El admirador inglés #6
—Ese hombre que te dio trabajo, que es amigo del marido de tu prima. Lo sé todo. Ítalo me lo dijo y te juro que lo mataré si ese inglés intenta venir por ti a Italia.
—Por favor, no sé de qué hablas.
—De Ron Stratford, Ítalo dijo que ese maldito había comprado anillos y estaba preparando una gran boda contigo. ¿Dormiste con él?
—No. no. Por favor, es un caballero y sólo me ayudó al rebajarme el horario. Soy su asistente. Deja de acusarme de algo que no hice. Huid e ti porque nuestra relación no era lo que yo quería en mi vida. Por eso te dejé, no fue por esas fotos de tus amigas rameras.
Él la miró.
—Me abandonaste luego de prometer que serías mi esposa, luego de conquistarme y hacer que muriera de amor de ti.
No voy a perdonarte nunca eso, pero como no puedo vivir sin ti, no me importa arrastrarme y llevarte conmigo, aunque no quieras.
Porque tú eres mía y no permitiré que me abandones de nuevo.
Nunca más tendrás libertad, no dejaré que te marches y si me denuncias o intentas algo…
—Estás loco.
—Ríndete preciosa, te he encontrado y estoy fuera de sí. Ese hombre planeaba hacerte suya, fue él quien hizo que Ítalo te raptara no yo… no fue mi culpa. Pero te vi y me enamoré de ti.
—¿Hablas de Ron Stratford? Estás loco. Nunca vi a ese hombre antes, no lo conocía.
—Pero Ítalo vio tus fotos y se las envió. Él buscaba esposa, necesitaba una esposa para cobrar su herencia, ¿lo recuerdas?
Sí, lo recordaba, pero nunca supo que era su jefe.
—Estaba furioso porque un italiano le robó a quien sería su esposa y te buscó, te buscó, pero Ítalo no le habló de mí, él no sabía quién tenía a su chica, pero sabía que la había perdido.
Y ahora por una fatalidad del destino tú te acercaste a él, te metiste en la boca del lobo sin saberlo.
Tu prima quería buscarte un marido millonario luego de enterarse que estabas embarazada.
Sí también sé lo del bebé y por eso estoy así de furioso.
—¿Cómo lo supiste?
—Ítalo me lo dijo. Creíste que te había salvado, pero tú no habrías podido escapar si yo no hubiera pagado mucho por ti, por tenerte. Pero no fue dinero, fue por nuestra amistad.
—Eres amigo de ese hampón?
—Sí. Pero eso ya no importa, él no es ese demonio que tú imaginas, de haber sido malo habría secuestrado también a tu hermana, a tus compañeras de piso.
No lo hizo. Se vio obligado a secuestrarte para complacer a un viejo cliente.
El inglés le ofreció mucho dinero y tengo pruebas, tengo pruebas de que no miento.
Él necesitaba una esposa con desesperación, pero el cretino exigió que no fuera una ramera y debía ser guapa y virgen.
Y ahora esperaba convencerte con la ayuda de tu prima de que te casaras con él.
Ibas a caer en su red, con el tiempo lo harías.
Él se hacía el caballero por supuesto, el hombre triste que necesitaba los cuidados de una esposa.
Irina se sintió enferma, no podía creer que… su prima le ofreció ayuda, pero era cierto que la estaba empujando a los brazos de su jefe, ella los presentó y le consiguió ese trabajo.
—Mi prima sólo quiso ayudarme, conocía mi situación. Tú nunca quisiste ser padre, Alessio.
—No me lo dijiste, ¿me abandonaste por eso? porque pensabas que no quería al bebé? cómo puedes pensar eso de mí? crees que no tengo sentimientos? Yo te hice ese bebé, es mío también y tú se lo ibas a entregar a ese inglés maligno y cruel que sólo quería cobrar su herencia maldita.
—Estaba asustada, tuve miedo, quería recomenzar. No fui a Italia para terminar convertida en la chica paga de un millonario, no era esa la vida que soñaba para mí. Tengo un título de administración quería labrarme un porvenir y tu amigo y tú lo arruinaron todo.
—Ahora es tarde para eso, volverás a Italia conmigo porque yo te compré y me perteneces. Pero no soy un hombre malo, no soy insensible, te convertiré en mi esposa y nunca más te dejaré escapar. Tú eres mía, me perteneces.
—No me compraste, deja de decir eso, nunca estuve en venta.
—Pero ibas a ser entregada al inglés, estuviste a punto de ser llevada a Londres.
¿Crees que él habría sido mejor marido que yo?
¿sabes lo que le gusta hacerles a las chicas?
Las ata y les pega con un látigo mientras él se queda sentado en su sillón como un bastardo que disfruta viéndolas sufrir.
Y no me mires así, es verdad, no lo inventé, Ítalo me lo dijo.
—Bonitos amigos tienes tú. Y tu amigo iba a entregarme a un verdugo por unos cuantos cientos de miles de dólares.
—Pero yo te salvé, te salvé de caer en las garras de ese malnacido y tú queriendo ser independiente, por huir de mí fuiste derecho a meterte a la guarida del lobo. ¿Crees que fui malo contigo? Jamás te haría daño, preciosa, nunca te hice nada malo, pero tú…
—NO me sentía cómoda tus amigos no dejaban de pensar que era tu ramera y al final yo me sentía así.
—Te pedí matrimonio, quise darte un lugar, sólo quería que fueras mía para siempre, sólo mía. Porque te amaba, yo te amaba y lo supe luego de perderte, me volví loco. Tú no sabes lo que sufrí, no lo puedes ni imaginar.
—Yo también sufrí, deja de creerte el centro del mundo.
—¿Sufriste? ¿Y por qué no contestabas las llamadas? ¿Por qué no dejaste que tu hermana me dijera dónde estabas?
—Te pedí tiempo, te pedí tiempo y tú no querías dármelo.
—Tiempo para qué? Te fugaste con un bebé en tu barriga, pudo pasarte cualquier cosa.
—MI prima me ayudó, ella fue muy buen conmigo.
—Pero quería entregarte en bandeja a tu jefe.
—¿Cómo diablos sabes eso? ¿Acaso escuchabas mis conversaciones con ella?
—No. Pero Ítalo dijo que ustedes fueron todos juntos a una fiesta y a cenar, y que su marido conocía bien a Stratford. Imagino que luego de enterarse de tu embarazo iba a casarte con ese hombre.
—Pero yo no iba casarme con él, eran cosas de mi prima que es muy casamentera y sólo quería ayudarme.
Nunca di mi aprobación ni tampoco… sólo fuimos a cenar una vez todos juntos y almorzamos, nada más.
No hubo más que una conversación y creo que exageras, él no iba a decirme...
¿Cómo sé que eso es verdad? Ítalo es un granuja, ¿tú realmente le crees?
—Es un granuja, pero no miente, él dijo que fue Stratford quien te compró y me parece extraño todo esto, hasta he pensado que fue armado por él para separarnos.
Esa exnovia que te llamó, no sé quién le dio tu número, hacía años que no la veía y se apareció de repente por mi casa, como si nada.
Alguien la mandó para separarnos y sospecho que fue ese chiflado que envió a su gente a Italia a buscarte luego de que Ítalo dijo que te habías fugado del hotel donde te tenía prisionera.
Llegaron al aeropuerto, pero Irina no pudo avisar, Alessio no la dejó. Aunque parecía más calmado luego de su conversación todavía estaba nervioso. Tenso.
No dijo nada, dejó que la llevara y le hizo creer que casi la estaba raptando, pero en verdad estaba feliz, tan feliz de que la hubiera encontrado. Casi lo estaba esperando porque esa vida tampoco la satisfacía, no era como lo habría querido, no sin él.
Pero Alessio estaba enojado con ella, ofendido, y durante el viaje ella le dijo que debía avisarle a su prima.
—No, no lo harás, de ahora en adelante me obedecerás. ¿Has comprendido?
Ella lo miró sorprendida pero no bromeaba, hablaba en serio.
—Te di demasiada libertad, confiaba en ti, y ese fue mi error. No volverá a pasar.
—¿Por qué me dices eso? Tenía derecho a alejarme de ti. Tenía derecho a escapar.
—Y si querías terminar nuestra relación por qué me dijiste que me amabas? ¿Por qué dijiste que serías mi esposa? ¿Y por qué rayos conservaste ese bebé en la barriga si no pensabas regresar a mi lado?
—Amo a este bebé, es el fruto de nuestro amor, nunca pensé en quitármelo, aunque me asusté mucho porque no estaba lista para ser madre.
—Tienes una forma rara de querer, preciosa. Pudiste al menos decirme que estabas embarazada, decirme que estabas bien y a salvo con tu prima. Estos dos meses han sido una tortura para mí, un horrible tormento.
—Pensé que me dejarías ir, que me olvidarías. O que te enfadarías si te decía que estaba embarazada.
—No soy un hombre perverso, tengo sentimientos, tenías mi corazón, me lo arrebataste, pero ahora no es lo mismo. Está hecho pedazos por ti y tardará mucho en sanar, yo también estoy roto y tendrás que pagar por lo que me hiciste.
—¿Pagar? ¿Entonces me secuestras para vengarte?
Él no le respondió. Pero la miró con intensidad, todavía la amaba, pero estaba herido, estaba furioso y podía entenderlo. Ahora sabía cómo se sentía y comprendió que había cometido un error.
—Lo siento, siento haberme ido. Perdóname no quiero que me odies, no puedo… no podría soportarlo. Por favor.
Él le robó un beso y en ese beso ardiente ella comprendió que todavía la amaba, que no la había olvidado, pero estaba herido, estaba furioso y tenso, muy tenso por ese encuentro.
Y a pesar de sus palabras, de su promesa de vengarse Irina pensó que se le pasaría, que estaría enfadado con ella unos días, pero luego entendería sus razones.
No imaginó que al llegar a Italia la llevaría a Roma a una villa de un barrio privado con jardines y muchas habitaciones. Un lugar precioso cerca del lago de Como. Su nuevo hogar.
Allí estaban sus cosas, su ropa, sus fotos y los suvenires de Italia.
—Este será nuestro hogar ahora, princesa, tu nuevo hogar y también tu cautiverio. No podrás salir de aquí sin mi permiso y no te daré permiso.
Ella lo miró confundida y exhausta.
—Ven, descansa. Te ves muy pálida. ¿Has ido al doctor por el bebé?
Irina asintió.
—Todo está bien, es un niño sano.
—Es un varón?