Venenosamente tuyo (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 2) Capítulo 32
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Capítulo 32

Luke

—¿Agente Tom Owens? —Luke había marcado el número del detective a cargo de la desaparición de Simon Smith.

—Detective Tom Owens —le corrigió un frustrado Agente de Maravilla.

—Aquí Luke Contadino. Pensaba que le interesaría un poco de eso del quid pro quo .

—Si llama para decirme que Simon Smith no está muerto, ya me he leído el artículo de Performance Weekly, muchas gracias, colega.

—Parece que su jefe tenía razón, después de todo —dijo Luke—. La clave de todo este lío estaba en los escritos de alguien.

—El puto libro —dijo Owens.

—Mire, llamo porque el artículo de Performance Weekly no mencionaba todos los detalles. Pero si no le interesa un intercambio amistoso de información, puedo colgar y dejar que vuelva a sus investigaciones abiertas.

Estaba marcándose un pequeño farol. Había información secundaria que pensaba darle a Owens, pero Luke necesitaba al detective y no podía permitirse no tener acceso a lo que él tuviera.

—Espere un segundo. ¿Qué detalles? —el Agente de Maravilla sonó un poco más amable.

—Bueno, obviamente fingió su propio secuestro o lo que fuera que pretendía dar a entender la escena de su piso —empezó Luke.

—Los resultados del análisis de sangre de su apartamento revelaron que era una mezcla de sirope de maíz, colorante alimentario y cacao en polvo.

Es el tipo de ingredientes que usan los equipos de efectos especiales y maquillaje en los rodajes —explicó el Agente de Maravilla y Luke pensó que todo aquello volvía a sonar absurdamente a Hollywood—.

Así que estábamos un poco desconcertados por eso.

—Sí, su intención nunca fue que le creyeran muerto del todo, sino rodearse de mucho misterio para conseguir un contrato editorial y algunos titulares —explicó Luke.

—Habría preferido que no me enviaran a buscar una aguja en un pajar tras un periodista desaparecido cuando había otras cosas más importantes que investigar.

Pero me alegra dar este asunto por resuelto —dijo el Agente de Maravilla con un deje de frustración en el tono—.

¿Alguna posibilidad de saber dónde podemos encontrar a Simon Smith?

Me gustaría tener una charla amistosa con él.

No quiero que se le ocurran ideas y vuelva a marcarse otra desaparición falsa si no consigue vender los derechos cinematográficos de su libro... que me temo que podría muy bien hacer.

—Para eso le llamo, en realidad. Para decirle su paradero.

No está en casa. Se le ha metido en la cabeza que la prensa va a ir a buscarle allí —dijo Luke y suspiró—.

Así que ha reservado habitación en un sitio llamado Chateau Marmont porque me dijo que le apetecía entrar en su “era de famoso”.

Si es que eso tiene algún sentido para usted...

—Supongo que hay que ser de Los Ángeles para entenderlo —dijo el Agente de Maravilla—. Gracias por la información. Dar con él no estaba siendo fácil. Y quiero dar carpetazo a este caso de una vez por todas.

—No hay de qué —dijo Luke y procedió a exponer el verdadero motivo de su llamada—. ¿Y cómo va la investigación de Jason Zit? ¿Alguna pista? Hemos oído que podría haber estado viendo a alguien...

—¿El rumor de la novia? —preguntó el Agente de Maravilla y Luke se alegró de que el detective pareciera haber cogido confianza y estuviera de humor para charlar—.

Empiezo a creer que no era más que eso: un rumor.

Hemos revisado todos los correos electrónicos, chats, llamadas y mensajes de texto de Jason.

¡No hay nada que indique que tuviera una aventura o siquiera un bromance de oficina!

No creo que fuera ni mínimamente coqueto con nadie, para ser sincero.

Todas nuestras entrevistas con sus compañeros de trabajo parecen indicarlo.

Y no hemos sido capaces de localizar a ningún amigo que le hubiera visto en los últimos meses.

—¿Podría haberle mentido la persona que tuviera una aventura con él?

—Sí, pero algún otro compañero nos lo habría contado. Estoy seguro de que se habrá fijado: los periodistas...

—Son unos cotillas y les encanta irse de la lengua —dijo Luke. Nunca dejaría que Sol supiera que había dicho algo así sobre su profesión, aunque sabía que ella compartía esa opinión—. ¿Podría Jason haber tenido algún dispositivo que no hayan revisado?

—¿Como un segundo móvil para líos amorosos? —dijo el Agente de Maravilla—. No hemos encontrado nada. A menos que comprara uno de prepago con efectivo y lo tuviera extremadamente bien escondido, diría que el hombre era fiel... y soberanamente aburrido.

Sol

—A ver si lo he entendido bien. Julie está encantadísima de que Simon no le hubiera contado nada sobre lo que iba a hacer porque siente que fue fundamental para que se pusiera en marcha esta investigación.

Y por eso él no le cogía sus llamadas, que eran cada vez más ansiosas —dijo Sol.

Ella y Luke estaban cenando en Felix Trattoria esa noche, repasando las últimas novedades del caso de Simon Smith—.

Claudia está entusiasmada por haber sido la redactora jefa del medio que informó primero sobre la historia de Simon y lo declaró no solo vivo, sino un genio.

No te leeré el titular, porque seguro que lo has visto.

—Lo he visto. Claudia me llamó y me lo leyó —dijo Luke, saboreando una copa de Frappato y pasándosela después para que Sol también pudiera probarlo, ya que ella había pedido algo distinto.

—Es puro clickbait —dijo Sol, y probó el vino tinto ligero de Luke—. Y el Agente de Maravilla está encantado de tener un caso menos del que preocuparse. Ah, y por supuesto, Simon Smith está ahora atrincherado en el Chateau Marmont, creyéndose el próximo Hunter S. Thompson.

—Estás decepcionada —dijo Luke.

—Lo haces sonar como si me entristeciera que el hombre esté vivo.

Pero te hace pensar en la capacidad de supervivencia de los hombres blancos y heterosexuales de su generación.

Ese hombre lleva años abusando del trabajo de los demás.

No le cae bien a nadie. Finge su propio fallecimiento y ahora se ve recompensado con titulares y, muy probablemente, un contrato editorial, según lo que leo y me cuentan.

—Sol suspiró y bebió un poco más de vino—.

Todo este asunto me ha hecho preguntarme...

—¿Sobre qué?

—¿A esos extremos tiene que llegar la gente para que publiquen sus obras hoy en día? —Sol enrolló distraídamente los tonnarelli cacio e pepe en el tenedor. Y se cuestionó las perspectivas de su libro aún inédito.

—¿Te refieres a si tienes que fingir tu propia muerte para que algún agente o editor muestre interés por tu libro? —Luke la miró con esos cálidos ojos castaños que siempre hacían que le diera un vuelco el estómago.

—Claro que no. ¿Pero hay alguna otra forma? —se preguntó ella.

—Sé que no te gusta que te recuerde esto —dijo Luke y pareció dudar—. Pero ten paciencia. Sé que algo saldrá. Es solo cuestión de tiempo.

—¡Ya sabes que no soy muy fan de la paciencia!

—Créeme, lo sé —dijo él con su sonrisa más seductora y ella casi logró olvidarse de todo lo demás.

Incluso de que seguía siendo una persona de interés en una investigación por asesinato o de su propio libro sin publicar.

Pero el momento se vio interrumpido por la llegada de un molesto mensaje de texto.

—Perdona, pensaba que lo había silenciado.

Su móvil estaba sobre la mesa, ya que Sol lo había sacado para enseñarle a Luke un mensaje de Lola cuando se habían sentado en la mesa a la luz de las velas frente a Abbot Kinney.

—¡No me lo puedo creer! —dijo—. Es de David. Dice que está listo para ser un ex majo.

—¿De eso hablasteis ayer? —le preguntó Luke y ¿acaso parecía un poco indeciso?

—En cierto modo, supongo. Creo que ambos necesitábamos cerrar esa etapa.

—¿Y lo habéis conseguido?

—Al menos así puedo pensar en los diez años que pasé aquí sin fingir que él nunca existió —dijo Sol.

Aunque tenía la norma estricta de no hablar de fracasos amorosos pasados con su amante actual, por alguna razón no se sentía incómoda compartiendo aquello con Luke—.

Sigo sin tener intención de llamarle para ir a tomar algo cuando venga a Los Ángeles como hago con Miquel en Barcelona. Pero está bien que nos llevemos bien.

—Me alegra que hayas conseguido arreglarlo con él —dijo Luke y parecía genuinamente contento—. Básicamente porque parece que no vas a dejarme por él.

—¿Qué? Claro que no voy a dejarte. ¡Y mucho menos por él! —protestó ella. Aquella tenía que ser la idea más ridícula del mundo—. Pensaba que eras tú el que se estaba planteando tomarse un tiempo.

—¿Un tiempo? —Él frunció el ceño. Parecía sinceramente confundido... y un poco ofendido—. ¿Por qué iba a querer tomarme un tiempo apartado de ti?

—¡Tuvimos unas vacaciones de Navidad espantosas! —Sol por fin se sinceró.

Y solo después de decir aquellas palabras se dio cuenta de que probablemente había sido el vino el que le había dado el valor —o la falta de sentido común— para hacerlo.

—¿Qué? ¡No fueron espantosas! ¡Fueron geniales!

—¿Lo decía en serio?—. Vale, quizá estuvimos un poco apretujados —admitió Luke cuando ella no dijo nada—.

Y fue una experiencia absolutamente distinta a cuando viajamos solos este verano.

Pero sigo alegrándome de que pudiéramos pasar el fin de año juntos.

No estoy seguro de que tus padres compartan mi entusiasmo...

—Me gustaría decirte que te cogerán cariño, pero yo en tu lugar no me haría muchas ilusiones. —Suspiró ella—. No te lo tomes como algo personal, de todos modos.

—¿Entonces odiaste la Navidad?

—Un poco. ¿Tú no?

—La verdad es que no —dijo él, con los ojos fijos en ella desde el otro lado de la mesa—. Ya sabes que no me gusta entrometerme. Pero ¿cómo solían ser las fiestas en el pasado cuando tenías pareja?

—Al final de mis dos matrimonios, una miseria absoluta y un infierno de reproches —admitió—. ¡Creo que me he divorciado demasiadas veces y ahora estoy traumatizada de por vida!

—¡No existe eso de haberse divorciado demasiadas veces!

—Sonó totalmente sincero. Y esa era una de las razones por las que Sol se había permitido enamorarse de él.

Aunque todavía le aterraba lo que el futuro pudiera depararles.

Porque una cosa era segura: no quería volver a pasar por una separación.

No con él. Él escuchaba, siempre sabía qué decir y parecía un modelo italiano.

—En cualquier caso, es ridículo que estuvieras pensando que te iba a dejar, por David o por quien fuera. De hecho, quería preguntarte...

— Se... —continuó él su frase inacabada, hablando en italiano y con expectación. Pero ¿era realmente el momento adecuado para abrirse aún más a él y decir aquellas palabras?

¡Qué más da!

— Si querrías venir a vivir conmigo —le dijo ella, en castellano.

—Tendrás que decirme si me estoy adelantando y te he entendido mal por completo. Sabes que mi español todavía es limitado. Ma sì, andrò a vivere con te .

—¿En serio? —le preguntó ella, sorprendida—. Ahora soy yo la que se pregunta si mi limitado italiano me está engañando.

—No lo está —dijo él.

—Acabamos de pasar unos días de mierda, ¿y aun así quieres vivir conmigo?

—Quizá así la gente deje de pensar que soy demasiado joven para ti y que esto es solo un lío pasajero que pronto se acabará —dijo Luke.

Sol tenía ganas de que la gente dejara de corregirla cuando se refería a él como su pareja.

Normalmente no le importaba lo que pensaran los demás, pero se dio cuenta de que ella también estaba cansada de que algunas de las personas en su entorno consideraran su relación como algo temporal—.

Pero estos últimos días no han sido tan de mierda.

Y una vez que por fin hemos podido encontrar algo de tiempo para nosotros, han sido de hecho extraordinarios.

Todo lo que necesitábamos para arreglar las cosas era follar y hablar.

—Lo haces sonar tan fácil —dijo ella.

—¿No es fácil? —Sus ojos seguían clavados en ella. ¿Había parpadeado siquiera desde que le había contado el secreto de una relación que funciona? Follar y hablar.

—Mi experiencia pasada indica que definitivamente no es fácil —explicó Sol.

—No estoy hablando de relaciones pasadas, cara . Estoy hablando de nosotros —dijo él y ella sintió que se derretía por dentro.

—Si no fuera porque ya te he dicho que te quiero, probablemente te lo estaría diciendo después de lo que acabas de soltar.

Estaba sonrojada y el ritmo cardíaco se le había disparado.

—Aún puedes decírmelo.

Él sonrió y ella se dio cuenta de cuánto había echado de menos esa versión coqueta de él.

—Voy a admitir que tenemos algo especial —dijo ella; y le encantaba la comida, el vino, la conversación y, sobre todo, la compañía—. Pero, por discutir un poco, no creo que sea tan fácil como simplemente follar y hablar para mantener una relación. Hay más que eso.

—Desde luego, pero esos dos son pilares necesarios.

—Deberías haberle dado tu consejo a Jason Zit la otra noche.

Quizá salvar su matrimonio era justo lo que necesitaba para no haber acabado envenenado —dijo Sol y se arrepintió de las palabras en cuanto salieron de su boca.

Había intentado ser ingeniosa, pero el chiste le pareció inoportuno y de mal gusto.

—¿Qué te hace pensar eso?

El semblante de Luke había cambiado. Ya no era un amante pensando en todas las formas de seducir a su pareja. Estaba en modo detective.

—Olvídalo. Obviamente estoy un poco borracha. No sé por qué he dicho eso.

—Puede que estés borracha, pero creo que has dado en el clavo. Era la conclusión obvia desde el principio. ¿Por qué no nos hemos dado cuenta antes?