Capítulo 16 #2
—Pero nunca tuve la intención de presentarte a David —continuó Sol—.
Un divorcio nunca es fácil, pero ya lo había pasado una vez con Miquel e ingenuamente pensé que con David podría ser igual.
Difícil, sí, pero que podríamos superarlo de forma civilizada y seguir siendo amigos.
Pero la ruptura con David no fue precisamente amistosa.
El divorcio fue una absoluta pesadilla legal.
Hizo todo lo posible para que la situación fuera insoportable.
Su familia se metió de por medio en las negociaciones.
Cualquier buen recuerdo que pudiera tener de los primeros años que pasamos juntos se hizo añicos tras meses de acusaciones y disputas.
Y cuando empezó la conversación sobre qué dinero pertenecía a quién, la cosa se puso muy fea.
—Nunca me lo habías contado.
—No me gusta hablar de ello. Es una etapa de mi vida que no me gusta recordar. No sé qué habría hecho si no fuera por Lola y su familia. Me acogieron, me animaron y me dieron de comer.
Su boca se curvó con una sonrisa tranquila.
—Me caen bien.
—A mí también me caen bien. Aunque Lola sea una entrometida de cuidado, Alex tenga la habilidad de hablar solo en los momentos más inoportunos y, a día de hoy, siga sin saber a qué demonios se dedica Geoff.
Luke se rió por lo bajo.
—Es actuario en una compañía de seguros.
—¿Qué? —preguntó Sol, perpleja—. Da igual, no es importante. Lo que intentaba decirte es que venir a Los Ángeles ha desenterrado recuerdos sobre mi relación pasada y no ha ayudado con la actual.
—¿Por qué me presentaste a David? Dijiste que nunca tuviste intención de hacerlo —preguntó Luke.
—Necesitabas el contacto para el caso.
—Si lo hubiera sabido todo, nunca me habría puesto en contacto con él. Puede que me presentes a Miquel y quizá me parezca agradable.
—Te encantará, créeme. Tiene ese efecto en la gente.
—No me estás ayudando mucho. No sé cómo sentirme respecto a un tío que estuvo casado contigo y que hace que todo el mundo a su alrededor se enamore de él —dijo él, con la mandíbula apretada de nuevo.
—No te preocupes por Miquel, tengo inmunidad de por vida a todos sus encantos —explicó Sol—. Tú, en cambio...
—Dejemos de hablar de los encantos de tu ex o dejaré de no ser celoso —dijo Luke—. Lo que intentaba decir es que, después de lo que me has contado, no hay forma de que vaya a tolerar a David jamás.
—No deberías —confirmó Sol.
—Sé que esto es una verdadera lata, cara —dijo Luke, acariciando la mejilla de Sol—. Todavía hay dos casos extremadamente inoportunos que resolver, ni rastro de tu maleta por ninguna parte y la perspectiva de otra noche en un colchón muy incómodo.
Sol se estremeció ante la mención del tortuoso artilugio para dormir.
—Hay algo más.
Luke arqueó las cejas y pareció prepararse para otra mala noticia.
—Julie me ha enviado un correo electrónico.
Lo he visto antes de la cena. Quiere que me quede en Los Ángeles unos días más.
Hay otro asunto del que quiere que me encargue —explicó Sol.
Se dio cuenta de que la petición de Julie no había ayudado a su estado de ánimo.
Y lo peor era que Sol no había sido exactamente sincera en su descripción a Luke de lo que Julie le había pedido.
—Así que todavía no tenemos una fecha clara de vuelta a Londres. —Ahora era Luke quien se estremecía—. Pero ambos queremos volver a Londres, ¿verdad?
—Créeme, quiero volver a Londres a toda costa. Tengo una cita con mi colorista que no me puedo perder bajo ningún concepto —dijo ella y él soltó una risa. De esas reservadas solo para ella.
—Sé que no estamos precisamente en nuestro mejor momento. Pero, ¿al menos estamos bien?
—Definitivamente bien —admitió Sol mientras él entrelazaba sus dedos entre los mechones del pelo mojado de ella—. Y sospecho que incluso podríamos pasar a ser una pareja perfecta con una relación floreciente una vez más si por fin tuviéramos sexo.
—Esto puede sonar un poco descabellado o desesperado... —dijo Luke.
—Pero... —continuó Sol.
—He visto a gente comiendo en sus coches, haciendo la siesta en sus coches, incluso afeitándose o maquillándose en sus coches en esta ciudad.
Supongo que un coche es un lugar perfectamente aceptable para disfrutar de un encuentro steamy con otro ser humano, ¿no?
—dijo Luke, con sus ojos hambrientos clavados en Sol—.
Si nos aseguramos de devolvérselo a Lola perfectamente limpio después.
—Vale —respondió Sol, sin siquiera pensar en lo que estaba haciendo.
Después de los pésimos días que había tenido, después de haber tenido que rememorar una relación fallida que había jurado mantener enterrada, después del agotamiento que aquel paseo solitario entre lágrimas le había causado, lo único que quería era sentirse viva.
Y siempre se sentía joven, hermosa, sexy, feliz —y muy viva— cuando él la estrechaba entre sus brazos.
Cuando su cuerpo la envolvía. Además, estaban aparcados en un lugar lo bastante oscuro de una calle residencial sin tráfico, ¿no?
Dejó que la chaqueta de Luke resbalara de sus hombros y se acercó a él con un movimiento rápido.
Se agachó para no golpearse la cabeza con el techo del coche y se encontró sentada encima de él, a horcajadas.
Agarró su camiseta con una mano y tiró de él hacia ella, encontrando su boca en un beso urgente, casi desesperado.
—Te necesito —le dijo entre suspiros mientras se acercaba más a su cuerpo.
Su mano derecha encontró su piel, metiéndose por debajo de su camiseta y explorando el calor firme de sus pectorales. Sol anhelaba recorrer cada centímetro del torso de él con veneración. Pero esa mano hacía falta en otra parte.
Apartó su boca de la de él por solo un instante, sonriendo con picardía al reconocer la misma necesidad que ella sentía en esos ojos hermosos y cálidos. Le mordió el labio inferior y gimió de placer mientras él la besaba con poca delicadeza detrás del lóbulo y le lamía la base del cuello.
Se restregó contra su regazo, sintiendo la rigidez de él contra su clítoris a través de la tela de los tejanos de Luke y sus leggings , detestando la barrera entre sus cuerpos.
Se incorporó ligeramente sobre las rodillas y su mano derecha encontró ahora la erección de él, acariciándola.
Podía sentir cada uno de los jadeos roncos de Luke contra su mano.
Buscó la cintura de sus tejanos y empezó a desabrocharlos, primero el botón y luego la cremallera.
Él la atrajo más hacia sí en un movimiento frenético, agarrándola por el culo y haciendo que sus cuerpos quedaran pegados, el pecho de Sol rozando el de él.
Sonrió al sentir el pene de él en su mano. Desnudo. Duro. Exigente.
Él le devolvió la sonrisa, excitado por el calor de la situación, peleándose con el corte extremadamente alto de sus leggings para tocar su cuerpo.
El mundo real se desplomó entonces sobre ellos. Otra vez. Cuando el vecino delante de cuya casa habían aparcado salió a su porche delantero, con una linterna y su luz blanca y brillante apuntando en su dirección.
—¿Quién hay ahí? —oyeron gritar al vecino, con un perro ladrando de fondo.
En un movimiento rápido, Sol apartó sus manos del cuerpo de Luke, bajó de su regazo y se sentó en el asiento del copiloto.
—¡Vámonos, vámonos, vámonos! —le ordenó—. ¡Arranca!
—¡El cinturón! —dijo él mientras se abrochaba el suyo y ponía el coche en marcha.
—¡Esta es una calle residencial decente! —gritó el vecino mientras se alejaban.
Condujeron un par de manzanas en silencio.
—No tienes ni idea de cuánto odio esta ciudad ahora mismo —dijo finalmente Luke, con un deje de frustración en su tono.
—Oh, créeme, a mí también me está empezando a cansar —admitió ella—. Y no soy yo la que lleva la cremallera bajada.
Ambos estallaron en una carcajada que liberó la tensión.