Capítulo 18
Luke
Decir que no estaba contento era quedarse corto.
Estaba furioso. No solo le había dado plantón el agente Tom Owens esa mañana, sino que empezaba a quedarse sin aliento.
Correr tras un testigo potencial a toda velocidad durante más de diez minutos acababa pasando factura.
Incluso si, como Luke, solías correr a menudo.
Pero una cosa era el tipo de carrera para mantenerse en forma que solía hacer y otra muy distinta la de este-testigo-potencial-parece-cada-vez-más-sospechoso.
Y esta era, sin duda, el segundo tipo de carrera.
Tras varias llamadas repetidas a la chef Gill García que no habían dado fruto aquella mañana, Luke había telefoneado a la línea principal de Star System Catering.
Allí, una recepcionista muy amable le había informado de que la chef García no estaba evitando sus llamadas.
Simplemente estaba disfrutando de un merecido descanso, haciendo una ruta de senderismo de tres días, totalmente desconectada, en un lugar llamado Lost Coast. Luke había puesto los ojos en blanco al oírlo.
¿Cómo podía la gente ser y sonar de una forma tan estereotípicamente californiana?
¿Y a quién podría parecerle atractivo dormir en el suelo y estar expuesto a la intemperie incluso durante tres días?
Él estaba pasando por el trance de dormir en el suelo con un techo sobre su cabeza y seguía odiándolo.
En cuanto al esquivo Vinny Green, Luke se las había apañado no solo para conseguir un número de teléfono del camarero que supuestamente había servido la comida de Travis Wise en la gala, sino una dirección real gracias a la servicial recepcionista de Star System Catering.
Luke empezaba a darse cuenta de que su acento londinense podía tener algunas ventajas con los lugareños.
Todos parecían encandilados con él en cuanto abría la boca.
Tras obtener la información de Vinny Green, le había respondido a Alex, que le había escrito un mensaje para asegurarse de que estaba bien después del roce con Sol la noche anterior.
Luke le había asegurado que todo iba bien y luego le había preguntado al adolescente angelino sobre la conveniencia de la nueva dirección que tenía para Vinny Green en un sitio llamado Long Beach.
Después de ser informado de que su nuevo destino era, una vez más, lejano y extremadamente incómodo, aunque de algún modo encantador por su proximidad al océano, Luke había cogido resignado un Uber con destino a Long Beach.
No era muy fan de las playas de California, ni de nada que tuviera que ver con California, en realidad.
Apenas había estado dos minutos fuera del coche y ya había llamado a una puerta en el primer piso de un edificio de apartamentos de dos plantas bastante descuidado, similar al que había visitado el día anterior.
Tras cinco minutos esperando ante la puerta, había acabado convencido de que todo el viaje había sido en vano cuando un hombre de unos veintitantos años, rubio, con el pelo largo y un porro en los labios, abrió la puerta.
Llevaba un traje de neopreno desabrochado y bajado hasta la cintura, dejando al descubierto su pecho desnudo, y solo iba calzado con unas chanclas.
Era casi como una versión mucho más bajita de Chris Hemsworth en Thor (y en modo surfero) y Luke no pudo evitar preguntarse si todo el mundo en esa ciudad parecía realmente una estrella de cine.
El hombre miró a Luke, lo apartó de un empujón y echó a correr. Y Luke, por supuesto, lo siguió.
¡Había que dejar en manos de un sospechoso que probablemente iba colocado y llevaba chanclas el que Luke acabara sudando!
¿Estaba el detective realmente harto de trotar por callejones y esquivar cubos de basura en aquella ciudad costera, por lo demás tranquila y silenciosa?
Lo estaba. No solo eso, el tipo surfero se alejaba más de Luke cada minuto que pasaba.
¿Acaso podía estar en mejor forma que él?
—Probablemente sea diez años más joven que yo —masculló Luke para sus adentros, sin dejar de perseguir al sospechoso.
Se dio cuenta de que empezaba a sonar como Sol.
Nunca había entendido su obsesión con la edad cuando ella estaba tan estupenda.
Pero empezaba a compartir las inseguridades de su pareja.
Se aseguraría de decirle que la comprendía un poco mejor la próxima vez que estuvieran solos, si es que eso llegaba a ocurrir.
El tipo surfero cada vez le sacaba más ventaja y, con él, se alejaban las posibilidades de Luke de descubrir quién podría haber envenenado la comida de Travis Wise...
y de subirse a un avión de vuelta a Londres.
El tipo surfero se dio la vuelta como para ver cuánta distancia había logrado poner de por medio.
Se rió al ver a Luke sin aliento, con el porro aún colgando de la boca.
Pero no había visto a un segundo tipo surfero que venía en monopatín por el callejón, con el neopreno desabrochado y abierto a la altura del pecho, cargando una tabla gigante en su lado derecho.
Luke vio cómo sucedía casi fotograma a fotograma. El del monopatín no pudo evitar la colisión con el surfero a la fuga, que no se había percatado de su presencia.
Ambos acabaron en el suelo, acompañados por el fuerte golpe de la tabla de surf al chocar contra el pavimento y el monopatín rodando sin rumbo por la calle. Luke aceleró hacia ellos.
—¿Estáis bien? —les preguntó a los hombres vestidos con neopreno, escaneándolos a ambos para asegurarse de que no estaban heridos—. Te pillé —le dijo al tipo surfero que había estado persiguiendo, agarrándolo del brazo derecho para ayudarlo a levantarse y para asegurarse de que no volvería a huir.
—¡Tío, el karma es traicionero! —El Chris Hemsworth bajito se rio y mostró la más perfecta de las sonrisas blancas.
···
Diez minutos después de aquello, Luke y el tipo surfero, que resultó ser Vinny Green, compartían una concha de cacao y un pastelito de guayaba en la terraza de Gusto Bread.
¿Habría preferido Luke estar saboreando un té English Breakfast con esos dulces en lugar de un mate?
Obviamente. Pero hacía todo lo posible por fingir que era cosmopolita y de mente abierta.
—¿Así que la chef García te dijo que te estaba buscando?
—la preguntó Luke a Vinny mientras sacaba sus gafas de sol del bolsillo interior de su chaqueta, se las ponía y se permitía disfrutar del calor del sol en su piel.
¿No se suponía que aquí también era invierno?
La idea de tomar algo al aire libre en enero en Londres sería absolutamente impensable.
Pero, a pesar de todo, Luke no estaba disfrutando nada de la experiencia en Los Ángeles.
—Sí, tío. Llamó para avisarme de que un tipo británico buenorro —que parecía un modelo italiano o algo así— estaba convencido de que envenené a ese crítico en la fiesta de la otra noche.
—¿Qué? ¡Yo nunca dije tal cosa! —objetó Luke, aunque no pudo evitar sentirse halagado por cómo lo habían descrito.
—Gill dijo que intentó, ya sabes, distraerte o lo que sea.
Luke sabía que el supuesto interés de la chef por él había sido dudoso. Resultaba que le estaba intentando despistar.
—Me dio una dirección y un número de teléfono falsos.
—Pero dijo que probablemente me pillarías igualmente e intentarías cargarme el muerto —continuó Vinny.
—¿Por eso huiste?
—Qué va, tío, si canto, no me voy a meter en problemas, ¿verdad?
—¿Pusiste cianuro en la comida de Travis Wise? —le preguntó Luke a Vinny.
—¿Cianuro? ¡Eso suena fatal! No toco los productos químicos. A mí me va lo natural. Solo me baño con agua, aceite de coco e infusiones de lavanda.
—Por supuesto —dijo Luke.
—Eso hace maravillas para la piel, tío. Estás totalmente invitado a unirte a mí la próxima vez que me bañe. Me gusta ahorrar agua, así que suelo hacerlo solo una vez a la semana, pero oye, por ti haría una excepción sin dudarlo —Vinny le guiñó un ojo a Luke.
—Gracias por la oferta —dijo Luke, sonrojándose. ¿De verdad era tan irresistible su acento? ¿Por qué todo el mundo en esta ciudad no paraba de flirtear con él? Aunque a veces fuera un flirteo fingido—. ¿Entonces no envenenaste a Travis Wise?
—No, tío, no con esa cosa del cianuro —dijo Vinny.
Luke frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Por eso me largué cuando te vi. Durante la gala, Gill me dijo que había una alergia a los frutos secos en la mesa 13 y me dio el plato específico para esa persona. Pero me distraje y se me fue el santo al cielo por completo.
—¿Te distrajiste?
—Llevaba dos platos: uno normal y otro sin frutos secos. Pero cuando salía de la cocina, una mujer me ofreció un vapeador y, ya sabes, es un poco de mala educación decir que no, ¿verdad?
—¿Quieres decir que te detuviste a fumar?
—Sí, tío. La vida es corta y los pequeños momentos son los que cuentan.
Luke tuvo que admitir que había mucha sabiduría en las palabras de Vinny.
—¿Entonces qué pasó con los platos?
—Los dejé en algún sitio.
—¿Sin vigilar?
—A ver, había mucha gente alrededor: camareros, invitados, famosos. No es que los platos estuvieran solos —dijo Vinny, y se rió de su propio intento de broma—. Pero creo que acabé sirviéndole a ese tal Travis Wise la comida normal en lugar de la que no tenía frutos secos.
—¿De quién era la comida que le serviste a Travis? —dijo Luke, enderezando la espalda en la silla y sintiendo que por fin estaba avanzando algo.
—No lo sé, la del tipo que estaba sentado a su lado, creo.
Luke regresó mentalmente a la noche de la gala, recordando a todos los sentados alrededor de la mesa 13. Sabía exactamente quién había estado al lado de Travis Wise. Pero ¿había sido la comida envenenada destinada para esa persona?
El teléfono de Luke vibró entonces y vio el nombre de Sol en la pantalla.
—¿Te importa si lo cojo? Es mi pareja —le dijo Luke a Vinny.
Normalmente Luke no atendería una llamada personal mientras hablaba con un testigo, pero sabía que Sol le enviaría un mensaje primero si no fuera importante.
—No, tío, hay que tener contenta a la churri —dijo Vinny con una amplia sonrisa. Luke no estaba seguro de cómo se lo tomaría Sol si supiera que se habían referido a ella como su churri.
— Ciao, cara —respondió Luke al teléfono de la forma que le gustaba hacerlo con ella.
—Creo que me he metido en un lío —la voz de Sol sonaba angustiada.
—¿Qué ha pasado?
—Ha habido una muerte y, al parecer, soy la última persona que vio a la víctima con vida. La policía quiere hablar conmigo —explicó Sol.
—¿Estás bien? —Luke se levantó de la silla y recogió todas sus cosas, haciendo un gesto de disculpa a Vinny. Necesitaba encontrarse con Sol—. ¿Y quién ha muerto? —preguntó, aunque tenía una ligera premonición.
—Yo estoy perfectamente. Pero Jason Zit, al parecer, no tanto.