Capítulo 23
Luke
—¿Estás pensando lo mismo que yo? —le preguntó Divya a Luke mientras Abbie conducía colina abajo y ellos se despedían con la mano por última vez.
—¿Que Abbie Domingo se merece algo mucho mejor que Victor Lago? —respondió Luke.
—No, lo otro.
—Ah, que Victor Lago no quería ir a la gala solo para que lo fotografiaran. Quería tener acceso fácil a la comida de Jason Zit.
—Apuesto a que sabía que el editor iba a estar en la misma entrega de premios que su ex y vio una oportunidad que no podía dejar escapar —dijo Divya.
—¿Deberíamos ir entonces a ese hotel donde Abbie ha dicho que Victor seguramente no se estaría alojando? —preguntó Luke—. Parece bastante improbable que esté allí.
—Además, no pilla muy a mano desde aquí. Sobre todo sin coche —dijo Divya, consultando su teléfono—. Creo que deberíamos hablar primero con Sol. Seguro que tiene ideas sobre el paradero de Victor.
—¿Ideas que la propia pareja de Victor durante años no ha tenido? —El tono de Luke sonó más brusco de lo que pretendía.
—Se supone que un miembro de la pareja debería conocer al otro mejor que nadie. Pero a veces ignoramos ciertas... ¿cómo decirlo?... peculiaridades de nuestro propio amante —dijo Divya. Luke pensó que la detective no solo estaba hablando de Abbie y Victor.
—Si crees que puede ser beneficioso hablar con Sol, hablaremos con Sol —claudicó él.
—Genial, la llamo ahora mismo. Mientras tanto y ya que estamos aquí, ¿te importa si hacemos esto en plan reunión de senderismo?
—¡¿De qué demonios estás hablando?!
—Llamamos a Sol para pedirle su opinión profesional —esa es la parte de la reunión— y lo hacemos mientras caminamos.
Mi mapa dice que estamos a solo treinta y cinco minutos de Runyon Canyon y podemos hacer una ruta por allí.
Se supone que tiene vistas de Downtown y el océano.
Puede que incluso veamos un poco del cartel de Hollywood.
—¡No me importa en absoluto el cartel de Hollywood! —refunfuñó Luke.
—Pero a mí sí, así que decidido. —Divya marcó el número de Sol y puso el altavoz para que Luke también pudiera oírla.
—Hola, Divya. ¿Se ha portado bien el gruñón o ya ha espantado a Victor Lago? —dijo Sol.
¿A qué se refería exactamente con lo del “gruñón”?
—Ejem, el gruñón está aquí conmigo ahora mismo, en manos libres. Así que, bueno. Lo ha oído —dijo Divya.
—Ah. ¿Por qué llamáis? —Al más puro estilo Sol, iba a ignorar lo incómodo de la situación.
—Victor Lago lleva unas semanas sin vivir en su casa, según Abbie Domingo. Y ella no sabe dónde está. No sabrás dónde podríamos buscarlo que no sea el Beverly Hills Hotel, ¿verdad?
—¿Así que necesitáis mi ayuda?
Luke puso los ojos en blanco. Sol siempre pasaba por alto ciertas cosas cuando le convenía. Pero otras, definitivamente no.
—Sí, te lo agradeceríamos mucho —le dijo Luke a Sol.
Se hizo el silencio al otro lado de la línea. ¿Estaba pensando? ¿Estaba conduciendo? ¿Estaba buscando una forma ingeniosa de decirle que se fuera a paseo?
—No tengo ni la más remota idea de qué puede pasar por la mente de Victor Lago.
Hay una razón por la que no pude soportar su película.
Es el típico hombre blanco, cisgénero, de mediana edad, heterosexual y chapado a la antigua que ha dominado Hollywood durante años.
Pero no suelo empatizar mucho con ese tipo de cine y, por suerte, ahora hay un poco más de diversidad donde elegir —explicó Sol.
Divya y Luke se miraron con el amago de una sonrisa, claramente acostumbrados a sus opiniones tajantes.
—Te entendemos perfectamente —dijeron Luke y Divya al unísono. Luke percibía que había una idea formándose en la periferia del cerebro de Sol, pero que le estaba costando atraparla porque Victor Lago no le caía bien.
—Y fue un poco imbécil cuando hablé con él hace unos días —continuó Sol.
La mirada de Luke se clavó en el teléfono. Había algo inquietante en las palabras de ella.
—No me habías dicho nada de eso.
—Creo que por aquel entonces ya estábamos viviendo en casa de Lola y Geoff y la comunicación ha sido...
—... escasa —terminó Luke.
—Sí —admitió Sol.
—Volviendo al paradero de Victor Lago —Divya redirigió la conversación—. Abbie dice que a Victor le gusta salir de fiesta y que se le vea en el circuito de premios.
—Ah —dijo Sol, y eso sí que pareció recordarle algo—. No puedo prometer que no vaya a ser una pérdida total de tiempo...
—... pero —le instó Luke.
—Esta noche hay un evento en el Roosevelt Hotel, una de las muchas fiestas previas a los Oscar donde la gente va para que la vean y la fotografíen —explicó Sol.
—¿Estaría invitado? —preguntó Divya.
—No directamente, porque su película no ha sido nominada ni tenida en cuenta para nada. Pero tiene muchos amigos que probablemente sí lo estén. Así que no creo que le resulte muy difícil entrar —razonó Sol.
—¿Podemos conseguir una invitación? —preguntó Luke. Sabía que estaba pisando terreno pantanoso.
—He recibido una invitación en mi correo electrónico a la que no había hecho ni caso. Pero creo que todavía puedo confirmar asistencia y puedo llevar a alguien como acompañante —dijo Sol—. Divya, puedo pasarte a buscar por tu hotel sobre las siete, si te va bien.
—Me va bien, pero pensaba que te llevarías a Luke —dijo Divya, visiblemente confundida.
—El gruñón y yo hablaremos esta noche. Después de que vuelva de la fiesta a la que tengo que asistir por un caso en el que, definitivamente, no estoy involucrada —dijo Sol.
Si Luke tenía alguna duda —que no debería— sobre si ella estaba enfadada con él o no, ya se le había disipado.
—El código de vestimenta es de cóctel, pero en California eso es muy relajado.
Sobre todo porque asistirá mucha prensa y nadie tiene presupuesto ni energía para esforzarse.
Así que con que te dejes las chanclas en el hotel, bastará.
Sol
Estaba aparcando en el hotel de Divya diez minutos después de las siete porque, si había un lugar donde Sol Novo no lograba ser puntual, era Los Ángeles. Simplemente, no siempre era posible vencer al tráfico allí.
Pero cuando llegó al vestíbulo del hotel, no era la atlética detective de Mánchester quien la esperaba, sino un londinense muy elegante que últimamente había agotado su paciencia.
—Creía haber dicho que esta noche me llevaba a Divya conmigo —le dijo Sol.
Estaba furiosa no solo con él, sino también consigo misma.
Sentía mariposas en el estómago solo por tenerlo allí delante, con toda su magnificencia masculina, dedicándole una de sus sonrisas traviesas.
Era la misma sensación vertiginosa que sentía cuando empezaron a flirtear...
solo que ahora llevaban meses juntos. ¿No debería sentirse más segura de lo que fuera que tenían?
Y también menos deslumbrada, si su experiencia pasada le había enseñado algo.
Aunque le encantaba la compañía de Divya, la idea de pasar unas horas con Luke era sumamente tentadora, por mucho que fingiera lo contrario.
El hecho de que estuviera guapísimo con el traje oscuro y la camisa blanca abierta en el cuello, contrastando con su piel bronceada, probablemente contribuía a su necesidad de estar con él.
Puede que Sol hubiera leído la expresión “parecía puro sexo con traje” en un libro de Elsie Silver y hubiera puesto los ojos en blanco injustamente al leerlo.
Luke le había dado una nueva perspectiva al significado de esas palabras.
Pero seguía furiosa consigo misma por pensar todas esas cosas. Y estaba decidida a no mostrárselo. Porque se suponía que estaba enfadada con él.
—Divya se ha quedado frita hace media hora. Un caso grave de jet lag después de un experimento de senderismo de lo más desaconsejable —dijo Luke. ¿Por qué tenía que sonar tan sexy cuando hablaba? — Allora, solo io e te stasera, cara .
—Tu italiano no me produce nada —dijo ella y esa fue probablemente la mentira más grande que le había dicho jamás. Pero lo que más la irritaba era que Luke parecía saber que estaba de farol.
—¿Cambiaría algo si te dijera lo sexy que estás? —dijo él mientras le ofrecía el brazo, ya que ella estaba encaramada a los mismos zapatos altísimos que se había comprado para la gala y él sabía que su equilibrio con ellos era, como mucho, inestable.
—Puedes decírselo a Lola, ella me prestó el vestido —casi ladró Sol mientras la mirada de él recorría sus curvas, ceñidas por un vestido de tirantes verde oscuro.
Sintió que se sonrojaba bajo su escrutinio. ¿Qué le pasaba exactamente?
Tenía cuarenta y tres años, estaba divorciada dos veces, era madura, razonablemente racional y bastante independiente; y, sin embargo, se estaba derritiendo literalmente porque su amante —que se había portado como un completo imbécil los últimos días— la estaba recorriendo con la mirada descaradamente.
Sus ojos le decían sin palabras lo que le gustaría hacer con ella si volvieran a estar a solas.
—Si sigues mirándome así, voy a ir directa al mostrador a suplicar por una habitación.
Un cuarto de la limpieza también serviría —le dijo finalmente, porque se había dado cuenta de que ir de fría era inútil.
Se rendía. Aceptó el brazo que le ofrecía Luke y sintió su bíceps musculoso bajo la tela del traje.
—No parece tan mala idea —dijo él, todavía follándosela con la mirada.
—Creo que hay una maldita fiesta a la que necesitas que te lleve —razonó Sol, contra todos sus instintos—. Cuanto antes resuelvas y cierres este asunto...
—... antes dejarás de estar en la lista de “prohibido viajar” del Agente de Maravilla y volveremos a casa —dijo él y eso pareció devolverles a ambos a la realidad.
—Además, sigo bastante enfadada contigo —dijo Sol mientras caminaban hacia la salida del hotel. Seguía agarrada con fuerza al brazo de él mientras se movían, aferrándose a Luke para no perder el equilibrio—. Aunque la perspectiva de un poco de sexo airado suene bastante...
—Por favor, no termines esa frase —le suplicó Luke—. He preguntado en el vestíbulo antes de que llegaras. Por desgracia, no queda ni un solo cuarto de la limpieza disponible en el hotel y mucho menos habitaciones.
— Calmémonos entonces —dijo Sol en castellano. Sonó tan decepcionada como él.
—Sí, centrémonos.