Venenosamente tuyo (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 2) Capítulo 28
72%

Capítulo 28

Sol

Incluso después de cincuenta y cinco minutos de sudor, dolor y entrenamiento de fuerza, Sol seguía furiosa con Luke. Y estaba furiosa consigo misma por dejar que él le ocupara tanto espacio mental. Por si eso fuera poco, no tenía precisamente muchas ganas de ir a su cita en Santa Mónica.

—¿Segura de esto? —le preguntó Lola por enésima vez.

—He hecho que me traigas hasta aquí en coche. Puedes apostar a que sí —le dijo Sol a su amiga.

—No me importaría que cambiaras de opinión. Podríamos ir a por algo dulce a Sidecar Donuts y charlar sobre ese desahucio que has forzado en mi casa prácticamente de madrugada —dijo Lola.

—Luke se ha portado como un auténtico imbécil —dijo Sol a la defensiva.

—Estoy de tu parte, ¿recuerdas? —dijo Lola—.

Solo tengo curiosidad por saber cómo te has enfadado con tu novio, que siempre te apoya y que, no lo olvidemos, es extremadamente guapo, y has decidido que tenía que irse de mi casa.

Pero estás a punto de quedar con alguien que sabemos a ciencia cierta que es el villano total de esta historia.

—Odio que tengas la razón —dijo Sol mientras el coche se acercaba a Palisades Park, con vistas al océano Pacífico frente al muelle de Santa Mónica. Reconoció a lo lejos a la persona con la que se había citado—. ¿Puedes dejarme aquí? Ya está esperando. Te llamaré cuando termine, ¿vale?

—Vale. No te olvides de compartir conmigo el enlace de tu trayecto en Uber. ¡Y llámame para contarme qué ha pasado!

—Claro —dijo Sol y besó a su amiga en las mejillas antes de bajar del coche.

Al ver el coche de Lola incorporarse al tráfico y alejarse, se le encogió el corazón. Sentía una profunda aprensión por lo que se avecinaba. Aun así, sabía que tenía que hacerlo.

Observó al hombre con el que había quedado, que estaba unos metros más adelante.

Iba vestido con un traje azul marino a medida y su pelo corto rubio oscuro estaba perfectamente peinado.

Por primera vez en casi cuatro años, Sol se sorprendió a sí misma con un pensamiento: era muy guapo.

No era de extrañar que se hubiera casado con él.

—Ah, has venido. Pensaba que me darías plantón —le dijo el hombre a Sol con tono de reproche y fue como si a ella le cayera encima una cascada de agua helada. Y eso fue todo. Ya no vio ningún tipo de atractivo ni sintió ningún interés. No era de extrañar que se hubiera divorciado de él.

—Me alegro de verte a ti también, David —respondió ella, con una sonrisa grabada en la cara.

—¿De verdad? ¿Te alegras? Pensaba que me odiabas a muerte.

Sol ya temía el encuentro incluso antes de llegar, pero ahora se sentía reafirmada en su reticencia. Iba a ser un infierno.

—Verás, esto era parte del problema. Eres incapaz de intentar parecer mínimamente agradable por el bien de la convivencia pacífica con otra persona —dijo Sol.

—Ya no convivimos, por si se te había olvidado —le dijo David.

Ella respiró hondo para calmar los nervios y la exasperación. No había forma de que él entendiera nada. Sol no lo había conseguido durante los diez años que estuvieron juntos. Una conversación años después del peor divorcio en la historia de las separaciones seguramente no lo lograría.

—En realidad, no entiendo cómo se te ha podido olvidar que ya no convivimos. ¿No te estás tirando a un buenorro británico ahora?

—Con todo el respeto, no es asunto tuyo —dijo Sol. Seguía con la sonrisa en los labios, aunque sus ojos eran ahora asesinos.

—No, no, no, no, señora. Hiciste que fuera asunto mío cuando le diste mi número de teléfono a tu juguetito sexual. Y eso que yo había pensado que habías perdido mi número porque nunca respondes a mis llamadas ni a mis mensajes.

—Luke no es mi juguetito sexual, es mi pareja —dijo Sol, echando chispas.

Y, por supuesto, David sabía que odiaba que la llamaran “señora” y lo hizo de todos modos—.

Necesitaba ayuda mientras investigaba un caso y yo, ingenuamente, pensé que podrías ayudarle.

Sé que fue un error. Tu colega, el detective Tom Owens, le está haciendo el vacío. Espero que estés contento.

—No podría importarme menos —le dijo David y ella le creyó. Habría sido más fácil entenderlo si solo estuviera celoso, pero, por otra parte, David nunca había buscado el camino fácil.

—¿Qué quieres, David? —dijo ella, dejando de sonreír y con un tono que había sonado un poco hostil. Pero la idea de quedar había sido de él y ella quería saber su propósito. Además, necesitaba que aquel encuentro terminara. Cuanto antes, mejor.

—Por fin te quitas la careta. Me alegra estar con la verdadera Sol. Ya sabes que nunca me gusta cuando te filtras.

Sol había hablado mucho con sus amigas sobre que una de las cosas que la habían precipitado al divorcio había sido descubrir la tendencia de David a hacer todo lo posible para enfurecerla y luego intentar pasar el mayor tiempo posible con la Sol sin filtros y borde.

Era agotador. Así que volvió a respirar hondo, se recordó que él quería verla siendo desagradable y se obligó a sonreír.

—Me vuelvo a poner la careta. He aceptado una conversación de quince minutos y el tiempo corre.

Quizá podríamos dar un bonito paseo por el parque mientras disfrutamos de las vistas y me cuentas qué tienes en mente —dijo ella y ni siquiera sabía de dónde había salido esa personalidad agradable y falsa.

Pero lo importante era que sabía que a David no le servía de nada.

A él le ponía la Sol cabreada, no la Sol agradable.

Tras unos minutos de caminata silenciosa en los que Sol pudo adivinar toda la frustración de David, él dijo finalmente:

—Me dejaste sin darme una segunda oportunidad. Habría intentado reconciliarme contigo, pero decidiste que se había acabado y te fuiste.

Por primera vez desde que recordaba, su segundo exmarido, al que había aprendido a despreciar, no solo parecía inclinado a mantener una conversación civilizada sobre los motivos de su divorcio, sino que incluso había dicho algo que no era simplemente odioso.

—Sé que cometí un error —continuó David, refiriéndose al hecho de que, cuando aún estaban casados, le había hecho creer a Sol que tenía una aventura con una mujer más joven con la desacertada intención de reavivar su romance—. No te estaba engañando.

—Lo sé.

—¿Entonces por qué?

—Había dejado de quererte —dijo Sol.

—Yo no —le dijo él.

Ella tuvo la tentación de decirle que el hecho de que una de las partes siguiera interesada no era motivo suficiente para continuar un matrimonio. Optó por algo un poco más constructivo en esa situación:

—¿Por qué no dejamos de lado todos los malos momentos y el rencor y nos centramos en los buenos momentos que tuvimos? Porque hubo algunos momentos fantásticos, ¿recuerdas?

—Los hubo —admitió David y por un instante Sol pensó que tal vez había sido demasiado dura al juzgar a su segundo exmarido y se sintió culpable por ello.

Hasta que él le dio la razón en su dureza y volvió a hablar—.

Entonces, ¿así es como funcionan las cosas con el exmarido número uno?

Sé que todavía eres muy amiga de Miquel.

Me pregunto cómo se toma eso el juguetito sexual.

—¡David, eres exasperante!

—Gracias, cariño. Me alegra ver que todavía puedo provocar algo en ti.

—¿Podemos al menos intentar ser civilizados? —preguntó ella, no dispuesta a dejarse provocar tan fácilmente—. Pasamos una década juntos y odio tener que fingir que nunca ocurrió sólo porque no puedo lidiar con cómo terminaron las cosas. Creo que por eso pediste verme hoy.

David parecía dispuesto a replicar con una de sus agudas respuestas.

—No lo hagas —le dijo ella, antes de que David pudiera decir nada—. Piénsalo. Avísame cuando te decidas. Prometo desbloquear tu número y responder al teléfono. Pero David —advirtió ella—, a menos que demuestres algo de madurez y me des una respuesta aceptable, te bloquearé de nuevo. Para siempre.

Y con eso, lo dejó plantado en medio del parque y se alejó.

Luke

Cuando Luke conoció a Sol, le habían asignado un caso en el que ella era una de las sospechosas.

La había vigilado durante semanas sin que ella lo supiera.

Se había enamorado de ella entonces. Pero también se había sentido como un auténtico depravado, acosando a una mujer que no tenía ni idea de que la estaban observando y siguiendo cada uno de sus movimientos.

En ese momento, Luke estaba reviviendo todo el desasosiego de aquellos días.

Para cuando regresó en coche del hotel de Divya —mientras le entrevistaba uno de los periodistas de Claudia—, no había encontrado a Sol en casa de Lola.

La casa estaba vacía. Había llamado a su colega, quien, tras un poco de insistencia por su parte y ante su insistencia en que Sol aún podía estar en una situación algo peligrosa, finalmente le había revelado el paradero de Sol.

Cuando Luke por fin llegó a Santa Mónica, estaba dispuesto a abordar a Sol en las calles de la concurrida ciudad costera y entonar las sabias palabras que Divya le había ordenado decir.

“Soy un idiota. Lo siento. No volveré a tratar de decirte lo que tienes que hacer nunca más”, se repetía mentalmente como una especie de mantra.

Vio a Sol bajar del coche de Lola y caminaba rápido en su dirección cuando se dio cuenta de que ella había quedado con alguien allí.

La cita de Sol en Santa Mónica era en realidad una charla con David.

Luke reconoció al ex por unas fotos que ella le había enseñado a regañadientes.

Luke se desmoronó ante el descubrimiento.