Capítulo 31
Luke
—¿Me puede explicar alguien qué necesidad hay de ir sin putos calcetines en enero?
¡Está lloviendo! ¡Y hoy ni siquiera hace tanto calor!
—refunfuñó Luke al ver a un hombre vestido con una mezcla paradójica de gorro de lana, chaqueta de plumas, pantalones cortos y zuecos Birkenstock sin calcetines.
Iba paseando a un entusiasta golden retriever que no paraba de mover la cola.
—Creo que deberías comer algo —dijo Divya.
Los detectives estaban sentados uno al lado del otro dentro de su coche de alquiler, aparcado a unas pocas casas de la de Lola, con la esperanza de avistar al mensajero misterioso.
—Toma, mate —dijo Divya, pasándole a Luke el paquete a medio terminar de barritas de chocolate con leche Cadbury que estaba comiendo—. Si te apetece algo más sano, en mi mochila hay pistachos y crackers de semillas de chía.
—¿ Crackers de semillas de chía? —replicó Luke con incredulidad—. California es una mala influencia para ti.
—¡Qué ganas tengo de volver a Londres! —refunfuñó Divya.
—Y yo —suspiró Luke dándole la razón mientras se comía una galleta y mantenía la vista fija en la casa de Lola, al otro lado de la calle.
—Oh, lo sé, créeme —dijo Divya—. ¡Pero la razón por la que yo tengo tantas ganas de volver es para que dejes de incordiar!
—Vale, me lo he buscado —admitió Luke.
—Parece que vamos a estar aquí atrapados un rato, así que, ¿cómo fue esa charla con Sol? ¿Le dijiste que eres un idiota?
—Se lo dije —respondió Luke.
¿Por qué tenía la sensación de que su colega y amiga se estaba divirtiendo a costa de su necesidad de admitir sus defectos?
—¡Bien hecho! ¿Y supongo que te perdonó?
—Soy muy persuasivo. —Luke le dedicó una sonrisa.
—No te pongas chulito. Se te ha olvidado por completo cómo ser persuasivo desde que aterrizaste en Los Ángeles —le amonestó Divya—. Creo que tanto Sol como yo estamos perdiendo la paciencia contigo.
—Sol no tiene paciencia —dijo Luke—. Nunca la ha tenido.
—Me estás dando la razón. Ándate con ojo con ese nuevo mal humor tuyo.
—¿Te he dicho que ayer la vi hablando con el segundo exmarido?
—No me lo habías contado —dijo Divya y, al hacerlo, se giró para mirarle. Había despertado su curiosidad.
—No estoy seguro de qué hablaron. Una cosa llevó a la otra ayer y luego me contó lo de ese maldito acertijo. Y aquí estamos —dijo Luke. Se sintió aliviado por el mero hecho de estar compartiendo sus preocupaciones con Divya—. Nunca le pregunté por el ex. No sé si es buena idea hacerlo...
—Teniendo en cuenta lo que me ha contado de él, Sol tiene tanto interés en ese tipo como en que alguien se cuele en su casa y le robe toda la ropa. Y ambos sabemos lo apegada que está al contenido de su armario.
—Me estás diciendo que no me preocupe —dijo Luke.
—Sí, eso y que dejes de estar tan gruñón y vuelvas a ser tu yo encantador de siempre. Estás más guapo cuando sonríes.
Volvieron a un silencio reflexivo mientras ambos mascaban galletas y crackers de chía, que Luke tuvo que admitir que en realidad no estaban mal y que —según la etiqueta nutricional— aportaban cinco gramos de proteína por ración.
—¿Te parece ese el mensajero misterioso? —dijo Luke tras unos minutos sopesando el sorprendente valor nutritivo y el sabor de los snacks californianos. Señaló a un peatón que avanzaba en dirección a casa de Lola.
—Misma altura, misma complexión. Pantalones negros, jersey negro, gorra negra y las gafas de sol más horribles del mundo.
Podría ser él —dijo Divya, pasando la vista repetidamente de la calle a la foto de su móvil—.
A menos que seas famoso, ya nadie lleva esas gafas de sol ultrafinas de principios de los 2000. Y no tiene pinta de ser una it girl .
—Las mismas gafas que llevaba ayer y antes de ayer —dijo Luke. Él también estaba revisando las fotos que había enviado Alex.
—¿Hablamos entonces con nuestro mensajero misterioso?
Divya y Luke bajaron del coche y cruzaron la calle residencial, dirigiéndose hacia el mensajero misterioso.
—Oye, ¿podemos hablar? —preguntó Luke cuando el repartidor de cartas con gorra estaba a apenas un par de metros. Pero fue justo entonces cuando echó a correr.
—Otra vez no, joder —masculló Luke entre dientes mientras salía disparado tras él. Divya ya le sacaba ventaja, siempre había sido la más explosiva de los dos corriendo.
Afortunadamente, el mensajero misterioso no parecía estar en tan buena forma como el surfero Vinny Green.
El autor de las cartas empezó a dar muestras de cansancio dos casas más allá.
Divya y Luke lo interceptaron en el borde del jardín delantero del vecino de Lola y los tres cayeron sobre un seto.
Mientras Divya inmovilizaba al mensajero, Luke le quitó la gorra de un tirón y cruzó una mirada con Divya. Sabían quién era.
—Te hemos estado buscando por toda la ciudad. —Luke le lanzó al sudoroso corredor una mirada de suficiencia. Los detectives ni siquiera jadeaban. Había sido una carrera corta y fácil. Luke de repente se sintió feliz y decidió que, después de todo, estaba en buena forma.
···
—¿A que no adivinas quién no solo no está muerto, sino que ni siquiera ha desaparecido de verdad? —le dijo Luke a Sol.
Ella fue su primera llamada tras la conversación con el mensajero misterioso y una breve parada en casa de Lola. Luke quería que Sol supiera que no había nada de qué preocuparse.
—Déjame adivinar. ¿Simon Smith?
—El mismo. Divya y yo acabamos de hablar con él.
Nos ha asegurado que nunca tuvo intención de haceros daño ni a ti ni a la familia de Lola.
Ya he hablado con ellos para decirles que todo está bien y que no habrá más gente misteriosa entregando mensajes extraños en su casa.
Alex sonaba un poco decepcionado, la verdad.
Creo que le gustaba jugar a ser el asistente de la investigación.
—¡Seguro que encuentra otra cosa que hacer! Me alegra mucho que todo el mundo esté bien —dijo Sol y sonaba aliviada—. ¿Qué vas a hacer ahora con esa información? ¿Se lo vas a decir al Agente de Maravilla?
—Primero vamos a hablar con Marquee Media, lo que básicamente significa llamar a Claudia, ya que es nuestra intermediaria.
Le haremos saber que al menos parte del caso se ha resuelto.
Y a partir de ahí, ya veremos. Me alegra que ya no sea sospechosa ahora que hemos descubierto que no tuvo nada que ver con la desaparición de Simon.
Porque era raro estar pasándole actualizaciones mientras buscábamos posibles pistas —admitió Luke.
—Va a querer publicar algo jugoso sobre esto —dijo Sol, ¿y acaso sonaba entusiasmada con la idea?
—¿Qué? ¡No! Eso sería una locura. ¿Y por qué pareces tan emocionada? —preguntó Luke.
—Sería una publicidad fantástica para la agencia, obviamente.
—Tu mente funciona de formas muy extrañas cuando te pones en modo periodista. —Luke se rió entre dientes—. Pero, lamentablemente, tengo que dejarte. Solo quería que supieras que estás a salvo.
—Eso ya lo sabía —dijo Sol.
—Bueno, yo no. O al menos no estaba seguro y me alivia mucho tener eso por fin solucionado. Déjame preguntarte algo. ¿Qué habrías sentido tú si fuera yo el que estuviera recibiendo mensajes misteriosos de un posible asesino?
—Estaría aterrorizada —dijo Sol y Luke casi podía oírla pensar al otro lado del teléfono—. Y puede que te hubiera pedido que dejaras cualquier caso que estuvieras investigando... ¡Mierda!
—Ya no parezco tan imbécil de repente, ¿eh? —dijo Luke.
—¡Ssssh! Todavía no estás completamente perdonado y todavía tienes que susurrarme muchas cosas —protestó Sol.
—Y lo haré encantado. Susurrarte es uno de mis pasatiempos favoritos. —Su tono era meloso—. ¿Pero supongo que he conseguido parecer un poco más encantador ahora que entiendes mejor la razón de mis acciones equivocadas?
—Siempre has sido encantador —dijo ella—. Ahora ve y llama a Claudia. Y Luca...
—¿Dime?
—No llegues tarde esta noche. Tenemos mucho tiempo perdido que recuperar.
Y con esa promesa colgó. Luke no pudo reprimir una sonrisa.
¿Era posible que, por primera vez desde que aterrizó en esa metrópolis centrada en el coche, hostil con los peatones, obsesionada con las verduras de temporada, fascinada por Hollywood y que veneraba la belleza, fuera feliz?
¿Por qué no iba a serlo? Acababan de resolver parte del caso, el cliente debería estar satisfecho, cobrarían y —lo más importante— él y Sol volvían a flirtear por teléfono.
Volvió al coche, todavía sonriendo. Encontró a Divya ya dentro. Definitivamente se estaba convirtiendo en una californiana total: estaba tecleando frenéticamente en su móvil mientras bebía un café helado gigante con pajita.
Llamaron a Claudia desde el coche, pero Luke se encargó de la conversación ya que él había sido quien había hablado con ella desde el principio —y Divya había expresado su deseo de no tener que lidiar con la mordaz editora.
—Luke, estoy terriblemente ocupada —respondió la editora al teléfono con un tono de “soy demasiado importante para tratar contigo ahora mismo”, y Luke comprendió plenamente por qué Sol era tan inflexible en su deseo de no volver a trabajar con ella como jefa.
No era precisamente la persona más amable, aunque fingiera lo contrario.
También comprendió por qué Divya se alegraba de dejarle a él esa conversación.
—Querías resultados y estamos listos para dártelos —dijo él.
—¡Por fin! Espera un segundo —le dijo ella y luego procedió a hablar con otra persona—.
¡No, ahí no! ¡Allí! ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Esos jarrones son de Heath Ceramics y no quiero que se rompan!
Perdona, están entregando un paquete y, por supuesto, tengo que encargarme de todo.
Háblame del caso. Mis jefes estarán encantados.
—Sabemos qué le pasó a Simon Smith —dijo Luke, sintiéndose mal por quienquiera que hubiera entregado ese paquete y acababa de recibir los gritos.