Vendida al mejor postor (Romance con el millonario mafioso italiano nº 1) El secreto de Irina
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El secreto de Irina

Pero entonces ocurrió algo inesperado.

Una video llamada de esa chica, la que perseguía a su novio.

No iba a atenderla. Pero lo hizo.

–Hola Irina. Soy Vicky. Victoria Scarelli. ¿Te acuerdas de mí?

Por desgracia se acordaba.

—¿Qué quieres? —replicó con acritud.

—Solo charlar contigo y contarte. Acabo de enviarte fotos, fotos de las chicas que tu novio compró antes. ¿Crees que eres especial? Pues él siempre va con Ítalo, compra una, la devuelve, la usa y se aburra y luego va por otra.

De pronto vio fotos de una chica pelirroja abrazada a Alessio dibujando un corazón con las manos y casi lloró porque de fondo estaba la casa de la isla de Capri donde habían pasado los días más lindos.

Y luego vio otra foto con otra chica en la misma mansión, otras en la playa… una rubia muy guapa abrazada a él riendo ambos felices.

Como ellos el último verano…

No podía ser. Esas fotos debían ser trucadas. Tanta gente hacía esas cosas con el Photoshop.

—Escucha, no me interesa ver las fotos de sus ex, yo soy la actual así que vete a la mierda y deja de llamarme. Voy a bloquearte, ¿ok?

La chica se rio triunfal y ella tuvo muchas ganas de darle una bofetada, pero eso no podía ser. Así que cortó la llamada luego de decirle maldita perra y la bloqueó.

Llena de dudas y con una horrible angustia fue al hospital, pues tenía que saber si realmente estaba esperando un bebé.

Trató de sobreponerse y tuvo que hacerlo, no quería que su hermana la viera como estaba destrozada por los celos y las dudas, con rabia y ganas de llorar y mandar todo al diablo por momentos.

Un pensamiento la carcomía, una más sólo había sido una más y ahora tal vez estaba con otra en Capri o en Roma, en cualquier lugar. Otra mujer estaría a su lado teniendo sexo con él. Un italiano tan ardiente no podía estarse sin sexo.

Mientras esperaba que la atendiera la doctora, Alessio la llamó, pero ella ignoró su llamada. No quería hablar con él, no en esos momentos cuando estaba a punto de saber si estaba esperando un bebé y acababan de mandarle toda esa basura a su celular. Esas malditas fotos.

Las horas pasaron y luego de hacerse unos exámenes de sangre supo la verdad, la doctora la recibió en su consultorio.

Todo era cierto. Estaba esperando un bebé y tenía entre ocho y diez semanas.

Verlo después en la ecografía la sorprendió y emocionó, estaba allí y era una cosita pequeña y hermosa.

Su bebé, el hijo del italiano. sabía que en algún momento lo había deseado, lo había soñado mientras hacían el amor y ella sentía tantas cosas…

más allá del placer y de las sensaciones que la desbordaban soñaba con tener un día un hijo, un bebé que fuera igual a él.

Ahora sabía por qué. Porque lo amaba diablos y quería perpetuar ese amor que podría durar años, meses o unos pocos días.

El amor no era eterno y las parejas mucho menos.

Los hombres no duraban. No importaba el sexo, la dedicación ni el amor…

en ese país los hombres se iban siempre con otra mujer.

Eran italianos, sangre caliente, corazón siempre enamorado de una donna…

siempre había otra. O eso le contaban las chicas con las que hizo un poco de amistad al llegar a Italia.

Le sorprendió que sus amigas le dijeran que en su país también pasaba.

Las parejas estaban en crisis, los matrimonios, el amor mismo. Una amiga le dijo que era algo cósmico, sustancias que llegaban desde la galaxia que ponía a las personas nerviosas, con ganas de cambiar siempre de pareja. Un absurdo por supuesto.

Pero siempre se veían las parejitas de enamorados en las plazas. Adolescentes, jóvenes, ansiosos de vivir un amor para siempre, o pensando que duraría siempre.

Sonrió al ver una pareja así en el hospital, eran muy jóvenes, pero estaban muy felices con el embarazo, él la abrazaba y reían de cualquier cosa y de vez en cuando se besaban.

Le dio tanta ternura verlos… los jóvenes mantenían vivo el fuego, la luz, la esperanza, para ellos el amor era eterno, era ese instante y seguramente deseaban que fuera para siempre.

Alessio no era así.

Abandonó el hospital sabiendo que debería hacerse exámenes y controlarse el embarazo, por ahora todo estaba perfectamente.

Cuando llegó a su casa, una hora después su hermana la esperaba ansiosa.

Al ver su cara supo la verdad y le sonrió.

—Bueno creo que es tiempo de que le cuentes a tu novio—le dijo luego.

—No sé si lo haré… en realidad no sé si volveré a Italia.

Katia la miró alarmada.

—Pero tú… estás esperando un bebé, ¿cómo no vas a decirle? Necesitas su ayuda, Irina. Dejaste todo por él. No entiendo por qué…

—Él no me quiere Katia, no está enamorado y por eso no creo que sea buena idea lo del bebé.

—Pero debes tenerlo.

—Sí, lo tendré, pero no le diré a Alessio. Déjame. Estoy muy confundida ahora.

—Ah no, ahora me escucharás. ¿Por qué has dicho eso? ¿Por qué crees que no te quiere? Se pasa llamándote, vive pendiente de ti. Si no le importaras no haría eso.

Ella la miró.

—Una mujer siempre sabe eso. Tú nunca has tenido novio, por eso no sabes.

Su hermana la miró con tristeza.

—Pero él quiere que vuelvas. Si no le importas ¿por qué te llamaría, por qué te haría tantos regalos y…?

—Porque soy su mujer, suya, en la cama. sexo. Nada más que eso. Hasta que se aburra y busque a otra. Soy como su chica paga. Me compró y es horrible sentirse así.

—Irina. ¿Por qué hablas así? ¿Acaso pasó algo que no me has contado? Estabas tan feliz…

—No quiero hablar ahora, luego te contaré…

—Pero Irina. No me dejes con la intriga. Por favor. Dime lo que está pasando.

Irina no habló y lloró. Se sentía triste y deprimida pensando que todo empezaba a desdibujarse a su alrededor y que la historia de amor que había vivido no había sido real. Había sido una historia por supuesto, pero sin la palabra Amor.

Y ahora tenía un bebé en su barriga y estaba sola.

Sabía que si volvía con él tendría sexo, compañía y dinero, pero todo cambiaría cuando él supiera que estaba esperando un bebé.

él no quería bebés, sólo quería diversión, diantres…

¿Por qué no se cuidó más? Sabía que en su familia las mujeres eran prolíficas como conejas y ese italiano era un infierno.

Lo raro era no haberse embarazado antes.

Trató de serenarse, no quería que su hermana se preocupara, ni llevarle más problemas a su casa. Ya tenían bastantes. Tenía que pensar qué haría ahora. No podía quedarse con un bebé en la barriga pensó desesperada y se lo dijo a su hermana, le rogó que no dijera nada.

—Pero ¿qué harás?

—No lo sé, pero ahora no puedo quedarme, si antes lo pensé ahora sé que no puedo. No con un bebé en mi vientre. Necesito un esposo, o un buen trabajo, necesito ayuda Katia.

—Vuelve con el italiano, al menos hasta que nazca el bebé… luego cambiará, ya verás, cuando ve a su hijo. Los italianos adoran a sus niños. O eso he escuchado.

—Dirás las italianas, son leonas con sus cachorros, los hombres ni tanto.

Él no quiere hijos, dudo que cambie después.

Al contrario, se pondrá peor porque dirá que lo obligué a ser padre.

Hay hombres que no soportan eso, que luego son fríos con sus hijos, los ignoran y odian a las mujeres que los forzaron a ser padres.

—No digas eso, por favor, el italiano no es así, imagino que si es tan ardiente también tendrá un corazón de oro.

—Katia, deja de soñar. Los italianos de las novelas románticas no son los mismos que los que están en Italia. Muchas chicas de mi edad se volvían locas con los italianos, pero luego veían que eran como los rusos, o como todos los hombres de todos lados. Buenos y malos, y muy malos también.

Su hermana puso cara de desilusión.

—Me parece raro que, si un hombre está tan obsesionado contigo, si te cuida tanto y te vigila no sienta algo profundo por ti. Y no quiera algo más que sexo.

—No lo entiendes porque todavía no conoces bien a los hombres ni a los italianos… a ellos les importa tener una chica guapa y ardiente que no les haga preguntas ni les exija nada. Ninguno quiere algo serio ni formal.

—¿Y por qué te involucraste con él si sabías que era así? Tú eres muy seria. No entiendo cómo te fuiste a vivir a su casa y todo lo que pasó.

Irina se impacientó.

—Ay déjame en paz, estoy cansada y hambrienta. He tenido un día difícil y la que me espera es peor.

********

Supo que tenía que poner fin a esa relación, no importaba lo que él le dijera.

Seguramente querría convencerla de que era su pasado, que esas chicas eran historias viejas y cosas así. Que no era su chica paga y que la quería.

Cuando supiera que estaba embarazada sería el fin.

Rayos. No querría volver a verla. Se sentiría atrapado, forzado y traicionado, forzado a criar a un hijo que nunca quiso tener.

A fin de cuentas, lo suyo había sido un acuerdo. Él puso una cuenta bancaria a su nombre y tuvieron sexo durante meses a cambio de dinero y protección, como una ramera, casi una ramera. Aunque no quisiera decirlo, era verdad.

Ahora no podía seguir con esa relación sólo porque estaba esperando un hijo.

Sin embargo, le dolía pensar en el adiós, le dolía horrible pensar que ese tiempo que habían compartido no había sido más que una maldita aventura para él.

Y al ver que la llamaba y la perseguía el día entero le envió todo, todo lo que su amiguita le había enviado.

“Aquí va mi respuesta, la razón de mi silencio Alessandro” le escribió.

Debió quedarse helado cuando recibió los archivos.

Luego de enviarlos los borró uno a uno de su celular pues no quería tener esos videos y fotos de mujeres.

“Por favor, tenemos que hablar, déjame explicarte” le escribió. No es lo que crees.

“Es que ya no sé qué pensar. Ya no creo en nada de lo que me digas”.

“Mañana iré a verte, tenemos que hablar personalmente. Déjame explicarte.

“¿Ahora vendrás? No lo hagas. No quiero verte. Déjame en paz. Quiero estar sola un tiempo. Ahora no quiero pensar ni decidir nada. Pensé que teníamos algo, pero veo que me equivoqué.”

Él se dio cuenta de que no era buena idea llamar o insistir ahora, era astuto, se daba cuenta de que cuanto más insistiera peor sería.