Venenosamente tuyo (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 2) Capítulo 29
76%

Capítulo 29

Sol

—Cuando quieras —le dijo Sol en cuanto cerraron la puerta de su suite con vistas al océano en Casa del Mar. Notó que Luke relajaba los hombros.

—Gracias por conseguirnos habitación —bromeó él.

—Esto va directo al Sol Novo Trust como gasto de emergencia. Pero no me refería a eso —arrugó la nariz con exasperación—. ¿Qué demonios está pasando? ¿Qué hacías siguiéndome?

Luke hizo una mueca, intentando negar la acusación, pero ella le cortó.

—Sssssh. —Sol le puso el dedo índice sobre sus labios suaves—. Sé que me estabas siguiendo. También me gustaría saber por qué no podíamos volver a casa de Lola.

—¿Aparte del hecho de que llevamos días necesitando estar a solas en un espacio equipado con cuatro paredes y una cama?

Su tono era pura insinuación y ella sabía que él estaba haciendo todo lo posible para que el interrogatorio fuera difícil.

Quería que se rindiera, pero no lo haría, aunque fuera casi imposible ignorar lo sexy que estaba con esa sonrisa en la cara y esos ojos hambrientos que no dejaban de mirarla como si fuera la presa más deliciosa.

—Sí, aparte de eso —dijo Sol, intentando, sin conseguirlo del todo, mantener la compostura—. Todo lo que tengo, que no es mucho porque mi maleta sigue desaparecida, está en casa de Lola. No tenemos absolutamente nada aquí.

Le preocupaba un poco su rutina de cuidado facial, aunque sabía que probablemente tenía cosas más importantes de las que ocuparse. Pero tenía cuarenta y tres años. No es que pudiera permitirse el lujo de ningún descuido cuando se trataba de manchas solares, arrugas y sequedad.

—Creo que aquí tenemos exactamente todo lo que necesitamos —dijo Luke con voz aterciopelada, rodeándole la cintura con los brazos y con los dedos ya bajo el jersey que ella llevaba y él le había prestado, trazando una línea descendente desde la parte baja de su espalda hacia el culo.

Ella tenía que intervenir.

—Por mucho que quiera, y necesite, que esto pase —dijo, interceptando a regañadientes esos dedos rebeldes en su cuerpo y deteniéndolos—, necesito que me expliques primero.

—¿Necesitas que empiece a hablar más de lo que necesitas esto? —le susurró al oído mientras la empujaba contra la pared, con una de sus piernas presionando entre las de ella.

—Lo estás poniendo extremadamente difícil —dijo ella, relajándose ante su contacto y dejando que sus labios le acariciaran el cuello y los hombros.

Solo sentir su aliento en la piel la hizo estremecerse—.

Vale, me rindo —dijo, dejando que sus párpados se cerraran y que su cuerpo simplemente sintiera.

—¿Estás segura? —Solo su voz ya podía hacerla temblar.

Y a Sol no se le escapó que había dicho esas palabras con su tono más ronco, después de quitarle el jersey y con los labios trazando un rastro de absoluta destrucción por la parte superior de su cuerpo.

—Tienes la boca en uno de mis pezones y esa mano que tan magistralmente has metido bajo mis leggings va en una sola dirección —gimió todas las razones por las que estaba segura de que era suya para que él hiciera lo que quisiera.

—Técnicamente podría ir a más de un sitio. Pero sí —le dijo él mientras le pellizcaba el pezón con los labios, el clítoris con los dedos.

—No puedo pensar con claridad —dijo ella. No, gimió.

—¿Entonces cómo queremos que siga esto? —preguntó él porque, por supuesto, había adivinado que ella tenía peticiones. La conocía así de bien.

—Sé que vas a poner objeciones. Pero realmente necesito que esto sea rápido —dijo ella y cuando Luke empezó a gruñir, lo interrumpió—. No te quejes, Luca. Ya has conseguido que se altere el orden en el que suceden las cosas. Primero follamos y luego hablamos.

—¿Podemos follar primero, tener después toda la charla que pareces necesitar y hacer el amor despacio y sin prisas después de eso? —La miró con un deseo puro en los ojos.

Estaban tan cerca del océano que podía oír el sonido de las olas rompiendo contra la costa de Santa Mónica. Incluso podía oler el salitre del agua del mar en la habitación. O tal vez era la respiración agitada de Luke lo que olía. Su fragancia siempre le había recordado al mar.

No respondió. No con palabras. Simplemente le devolvió la mirada. Lo que tú quieras.