Capítulo 33
Luke
—Para ser una mujer que supuestamente no debería estar involucrada en este caso vuestro —les dijo Sol a Luke y Divya a la mañana siguiente, mientras llamaban a la puerta del apartamento de Travis Wise—, lo cierto es que soy una colaboradora de lo más activa.
—Y ambos te lo agradecemos de verdad —dijo Divya—. Pero creemos que Travis se mostrará más abierto si la petición viene de tu parte. Ya que todo este asunto podría resultar...
—Potencialmente peligroso y traumático para él. Claro. Estoy convencida de que, viniendo de mí, dirá que sí sin rechistar. —Sol no pudo evitar el sarcasmo.
Travis abrió la puerta apenas unos segundos después, vestido con un conjunto de dos piezas tipo pijama de seda verde oscuro.
—¡Dios mío, estás divino! —le soltó Sol en cuanto lo vio.
Le dio dos besos en las mejillas, un gesto amistoso que Luke sabía que reservaba para la gente que le caía bien de verdad.
Y Luke no pudo evitar sonreír. Aquella mujer no podía resistirse a una prenda con buen gusto ni aunque tuviera otras cosas mucho más urgentes en la cabeza—.
Tienes que decirme dónde lo has conseguido.
—¿Esto? —dijo Travis, absolutamente encantado pero con un tono que fingía que solo llevaba puesto un trapo viejo—. En una de las tiendas vintage de Melrose.
—¡Argh! —protestó Sol con pasión.
—¿No me digas que no te gustan las tiendas vintage ? —dijo Travis.
Luke pensó que el resultado de lo que habían venido a hacer allí, y su éxito, dependía de la respuesta de Sol a esa pregunta tan aleatoria.
—¡Claro que me gustan! ¡Me encantan! Pero me pierdo irremediablemente en ellas. Nunca soy capaz de encontrar nada —dijo Sol.
—Quedemos un día y vamos juntos. Te ayudaré a buscar entre todo el lío —dijo Travis. Luke exhaló. Vio que Divya también se relajaba a su lado. Ambos sospechaban que sus posibilidades con Travis eran buenas—. Pero entrad todos. Tengo el té al fuego.
Luke se animó. Si esta vez Travis tenía realmente el agua al fuego en lugar de calentarla con el microondas, quizá había esperanza de que el té se infusionara a la temperatura adecuada.
—Este sitio es maravilloso —dijo Sol mientras entraban en el salón-comedor de concepto abierto, con suelos de madera en espiga, un sofá modular de capitoné bajo y vistas a los árboles de la calle desde una pared con amplios ventanales.
Quizá era porque la primera vez que Luke estuvo en el piso de Travis, Sol no estaba allí para fijarse en su belleza, pero se le habían pasado por alto muchos de sus detalles.
—Lo conseguí en los noventa y fue una ganga. Por supuesto, entonces no lo parecía. Pero ahora nunca podría permitirme un piso de dos habitaciones en Westwood —explicó Travis, ligeramente frustrado—. Pero poneos cómodos. Traeré el té.
—Deja que te ayude —logró decir Luke.
Pero antes de que pudiera seguir a Travis a la cocina contigua, Divya le lanzó una mirada fulminante.
“Ni se te ocurra decirle que su brebaje no está bien”.
Luke captó el mensaje y se limitó a ayudar a Travis trayendo las tazas a la mesa de centro en el salón.
Lamentablemente, lo de que el “agua al fuego” había sido una forma de hablar, ya que el agua se había calentado una vez más en el microondas.
Se sentó al lado de Sol en el sofá, sumergió la bolsita en su agua tibia con resignación y se sintió feliz solo porque esta vez el té se servía también con galletas.
Cogió una de las que parecían Oreos de un paquete con la cara de Paul Newman y volvió a maravillarse ante la capacidad de aquel lugar para que todo estuviera relacionado con Hollywood.
—Me temo que esto no es exactamente una visita de cortesía —empezó Sol, dando un sorbo a su té y aparentemente ajena a los muchos pecados que Travis había cometido al prepararlo.
Luke sospechaba desde hacía tiempo que Sol no era tan exigente con el té como él.
No es que tuviera ningún deseo de decírselo nunca, pero la había visto beber las cosas más insípidas desde que salieron de Londres.
O tal vez a eso se resignaban los viajeros experimentados: simplemente comían y bebían cualquier cosa.
—Me lo imaginaba cuando me dijiste que no vendrías sola, sino con los detectives a cuestas —dijo Travis con su tono amable de siempre.
—Bueno, los detectives me han pedido que les ayude y que te pregunte algo. No he querido decirles que no porque me caen muy bien. Pero, por favor, siéntete libre de decirme que no —dijo Sol.
—¿Por qué iba a querer decir que no? —dijo Travis, con la curiosidad aparentemente despertada.
—Porque podrías tener que tratar con alguien capaz de matar... y con la persona que te envenenó.
…
—Luke, mate , deberíamos coger la llamada —dijo Divya mientras salían del edificio de Travis media hora después.
El móvil de Divya había empezado a sonar—.
Es Moon —añadió, refiriéndose a la persona con la que salía desde hacía unos meses y que trabajaba para un servicio de streaming que les había proporcionado encargos lucrativos en el pasado—.
Creo que Meshflixx podría tener más trabajo para nosotros.
—¿Puedes contestar tú? —dijo Luke, sosteniendo la mirada de Sol. No estaba contento.
—Quiere decirme lo mucho que le he decepcionado —le explicó Sol a Divya.
—Muy bien, estaré en el coche encargándome de esto. —Señaló su móvil vibrante y luego el coche aparcado justo enfrente—. Supongo que vosotros dos podéis tener la discusión que necesitéis aquí en la calle.
—¿Te apetece caminar? —le preguntó Luke a Sol, haciendo un esfuerzo activo por no mostrar toda la cólera que sentía.
—A ver, esta zona no es precisamente la más idílica para dar un paseo. Si estuviéramos justo al norte de Wilshire, sería un poco más agradable para los peatones...
—Me da igual que sea agradable para los peatones —echó humo Luke.
—¿Ah, sí? ¿Desde cuándo? —le pinchó Sol.
—Simplemente, empecemos a caminar para que Divya —y el posible cliente— no nos oigan discutir. —Luke se pasó una mano por el pelo, con la voz cargada de frustración.
—¿Vamos a pelearnos?
—¿Por qué le has dicho a Travis que irías con él? —soltó Luke finalmente.
—No pretenderías que fuera a ver a la potencial persona culpable del asesinato él solo, ¿no? —le preguntó Sol a Luke mientras empezaban a caminar por la calle bordeada de árboles y llena de edificios de apartamentos bajos.
—¿Por qué no? —dijo Luke entre dientes.
—Es obvio que Travis todavía está procesando lo que le pasó.
Lo envenenaron. Creemos que él no era el objetivo, pero el caso es que solo está vivo por una alergia a los frutos secos muy molesta que ha tenido —y temido— toda su vida.
Y eso, convenientemente, le salvó. Le estamos pidiendo que mantenga una conversación con la persona que podría ser responsable de su envenenamiento y estamos argumentando que no tiene nada de qué preocuparse.
Si él no tiene nada de qué preocuparse, yo tampoco —dijo Sol—.
Y sé que Travis se sentirá mejor si yo estoy allí.
—Tu maldito razonamiento es impecable —admitió Luke—. Pero, y sé que voy a sonar extremadamente egoísta, ¿podrías haber pensado un poco en mí?
—¿En quién te crees que estaba pensando?
—Sol se detuvo en medio de la calle, moviendo las manos y los brazos de forma exagerada al hablar, como hacía cuando se hacía la graciosa...
o empezaba a enfadarse—. Necesitas resolver este caso.
He hecho todo lo posible para garantizar la colaboración de Travis y, con ella, espero que consigamos una resolución y una fecha de vuelta rápida a Londres.
—No me refería a pensar en mí porque quiera volver a Londres...
que quiero —dijo Luke, pero su tono ya no era de enfado—.
Ni para que pudiéramos cerrar este caso rápido.
A lo que me refería es a que voy a estar preocupado por Travis todo el tiempo que esté con la persona sospechosa de asesinato.
Lo último que quiero es estar también preocupado por ti.
De verdad que no razono con claridad cuando estoy preocupado por ti.
—Pero tú y Divya me dijisteis que no había nada que temer cuando me convencisteis para que viniera con vosotros y le pidiera a Travis que os ayudara —argumentó Sol.
—Y realmente creo que no hay nada que temer, porque de verdad pienso que quien mató a Jason es alguien que solo tenía en mente a una víctima y no querrá deshacerse de nadie más —dijo Luke—. Pero si tú estás metida en el asunto, ahí es cuando empiezo a agobiarme y pierdo la cabeza.
—Entendido —dijo Sol—. Prometo que la próxima vez que acabe inexplicablemente enredada en una de tus investigaciones, mostraré menos iniciativa e incluso puede que te haga caso si me pides que no me meta en medio de toda la acción. Pero tienes que pedírmelo con amabilidad.
—Gracias —dijo Luke y sintió un gran alivio.
—Creo que nos hemos portado extremadamente bien estos últimos días en lo que a follar se refiere, pero todavía quedaba charla pendiente —dijo Sol—.
Y solo por ser completamente transparente, yo también me preocupo por ti.
Me preocupo cuando trabajas hasta tarde por la noche o si, como en este caso, estás investigando un asesinato.
—Esto es una excepción. Los casos en los que trabajo normalmente incluyen infidelidades, conflictos laborales y cosas muy inofensivas —Luke casi le quitó importancia, pero luego lo pensó mejor—.
Pero lo entiendo. Tú también te preocupas.
Supongo que es parte de este asunto del amor en el que nos hemos metido.
Se miraron fijamente durante unos segundos, como asimilando todas las nuevas implicaciones de su compromiso, lo que habían admitido sentir por el otro y lo que eso conllevaría a partir de ahora.
—Entiendo por qué estás inquieto. Pero ya le he prometido a Travis que le acompañaría esta tarde y no soy de las que dan plantón a sus amigos —dijo Sol entonces—.
Especialmente no cuando este amigo en particular ha prometido ir de compras conmigo y enseñarme todos los sitios secretos del panorama vintage de Melrose Avenue...
—Sol —suplicó Luke.
—Prometo que tendré muchísimo cuidado, Luca —dijo ella con total seriedad—. Y aunque me ofrezcan las cosas más deliciosas del mundo, no comeré ni beberé nada.
—Ni un sorbo. No podemos arriesgarnos a que se repita el envenenamiento aunque creamos que es muy improbable —dijo Luke y se dio cuenta de que repetía esas palabras más para sí mismo que para ella.
Sabía que ella era muy consciente de lo que debía y no debía hacer—.
Y Divya y yo estaremos justo fuera, disponibles si nos necesitas.
—Ya sabemos cuál es la palabra de seguridad —dijo Sol.
—Espero de verdad que no tengas que usarla.
—Luke la miró fijamente, buscando sus ojos y llevó la mano a su cara, acariciándola con ternura.
Se quedaron en medio de la calle en silencio durante unos segundos.
Esperaba que sus ojos fueran capaces de decirle todo lo que no había podido expresar con palabras.
Al final, decidió que todavía quedaba algo que debía decir—.
Te quiero de verdad. Por favor, no te dejes envenenar en Los Ángeles.