Capítulo 27
Luke
Al día siguiente, Luke estaba llamando a la puerta de Divya antes de las siete de la mañana.
—He metido la pata con Sol —le dijo a su colega y amiga cuando esta abrió, con buena cara y el pelo corto todavía húmedo de la ducha. Luke tuvo que admitir que el jet lag tenía al menos una ventaja: Divya ya estaba levantada y lista.
—¿Otra vez? —le dijo ella, dando a entender que llevaba días metiendo la pata con Sol. Y así era.
—Le dije que volviera a Londres —dijo él mientras Divya lo dejaba entrar.
Luke se desplomó en una de las sillas de la habitación del hotel, que bien podría estar llena de ropa tirada con distintos niveles de suciedad, pero no le importó. Afortunadamente, a Divya tampoco.
Divya respiró hondo y puso los ojos en blanco.
—Déjame adivinar, ¿no se lo ha tomado bien?
—Me echó de casa de sus amigos y me dijo que no me pusiera en contacto con ella a menos que fuera para pedirle perdón —explicó él, pasándose la mano nerviosamente por su pelo revuelto.
—¿Y a qué estás esperando? —preguntó Divya. Sonaba un poco impaciente.
—No puedo pedirle perdón.
—¿¡Lo dices en serio!? —Ahora definitivamente sonaba enfadada con él—.
¡No puedes decirle a una mujer adulta lo que tiene que hacer, mate !
Y no me puedo creer que realmente tenga que explicarte esto.
Te tenía por un aliado feminista. Estoy segura de que Sol también.
No creo que ninguna de nosotras quisiera tener nada que ver contigo de otro modo.
—Sigo pensando que debería volver a Londres. Pero incluso si ella quisiera, que me ha dejado más que claro que no lo hará aunque solo sea por llevarme la contraria, ¡sigue sin poder hacerlo por culpa del estúpido detective Tom Owens!
—Entonces, ¿dime otra vez por qué no le pides perdón? No puede volver a Londres, es algo que escapa a tu control y al de ella. Y, por cierto, ya tiene a un hombre diciéndole que no puede salir del país. No necesita que su pareja le diga que tiene que irse.
—¡Visto así...! —dijo él, derrotado.
—Luke, de verdad pensaba que eras mejor que esto. —Divya sonaba genuinamente decepcionada. Era como si Luke hubiera defraudado a su profesora favorita—. Hombres, mate . Siempre tenéis que decepcionar, ¿verdad?
A Luke no le gustó cómo sonaban esas palabras. Él no era un hombre cualquiera y ciertamente no uno que fuera simplemente una decepción para las mujeres. Sus dos hermanas y su madre podían dar fe de ello, ¿verdad?
—Venga, va, vuelve con Sol —le dijo Divya, como dándose cuenta de que él finalmente había visto su error y estaba listo para corregirlo—.
Considerando que es hora punta, vas a tardar una buena hora en llegar allí.
Tiempo de sobra para practicar tu disculpa.
Porque las primeras palabras que vas a decirle a esa mujer son: “Soy un idiota. Lo siento. No volveré a tratar de decirte lo que tienes que hacer nunca más”.
—No querrá hablar conmigo todavía. Está demasiado enfadada.
La única razón por la que no estoy demasiado preocupado por no estar allí es porque su amiga me prometió que cuidarían de ella y se asegurarían de que estuviera a salvo.
Pero Sol no me quiere cerca —intentó razonar él, pero Divya ya lo estaba agarrando por el codo, instándolo a levantarse y marcharse.
—“Soy un idiota. Lo siento. No volveré a tratar de decirte lo que tienes que hacer nunca más” —repitió Divya mientras Luke ya estaba frente a la puerta de la habitación de nuevo y ella la abría—.
Para empezar, se conformará con esas palabras.
Después de eso, todavía tendrás que hacer un mea culpa completo e intentar explicar semejante estupidez y falta de juicio.
Pero confío en que serás capaz de averiguar qué más decir, ¿verdad?
Divya le lanzó una mirada inquisitiva. A Luke más le valía empezar a decir las cosas correctas.
—Vale —masculló él, todavía no muy seguro de qué había pasado.
Su colega ya le estaba cerrando la puerta de la habitación en las narices cuando recordó algo más que debía mencionar—.
Espera, Sol me dijo que había encontrado algo en el manuscrito de Simon Smith y que te va a llamar para contártelo.
Por favor, cógele el teléfono cuando te llame.
—Luke, mate , ¿desde cuándo no cojo el teléfono cuando es Sol o cualquier otra persona?
—No intentaba decirte lo que tienes que hacer. —Levantó las manos como pidiendo clemencia—. Solo te estaba dando la última actualización del caso.
—Sí, sí. Venga, vete. No puedo decir que me caigas especialmente bien en este momento.
Luke intentó ponerle a su colega su mejor cara de perrito abandonado con la esperanza de recuperar algo de su simpatía. Pero justo cuando iba a despedirse y marcharse, recibió una llamada.
—Es de Marquee Media —le dijo a Divya mientras aceptaba la llamada y ponía el manos libres.
—Luke, buenos días. ¿Cómo estás? Soy Claudia Hopkins. —Luke reconoció la voz inconfundible de la antigua editora de Sol—. Sé que es temprano, pero soy una persona madrugadora. Mis jefes querían que te llamara. Les gustaría saber si tienes alguna novedad.
Y pensar que había oído en alguna parte que los estadounidenses no eran directos. No es que Claudia le hubiera preguntado realmente cómo estaba con la intención de que le diera una respuesta.
—¿Y bien? —El tono impaciente de Claudia cortó el aire de la mañana mientras Luke y Divya se miraban, preguntándose en silencio qué podían ofrecerle.
—Ayer tuvimos una charla muy interesante con Travis —dijo Luke tras una carraspera nerviosa—. Y estamos casi en disposición de confirmar que el cineasta Victor Lago no tuvo nada que ver ni con los envenenamientos ni con la desaparición de Simon Smith.
—Lástima —dijo Claudia y sonaba genuinamente decepcionada—. Habría sido una historia muy jugosa. El titular se escribe solo: “Director acabado mata a editor y hace desaparecer a crítico porque deshonraron su película tostón”. O algo así. Más corto, por supuesto...
—Ya —dijo Luke y tanto él como Divya pusieron los ojos en blanco con incredulidad. La colega de Luke parecía estar diciéndole: “Esta gente del espectáculo, mate ”.
—Entonces. —El tono de Claudia volvió a ser profesional—. Victor Lago está fuera. ¿Quién hay dentro? ¿Qué más habéis investigado?
—Estamos siguiendo varias pistas en este momento.
—Ya, eso no servirá. Tenéis que dejar de explorar y empezar a cerrar todo este asunto —dijo Claudia, y fue como si Luke tuviera un déjà vu .
Cada vez que se veía enredado en algún tipo de investigación en Hollywood, llegaban a un punto en el que el cliente perdía la paciencia y quería que las cosas se resolvieran rápido—.
Mis jefes en Marquee Media no están contentos.
Entre tú y yo, están pensando en despediros si no dais con un culpable pronto.
—Las investigaciones llevan tiempo. Si no están satisfechos, podemos enviar una factura por los servicios prestados —dijo Luke, esperando que no se notara el farol en su tono—. Pero sabemos que no hay simplemente un culpable.
—¿A qué te refieres? —preguntó Claudia y su tono pasó de amenazante a genuinamente curioso.
—Creemos que la desaparición de Simon Smith y los envenenamientos no están relacionados.
Luke casi podía oír los engranajes girando en el cerebro de Claudia.
—Interesante —dijo finalmente—. Estoy pensando en cómo podríamos usar esta información.
—¿Usarla? —Luke no la seguía.
—Como he dicho, Victor Lago como nuestro hombre era la historia perfecta.
Y necesitamos algún tipo de historia favorable.
Mis jefes no están contentos con que tantos de sus empleados en la empresa de medios muerdan el polvo.
Creen que da mala imagen a Marquee Media, que es por lo que os contrataron para investigar.
Pero todavía puede haber otras formas de darle la vuelta a esto.
Uno de mis redactores te llamará en unos minutos.
¿Serías tan amable de responder a sus preguntas sobre el caso?
—¿Quieres citarme en un artículo? —preguntó Luke.
Nunca se lo reconocería a Sol, pero a Luke no le gustaba hablar con periodistas.
Sabía que era necesario para ciertos casos de alto perfil.
Y la publicidad que habían obtenido de casos anteriores les había traído a Divya y a él algunos clientes nuevos.
Aun así, sentía inquietud cada vez que tenía que hablar con un reportero.
—Sí, escribiremos algo sobre la amenaza a la prensa cuando se silencia a los periodistas —dijo Claudia y Luke pensó que estaba diciendo esas palabras en voz alta según se le ocurrían.
—¿Silenciados por qué motivo?
—¡Por hacer su trabajo, obviamente! ¿Se te ocurre algo ingenioso que decir?
—Seguro que se me ocurre algo.
¿Qué pasaba ese día, que todas las mujeres querían que dijera las palabras adecuadas pero no parecían seguras de que él fuera capaz de hacerlo?
—Y deja a Simon fuera de esto, ¿vale? —dijo Claudia.
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que no hables de él en el artículo. Aunque Jason fuera un editor absolutamente mediocre y no tuviera los mejores modales —el hombre nunca se acordaba de nadie—, él y Travis seguían estando bastante bien considerados en la industria. Simon, en cambio...
—Parece que no le cae bien a nadie —dijo Luke, casi como para demostrar que, después de todo, no era un hombre tan simple y podía ofrecer lo que se le pedía.
—Exacto. No encaja en nuestra narrativa de periodistas simpáticos censurados. Dejémoslo fuera, ¿sí? De todas formas, has dicho que los dos casos no estaban relacionados.
Luke había dicho eso y probablemente no se le habría ocurrido mencionar a Simon si alguien le hubiera preguntado únicamente por el caso del envenenamiento. Pero que le dijeran que no lo hiciera le provocó, de todos modos, una sensación extraña.
—Sabes que Simon te menciona en su libro, ¿verdad? —le preguntó Luke a la editora.
—Y estoy segura de que solo tiene cosas horribles que decir de mí —respondió Claudia con total indiferencia y sonaba tan tranquila como siempre—. Dime, ¿tiene cosas buenas que decir de alguien?