El admirador inglés #7
—Todavía no lo sé, no me dijeron, no pudieron ver porque siempre estaba de costado con las piernas cruzadas.
Él la llevó al comedor y habló con una mujer para que le sirviera el almuerzo.
Pero no la abrazó ni la besó como esperaba, se alejó de ella y dijo que más tarde la llevaría al hospital para que la examinaran.
Ella lo miró con ansiedad y luego, mientras esperaba buscó su bolso para llamar a su prima.
—No usarás celular. No podrás llamar a nadie, no hasta que yo te dé permiso, pero descuida, he avisado a tu prima y también a tu hermana. Les dije que estás bien y que vamos a casarnos pronto.
Irina se puso colorada.
—¿Casarme contigo?
—Sí, te casarás conmigo. Aunque no quieras. Ese niño llevará mi apellido y tú también, porque eres mía, ¿recuerdas?
—No me hables así, yo también he sufrido.
—¿Pensabas que escaparías de mí que podrías casarte con el inglés y traicionarme?
—¿Casarme con el inglés? Nunca me lo pidió ni yo habría aceptado, era sólo mi jefe. ¿Cuántas veces debo decírtelo?
Él se acercó y la miró furioso.
—Estaba conquistándote, tratando de embaucarte haciéndose el jefe buenito.
—Pero yo no pensé nunca en tener algo con él, ¿me crees tan interesada?
No dejaba de pensar en ti. Todo el tiempo.
por favor, deja de ser tan cruel conmigo, no necesitas amenazarme ni decirme que te pertenezco.
Yo nunca te olvide, ¿me escuchas? Nunca pude olvidarte Alessio.
Iba a llamarte hoy, iba a hacerlo, ya no podía más.
Mira mi celular, tengo todas nuestras fotos, tus mensajes, no borré ninguno.
Y hasta disqué tu número varias veces, pero no me atrevía pensaba que a lo mejor me habías olvidado.
—Pues te tomaste mucho tiempo para darte cuenta, casi me vuelvo loco por ti. ¿Por qué me hiciste esto? Te busqué por todos lados y al final tuve que recurrir a la mafia, no me dejaste opción.
—Tenía que escapar de ti, tenía que saber lo que sentía, sentirme segura.
Enamorarse es un proceso y pensé que no querrías al bebé, quise proteger a mi bebé.
pensé que no… pensé tantas cosas. tuve miedo también.
Mi familia no podía saber que estaba esperando un bebé siendo soltera por eso me fui a Londres. Mi prima me pagó el pasaje y me ayudó.
—Te quería a ti por entero, con uno dos tres bebés en la barriga, no me habría importado. ¿Crees que te habría obligado a abortar? Si yo quería que fueras mi esposa, y sabía que tú querrías tener hijos algún día.
—Y esas fotos, esas chicas me hicieron sentirme peor que nunca, como una aventura, una más de la colección.
—No. Nunca fuiste una más, eres especial para mí, eres mía pero las cosas cambiarán ahora.
Nada será como antes. Y no dejaré que vuelvas a irte a Rusia ni a Londres ni a la China, nunca más.
Tendrán que venir a verte, no dejaré que salgas del país.
Y no intentes escapar, porque esta casa tiene guardias de seguridad y todo está filmado. Hay alarmas por todas partes.
—Estás chiflado Manfredi, ¿realmente crees que es necesario todo esto?
—No lo sé, puedes cambiar de opinión, pero como mi esposa y con un hijo mío en tu barriga no podrás irte por ahí de viaje sin mí.
—Y crees que querría hacerlo?
La llegada del almuerzo arruinó ese acercamiento.
Su novio italiano estuvo muy molesto ese día y el siguiente.
Pensó que se le pasaría cuando hicieran el amor cualquier noche de esas, pero se equivocaba.
Alessio la llevó a una clínica privada días después para que la examinaran y aguardaron silenciosos sin hablarse. Irina estaba cansada por el cambio de aire y su estado y él también parecía estar exhausto. Pero no se separó de ella ni la perdió de vista y cuando entró a la consulta él fue con ella.
La doctora que la atendió le hizo muchas preguntas sobre su embarazo y ella tuvo la suerte de mostrarle la cartilla con todos los resultados al día de su atención en Londres.
—Está todo bien al parecer, debe usted seguir tomando vitaminas y hacerse más exámenes. Quisiera realizarle ahora una ecografía.
—Sí, por supuesto.
Y tras decir eso le pidió que fuera al otro consultorio.
Alessandro la ayudó a sentarse y luego ambos vieron la pantalla su bebé mientras la doctora hacía medidas y una empleada anotaba todo en su portátil.
—Aquí está, es un niño sano y grande para el tiempo que tiene.
—Doctora, ¿es un varón?
La doctora pareció desconcertada.
—Es que no me fijé eso, disculpe, dije bebé. ¿Quiere saber el sexo de su niño?
Irina asintió entusiasmada.
La doctora le pasó el aparato y lo movió por su vientre con ese gel frío
—Aquí está, mire, tienes las piernas abiertas y no deja de moverse para todos lados. Eso es bueno, muy bueno. Es un varón.
Irina se emocionó, un varoncito y sabía que sería igual a su hombre, un calco. Deseaba tanto ver su carita, tenerle en brazos.
Él se acercó y la abrazó y le dio un beso apasionado pero fugaz. Fue un momento tan especial para los dos.
Una nueva vida comenzaba y ese bebé los convertiría en una familia, pero lo más importante fue sentir que él la amaba, todavía la amaba, la amaba con locura y nunca la dejaría ir.