Capítulo 22
Sol
—¿Por qué está echando humo? —le preguntó Sol a Divya mientras los conducía a ella y a Luke hacia la casa de Victor Lago en Hollywood Hills.
—No estoy echando humo —refunfuñó Luke desde el asiento trasero.
—Todavía no ha superado que fueras a ver a Jason Zit y no se te ocurriera contarle lo de la caja de bombones —explicó Divya, y Sol tuvo la sensación de que la detective empezaba a cansarse de ejercer de terapeuta de pareja entre ella y Luke.
—¡Ni siquiera me acordaba de los dichosos bombones! —protestó Sol—. Solo me acordé porque eres una entrevistadora excelente.
—¿Y yo no? —Luke sonó ofendido.
—¡Basta! —logró decir Divya—. Sois agotadores. Tengo jet lag , quiero cerrar este asunto y quizá disfrutar un poco de Los Ángeles antes de que podamos hacer feliz a Luke y volver a Londres. ¿Podéis pactar una tregua de algún tipo hasta entonces?
—Empezó él —dijo Sol, refiriéndose al mal humor de Luke de los últimos dos días.
—No, no, no, cara . Empezaste tú cuando me mentiste.
—¡No me llames cara si no lo dices de verdad!
—¿Cómo que no lo digo de verdad?
—Nada de tregua, supongo —murmuró Divya.
Llegaron a su destino un par de minutos después.
Un silencio cargado se había apoderado del coche y sus ocupantes se entretuvieron admirando la casa que tenían delante.
La mansión de estilo provenzal francés que Victor Lago compartía con su pareja, la showrunner Abbie Domingo, estaba encaramada en las colinas de Hollywood.
Tenía una piscina perfecta para nadar. Tenía vistas al cartel de Hollywood, al Observatorio Griffith y a Downtown.
Y había un cartel de “Se vende” frente a ella.
—No quiero meterme donde no me llaman —dijo Sol cuando Luke y Divya estaban a punto de bajar del coche.
—¿Ah, sí? —soltó Luke, pero Sol lo ignoró.
—Luke, mate . Estás empezando a molestar no solo a Sol, sino a mí también. Y prometiste que te calmarías —se quejó Divya—. ¿Qué querías decirnos, Sol?
—Yo diría que, por ubicación, instalaciones y tamaño, esta casa debe de valer unos nueve o diez millones. Quizá queráis preguntarles a Victor y a su pareja por qué está a la venta.
—A lo mejor se han cansado de Los Ángeles —ironizó Luke.
—A lo mejor necesitan el dinero porque la película de alguien ha sido un fracaso —dijo Divya.
—O a lo mejor simplemente se mudan a algo mejor. Nunca se sabe con esta gente. Estoy segura de que Abbie está ganando una cantidad muy decente de dinero con su serie. Sobre todo con todos los premios que se está llevando —dijo Sol.
—Pero no está de más preguntar —añadió Divya.
—Exacto. Así que confío en que vosotros dos sabréis encontrar el camino de vuelta cuando terminéis con esto, ¿verdad? —les preguntó Sol.
—¿No vienes con nosotros? —preguntó Luke.
—Me tienes que estar tomando el pelo. ¡Primero me dices que no me involucre y luego te extraña que no te acompañe a un interrogatorio! Fuera del coche. Hablaremos esta noche. —Sol miró a Luke fijamente a los ojos.
—Si no estuviera cansada de estar en medio, diría que eso ha sido muy sexy —comentó Divya mientras ella y Luke subían hacia la casa de Victor Lago y Sol se alejaba con el coche.
Luke
—¿Quiénes sois? —preguntó Abbie Domingo cuando abrió la puerta principal de su casa, vestida con un traje de tres piezas de raya diplomática y unas gafas de sol Prada de montura de carey.
Tenía que ser la persona más elegante que Luke había visto desde que aterrizó en la ciudad.
Era como si los angelinos solo tuvieran dos registros: el estilo de gala más glamuroso o la ropa deportiva totalmente informal.
Abbie Domingo también era capaz de quedarse en un punto intermedio.
—Soy Luke Contadino. No sé si te acuerdas, coincidimos en la fiesta la otra noche —le dijo Luke a la guionista.
—Eres el ligue más joven que fue a la fiesta con la periodista española sofisticada, ¿verdad? —dijo Abbie, estudiándolo de arriba abajo.
—El mismo —confirmó Luke—. Y esta es mi socia, Divya Bakshi. Esperábamos poder charlar con tu pareja, Victor Lago.
—Y yo también, cariño —dijo Abbie en tono juguetón.
—¿No está en casa, entonces? —preguntó Divya.
—¡Lleva semanas sin pasarse por casa! Os dejaría pasar y os lo contaría todo, pero la verdad es que estaba saliendo. ¡Tengo hora con mi terapeuta para contarle todo sobre la traición de Victor!
—Siento oír eso.
La showrunner cerró la puerta principal y se dirigió a un Jaguar E-Type descapotable de color granate de los años setenta aparcado frente a la casa.
—¡Me encantan tus ruedas! —le dijo Divya a Abbie.
—Gracias, fue un regalo de Victor. ¡Uno que tuve que terminar de pagar yo misma porque los cineastas independientes se llevan toda la fama, pero la mayoría están sin blanca!
—¿Así que tenía problemas de dinero? —preguntó Divya.
—Esperaba conseguir fama, gloria y dinero con Haughty Horizons , pero entonces se publicó esa crítica maldita y se le fue la cabeza. ¡Ahí fue cuando me abandonó a mí y a los perros!
—¿O sea que no le gustó la crítica de Simon Smith? —preguntó Luke.
—¡La detestaba! ¡ Haughty Horizons es su bebé y Simon lo mató!
—Un poco melodramático, ¿no? —preguntó Divya.
—Hablad con Victor sobre Haughty Horizons y decidme si estoy siendo melodramática o no —dijo Abbie—. Pero para eso tenéis que encontrarlo primero.
—¿Tienes alguna idea de dónde podría estar? —preguntó Luke con cautela.
—He comprobado el Bel-Air, el Peninsula y el Four Seasons. ¡Si no está allí, no sé dónde podría estar! Nunca le ha gustado el Beverly Hills, algo de ese lugar tan rosa le inquieta, así que no me he molestado en mirar. Aunque podríais intentarlo...
—Entendido, hoteles de lujo —dijo Luke.
—Puede que haya algo más. La segunda ronda de prensa para la película no sirvió de nada, ¡y la gente se queda dormida por todo el país viendo Haughty Horizons !
Pero él todavía no parece darse cuenta. Y le encanta ir de fiesta.
Así que probad con el circuito de premios.
Estoy segura de que está convencido de que la película aún tiene posibilidades de convertirse en un clásico de culto.
—Hoteles de lujo y fiestas glamurosas. Una última cosa y prometo que te dejamos en paz —dijo Luke—. Has dado a entender que Victor no ha estado por aquí en unas cuantas semanas, pero el otro día fuisteis juntos a la entrega de premios.
—Sabía que me habían invitado porque mi serie estaba nominada y me suplicó que le dejara ir conmigo —explicó Abbie—.
Y yo soy tonta y pensé que quería una reconciliación, ¡cuando lo único que quería era que lo fotografiaran en la puta alfombra roja con la esperanza de que alguien hablara de su película!
—Lo siento mucho. —Esta vez fue Divya quien intentó mostrar empatía con la showrunner y Luke tuvo la sensación de que tanto a él como a su socia les habría gustado conocerla en otras circunstancias.
—¡Oh, no lo sintáis! ¡A nadie le importa la vida amorosa de una pareja aburrida de mediana edad de todos modos!
No creo que se hiciera ni se publicara ni una sola foto suya.
Y las mías solo las hicieron porque tenía demasiadas nominaciones y gané demasiados premios como para ignorarme.
Además, llevaba meses entrenando como una loca y estaba divina con ese vestido de Armani.
¡Al menos eso dice mi publicista! Pero tengo que dejaros. ¡Gracias por escucharme!
—No hay de qué y gracias por tu tiempo —dijo Luke.
—¿Quiere que te avisemos si lo encontramos? —preguntó Divya.
—Por favor, no. ¡Los perros y yo estamos pasando página! Incluso he puesto la casa a la venta. Demasiados recuerdos y nunca me gustó el sitio —explicó Abbie—. Pero chao, darlings . Y Luke, a lo mejor deberías dejar de fruncir el ceño. ¡No te sienta bien!