El secreto de Irina #3
—No digas eso, vamos, piensa en tu bebé. ¿Qué vas a hacer ahora? Lo peor es que ese mafioso te encuentre y yo no creo que Alessandro sea su cómplice. ¿Por qué te llevaría a su casa, te haría regalos y te pediría que regresaras?
—Porque cree que le pertenezco, por eso.
—Porque fuiste su mujer y quiere que vuelvas, porque le importas. Te pidió matrimonio, tú lo dijiste.
—Es verdad.
–¿Y crees que un hombre le pediría eso a una mujer que sólo quiere tener para la cama?
—¿Acaso tratas de convencerme para que vuelva con él?
—No… sólo trato de armar este rompecabezas y entender.
Tú lo amas, lo dijiste. Y ahora estás embarazada, estás esperando un bebé, ¿qué será de ti si caes en esa mafia otra vez?
Te quitarán al niño y lo venderán, son terribles.
Piensa en él. Es hijo de tu novio, tú lo quieres y sé que estás triste por esta pelea.
—No soy nada para él.
—Bueno, pero tiene que responder por ese niño, él es un inocente y es mucho para ti para que lo puedas cuidar sola ahora.
—¿Y cómo sabes que responderá por el bebé? Ni siquiera sabe que estoy esperando un hijo.
—Pero no ha dejado de llamarte, vive pendiente de ti. No lo haría si no le importaras. Ten cuidado Irina, sé que eres orgullosa y brava, no quieres pedir nada, pero no estás en situación de escapar y enfrentar esto sola.
—Te equivocas, puedo alejarme rápido y pedir ayuda a los tíos, esconderme allí un tiempo. Tengo a nuestra prima Anastasia en Londres.
—¿Sí y después? Puedes esconderte un tiempo. Pero él vendrá por ti, estoy segura.
—Soy buena escondiéndome.
—Pero no podrás escapar. No saldrás ilesa. Ni puedes vivir huyendo.
Irina no dijo nada y siguió haciendo las maletas.
Huir de Ítalo era lo principal, que no la encontrara y recomenzar su vida con su hijo sola, en otra parte. Tenía contactos, no estaba sola, esos contactos todavía los tenía. En Italia se vio atrapada por Ítalo y luego Alessandro, pero eso se había terminado.
De cierta forma quería dejar esa relación, quería hacer algo por sí misma sin depender de un hombre. Su relación con Alessio era de amor, pero también de una dependencia atroz. Era su cautiva, su prisionera y no quería vivir así. Tenía su orgullo.
Por suerte para ella tenía a su prima Anastasia que vivía en Londres, que sabía la ayudaría, eran muy unidas, se habían criado juntas casi.
Ella se había casado con un hombre muy rico de forma reciente y sabía que la ayudaría a establecerse allí.
Era como una hermana y fue por ella que consiguió la beca en Italia y el contrato de trabajo.
lamentaba no haber aceptado antes su invitación a Londres.
Pero nadie podía saber que se iría a Inglaterra.
Habló con su prima ella encerrada en el baño.
Confiaba ciegamente en Anastasia, de niñas se habían criado juntas y eran muy cercanas.
Ella sabía lo del italiano, pero sólo una parte, pero sabía que podía llamarla si algo salía mal.
En verdad que era la única que podría ayudarla en esos momentos, la única a la que podría acudir sabiendo que no le diría que no.
—Irina. ¿Cómo estás?
No tardó en darse cuenta de que algo muy malo pasaba. Irina le contó que había peleado con Alessio y necesitaba esconderse un tiempo y trabajar en Londres.
Anastasia no le hizo preguntas y dijo que contara con ello. Que su esposo tenía un amigo que buscaba secretaria joven que supiera idiomas y estuviera dispuesta a viajar. Aunque no tenía por qué viajar.
Irina sintió que le volvía el alma al cuerpo. Su prima lo resolvió en un momento.
—Aguarda, deja que haga unas llamadas, pero sé que un amigo muy cercano a mi esposo necesita secretaria. ¿Puedes enviarme una fotografía y tu currículo ahora?
—Lo haré, por supuesto.
Irina lo hizo y sólo le llevó un momento arreglar todo.
—Bueno, todavía no me contestó, pero si no es el amigo de mi esposo, John puede darte trabajo, conoce a mucha gente aquí. Y mejor será que te quedes unos días. ¿Estás dispuesta a viajar ahora, en unas horas?
—Sí, por favor, cuanto antes.
—Bueno, deja que te reserve un vuelo en primera clase para esta tarde, veremos qué consigo.
Su prima debió imaginar que no tenía dinero y ella misma le pagó el pasaje.
—Voy a girarte un dinero ahora para que tengas.
—No, no es necesario, tengo algo de dinero.
—Ten cuidado por favor, lo que me dices me deja muy intranquila. Tal vez debas venir con tu hermana Katia por las dudas.
—Con Katia, ¿por qué?
—No puedes dejarla allí. Tráela también. Puedo encontrarle trabajo y será divertido tenerlas en casa. Extraño a mi familia ¿sabes?
—Es que no quería causarte molestias.
—No es molestia para nada, al contrario. Hace tiempo que me debían una visita. Siempre quise que me visitaran, pero no se animaban a venir.
Irina pensó que no podía llevarse a Katia ahora, mejor sería que se quedara pues de lo contrario podrían atraparla también a ella.
Sabía que se arriesgaba mucho yendo a Londres, que podían detenerla en cualquier momento y era mejor que su hermana no supiera donde estaba. Si la atrapaban al menos Katia estaría a salvo.
Hizo sus maletas y recibió la confirmación del vuelo para Londres dentro de dos horas. No había tiempo que perder. Debía llegar al aeropuerto y nadie podía verla salir de la casa. Esos hombres montaban guardia todo el tiempo, si la veían salir la seguirían.
Pero si se disfrazaba como su abuela, con la peluca blanca no la verían… rayos, no podía estar tan loca de usar ese disfraz.
¿Dónde diablo conseguiría una peluca de anciana? No tenía mucho tiempo.
Su hermana apareció entonces y supo lo que planeaba.
—Haré un viaje, Katia. Pueden atraparme en el camino, pero si quieres puedes venir conmigo.
—¿Ir contigo? ¿Pero a dónde?
—No puedo decirte ahora, no quiero que Alessio se entere. Si me atrapan todo habrá terminado, pero si viene a buscarme tú no podrás decirle porque no sabrás, nadie debe enterarse.
—¿Nos dejarás de nuevo? Yo no quiero quedarme aquí, tengo mucho miedo.
—Entonces ven conmigo, arriésgate. Puede salir mal, pero si me atrapan también te atraparán a ti y no quiero eso para ti.
Katia tuvo miedo. su hermana no quería decirle de su plan y lo entendía.
—Quédate, no te vayas. Regresa con el italiano. me atraparán a mí si se enoja. ¿Es que no lo ves? Si no te encuentra se enfurecerá.
—No volveré con ese hombre nunca, no seré su ramera nunca más. Prefiero quedarme sola y con un hijo a vivir esa vida. Tengo que hacerlo ahora, por mi hijo.
Su hermana la miró asustada.
—Llevas maletas—observó—¿Te irás muy lejos?
Irina asintió.
—Una amiga aceptó darme trabajo. Pero no te diré su nombre.
Llamaré, lo prometo, cuando todo esto pase…
Ese dinero que tengo en mi cuenta te lo pasaré a ti.
No lo quiero. Espero no necesitarlo jamás.
Pero sé que ustedes necesitan ese dinero, mamá está enferma y el dinero aquí nunca alcanza.
Olvida cómo llegó a mí y úsala, guárdala por cualquier cosa.
Quiero que se use con un buen fin, hacer un bien y tú lo administrarás bien.
Aguarda… haré la transferencia bancaria ahora.
—Pero Irina, no puedes irte sin dinero.
—Lo haré. No quiero nada de ese hombre ni que piense que usé su dinero. Ayuda a la familia, Ketzia, úsalo para mudarse de aquí, para el negocio que siempre quisiste montar de comidas típicas del país para turistas. Te alcanzará.
—Ese dinero…
—Al diablo con eso. ¿Qué importa? Fui forzada a eso Katia, tú no puedes entenderlo. Y por eso no lo quiero. Pero sé que el dinero es necesario, diablos, ese dinero es mío y se los dejaré a ustedes.
Irina tomó su portátil y realizó el giro en un momento, luego de abrir una cuenta para su hermana. Sintió mucho placer de deshacerse de ese dinero. Sabía que con él su hermana podría hacer cosas, resolver problemas y tener con qué ayudar a su familia mientras veía qué hacer.
—¿Y si viene y pregunta por ti? ¿Qué le diré? Se pondrá furioso cuando no te encuentre.
—Dile que me fui a casa de mis tíos en San Petersburgo. Gana tiempo.
—Pero no puedes irte así, Irina.
—Puedo y lo haré. Puedes venir conmigo si quieres.
—No iré contigo a ningún lado, no quiero que me atrapen. Mamá me necesita. Y con este dinero podré pagarles a unos amigos de nuestro hermano para que vigilen la zona. Con ellos cerca ningún matón italiano tiene posibilidad.
–Eres lista hermanita.
Irina sabía que la pandilla de su hermano Misha nadie se metía.
Eran un poco chiflados, pero estaban entrenados para pelear y defenderse.
Eran brutos y salvajes y por unos miles de rublos harían la ronda sin hacer preguntas.
En verdad que siempre estaban cerca vigilando el barrio, no costaba nada tener una atención con ellos por si acaso.
—Lo soy, pero temo por ti. Me da mucho miedo… escucha. Le pediré a Vladimir que te escolte hasta la estación de trenes.
—Me iré al aeropuerto.
—Vladimir te ayudará, nada te pasará si vas con él.
—Pero debo irme pronto.
—Aguarda que le enviaré un mensaje.
—Está bien.