable, pero el tono le salió un poco nervioso y forzado.

—Lo tengo todo bajo control —dijo finalmente Emily desde el salón.

La viuda de Jason Zit traía una bandeja con una tetera, tazas, platos y unas galletas de chocolate gigantes. Lo colocó todo con soltura sobre la mesa de centro.

—Esto tiene una pinta deliciosa —dijo Sol y esperaba de verdad que Luke y Divya, que estaban aparcados cerca y escuchando toda la conversación gracias al dispositivo de grabación estratégicamente colocado en su riñonera, no decidieran que la mención de comida y bebida era motivo suficiente para intervenir e irrumpir en la casa.

—Las galletas son de Levain, en Larchmont —explicó Emily mientras servía un fragante té negro en las tres delicadas tazas de porcelana que había traído—.

Con todo lo que ha pasado... —continuó Emily, sentándose en un sillón frente a Sol y Travis.

Tenía los ojos rojos e hinchados y la voz quebrada—.

No para de venir gente, haciendo preguntas e interesándose por cómo están las cosas. Y me gusta estar preparada.

—Creo que todo el mundo entendería que no les ofrecieras nada —dijo Sol con cautela.

Ella, desde luego, lo habría preferido.

—En realidad, me mantiene ocupada tener que ir a la tienda a comprar algún dulce y poder ofrecer té a las visitas —dijo Emily, cogiendo una de las tazas. Dio un sorbo.

—¿Y tú cómo estás? Travis y yo solo queríamos venir para asegurarnos de que estás aguantando —dijo Sol, agarrando la taza de té más cercana y llevándosela a los labios, pero sin probarlo. Sabía que si hacía el más mínimo ruido de sorber, Luke estaría aporreando la puerta.

—He estado mejor. Pero, sorprendentemente, no tan mal como pensaba.

No sé si eso me convierte en la peor persona del mundo —dijo Emily.

Sol no supo qué decir ni cómo reaccionar mientras Travis seguía mirando con suspicacia la taza de té que tenía delante—.

Quiero decir, fue un accidente terrible.

Pero, claro, ya sabéis que nos estábamos separando.

Todo el mundo lo sabía. Así que no es como si hubiera perdido al amor de mi vida.

Simplemente he perdido a una persona extremadamente molesta. Aun así, es devastador...

—No sabía lo de la separación —dijo Sol y tuvo la tentación de preguntarle a Travis si él lo sabía, pero la mirada de su colega estaba clavada en la comida y la bebida. —Pero creo que te entiendo.

—Tú tienes dos exmaridos, ¿verdad? —preguntó Emily.

A Sol siempre le molestaba que la gente recordara hasta el último detalle de su vida cuando ella era incapaz de recordar nada destacable de los demás. Esa falta de conocimiento era exageradamente cierta en el caso de Emily y Sol no alcanzaba a comprender por qué.

—Así es. Aunque solo he deseado que uno de ellos desapareciera de la faz de la tierra —dijo Sol. Sabía que para que aquella charla fuera mínimamente productiva, tendría que pagar su peaje y compartir más de lo que normalmente le resultaría cómodo—. Pero creo que entiendo lo que dices.

—¿Llevan frutos secos? —soltó Travis, refiriéndose a las galletas y Sol pensó que su antiguo colega estaba definitivamente nervioso y a la que saltaba.

—¡Llevan nueces, sí! —dijo Emily—. Lo siento. Siempre olvido que eres alérgico. ¡Dios mío! ¡Podría haberte matado! ¿Verdad?

—Hace falta más que unas galletas para librarse de mí —rió Travis entre dientes—. Nunca me fío de las galletas.

—Yo diría que todos estamos de acuerdo en que Travis ha tenido muchísima suerte con esta alergia suya —dijo Sol, recostándose en el sofá e intentando relajarse, pero sin perderse un detalle de la reacción de Emily—. Y con su desconfianza hacia ciertos alimentos.

—¿A qué te refieres? —preguntó Emily. Parecía genuinamente confundida.

—Bueno, porque obviamente, de lo contrario, estaría muerto —dijo Travis—. Quien quisiera ver muerto a Jason intentó deshacerse de él durante la entrega de premios y a mí me dieron su plato por error.

—¿Eso es lo que pasó? —dijo Emily horrorizada.

Sol tuvo que reconocérselo: la actuación de la mujer era impecable. ¿O tal vez estaba diciendo la verdad? Si ese era el caso, Sol y Travis estaban siendo unos invitados atroces y entrometidos.

—En realidad no lo sabemos —intervino Sol, todavía decidida a leer todo lo posible en las expresiones faciales y el lenguaje corporal de Emily.

Pero si a Emily le había alterado la charla sobre haber estado a punto de matar al hombre equivocado, no lo estaba demostrando—.

Pero creo que es uno de los escenarios posibles.

—Yo pensaba que todo había sido un terrible malentendido —dijo Emily, volviendo a sonar sincera—. Y que algún fan le había enviado a Jason unos bombones envenenados por error.

—¿Por error? —dijo Travis. Sonaba un poco crítico.

—Lo sé, parece una tontería. ¿Pero quién podría tener algún motivo para querer matarlo?

—Aparte de ti, ¿quieres decir? —dijo Travis.

Sol había dudado de su presencia hasta ese momento, aunque él tuviera más relación con Emily y les diera la excusa perfecta para visitarla.

Pero hasta entonces él había estado totalmente fuera de juego.

Por otro lado, Sol no creía haber sido capaz de plantear una pregunta tan espinosa —y a la vez relevante— como la que acababa de hacer Travis.

Estaba claro que el trabajo que Divya y Luke querían que hicieran era una labor de equipo y Sol se alegraba de estar emparejada con Travis para ello.

—¿Por qué, por el rumor de la aventura? —Si la pregunta de Travis había sido un golpe, la cara de Emily apenas lo mostró—. La policía ya me ha exculpado de eso. ¡No tenía ninguna novia!

—No sabía lo de la no... —empezó Sol, pero se interrumpió. Era mejor no mentir si realmente quería sacar algo de aquella conversación—. ¿Por qué había un rumor sobre una novia?

—Él lo empezó —dijo Emily y por primera vez sonó frustrada. Dejó de ser la mujer amable y dulce por un momento, mostrando una faceta diferente y más feroz.

—¿Fingió que tenía una aventura? ¡Qué les pasa a los hombres! —Sol no pudo evitar decirlo—. Sin ofender, Travis —añadió, poniendo la mano en la manga de su colega.

—No me ofendo —dijo Travis con una sonrisa de comprensión.

—¡Mi segundo exmarido me hizo lo mismo! ¡Pensó que eso le ayudaría a atraerme de nuevo! —Sol arqueó las cejas.

Estaba tan indignada recordando toda la situación y empatizando con Emily que casi olvidó que no debía beber nada de té.

Pero fue capaz de detenerse antes de hacerlo.

No es que pensara que Emily hubiera envenenado las tazas en la cocina, simplemente no quería que a Luke le diera un ataque al corazón.

—Jason no quería reavivar nada. ¡Quería que yo le dejara! —dijo Emily y hubo un atisbo, de nuevo, de ese lado suyo menos complaciente.

—Siento si me estoy metiendo donde no me llaman —dijo Sol—. Intento entender cómo funciona la mente de algunos hombres, ya que yo también he sufrido lo de una aventura falsa. ¿Pero no podría simplemente haber pedido el divorcio en lugar de jugar a algo tan doloroso?

—Debería haberlo hecho, pero eso difícilmente le habría reportado nada —dijo Emily de forma críptica, pero lo dejó ahí.

Todos bebieron o fingieron beber té durante un incómodo momento de absoluto silencio.

La mente de Sol iba a mil por hora, barajando opciones sobre qué decir a continuación, pero nada parecía apropiado o inteligente teniendo en cuenta su cometido.

Estaba empezando a comprender que el trabajo de Divya y Luke era, de hecho, más complejo de lo que jamás les había reconocido (aunque no era que tuviera intención de hacérselo saber).

Pero su técnica infalible de quedarse callada para que el entrevistado siguiera hablando y, con suerte, revelara algo sobre sí mismo, no estaba funcionando exactamente con Emily.

Al fin y al cabo, la mujer había estado casada con un periodista.

—Así que supongo que hoy tenéis la tarde libre en el trabajo —dijo Emily en un cambio de tema nada sutil.

—Mis tardes están perpetuamente libres —empezó Travis—. ¿No te has enterado de que me obligaron a jubilarme?

—Creo que escuché algo. Lo siento. —Emily volvía a ser un modelo de cortesía y empatía—. ¿Y tú, Sol?

—Mmm... se supone que tengo que escribir el artículo de la entrevista que le hice a Victor Lago —dijo Sol. Los acontecimientos de los últimos días no le habían permitido centrarse mucho en el trabajo—. Pero por alguna razón aún no me he puesto con ello. Sinceramente, no sé qué decir al respecto.

—¿Sobre Haughty Horizons ? —preguntó Emily.

—Sí... bueno. Supongo que nunca he sido como Simon Smith —dijo Sol con total sinceridad—. No encuentro ningún placer en destruir públicamente el trabajo de otra persona. Pero el caso es que odié la película. Y no me gusta nada Victor Lago.

—¿Entonces no crees que los críticos puedan ser amables? —preguntó Emily.

A Sol casi le conmovió darse cuenta de que la mujer —a la que había ido a ver por motivos puramente calculadores— había tocado una fibra sensible y puesto en palabras algo que ella llevaba tiempo pensando pero que no había articulado del todo.

—Travis siempre ha sido un crítico amable —razonó Sol.

—Aun así me echaron. Quizá todavía tendría trabajo si mi escritura hubiera sido un poco más dura en algunas de mis opiniones —se lamentó Travis—. Al parecer a Simon Smith le funcionó. He oído que va a conseguir un contrato editorial de siete cifras.

—¿Siete cifras? ¿Me estás tomando el pelo? —se quejó Sol.

Tras un par de asentimientos de Travis y Emily y algunos sonidos de cortesía, se encontraron de nuevo en perfecto silencio, a excepción del falso sorber de té de Travis.

—¿Y tú te vas a tomar unos días libres en el trabajo? —Sol pensó finalmente en preguntarle a Emily.

Sol no sabía a qué se dedicaba profesionalmente Emily. Habían llegado oficialmente a ese punto de la relación en el que estaba mal no saberlo y casi peor admitirlo. Pero pensó que, aun así, debía preguntar.

—Oh, me he estado tomando el día libre durante los últimos... —Emily entrecerró los ojos mientras pensaba—, ¿quince años?

—¿O sea que no trabajas? —preguntó Travis.

Parecía que él tampoco sabía cuál era la ocupación de Emily—.

Qué bien. Si tienes algún consejo sobre cómo pasar las mañanas y las tardes, por favor, dímelo.

Hasta ahora, lo único que tengo en el calendario, aparte de SoulCycle, es hot yoga y caminatas rápidas. Me agoto solo de pensarlo.

Sol y Travis se marcharon media hora después, cuando se quedaron sin ideas para nuevos temas de conversación. La charla no había resuelto el caso ni conseguido una confesión, pero Sol estaba segura de tres cosas y se encargó de compartirlas en cuanto subió al coche de Luke y Divya.

—No siente ningún remordimiento, ni siquiera cuando mencionamos el envenenamiento de Travis, aunque eso podría ser porque no le pasó nada grave. Tiene que haber un contrato prematrimonial. Y probablemente deberíais averiguar a qué se dedicaba Emily cuando trabajaba.