Venenosamente tuyo (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 2) Capítulo 6
13%

Capítulo 6

Luke

—Estos tacones miden quince centímetros, así que tienes que prometerme que no te separarás de mi lado en toda la noche.

Te necesito como mi accesorio particular, que es extremadamente guapo, para ayudarme a andar.

Si no, me caería literalmente de bruces —le dijo Sol a Luke, agarrándose a su brazo y caminando mucho más despacio que con su habitual paso ligero.

Habían aterrizado en Los Ángeles hacía menos de veinticuatro horas.

Ella no había dejado de refunfuñar porque todavía no habían recuperado su maleta.

Aun así, se las había apañado para encontrar un vestido de fiesta con el que estaba incluso más sexy que con el que había metido originalmente en el equipaje.

No paraba de quejarse de que el slip dress negro que llevaba era demasiado sencillo y un poco demasiado transparente.

Luke no estaba de acuerdo con lo primero y no tenía absolutamente ningún problema con lo segundo.

Él se había puesto el traje que ella le había seleccionado en Londres y ahora la escoltaba hacia la entrada del hangar del aeropuerto de Santa Mónica para asistir a la ceremonia de premios por la que habían viajado a Los Ángeles.

Todavía le sorprendía que una fiesta tan lujosa y glamurosa tuviera lugar en una ubicación tan extraña.

Una que no parecía preparada para las hordas de famosos que descendían por la alfombra roja.

Se quedó atónito ante una seguridad que podría describirse, en el mejor de los casos, como laxa y, en el peor, como negligente.

El equipo vestido íntegramente de negro de la entrada apenas había comprobado las dos invitaciones que Sol había sacado de su bolso de mano.

Luke tenía la sensación de que cualquiera que estuviera vestido de la forma adecuada y tuviera la actitud correcta podría colarse fácilmente sin ser visto.

La cosa no mejoró mucho una vez dentro del recinto.

Por supuesto, como londinense, estaba acostumbrado a la extraña casualidad de cruzarse con Peter Dinklage tras desayunar en un sitio popular de Notting Hill, ver a Felicity Jones saliendo de un teatro del West End o incluso charlar con Emma Thompson en su estudio de yoga habitual.

Para lo que Luke no estaba preparado era para la cantidad de supuestos famosos reunidos bajo el mismo techo en una sala demasiado densamente poblada, donde actores y directores populares eran presa de muchos periodistas que buscaban una declaración, una foto o incluso un abrazo.

—Creo que acabo de pisar a Kiefer Sutherland sin querer —le susurró Luke al oído a Sol, abochornado.

—Lo sé, es una locura. Esto está demasiado lleno —le dijo Sol, escudriñando la sala con avidez.

—He intentado disculparme, pero se ha ido con el mismo sigilo con el que ha acabado bajo mi pie.

—No te preocupes —dijo ella, distraída.

—¿Estás buscando a Simon? —De repente, Luke también se sintió obligado a inspeccionar la sala en busca del crítico desaparecido, siguiendo la mirada de ella.

—¿A quién? —preguntó Sol—. Ah, a Simon. No, en realidad estaba buscando a Greta Gerwig. Está nominada por Barbie y me muero por verla.

—Pero te acuerdas de que le prometimos a Julie que buscaríamos a Simon, ¿verdad? —le preguntó Luke, divertido.

—Tú se lo prometiste. Yo no hice más que facilitar la conversación. —Ella lo miró de reojo y una media sonrisa empezó a dibujarse en sus labios de forma pícara.

Él estaba a punto de decirle lo guapísima que estaba y de besarla, pero por desgracia los interrumpió una mujer menuda de mediana edad que avanzaba a paso rápido hacia ellos hablando con un tono de voz agudo.

—¡Sol Novo! ¡No me dijiste que venías! —gritó la mujer cuando aún estaba a más de dos metros de distancia, lo que captó la atención de Sol.

—¡Claudia! ¡No sabía que estarías aquí! —dijo Sol en un tono similar.

Por segundo día consecutivo, Luke se vio sorprendido por un aspecto de la personalidad de su pareja que aún no conocía.

Su inglés se había vuelto más ruidoso. Sus afirmaciones de repente sonaban como preguntas y su acento se había convertido en puro uptalk californiano.

Era como si fuera una Sol diferente, una a la que no había conocido antes.

Pero, a diferencia de su faceta de viajera frecuente, a Luke le cautivó esta Sol versión California Girl .

—Pero claro que has venido —añadió Sol.

—Vengo todos los años. ¿Tú no? —dijo la mujer llamada Claudia, abrazando a Sol y observando a Luke con mirada apreciativa.

—Este es el primer año que vengo desde que me fui de LA, de hecho —explicó Sol—. Está tan lejos de Londres...

—¡Tonterías! Pero tienes que presentarme a este bombón de hombre que tienes al lado —dijo Claudia.

—Es mi pareja, Luke. Es detective privado —dijo Sol—. Luke, esta es Claudia Hopkins. Fue mi editora y jefa en Performance Weekly, donde sigue trabajando como editora ejecutiva.

—Encantado de conocerte —dijo Luke, yendo a estrechar la mano de Claudia. Pero ella lo ignoró, dándole un golpecito en el hombro con la punta de su bolso de fiesta en su lugar.

—¡Madre mía! ¡Ese acento! —dijo Claudia en un tono aún más alto—. ¡¿Por qué no me dijiste que venías y que tenías un novio británico que está para morirse?!

—No es mi novio —dijo Sol—. Luke es mi pareja.

—Lo mismo me da. ¡Con razón no quieres irte de Londres! —continuó Claudia. Luke empezaba a molestarse por su personalidad descarada y por el hecho de que percibía la incomodidad de Sol—. Y has dicho que es detective privado... Eso suena picante.

—Luke es copropietario de una agencia en Londres con una tasa de éxito bastante alta en casos de entretenimiento de alto perfil, la verdad —dijo Sol.

—¿Ah, sí? —dijo Claudia—. Es una pena que estés tan atada a Londres, porque acaba de quedar libre el puesto perfecto y te lo ofrecería ahora mismo.

—Ahora tengo curiosidad —dijo Sol. Luke pudo verla pensar tras un velo de perfecta compostura e indiferencia.

—Travis por fin se jubila —dijo Claudia—. Y buscamos a un crítico de televisión con experiencia y un punto de vista muy personal para sustituirlo. ¡Y, por supuesto, pensé en ti de inmediato!

—Gracias. Eso es tan... —Sol estaba al parecer demasiado nerviosa para encontrar las palabras adecuadas—. ¿Me enviarás la oferta de trabajo para que le eche un vistazo? Suena muy... interesante.

—Te la mando ahora mismo. —Claudia sacó su iPhone gigante y unas gafas de lectura igualmente grandes y llamativas de su minúsculo bolso de mano y empezó a teclear—.

Ya está, enviado. Pero el puesto va a ser en Los Ángeles —Nueva York, tal vez, para el candidato adecuado— y no estoy segura de que quieras perder de vista a este bombón.

Sol soltó una risa falsa e incómoda. Luke la imitó, aunque notaba que el cuerpo de ella se ponía rígido.

—Escucha, tenemos que ir a por una copa, porque no puedo aguantar estas cosas sobria, pero me alegro mucho de habernos cruzado contigo —dijo Sol, con su deje californiano al máximo—. ¡Y gracias por pensar en mí!

—¡Tonterías! Nos estarías haciendo un favor. ¡Pero no os podéis ir todavía, porque no os he contado todo el cotilleo!

—¿Qué cotilleo? —Luke veía que Sol estaba llegando al límite de su escasa paciencia con Claudia, aunque la editora le estuviera ofreciendo un trabajo.

—Simon. Smith. Ha. Desaparecido —dijo Claudia, acercándose a ellos y exagerando la pronunciación de cada palabra—. Se rumorea que volvió a cabrear a alguien con una de sus críticas incendiarias y que por fin le han dado lo que llevaba años buscando.

—¿No querrás decir que alguien lo ha hecho desaparecer porque ha puesto verde su película? —preguntó Luke, lleno de curiosidad.

—¡Míralo, sexy y astuto! —dijo Claudia, chocando de nuevo su bolso contra el hombro de Luke y mirándolo con unos ojos que casi podrían describirse como embelesados—.

Pero de verdad deberíais leer lo que escribió sobre Haughty Horizons .

Yo lo habría matado si hubiera dicho eso de una película que hubiera escrito y dirigido después de pasarme diez años desarrollándola como ha hecho Victor Lago.

—Vaya, sí —dijo Sol—. Había olvidado que llevaba una eternidad con ella.

—Pero basta de Simon. ¿Dónde os conocisteis vosotros dos? —Claudia cambió de tema de repente, justo cuando la cosa se ponía interesante.

—En Londres, por supuesto. Pero vamos a ir a por esa copa ahora. Me ha encantado verte —dijo Sol, poniendo un fin abrupto a la conversación. Agarró a Luke del brazo y lo alejó de la editora en dirección a la barra.

—¿Por qué nos alejamos de la mujer que podría habernos dado más información sobre Simon Smith y que te estaba ofreciendo un trabajo? —le susurró Luke al oído a Sol, guiándola entre el mar de gente con un brazo alrededor de su cintura.

—¡Porque no soporto a esa mujer! —Sol le rozó el cuello con la nariz mientras hablaba.

—Te estaba ofreciendo un trabajo. —Intentó sortear a los famosos que llegaban y a sus considerables séquitos que los rodeaban por todas partes.

—Y le echaré un vistazo, pero ella es literalmente una de las razones por las que odio tanto su profesión, así que perdóname si te digo que si ella va a ser mi jefa otra vez, la oferta no suena muy tentadora —dijo Sol—. Y eso ha sido antes de que dijera que tendría que volver a mudarme aquí.

Luke siempre la había apoyado en lo que respectaba a su carrera, pero tenía que admitir que a él tampoco le gustaba la idea de un trabajo que la alejara de Londres. Aunque el puesto, para él, sonaba perfectamente bien y no quería ser el motivo por el que ella no se lo planteara.

—Parecía tener información sobre Simon —continuó susurrando Luke al oído de Sol mientras seguían avanzando hacia la barra.

—Estamos en una sala llena de periodistas.

Va a ser fácil encontrar a otra persona que se vaya de la lengua.

Las noticias vuelan en este sector y lo mejor es que ni siquiera tienes que sacarle la información a la gente.

Probablemente todo el mundo esté ya borracho y les encanta cotillear.

La comida no solo no es buena, y no te recomiendo probar nada, sino que para empezar no hay mucha.

Pero todo el mundo sabe que hay alcohol gratis de sobra —dijo Sol—.

Además, esa mujer me estaba sacando de quicio todavía más de lo habitual. Se te estaba echando encima.

Luke no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción.