Vendida al mejor postor (Romance con el millonario mafioso italiano nº 1) El admirador inglés #2
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El admirador inglés #2

Ese hombre estaba loco por Irina, y tenía amigos en la mafia. ¿En qué estaba pensando su hermana para encamarse con ese hombre, y por qué diablos no se ató las trompas para no quedar embarazada?

Sabía por qué, sabía la razón y no podía culparla.

Se había enamorado de ese loco y sin embargo tuvo el coraje suficiente y la sensatez de hacer tripas corazón y dejarlo.

Pero no sería tan fácil, el italiano volvería y tendría que pedir ayuda a Vladimir y sus amigos.

No quería terminar vendida a un prostíbulo por su culpa.

Desesperada llamó a su hermana, pero ella no la atendió. Rayos. Tal vez estaba ocupada. Ya era tarde…

Suspiró y se acercó a la ventana y lo vio hablar con los hombres a la distancia, los hombres que habían estado vigilando su casa hacía días.

Esos galanes bien vestidos eran italianos.

Por supuesto, debió imaginarlo y trabajaban para Alessandro, no para Ítalo.

Él estaba espiando la casa porque estaba loco por su hermana, obsesionado y decía que era suya.

Que Irina le pertenecía y volvería con él, quisiera o no.

Y cuánto más se escapará y tardará en encontrarla más loco se pondría y más obsesionado.

Diablos, sintió pena por él, parecía sincero. ¿Pero realmente la amaba o la consideraba su propiedad? Si la amaba esperaría, si se ponía prepotente y trataba de tener a su hermana por la fuerza sería un cretino.

A lo mejor realmente creía que la había comprado.

Ella no quiso hablar de eso. Era un tema delicado y no había sido fácil para su hermana contarle.

Pero había un bebé en camino. Su hermana estaba esperando un bebé del italiano, eso lo cambiaba todo. aunque no hubieran tenido un buen comienzo…

Su hermano mayor entró en la sala.

—¿Quién era ese hombre, Ketzia? ¿Qué quería aquí?

—Es el novio de Irina.

—Pero Irina se fue Inglaterra, ¿terminó con él o no?

—Ese es el problema. Él quiere saber dónde está, quiere encontrarla. No quiere perderla.

—Pues si vuelve a molestar avísame, que le haré entender que no puede volver.

—No, no hagas eso. Irina se enfadará.

—¿Eso crees? Si le importara no se habría ido.

Ketzia no dijo nada, a veces era mejor callar. A su hermano no le haría gracia saber que su hermana estaba embarazada y sin esposo, más que darle una lección al italiano lo molería a golpes.

******

Irina llegó a Londres al anochecer y su prima Anastasia estaba allí junto a su esposo para recibirla. Su esposo era un guapo inglés rubio a quien había conocido cuando se fue a vivir con su familia hacía años.

Estaba agotada y tenía la cara horrible por haber llorado durante el viaje. Alessio realmente la había lastimado y esperaba que ahora pudiera vivir lejos y en paz, lejos de él.

—Te ves cansada, ven… —le dijo su prima.

Pero ese día no hablaron, le mostró el cuarto y la dejó descansar.

Ese día charló con su prima, pero no le dijo la verdad. Lloró esa noche antes de irse a dormir, no dejaba de pensar en Alessandro. Tenía el celular apagado y no quería ni pensar en lo que pasaría cuando él supiera que no estaba en casa de sus tíos, sino que se había ido muy lejos.

*********

Luego de recorrer Londres e ir de compras, pasear con su prima y su esposo supo que podría encontrar un puesto en la empresa de un amigo de John, de la firma Stratford y Wilton.

Irina se sintió muy agradecida con su prima por eso y por su hospitalidad. Logró salir un poco de su pena y distraerse, aunque no dejó de pensar en Alessio.

Llamó a su hermana esa noche, antes de irse a dormir para contarle las novedades.

—Irina, el italiano ha venido varias veces a preguntar por ti y nuestro hermano quiere darle una paliza.

—Qué?

—Sí, está desesperado dice que te ama y quiere que seas su esposa. Me lo dijo.

Irina sintió que su corazón se aceleraba.

—Lo dice porque lo planté supongo. Está desesperado por eso.

—Le importas, no digas eso. No finge, realmente quiere saber dónde estás. Dijo que no se rendirá.

—No le habrás dicho dónde estoy ahora, espero.

—Tranquila. No dije nada. ¿Realmente quieres terminar con él?

—No lo sé, todavía lo extraño y sufro, sufro mucho esta separación, pero sé que luego me sentiré mejor.

Ketzia, tú me conoces, eres mi hermana más cercana y sabrás que esa vida no es para mí.

creo que siempre salirme de eso, no me sentía bien…

sus amigos decían que yo era una ramera paga, me hicieron sentir horrible.

—Qué malditos.

—Y sé que sufriré un tiempo, sé que estaré mal pero luego… tengo una posibilidad de empezar de nuevo aquí, de trabajar y estar en un país lindo, tranquilo. Además, no puedo quedarme en Rusia con un bebé. Todavía me atormenta pensar qué haré sola con un hijo.

—¿La prima lo sabe?

—No. Todavía no se lo dije.

—Seguro que cuando sepa te consigue un marido enseguida.

—Como si fuera tan fácil.

—Ella está muy bien vinculada, tiene un marido millonario y amistades importantes.

—No quiero conocer un millonario, sólo quiero estar tranquila. Por favor, Ketzia, no digas nada del bebé.

—No lo haré. descansa. Relájate. Disfruta tus vacaciones, necesitas estar tranquila ahora, nada debe estresarte.

—Tengo que trabajar. La prima me consiguió un empleo.

Irina le contó y luego se despidieron.

Luego de hablar con su hermana se tiró a descansar y miró las fotos de Alessandro en su celular. Le había enviado un mensaje ese día con corazones diciéndole que la extrañaba, pero le daría un tiempo.

Tenía que ser fuerte, no podía ceder ahora. Si no lo veía, si no veía sus fotos podría olvidar y sin embargo no había sido capaz de borrar las fotos ni los videos de los dos juntos.

**********

Irina se presentó a trabajar días después, cuando estuvo más repuesta del viaje.

Había pasado la entrevista inicial y ahora conocerá a su jefe.

No podía creer su suerte. Le habían avisado que el puesto era suyo y tenía que presentarse a trabajar.

La paga era muy buena, mucho más de lo que le pagarían en su país y sólo tenía que llevar la agenda de su jefe, anotar llamadas y organizar las citas del día. Poca cosa.

Entró en su despacho algo nerviosa. Sabía que era muy amigo de John el marido de su prima y a lo mejor la había tomado para hacerle un favor.

Un hombre alto y atractivo esperaba sentado detrás de un escritorio antiguo y pintoresco.

No esperaba que su jefe fuera tan guapo ni que la mirara de esa forma tan intensa. Su mirada la hizo sonrojar al instante. Su cabello castaño muy corto y los ojos muy azules y de mirada profunda la desconcertaron. Era muy guapo, demasiado. Y de pronto se sintió como una tonta, se ruborizó.

—Buenos días, señorita Petrov—bienvenida a la empresa—dijo y le tendió la mano cordial.

Se llamaba Ron Stratford y su prima le dijo que era soltero y millonario. Y buscaba esposa. Eso le dijo adrede, porque era una casamentera consumada.

Al conocerlo se preguntó por qué un hombre tan agradable necesitaría una esposa. Pensó que era mentira y que su prima casamentera quería encontrarle un marido rico para que resolviera todos sus problemas. Como si eso fuera tan fácil.

Sonrió y respondió al cordial saludo de su nuevo jefe y luego cuando él le preguntó por su anterior experiencia laboral ella le habló de su viaje a Italia y él la escuchó con atención y cierta curiosidad mientras tenía frente a él el mismo currículo que le había enviado a su prima por mail días atrás.

—¿Y ha viajado desde Italia? —preguntó sorprendido mirándola de esa forma que le cohibía.

No era sencillo hablar de su viaje a Italia, no quería hacerlo. Italia había sido una experiencia buena al principio, pero tenía un final triste. Rayos. No quería hablar de ello, pero tuvo que hacerlo. Él no sabía nada, no podía ni imaginar.

—No… Es que regresé a Moscú y luego decidí probar suerte aquí.

Como una prófuga de la justicia casi. Huyendo de un hombre que había jurado buscarla hasta en el infierno.

—¿Le gusta mucho viajar? Eso es bueno. Aunque temo que la vacante de asistente de viajes fue cubierta de forma reciente. ¿Le agrada el trabajo en público o prefiere algo más de oficina?

—Quisiera el trabajo de oficina.

Él dijo que no tendría problema y realmente fue un placer trabajar como su asistente en los días siguientes.

A pesar de los malestares matinales trataba de ser puntual pues sabía cómo eran los ingleses pesados con eso.

Además, estaba contenta pues su hermana acababa de decirle que Alessandro se había ido a Italia pues alguien le había dicho que ella estaba allí.

Una pista falsa que siguió, nadie sabe por qué.

Seguía buscándola, aunque no le contestara los mensajes, no perdía la esperanza. Ni ella tampoco podía sacárselo de la cabeza.

Katia le dijo que se mudaría la semana entrante a una casa con jardín pues con el dinero que le había dado y si vendían la casa podrían comprar algo mejor y espacioso.

Su hermana menor Anouk acababa de enterarse que esperaba un varón.

—¿Y tú cómo estás? —le preguntó.

—Bien, espero ahorrar algo para poder mudarme en un tiempo. No quiero abusar de la hospitalidad de la prima Anastasia—respondió Irina.

—Pero a ella le encanta que te quedes.

—No me siento bien abusando de su hospitalidad, soy la prima pobre y además no quiero que sepa todavía del embarazo.

—Tendrás que decirle. ¿Y no te ha llamado Alessandro?

—No, creo que se cansó de que no lo atienda o a lo mejor me olvidó.

—Eres cruel.

—Ketzia, basta.

—Él sigue buscándote. No te ha olvidado.

—Eso no lo sé.

—Te oyes triste.

—No, sólo estoy cansada, empiezo a sufrir los malestares de mi estado y tengo que trabajar.

—Irina, no es justo que trabajes embarazada.

—Tampoco puedo regresar a casa y disgustar a mamá. ¿Ella cómo está?

—Está bien, con la medicación marcha bárbaro. Siempre pregunta por ti.

—Tengo que hablar con ella.

—¿Entonces no lo has olvidado? —preguntó de pronto Ketzia.

—Claro que no. Pienso en él siempre. Por desgracia.

Y echaba de menos sus besos, la forma en que le hacía el amor. Estar con él. Esa separación era lo más doloroso que le había pasado en su vida. Pero tenía que ser fuerte.