Venenosamente tuyo (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 2) Capítulo 26
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Capítulo 26

Luke

—Tranquilízate, estaremos allí en nada. —Luke oyó a Divya hablando por teléfono en cuanto colgó con el detective Owens. No le gustó el tono de esa frase. Divya sonaba angustiada y ella nunca perdía los estribos.

—¿Qué ha pasado? —preguntó en el segundo en que ella terminó la llamada. Tenía un mal presentimiento.

—Sol me ha llamado porque tú estabas en otra llamada y tu número no paraba de mandarla al buzón de voz —explicó Divya, y a Luke no podía importarle menos por qué su amante no lo había llamado a él directamente sino a su colega. Quería saber si ella estaba bien—. Acaba de recibir una carta.

—¿Una carta?

—Alguien la ha dejado en casa de su amiga, el sitio donde os estáis alojando —explicó Divya y Luke estaba perdiendo la paciencia. ¿Por qué tardaba tanto en decirle lo que necesitaba saber? ¿Qué le había pasado a Sol?

—¿Qué dice la carta? ¿Está bien Sol?

—Está bien. Está en casa de su amiga y me ha dicho que la amiga y el marido también están allí e incluso el chaval se lo ha tomado todo muy en serio. Ha estado revisando todas las grabaciones de las cámaras de seguridad, intentando averiguar quién dejó la carta.

—¡Me encanta ese crío! —Luke no pudo evitar decirlo—. ¿Qué dice la carta?

—“Deja de tocarte las narices y empieza a leer el libro de Simon Smith” —dijo Divya, con el rostro completamente serio.

—¿Qué?

—Al parecer es una carta muy corta que solo contiene esa frase.

—¿Quieren que lea el libro de Simon? ¿Hay alguna amenaza directa de lo que pasaría si no lo hace?

—No, solo esas palabras.

—¿Cómo sabe quien ha escrito la carta que Sol tiene el manuscrito de Simon Smith? ¡Yo no lo supe hasta anoche!

—¿Podría haberla estado siguiendo alguien y haberla visto salir de casa de Jason Zit con el manuscrito?

Luke le había contado a Divya esa mañana las condiciones bajo las cuales Sol se había hecho con el manuscrito de Smith.

—¡O el asesino podría haber estado vigilando la casa de Jason Zit, la vio salir de allí y ahora también va a por ella y está en peligro!

—El corazón de Luke bombeaba exageradamente rápido, teniendo en cuenta que simplemente estaba de pie en medio de la calle y no realizando ninguna actividad física extenuante.

—Es raro, ¿verdad? —dijo Divya.

—¿El qué? —casi ladró él, aunque no pretendía ser brusco.

—Estábamos en un punto en el que creíamos que la desaparición de Simon Smith y los dos envenenamientos no estaban relacionados...

—... pero ahora hay algo más que apunta a que ambos casos posiblemente tengan algo en común —completó Luke el pensamiento de Divya, como solían hacer cuando trabajaban juntos en un caso.

—Hay algo que todavía no me encaja del todo. No me gusta —dijo Divya.

Luke también tenía esa sensación, justo en el borde de su mente, diciéndole que algo no cuadraba.

Sabía que necesitaba escuchar ese instinto para resolver el caso.

Era como había resuelto todos los casos anteriores.

Pero no estaba prestando atención a esa sensación porque había otras cosas más importantes, como asegurarse de que Sol estuviera a salvo.

—Lo que no me gusta es que alguien le envíe cartas a Sol, aunque no haya una amenaza directa en ellas. Aun así le están diciendo lo que debe hacer. ¡Sabía que no debía involucrarse en este dichoso caso, pero esa mujer es la persona más tozuda que he conocido!

—Luke, mate , sé que estás preocupado. Yo también lo estoy. Pero ella está bien. Respira —dijo Divya—. Nunca te había visto así.

—¡Esta ciudad me está volviendo loco!

—No creo que sea solo que echas de menos Londres. Estás preocupado —dijo Divya, con una compasión en los ojos que Luke había presenciado antes cuando entrevistaban a personas que necesitaban consuelo. Nunca antes había sido él quien necesitara esa extrema amabilidad por parte de ella.

—¡Claro que estoy preocupado! Podría estar en peligro y sería por mi culpa. ¡Sé que ha estado intentando ayudarme, ayudarnos, con estos malditos casos! ¡Llevamos días de morros el uno con el otro y ahora pasa esto! ¿Y si le hubiera pasado algo?

—No le ha pasado nada —le dijo Divya, y eso lo hizo reaccionar. Sol estaba bien. No había pasado nada, pero podría haber pasado.

Justo ahora empezaba a darse cuenta de lo que pasaría si alguna vez la perdía.

¿Le había dicho siquiera lo mucho que significaba para él?

Ni siquiera le había dicho que la quería.

Se daba por hecho, pero casi había sentido la reticencia de Sol a escuchar esas palabras.

Como si sus dos divorcios anteriores le impidieran volver a creer en ellas.

Así que había preferido no decírselo y simplemente mostrar sus sentimientos y regalarle muchas otras palabras.

Ahora pensaba que era un completo idiota y que debería estar diciéndole a Sol, y a todo el que quisiera escuchar, lo mucho que se preocupaba por ella, que la quería.

—¿Estás bien? —preguntó Divya, sacándolo de sus pensamientos internos.

—Sí, lo estoy —dijo Luke.

—¿Quieres que conduzca yo? —se ofreció Divya.

—No te preocupes. Un británico conduciendo por el lado equivocado de la carretera es suficiente. No hace falta que tú también experimentes la sensación y te quedes traumatizada de por vida.

—Vale, mate , vamos a ver a Sol.

—Vamos —dijo él y nunca había querido ver a su amante más que en ese momento.

···

Por supuesto, lo que Luke no había previsto cuando él y Divya se dirigieron a casa de Lola era que nunca tendría la oportunidad de tener un momento a solas con Sol y de contarle todo lo que lo estaba carcomiendo por dentro.

Cuando llegaron a Los Feliz, la familia de Lola se había volcado con Sol.

Alex seguía revisando las grabaciones de seguridad y les había prometido a Luke y Divya enviarles cualquier cosa que encontrara.

Lola no dejaba de desvivirse por Sol, ofreciéndole a su amiga té caliente y abrazos.

Luke tenía la sensación de que ambas cosas eran igual de reconfortantes tanto para Sol como para Lola.

Y Geoff, por supuesto, había cocinado una cena deliciosa para que todos se sintieran a gusto e incluso invitó a Divya a unirse a ellos.

Cómo se las había apañado el marido de Lola para asar a la perfección una pierna de cordero entera con zanahorias y boniatos era algo que Luke no alcanzaba a comprender.

Incluso hubo una galette de manzana de postre.

—Creo que deberías volver a casa, a Londres —le dijo Luke a Sol cuando por fin estuvieron solos después de cenar.

Divya se había ido media hora antes y todos los demás se habían ido a dormir.

Luke y Sol estaban ahora cepillándose los dientes en el baño de invitados.

Él llevaba los pantalones del pijama de franela de cuadros negros y verdes que su familia le había regalado por Navidad.

Sol se había apropiado de la parte de arriba.

—¿Qué? —dijo Sol, con la boca llena de pasta de dientes—. ¿Por qué?

—Me quedaría más tranquilo.

—¿Lo dices en serio? —preguntó ella, siguiendo con el cepillado.

—Muy en serio —le dijo él, preparándose para una reacción fuerte por su parte.

Ella simplemente terminó de cepillarse, se enjuagó la boca, se secó las pocas gotas de agua alrededor de sus labios con un movimiento que a él le pareció tan elegante como sexy y lo miró directamente a los ojos a través del espejo. Tenía una mirada combativa.

—Pero no se trata de que tú te quedes más tranquilo, ¿verdad?

—El comentario estaba cargado de mordacidad—.

Yo soy la que ha recibido la carta. Yo soy la que debería estar intentando quedarse más tranquila —añadió, girándose hacia él, dejando de mirarlo a través del espejo para enfrentarse cara a cara.

—No sabemos quién te ha enviado esa carta y podrías estar en peligro —dijo Luke con los dientes apretados.

Intentaba mantener el tono bajo; no quería molestar a toda la casa.

También necesitaba que Sol comprendiera que esto no era un juego.

Tenía que dejar de ponerse en peligro. Cuanto antes estuviera fuera de Los Ángeles, mejor para todos...

y antes podría él por fin mantenerse concentrado y resolver este caso.

—Creo que, precisamente porque recibí la carta, está bastante claro que no corro peligro.

—Ella tenía la osadía de intentar razonar con él—.

Piénsalo. Un crítico desaparece. A otro lo envenenan por error.

El tercero es envenenado a propósito y muere.

Si yo también formara parte de esta lista de críticos torturados, me habría pasado algo más.

Algo mucho peor que recibir una carta grosera.

No iba a admitirle que sus argumentos eran sólidos y que probablemente él mismo habría llegado a esa conclusión si estuviera pensando con claridad. Pero no había forma de que se mantuviera alerta con ella allí. Necesitaba que se fuera. Era una distracción demasiado grande.

—Por favor, no intentes jugar a los detectives, ¿quieres? —Le dolió ver el daño que esas palabras le causaron a Sol. Pero Luke realmente la quería fuera de peligro—. No eres más que una aficionada fingiendo que sabe de lo que habla. Salir con un detective no te convierte en uno.

—Eres un auténtico imbécil —dijo Sol en un tono sorprendentemente comedido.

Sabía que ella tampoco quería despertar a nadie, aunque, a juzgar por sus ojos desorbitados, estaría gritando a pleno pulmón si estuvieran solos—.

¿Puedes dejar los juegos psicológicos para intentar librarte de mí?

¿Cuántas veces tengo que decírtelo? No tolero a los hombres sobreprotectores.

Y no puedo salir del puto país, ¿recuerdas?

Luke maldijo entre dientes. Se había olvidado de que el Agente de Maravilla le había dicho a Sol que no se fuera hasta que se cerrara el caso de la muerte de Jason Zit.

Luke estaba completamente descentrado y no pensaba con claridad.

Lo que era peor, había enfurecido a Sol y todo había sido para nada.

Incluso si hubiera logrado convencerla de que se fuera de Los Ángeles, algo que ahora sabía que tenía cero posibilidades de conseguir, ella no podría haberlo hecho de todas formas.

—Sé que estás bajo mucho estrés —continuó Sol, con tono gélido—.

Y es mitad de la noche, así que no te voy a pedir que te vayas ahora.

Pero mañana por la mañana te irás de esta casa.

Y esta noche dormirás solo en el colchón.

Yo me quedo con el sofá, que sé que es mucho más cómodo porque ya he dormido ahí antes.

Solo he estado durmiendo en el puto colchón contigo por pura solidaridad, porque los dos no cabíamos en el sofá.

Ni se te ocurra. —Levantó la mano frente a ella cuando él intentó acercarse—.

Mañana llamaré a Divya, porque he estado leyendo ese libro y creo que he encontrado algo más, además de las acusaciones sobre Claudia.

Se lo contaré todo a ella. Pero ni se te ocurra llamarme ni ponerte en contacto conmigo a menos que sea para pedirme perdón de rodillas.

Y tal vez me piense si te doy otra oportunidad.

Y con eso salió del baño, dejando tras de sí un rastro de su fragancia embriagadora. Luke la había fastidiado pero bien.