Venenosamente tuyo (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 2) Capítulo 30
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Capítulo 30

Sol

La miró con unos ojos que decían “tú mandas” y se quitó la camiseta. Su sonrisa burlona no abandonó sus labios ni un segundo.

Si le hubieran preguntado antes de conocer a Luke, Sol habría dicho que, tras tantos meses de relación, ella ya se sentiría inmune a muchos de los encantos de un amante. No era el caso con él.

Su corazón seguía acelerándose, se ponía roja y sentía la necesidad de abanicarse cada vez que él se desnudaba.

Le avergonzaba admitir que probablemente solo se había sentido así de excitada y fascinada por el cuerpo de alguien caminando entre esculturas de mármol grecorromanas de atletas o aquella vez en Florencia en la que simplemente no pudo apartar los ojos del David de Miguel Ángel y no salió de la Galería Uffizi en horas.

Luke era mármol humano que respiraba y se movía, esculpido a la perfección; o al menos según algunos de los ideales de Sol sobre cómo debía ser un cuerpo masculino: atlético y esbelto, tonificado pero no voluminoso, de piel bronceada y con una senda de pelo oscuro en el pecho.

Y él era completamente consciente del efecto que causaba en ella.

Se quitó los pantalones a continuación y ella dejó que sus ojos se deleitaran con toda su belleza.

Pero aún no estaba completamente desnudo.

Los ojos de ella buscaron los de él, recorriendo lentamente su cuerpo hasta detenerse en los bóxers, arqueando las cejas en una exigencia urgente.

La sonrisa de Luke se hizo aún más pronunciada y se quitó la prenda.

Ella se mordió el labio inferior, permitiéndose admirar la erección de él antes de proceder también a desnudarse.

—Puedo ayudarte —le dijo él, acercándose e inclinándose sobre ella mientras Sol seguía con la espalda contra la pared. El olor a sal le llegó con más fuerza.

Primero le desabrochó el bralette , con la frente pegada a la suya, sus ojos castaños fijos en los de Sol y sus labios planeando a pocos milímetros de su boca. Su brazo izquierdo le rodeaba con firmeza la cintura.

—Vas a matarme con esta puta espera —le dijo ella entre jadeos mientras los dedos de la mano derecha de él recorrían su clavícula y las líneas de su hombro, bajando uno de los tirantes y luego el otro. Descubriendo lentamente sus pechos por completo y deshaciéndose de la prenda.

“Tienes que empezar a tomarte en serio lo de ir rápido”, estuvo a punto de quejarse, pero no lo hizo.

Él se arrodilló frente a ella, le bajó los leggings y el tanga y los tiró a un lado.

Cuando puso su boca entre sus piernas y se recreó en su clítoris con la urgencia que ella requería, Sol arqueó la espalda contra la pared.

Cerró los ojos. Una de sus manos fue a parar al pelo revuelto de él y la otra buscó la pared para mantener el equilibrio; le estaban empezando a fallar las piernas.

Se perdió en aquella posición tan sensual.

—Por mucho que haya echado de menos esto —gimió Sol tras lo que le pareció un instante de gloria, aunque estaba segura de que habían sido varios minutos—, necesito más.

—¡Siempre tan impaciente! —gruñó Luke y empezó a levantarse, trazando con la lengua una línea cálida y húmeda por el cuerpo de ella en su ascenso.

Le rozó el hueso de la cadera con los dientes, exploró su ombligo, saboreó todo el contorno de su pecho y lamió la zona más sensible de su cuello y detrás del lóbulo de la oreja.

Entonces le besó los labios, presionando su cuerpo contra el de ella contra la pared.

Cuando por fin salió a tomar aire, separando momentáneamente su boca de la de él, Sol decidió verbalizar su queja, aunque no hubiera insatisfacción sino simplemente ganas de seguir jugando con él.

—Demasiados... —empezó mientras él le mordía el labio inferior y tiraba de él—, putos preliminares —continuó en una exhalación jadeante.

Y sabía que estaba gimiendo, en parte porque esos labios suyos le prendían fuego a la piel.

Pero sobre todo porque dos de los dedos de él eran implacables, turnándose contra su clítoris y dentro de ella.

Él sonrió ante el comentario.

—Mentirosa.

Y, vale, quizá había mentido un poco, pero le encantaba provocarle cuando estaban follando.

—Date la vuelta —le dijo su voz profunda.

—Por fin —suspiró ella y pudo oír su risa de protesta mientras Sol se giraba y las manos codiciosas de él se aferraban a sus caderas, pegando su culo contra su cuerpo.

Ella estiró la mano hacia atrás, buscando su polla y llevándola hasta su entrada. Al hundirse dentro de ella, ambos gritaron de placer.

—Más fuerte —suplicó ella. Él volvió a empujar, apretándola contra la pared y esta vez ella lo sintió más profundo.

Sus dedos rodeaban su clítoris y ella se sentía extasiada. Sus párpados cayeron y simplemente... sintió. El aliento de Luke en su cuello, su pecho áspero contra su espalda, su polla hundiéndose contra ella en un ritmo delirante e intoxicante.

En ese momento, acorralada contra una pared en uno de sus hoteles favoritos del mundo, habría tenido dificultades para responder preguntas comunes como cuál era el nombre de dicho hotel, a qué se dedicaba o dónde vivía. Ni siquiera habría sido capaz de decirle a alguien su nombre.

Porque entonces, solo era una mujer recibiendo exactamente lo que más necesitaba en ese momento de su amante, de la forma más deliciosa e implacable.

—Voy a... —empezó a decir y las primeras notas del orgasmo la hicieron gritar.

— Posso sentirlo —dijo él con los labios en su oreja, provocándole un escalofrío por la columna. Y ella pudo oír sus jadeos... y la sonrisa en los labios de Luke.

Mientras ambos llegaban al orgasmo, abalanzados contra la pared, Sol no pudo evitar darse cuenta de que nunca la habían follado tan bien en Los Ángeles.

—Para que luego digas que necesitábamos una cama, ¿eh? —le dijo ella mientras él apoyaba la frente en su hombro, besándola allí.

—Pero definitivamente necesitábamos las paredes, cara —dijo él y ambos empezaron a reír.

···

—¿Es este el momento en el que hablamos, entonces?

—¿Empezamos por la charla de pareja o por la del caso? —respondió él.

Estaban tumbados en la cama, desnudos, uno frente al otro, con las piernas entrelazadas y los perfiles alineados: las narices rozándose, los labios prácticamente encontrándose.

Ella era muy consciente de que él se las había ingeniado para modificar una vez más el orden en el que sucedían las cosas.

Ya que el polvazo contra la pared había estado seguido por un más pausado hacer el amor en la cama.

—Pensaba que ibas a seguir fingiendo que yo no estaba involucrada en el caso y a mantenerme al margen—dijo ella, con un tono de ligero reproche, mientras sus dedos recorrían el contorno de la clavícula de él.

—¿Desde cuándo te he mantenido al margen? Te las has apañado para meterte en un montón de mis casos, te guste o no —dijo él, buscando sus ojos.

—Por favor. Solo han sido dos casos y en el primero fuiste tú quien me implicó.

Su mano se había movido para jugar con el vello de su pecho, haciéndole cosquillas.

—No volvamos a pelearnos —suplicó él.

—De acuerdo. —Suspiró ella—. ¿Por qué me estabas siguiendo?

—No te estaba siguiendo. Quería encontrarte y pedirte perdón. Necesitaba arreglar las cosas. ¿Y entonces Alex me mandó fotos del tipo que te entregó esa carta ayer?

—¿La que decía que debería dejar de tocarme las narices y leerme el libro de Simon?

—Ese mismo tipo estaba merodeando cerca de la casa otra vez esta mañana —explicó Luke.

—¡Dios mío! ¿Van a estar bien? ¡Tengo que llamar a Lola! —Sol se incorporó y buscó a su alrededor para encontrar su teléfono.

—Relájate, están bien. Alex me mandó un mensaje justo antes de que hiciéramos el registro en el hotel.

Estaban todos en casa, instalados para pasar el día, listos para ver una película.

Geoff, por supuesto, estaba cocinando algo que sonaba delicioso.

—Sus palabras la relajaron un poco. Luke también se había incorporado y buscó las manos inquietas de ella, rodeando una de sus muñecas con los dedos e intentando calmarla.

—¿Y qué pasa mañana? —dijo ella, girándose hacia él.

—Preocupémonos por el ahora. Ni siquiera sabemos si el mensajero misterioso es peligroso. —Luke le colocó un mechón de su pelo revuelto detrás de la oreja.

—¡Debió de preocuparte lo suficiente como para hacernos salir pitando de casa de Lola! —objetó ella.

—Eso solo fue una excusa para tenerte por fin a solas y desnuda.

Aunque sabía que estaba desplegando todo su encanto para calmarla, seguía funcionando.

—¿Me ha dejado el mensajero misterioso otro mensaje hoy? —preguntó Sol.

—Lo ha hecho —admitió Luke—. Alex también me envió una foto de eso.

Se levantó de la cama, buscando su teléfono móvil dentro de los pantalones tirados en el suelo.

Ella siguió cada uno de sus movimientos mientras lo hacía, no porque estuviera ansiosa por saber qué decía el nuevo mensaje, sino porque le gustaba observar los movimientos elegantes de Luke, especialmente si estaba desnudo.

—“¿Has empezado a leer de una puta vez?” —leyó él en su móvil—. “No tengas miedo de saltarte unos cuantos capítulos”. ¿Tienes idea de qué demonios quiere decir esto? —le preguntó Luke, visiblemente confundido.

—Creo que sí. —Se mordió el labio inferior. Le encantaba ser capaz de sorprenderle.

—Uno: eso es muy sexy —dijo él, todavía de pie al otro lado de la habitación—. Dos: por favor, dímelo.

—Lo siento, pero me han dicho que no puedo involucrarme en este caso —dijo ella, cruzando los brazos sobre el pecho e intentando ponerse seria.

—¡Me tienes que estar tomando el pelo! —gruñó él.

—Mmm, tengo una pareja muy testaruda que piensa que debo mantenerme alejada de todo este asunto de la investigación.

Al parecer, y cito textualmente, soy una aficionada y salir con un detective no te convierte en uno —continuó ella, pasándose los dedos por el pelo y echándoselo hacia un lado para parecer más sexy.

Luke volvió a gruñir en una mezcla de arrepentimiento y anticipación. Sabía que se moría por saber qué había descubierto sobre el caso. Pero había algo que Sol quería primero.

—Por favor, no tengas en cuenta mi estupidez. No quería decir lo que dije ayer. Solo te quería a salvo y pensé estúpidamente que era una buena estrategia —dijo él.

—Así que estás dispuesto a admitir que te portaste como un auténtico imbécil —dijo Sol.

—Como un idiota. Como un capullo. Como alguien que definitivamente no te merece.

—Vale, vale. No exageres. Pero voy a necesitar que me susurres más cosas al oído. Muchas.

Él regresó a la cama, la agarró por la cintura, la empujó contra el colchón y presionó su cuerpo sobre ella, rozando sin llegar a tocar su cuello con la boca.

—Dijimos que hablaríamos antes de hacer el amor. Al final ha sido al revés —susurró ella—. Y ahora estás intentando que pierda el hilo otra vez.

—Esto no es un intento de hacer el amor. Esto soy yo intentando sacarte información. Información por la que claramente quieres que te torture —dijo él, presionando su cuerpo contra el de ella. Su lengua hizo un recorrido lento y minucioso a lo largo de su cuello.

—Vale, vale, vale —jadeó ella—. Tú ganas. Terminemos esta conversación rápido.

—Con mucho gusto —dijo él, rodando sobre su costado y apoyando la cabeza sobre su brazo musculado y flexionado.

—No hacía falta todo eso de inmovilizarme y el tortuoso juego en el cuello, ya que ya he divulgado la información que tanto te interesa.

—¿Eh? —preguntó Luke.

Tenía que admitir que jugar con él era divertido. Además, un Luke confundido era un Luke aún más sexy de lo habitual.

—He hablado con tu socia esta mañana, ¿recuerdas? —dijo Sol—. Le conté lo que Simon escribió al final de su manuscrito.

Cuando Luke le devolvió una mirada en blanco, Sol continuó hablando:

—Supongo que ella todavía no te lo ha contado, ya que probablemente la estabas atosigando para que te diera mi ubicación...

—¿Qué dice Simon en el libro, Sol?