Madre Rusia #4
Irina se puso colorada, una cosa era reírse y bromear sobre los ardientes hombres italianos y otra muy distinta era tener uno y contar los detalles de lo que hacían. Por supuesto que no contaría nada a su hermana. Ni loca lo haría.
—Pues sí, es muy viril y cuando lo hace me vuelve loca. Lo amo, Katia más ahora que sé que estoy esperando un hijo suyo, pero temo que me deje o que sienta rechazo por el niño y todo esté mal.
Katia se puso seria.
—No lo sabrás si no se lo dices porque imagino que no se lo has dicho.
—Todavía no.
—Pues deberías.
—Lo haré cuando regrese, pero ahora me siento fatal, tengo todos los síntomas a la vez.
Irina recordó esa vez en Capri, cuando tuvo los vómitos y él dijo que le haría un bebé, jamás pensó que ese día justamente se quedaría embarazada.
Que por la comida italiana terminaría con un hijo en la barriga.
No lo sabía, pero ese día en la reconciliación Alessio le había hecho un bebé pues después de esas pequeñas vacaciones no había vuelto a tener la regla nunca más.
Y llevaba más de dos meses de retraso, casi tres…
Empezaba a notarse y en un tiempo no podría seguir ocultándolo.
¿Qué haría si él la rechazaba si se enfadaba con ella?
Irina se sentía mal porque no solo debía enfrentar un embarazo sola, sino que además podía perderlo a él por ese hijo.
—Supongo que le diré y él lo aceptará para no perderme. O tal vez el embarazo sea el fin, no lo sé.
—Y no lo sabrás si no lo dices—respondió su hermana molesta.
—Para ti es muy fácil, tú no tienes un bebé en la barriga.
—Bueno, el sexo y sus consecuencias, deja de llorar y asume que al menos te has divertido mucho con el italiano.
Irina la miró mortificada.
—Era mucho más que diversión. Estoy enamorada de él y tendré un bebé. mi vida es un huracán, él fue un huracán en mi vida, algo que llegó de repente y lo puso todo de cabeza.
—No es un huracán, los entendidos lo llaman amor y supongo que tienen razón.
Irina miró a su hermana con tristeza, habrá deseado reír, emocionarse soñar, pero no se sentía feliz para nada.
—No hice esto para atraparlo, Katia.
—Yo no dije eso.
—Pero lo pensaste.
—¿Tú qué sabes lo que pienso? Eres tú la que se persigue Irina Petrov con eso. Y además se ve que eres fértil como todas las mujeres de esta familia que con una vez quedan preñadas. Un descuido y adiós, ya le pasó a Anuska.
—No me hace nada de gracia, él no quiere tener niños.
—Pero sí te pidió matrimonio.
—Es diferente, él no piensa que… es un hombre y piensa como hombre, no sueña con tener una esposa e hijos. Una esposa tal vez, hijos no.
—Ha de ser un presumido y un consentido ese novio tuyo.
—Alessio no es así.
—Lo defiendes como una gata, sacas las garras cada cinco segundos cuando te hablo de él, tú estás loca por ese hombre.
¿Por qué rayos no estás feliz? Acaba de hacerte un bebé y a ti siempre te han gustado los bebés, desde niña que jugabas con los muñecos que eran bebés y no le hacías caso a las muñecas.
Tú naciste para ser madre, aunque tengas un trabajo, un título universitario y seas muy independiente.
Yo en cambio no me veo con hijos. Vamos, alégrate, seguro que será un italiano de ojos negros como tu novio y gritará por todas partes.
—No es que no me alegre, estoy feliz, algo nerviosa sí pero feliz.
—Pues no se nota nada. Te lo has pasado tirada en una cama vomitando.
Irina sonrió, pero luego se puso seria.
—¿Qué diablos pasa, entonces?
La joven volvió a la cama porque empezaba a marearse.
—Él no me ama, Katia, no está enamorado de mí. Sólo le gusto y lo pasamos bien pero no me quiere en realidad.
—Ah Irina, tú eres una insegura. Lo mismo decías de tu otro novio y el pobre se desesperó cuando lo dejaste.
—No tiene nada que ver con Iván.
—Pues yo creo que eres tú la que no sabe darse cuenta cuando un hombre la quiere.
—¿Por qué dices eso? ¿Crees que Alessandro me ama porque me llama todo el tiempo y está desesperado porque regresa a Italia?
—Bueno, hace poco que son novios y se fueron a vivir juntos y te pidió matrimonio. ¿Crees que le pediría matrimonio a una mujer sólo porque le gusta acostarse con ella?
—No…
—¿Entonces? ¿Es que no te das cuenta? El amor crece en la distancia y con el tiempo, el amor se construye y ustedes recién empiezan. Dale tiempo y deja de hacerte daño pensando esas cosas.
—Es que me da miedo… no sé si deba decirle del embarazo todavía.
—Pues pronto lo podrás ocultar. Has engorado y se te nota la panza, tú siempre tuviste el vientre plano y ahora…
Irina se miró en el espejo desde la cama y pensó que su hermana tenía razón, además estaba muy pálida.
—Tienes que decirle, si no lo haces no sabrás qué te dirá y antes que eso ve al médico y hazte los exámenes. Con un simple test no podrás saber la verdad.
El test se lo había h echo antes de viajar y cuando le dio positivo más quiso irse. Porque en realidad no sabía qué pasaría después. Pero no quería regresar si él no quería al bebé.
—Mañana lo haré. Lo prometo.
—Pues espero que lo hagas y que luego le digas a tu novio.
—No puedo decirle por teléfono.
—Pero tendrás que decírselo cuando lo veas ¿no?
Irina no dijo nada y sin darse cuenta se durmió, estaba muy cansada.