Capítulo 16
Sol
—¿Qué tal la película, Sol? —preguntó el marido de Lola con amabilidad mientras servía salmón al vapor con salsa miso, arroz integral y brócoli salteado a la perfección.
—Espantosa —sentenció ella—. ¿Qué tal tu día, Geoff?
—preguntó a su vez, dándose cuenta de que no recordaba a qué se dedicaba el marido de Lola, a pesar de conocerlo desde hacía casi una década.
Era la peor amiga del mundo. En su defensa, se lo había preguntado en el pasado al menos tres o cuatro veces y nunca había logrado entender qué hacía.
—No mucho mejor que el tuyo. Con este tiempo de locos es difícil hacer pronósticos. Ha habido desprendimientos de tierra en Big Sur y hemos tenido que cambiar los modelos antiguos porque las prioridades no dejan de variar.
—Ya —dijo Sol y pudo ver la cara de diversión de Lola al otro lado de la mesa. Estaba segura de que su amiga sabía que no había entendido ni una palabra. Pero no iba a traducirle la jerga de Geoff.
—¿Cómo va la investigación, Luke? —preguntó Lola.
—Puede que por fin haya hecho algún progreso —dijo Luke, disponiéndose a devorar el logro culinario de Geoff—. Por cierto, esto está delicioso.
—Gracias, no ha sido nada. Te enviaré las recetas del New York Times si quieres —dijo el marido de Lola, un poco sonrojado y Sol sonrió con ironía.
No había nada que a Geoff le gustara más que la gente alabara su comida.
Debería acordarse de hacerlo más a menudo—.
Pero, por favor, cuéntanos más sobre el caso. Tenemos mucha curiosidad.
—Bueno, sin dar demasiada información, porque esto es, por supuesto, delicado y mayormente confidencial... —empezó Luke.
—Por supuesto —dijeron Sol, Geoff, Lola e incluso Alex al unísono, inclinándose hacia delante sobre la mesa, incapaces de ocultar su curiosidad general.
—Y tengo que darle las gracias a Sol por el progreso, porque tiene un amigo que me ha puesto en contacto con el agente del LAPD encargado de investigar tanto la desaparición de Simon Smith como el envenenamiento de Travis Wise.
—¿Ellos también creen que están relacionados? —preguntó Sol, queriendo desviar la atención de sí misma y de su supuesto amigo.
—Creo que sí. Lo sabré con seguridad mañana. Me he citado con un tal agente Tom Owens.
—Sol, no sabía que tenías amigos con contactos en el LAPD —dijo Lola distraídamente mientras se concentraba en su comida y no captaba la mirada suplicante de Sol en su dirección—.
¿Podrías presentármelo también? Estoy trabajando en una serie policial nueva y sería genial para documentarme más si pudiera...
¿Qué? —Lola captó por fin a Sol fulminándola con la mirada.
—Nada —Sol intentó actuar con normalidad.
—Tienes que presentarle a David a Lola, Sol —dijo Luke.
—¿David? —Lola casi soltó un alarido.
Por qué su amiga seguía hablando era algo que Sol no alcanzaba a comprender.
¿Acaso sus ojos llameantes no eran un mensaje lo bastante claro para que cerrara la boca?
Geoff se estaba comportando como el perfecto marido-de-una-amiga que era y se había quedado callado en cuanto vio el apuro de Sol y se dio cuenta de la identidad de su supuesto amigo. ¿Era mucho pedir lo mismo de Lola?
—Mamá, ¿en serio? ¡Si es literal el ex de Sol! —Alex decidió participar entonces después de haber permanecido en silencio durante casi toda la cena.
Luke se quedó helado, con la comprensión reflejada en su rostro.
—¿Ex de exmarido?
—A ver, que, en plan, es su segundo exmarido —especificó Alex.
A Sol siempre le había gustado Alex. Era más inteligente y educado que la mayoría de los chicos de su edad y era el hijo de Lola, pero en ese preciso instante Sol decidió que odiaba a todos los adolescentes, Alex incluido.
—Vamos a terminar de comer en la cocina y a dejaros espacio para hablar de esto —dijo Geoff, levantándose, cogiendo su plato e indicando a Alex que hiciera lo mismo.
—Por favor, no os vayáis —dijo Sol—. Ya hemos invadido vuestro salón y ahora queréis desalojar también el comedor.
Lola se cruzó de brazos y se recostó en su silla, poniéndose cómoda.
—Yo no me muevo de aquí. Quiero oír esto.
—¿En serio? —suplicó Geoff a su esposa.
—Yo fui la que estuvo aquí cuando esta decidió por fin dejar a David y necesitó un sitio donde quedarse y un hombro sobre el que llorar —dijo Lola.
—Y te estoy inmensamente agradecida y nunca lo olvidaré —le dijo Sol a su amiga.
—No necesito que sigas agradecida. ¡Para eso están los amigos! —Lola no levantó la voz, pero sus palabras no dejaron lugar a discusión—. Lo que necesito es que recuerdes tu decisión de no volver a tener nada que ver con David. ¡Y ahora vas y pones a tu pareja en contacto con él!
—¡Luke necesitaba un contacto para su caso! ¡Para que pueda volver a Londres!
—Pero no le dijiste quién era David —rebatió Lola.
—¿Cómo que para que yo pueda volver a Londres? —dijo Luke—. ¿Es que tú no vienes también?
—Geoff, ha sido una cena deliciosa, como de costumbre. Si me disculpáis, necesito ir a dar un paseo... sola —dijo Sol, levantándose de la mesa y saliendo de casa de sus amigos.
No estaba segura de hacia dónde se suponía que se dirigía exactamente.
Estaba oscuro y hacía frío y no había cogido precisamente una chaqueta, el bolso ni tampoco el móvil.
Pero simplemente empezó a caminar por la calle residencial flanqueada por jacarandas.
Y fingió que no estaba a punto de romperse.
···
—Por favor, entra en el coche, estás tiritando —oyó la voz preocupada de Luke desde un coche cercano, que se había arrimado a la acera y se había detenido junto a ella.
No sabía cuánto tiempo llevaba deambulando por el barrio.
Pero le había dado tiempo a llorar toda su agitación, analizar todo lo que había pasado e incluso tomar algunas decisiones.
Se sentía con energía y mejor. Pero había empezado a chispear a mitad de su paseo reparador y estaba empapada y muerta de frío.
Sol se giró en dirección a la voz y fue hacia el coche, subiéndose en el asiento del copiloto. En cuanto estuvo dentro, vio la cara de Luke. Nunca lo había visto con unas facciones tan preocupadas. No le sentaban bien. No le gustaba ser la que había contribuido a su malestar o a su belleza mermada.
Él se quitó su cazadora bomber azul medianoche y la envolvió alrededor de los hombros de Sol. Sus manos hacían movimientos circulares por los brazos y la espalda de Sol para calentarla.
—Lola me ha dejado su coche —explicó Luke, ya que ella seguía sin hablar—. En cuanto te has ido, hemos empezado a discutir sobre cuál era la mejor opción.
—¿A discutir?
—Geoff pensaba que merecías intimidad y que te dejáramos sola y en paz como habías pedido.
Lola y yo no hemos querido ni oír hablar de ello —explicó Luke, mientras seguía calentándole la piel a través de su chaqueta—.
Para cuando Lola y yo hemos decidido que era yo quien tenía que ir a buscarte, ya no estabas a la vista.
Llevo veinte minutos conduciendo por Los Feliz.
—Lo siento mucho.
—No lo sientas —dijo Luke—. El que lo siente soy yo. Sé que estos últimos días no han sido muy buenos.
—Deberíamos habernos quedado en Londres —dijo Sol.
Luke se inclinó hacia delante y le lanzó una media sonrisa.
—Lo creas o no, creo que venir aquí fue una buena idea.
—¿Tanto conducir por el lado equivocado te ha causado algún trauma permanente o algo así? —espetó Sol—. ¿De qué estás hablando? ¡Pensaba que lo odiabas!
—No me malinterpretes, lo odio profundamente. Y hay motivos de sobra. Nos han encasquetado dos casos cuando se suponía que íbamos a disfrutar de un merecido descanso. Tu equipaje se ha perdido. Y te has visto obligada a llevar mi ropa.
—Me gusta tu ropa, huele a ti —dijo Sol, acercándose a él.
—Tienes a una editora pidiéndote que escribas sobre una película que ni siquiera te interesa ver. —Luke vaciló y luego continuó, con voz cortante—. Y a una antigua editora ofreciéndote un trabajo que sientes que deberías aceptar.
—Pero que sé perfectamente que no quiero aceptar —dijo ella.
Esa era una de las conclusiones a las que había llegado durante su paseo. Había varios motivos que la habían alejado de Los Ángeles y no todos eran su exmarido David. No iba a volver a la ciudad. No ahora. No para trabajar con Claudia. Y no sola.
El tono de Luke cambió, ahora más suave.
—Nos echaron del hotel de cuatro estrellas en el que nos alojábamos, no has dormido bien ni una noche desde que aterrizamos en California y no hemos tenido sexo en días.
—Y estoy increíblemente de mal humor y gruñona por eso —admitió Sol—. También te echo de menos de una forma casi dolorosa, pero no he sido capaz de encontrar la manera de decírtelo.
—¿Me echas de menos? Pensaba que estabas enfadada conmigo.
—Ya ves, no he sido capaz de comunicarme.
Pero eso ni siquiera es todo —dijo ella.
Por fin estaba lista para expresar lo que la tenía absorta desde hacía días.
Levantó la mirada, sosteniendo los ojos castaños de Luke dentro del vehículo a oscuras—.
La próxima vez que vayamos a Barcelona, te presentaré a Miquel.
Luke soltó un bufido brusco por la nariz, con la mandíbula tensa.
—Tu primer exmarido.
—Sí. Es un poco insoportable, pero es muy buena persona y somos amigos desde hace décadas. Creo que te caerá bien.
—Me reservo el derecho de que no sea así. No soy una persona celosa, pero solo hasta cierto punto —dijo Luke y Sol supo que estaba intentando mantener la conversación cordial. No era fan de los ex.