El admirador inglés #3
Él la había despertado, lo mejor de todo fue el sexo y lo sabía, pero para ella fue mucho más que sexo y sin embargo se moría por hacerlo con él, de estar con él. Aunque hiciera muchas cosas en el día y se mantuviera ocupada no sólo con el nuevo trabajo, sentía que le hacía falta.
—Irina, ¿por qué no hablas con él? ¿Por qué no le das una oportunidad? Ambos están sufriendo y él es el padre del bebé. por lo menos dile que estás esperando un hijo.
—Ya tomé una decisión, Ketzia. Ya lo hice.
—Aunque te mueras de dolor. Vamos, no puedes ser tan orgullosa. Si le dices donde estás, si le cuentas del bebé irá corriendo.
Irina dijo que no le dijera nada.
—No lo hagas, por favor. Respeta mi decisión.
Ketzia suspiró.
—Es que no te entiendo, de veras.
—Él no querrá al niño y yo no quiero volver a ser su prisionera.
—¿Por qué piensas eso? ¿Por qué estás tan segura? Si te ama querrá al bebé también.
—Tú eres una romántica, Ketzia, los hombres como él no piensan así. Por favor, promete que no dirás nada.
—No necesito prometértelo. Él lo sabrá tarde o temprano, está como un loco buscándote y me extraña que ya no esté allí.
—¿Por qué lo dices? —la voz de Irina sonó alarmada.
—Está moviendo cielo y tierra, es como el juego del gato del ratón supongo: tú escapas y él te busca hasta que atrapa. Tú eres el ratón: corres y corres y haces lo que sea por huir del gato, pero el gato es muy listo y te encontrará.
—No dejaré que me encuentre.
—Como digas, aguarda, no cortes, quiero avisarte de algo.
—¿Qué ha pasado?
—Acabo de hacerte un giro. Fue mucho dinero el que me enviaste la primera vez, he invertido una parte, pero ahora el negocio va muy bien y tú necesitarás mudarte, nacerá el bebé en unos meses.
—Ketzia no…—Irina se sintió alarmada—No quiero ese dinero, sabes que no lo quiero.
—Sí, sé que te fastidia cada vez que te digo de mandarte dinero, pero no sé qué pasará cuando nuestra prima sepa del bebé, puede disgustarse. Sé realista por favor, Annie es muy conservadora. Puede que no le agrade saber que estás esperando un hijo, soltera.
—A la prima no le afectará, ella me quiere, somos como hermanas.
—Pero ahora es de la alta sociedad, su marido es muy rico y puede que no le guste. por su honor y esas cosas. Así que te he enviado el dinero a tu cuenta y te ruego que no me lo devuelvas, acéptalo. Guarda ese dinero pues puedes necesitarlo y es tuyo, te lo dio tu novio para que lo usaras.
—No me lo recuerdes.
—Ay Irina, tú lo quieres.
—Tampoco me lo recuerdes.
Irina lloró luego de hablar con su hermana.
Lloró de rabia y porque estaba deprimida.
Aunque día a día hacía las cosas y trataba de mantenerse activa siempre pensaba en él y le dolía, diablos, no imaginó que le dolería tanto separarse del italiano.
estaba enamorada, realmente lo estaba. Pero tenía que resistir, tenía la oportunidad de recomenzar y no estaba jugando como creía su hermana. Para ella no era un juego y punto.
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Semanas después se miró en el espejo y tembló pues notó que su vientre se notaba y aunque usara ropa holgada sobresalía por su propia delgadez. Pues había adelgazado, pero tenía barriga.
Y su prima fue la primera en notarlo una mañana mientras se preparaba para irse al trabajo.
—Irina—dijo alarmada entrando en su habitación.
Se detuvo y la miró, estaban solas por eso le preguntó pues ella solía evitar hablar asuntos privados de la familia frente a su esposo y solían hablar allí.
—¿Qué?
Ella miraba su vientre que se notaba porque ese vestido corto tan lindo le quedaba más justo por eso mismo.
—Irina, tienes barriga. ¿no estarás…? —le preguntó con cara de espanto.
Irina asintió.
—Estoy esperando un bebé, prima, por eso me fui de casa ese día. Siento no haberte dicho antes, es que no me animé.
Su prima la miró espantada, era terriblemente conservadora.
—¿Fue ese novio italiano con el que dejaste? No puede ser.
—Sí, ese, el mujeriego. Fue en un descuido. —dijo y se alejó nerviosa, no le gustaba la forma en que la miraba Anastasia y temía que se enfadara y la echara. Sabía que no lo haría, era muy buena, pero…
—¿Y cuánto tienes de embarazo?
—Ahora más de cuatro meses y medio. Se cuenta por semanas, estoy en la semana dieciocho. Ya se me nota demasiado.
Cómo pasaba el tiempo. Había llegado a Londres y el tiempo había volado. Su familia se había mudado, y Katia había abierto una tienda de comida casera para turistas y le iba muy bien con eso.
—Oh dios mío, no lo había notado. Qué torpe soy.
—Yo lo disimulé bastante usando ropa delgada. Pero ahora he engordado un poco y no tengo como esconderlo. Lo siento.
— ¿Y qué harás? Necesitas un marido urgente, Irina.
—Por favor, Anastasia, no estamos en Rusia. Aquí eso no importa, nadie se fija.
Su prima la miró sonrojada, escandalizada.
—Pero ¿qué harás tú sola con un bebé? ¿Por qué no …?
—¿Por qué no me lo aborté? ¿Eso quieres saber?
Anastasia se disculpó.
—No quise decirlo así. Disculpa, pero a veces es la mejor solución. Si no tienes esposo o algo que ofrecerle al bebé.
—Yo nunca lo haría, tú me conoces. Además, yo quiero a este bebé, es como el fruto de mi amor por Alessio y todavía lo amo, sabes… no he podido olvidarlo, no logro quitármelo de la cabeza. Lo amo a pesar de todo lo pasó, yo lo dejé sabes, me fui, lo abandoné.
—¿Y él sabe del niño?
—No. nunca le dije. Porque peleamos antes de eso. Descubrí que me había mentido y me enojé, ya me conoces.
—¿Y no lo perdonaste al menos por el bebé?
—Él no quería tener hijos, Anastasia, no quería algo serio. Sólo salir y divertirse.
La cara de su prima se tensó.
—¡Qué desgraciado! Olvida a ese hombre. Yo te buscaré un esposo.
—¿Un esposo? No, no quiero un esposo. ¿Qué dices? ¿Acaso piensas ir a una tienda y comprarme un marido?
Anastasia se rio.
—Pues estás de suerte. Hay un candidato. Tu jefe busca esposa. Es un buen candidato. ¿No te gusta él? Es muy buen tipo, realmente. Tranquilo. Sin vicios. Muy ordenado y no sale con zorras.
—Mi jefe es mi jefe, nada más.
—¿Te agrada o no?
Irina se sonrojó.
—Ni siquiera me mira. Por favor, deja de fantasear. De ser la Celestina. Te lo agradezco, me divierte, pero no es real. Las cosas no pasan así.
—Irina, despierta, ese hombre es decente, guapo y millonario y necesita una esposa. Quiere casarse, me lo dijo hace tiempo y creo que tú le gustas, pero no se anima a hablarte.
—¿Que yo le gusto? ¿Y qué te hace pensar eso?
—Porque se lo dijo a John hace días. Le habló muy bien de ti, pero además dijo que eras preciosa pero no se animaba a invitarte a salir porque bueno, es tu jefe y tú su asistente. Teme que lo demandes por acoso si lo haces. No lo hará si tú no muestras un poco de interés.
Irina se puso colorada al recordar sus miradas. Era discreto, y a veces conversaban, se quedaba después de hora charlando. Pero realmente no lo esperaba. Ese hombre era un hombre fino y educado. Muy distinto al italiano.
—¿Hablas en serio? —Irina no lo podía creer.
—Sí, hablo muy en serio Irina. No bromeo. ¿Crees que lo he inventado todo?
—No pero tal vez exageras.
—No exagero, él quiere una esposa y tú le gustas. Tienes chance de conquistar a ese jefecito y convertirte en su esposa. Con el tiempo y un pequeño empujón…
—Ay prima, tú sueñas. Creo que te precipitas. Nunca me ha dicho nada y siempre es muy correcto, es un hombre muy serio.
—Claro que lo es, es sir, acaba de heredar el título de sir y de conde luego de fallecer su tío.
—¿De veras?
—Y está para ti, no lo niegues. Te vio y se enamoró creo. Es magia cuando eso sucede, si tienes un hombre como él y ocurre eso, no lo pienses dos veces.
—Pero ni siquiera hemos hablado, bueno yo sí le he contado de mi vida, pero él es muy reservado.
—Es inglés. Es un poco frío, pero no te dejes engañar.
Parecen fríos sí, pero son educados, su educación es muy estricta y enfocada a hacer lo correcto siempre y a reprimir las emociones.
Por fuera son fríos, eso quise decir, pero por dentro son muy cálidos y buenos.
Mi esposo es un hombre increíble. Y creo que él aprueba que John te invite a salir, piensa que harían una bonita pareja.
Irina no estaba segura de eso, le parecía tan precipitado todo.
Pero su prima fue muy directa y de pronto le dijo:
— Estás esperando un bebé y tu vida se complicará mucho más cuando nazca. Sé más astuta. Eres muy hermosa, educada y necesitas un marido.
—No estoy desesperada por casarme. Sólo me mudaré en cuanto pueda, el mes próximo…
—OH nada de eso. Te mudarás cuando te cases con Stratford. Ese hombre tiene mucho dinero, no te imaginas. John es rico sí, muy rico, pero Ron es el heredero de una fortuna inmensa. Y busca esposa.
—¿Y por qué dices que busca esposa? Ha de tener muchas mujeres que mueren por salir con él. Ningún millonario busca esposa, son las mujeres las que buscan hombres millonarios.
—Pero él no es fácil de contentar y, además, tuvo una novia hace tiempo y después de eso ha estado solo. Pero deja que yo le dé un empujoncito.
—¿Qué? No, por Dios, no lo hagas.
—Vamos, no seas boba, debes demostrarle interés. Ningún hombre se te acercará si no estás abierta a una relación. Y ese hombre lo vale. Tú le gustas, le pareces una mujer dulce y preciosa. Yo te lo dije, pero tú me decías que no, no me creías.
—No resultará, ahora no puedo… acabo de separarme y no ha día que no piense en él… todavía me duele y …
—Pero él no quiere casarse contigo ¿o sí? Ni tampoco te convendría si quisiera ser tu esposo. Es un italiano mujeriego, infiel, y seguramente gritón y machista. Son todos iguales. Gritan y gritan como unos salvajes. Tendrías que aguantarlo por el bebé y no te lo recomiendo.
Irina rio.
—Mi novio no grita, prima. Fue muy bueno conmigo y todo estaba bien, pero yo no me sentía cómoda en esa relación.