Vendida al mejor postor (Romance con el millonario mafioso italiano nº 1) Romance en Italia #6
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Romance en Italia #6

Era su hermana mayor y era raro que la llamara a esa hora.

—Irina. ¿Estás bien?

—Sí. ¿Qué pasa Katia?

—Es mamá, está enferma, tuvieron que internarla porque no se sentía bien. he estado tratando de llamarte desde ayer y tu celular no daba línea.

—Qué raro. Bueno, es que estoy en una isla y aquí la señal no es muy buena, pero rayos, ¿qué ha pasado?

—Es del corazón… van a intervenirla, sufrió un infarto. Un disgusto. Anuska se escapó de casa. Está esperando un bebé y se asustó mucho.

—¿Qué? Pero cómo es posible, nadie me dijo nada.

—El italiano que está contigo dijo que no te dijéramos para no preocuparte.

—Cómo?

—TE llamé hace una semana y atendió él el teléfono, ese novio que tienes, no recuerdo su nombre.

—Alessandro.

—Dijo que no dijéramos lo de Anuska porque ibas a preocuparte y no podías viajar ahora.

Irina sintió su corazón latir acelerado.

—Pero desde cuándo me lo han ocultado todo?

—Él dijo que no te dijéramos porque te preocuparíamos y tú tienes muchos problemas, y debías permanecer escondida un tiempo. Irina, lo del secuestro. es cierto?

Ella no se atrevió a negarlo.

—Pero dijo que nos ayudaría, envió dinero para la operación de mamá y también para que podamos ayudar a Anuska, pero …

—¿Cuánto hace que habla con ustedes?

—Hace dos semanas o tal vez más. No quise ocultarte lo de Annie, pero él me lo pidió, dijo que no podías abandonar Italia que estabas en peligro porque una mafia estaba detrás de ti. ¿Es verdad?

—Sí, lo es, pero yo quiero verlos. Buscaré la forma de… qué pasó con mamá.

—Mamá está bien, pero se puso muy nerviosa cuando Anuska se escapó de casa, está embarazada y se fue con el novio para que mamá no lo supiera y al final se terminó enterando porque ese cretino la abandonó y ahora se está quedando en casa de nuestra tía Sara.

—Rayos, pasó de todo y nunca me contaron. Jamás me dijeron.

—Él me pidió que guardara silencio, dijo que te contaría más adelante, pero llevo días sin poder hablar contigo y todo esto me da mala espina. Ese hombre… dijiste que era tu jefe, pero es algo más, dijo que era tu novio, tu hombre y que viven juntos sin estar casados.

—Es verdad… pero no le digas nada a mamá.

—¿Estás embarazada y lo has ocultado también?

—No…

—¿Pero vives con él? ¿Cómo es que de repente te vas a vivir con un italiano del que nunca hablaste nada? Es muy raro todo eso Irina. ¿Quién ese ese hombre y por qué dice que la mafia te secuestró?

Irina se derrumbó y le contó todo a su hermana. O casi todo pues por pudor no le dijo cuál había sido el trato con Alessio, sólo que él la había salvado de ese horrible trance y vivía con él. Su hermana no era tonta y algo adivinó.

—Él te tiene cautiva, atrapada. Te hace regalos, vives como una reina en su mansión. Y no eres su esposa, sólo una chica que vive con él.

—Katia, basta, es mi vida ¿entiendes? Y no estoy secuestrada ni cautiva, lo quiero, ¿sí? Estoy enamorado diablos, y aunque todo fue bastante forzado al comienzo ahora es distinto y él me quiere también. No quiere que viaje a Rusia ahora, teme que me pase algo o tal vez no quiere separarse de mí.

—Entiendo, estás enamorada y ya me has contado como son los italianos. Sólo que ten cuidado. Llevo días intentando llamarte y me pregunto si no sería él que no quería que hablaras con nosotros.

—Eso no es verdad, él sabe que estoy muy unida a mi familia y que vivo pendiente de ustedes. Por favor, no dejes de llamarme, avísame de la operación, quisiera estar allí.

Su hermana mayor prometió que lo haría, pero cuando cortó el teléfono Irina se sintió mal.

Y molesta buscó a Alessandro, pero no tardó en encontrarlo.

Estaba allí bebiendo un trago de whisky en la silla de jardín, lo vio apagar el celular cuando se acercó.

No parecía ser un buen momento para hacer preguntas ni tampoco hacerle una escena, pero estaba muy molesta.

—Acaba de llamar mi hermana Katia. Mi madre sufrió un ataque y van a operarla.

La expresión calma de su semblante desapareció y en sus ojos vio algo que no pudo entender, pero pareció alerta.

—Me llamó hace días, pero no pudo hablar conmigo.

—Bueno, es que tú a veces olvidas el celular especialmente cuando estamos juntos.

Ella sostuvo su mirada retadora. ¿Cómo decirle que había interferido en ese asunto familiar?

—Debo ir a ver a mi madre, Alessio. Está grave. Por favor.

Él se puso tenso y sus ojos adquirieron un extraño brillo.

—No lo hagas. No sería seguro para ti.

—No es seguro o no quieres que me vaya?

—Ambas. Supongo.

—Mi hermana está embarazada y su novio la dejó.

Alessio no pareció sorprendido.

—¿Y tú qué puedes hacer con eso? llevas demasiado tiempo ayudando a tu familia, pareces tú la madre de todos. Es tiempo de que aprendan a resolver su vida.

—Eso no es justo, ellos necesitan ayuda.

—Y eso siempre lo tendrán, pero también deben aprender a manjar sus asuntos y resolverlos por sí solos. No es tu culpa lo del embarazo ni tampoco la enfermedad de su madre.

—Pero son momentos difíciles y quiero estar allí, son mi familia.

—Y supongo que te importan más que yo.

—Eso no es verdad, no puedes compararlo, sería injusto.

—¿Y qué pasa con nosotros? Pensé que lo nuestro era importante ¿y ahora quieres irte? ¿Y qué pasará después?

—Tranquilízate. Tú me importas y lo sabes, y también sé que lo nuestro es especial. Volveré pronto.

—No, no te irás. Eres mía Irina y no permitiré que me dejes. Tenemos un trato.

Irina sintió su corazón agitado.

—¿Un trato? ¿A qué te refieres con eso?

—Protección, ayuda y dinero a cambio de sexo. De compañía y de cariño.

—Eso me ofende.

—Pero es la verdad. Mientras estés a mi lado estarás protegida y lo tendrás todo, pero si te vas se termina.

—Ahora sí me siento como una ramera paga.

—No digas eso, sabes que no es verdad. no te salvé porque sólo quisiera sexo te quería a ti conmigo. Juntos.

—Mientes, sólo querías sexo con una chica guapa y virgen.

—Podría haber comprado un montón de chicas guapas y vírgenes, no lo hice por eso.

—¿Entonces por qué lo hiciste?

—Tú ya lo sabes. Sabes por qué.

—Pues no, no lo sé y cada vez es menos claro para mí por qué me retienes contigo. Porque no creo que sea porque sientas algo especial.

Él la miró ofendido y sabía que cuando eso pasaba él se ofuscaba y no hablaba. Y no le habló y se alejó molesto.

Volvían a estar como al principio. Pero enojados.

Irina regresó a la casa y vio la cena servida y siguió de largo.

No tenía hambre, no quería ver a nadie en esos momentos, sólo encerrarse en su cuarto y descansar.

Pero nada más entrar en su cuarto lloró y tuvo muchas ganas de olvidarlo todo y largarse.

Todo estaba mal: su familia y su engaño, no era su prisionera no era suya para empezar, sólo tenían un trato y eso podía cambiar en el futuro y lo sabía.

Ni siquiera le había dicho que lo suyo era algo especial, no había amor en sus gestos, sólo deseo, lujuria y posesión.

—Irina.

Tembló al sentir su voz, realmente no quería hablar con él en esos momentos, no quería tener una discusión en su habitación ni a esa hora, se sentía bastante confundida. Y furiosa. Y herida.

—Vete. Déjame en paz. Quiero estar sola—le dijo.

Él se quedó dónde estaba sin dejar de mirarla y ella se metió en la cama y le dio la espalda sintiéndose mal pues no podía parar de llorar.

Sin embargo, cuándo él se acercó despacio y la abrazó no pudo rechazarle, no pudo dejar de temblar al sentir ese beso dulce y ardiente en sus labios y la forma posesiva en que la abrazó la hizo estremecer.

Fue mejor que las palabras, que la besara y la hiciera suya quitándole el vestido y las bragas en un santiamén.

Estaba enojada igual, pero necesitaba eso, necesitaba ese combate de sexo y placer, porque sólo era eso: sexo, aunque para ella era mucho más.

Lo amaba, estaba loca por él y se enamoró sin darse cuenta y sin saber si él la correspondía.

Pero al menos tenía el consuelo de que había algo, de que a él le pasaba algo pues no podía vivir sin ella, sin hacerle el amor y mientras rodaban por la cama gimió al sentir que un placer intenso la invadía como su miembro hundido en su cuerpo, fundido en su piel como si fueran todo uno los dos, un único ser.

Lo amaba, aunque ya no se lo dijera con palabras y no podía ni pensar en dejarlo, aunque sabía que era lo mejor.

Estaba como atrapada, cautiva, presa de ese hombre y de ese amor, su hermana le había dicho la verdad.

—Eres mía, Irina, sólo mía y de nadie más. Y quiero que seas mía, mi esposa, mi mujer.

Ella lo miró aturdida, esa petición de casamiento no podía llegar en peor momento que ese, cuando comprendía que esa relación no era muy sana y tenía que escapar, viajar a Rusia con la excusa de estar con su familia y saber que todo estuviera bien y además escapar de él, alejarse un tiempo y ver qué pasaba.

Pero ahora le pedía que fuera su esposa en un momento tan íntimo y hermoso.

—¿Por qué… por qué me pides esto ahora?

—Porque quiero que te quedes conmigo y tengas un lugar de respeto. Odio que piensen que eres una chica paga, que te desprecien y te hagan sentir mal. No es justo, tú nunca quisiste esto, tal vez ni siquiera habrías salido conmigo si no hubieras pasado ese infierno y yo no te hubiera salvado.

Tenía razón, durante mucho tiempo rechazó a italianos que le pedían para salir.

—Te agradezco, pero esa no es una razón convincente.

No te casas con una mujer para convertirla en una mujer de respeto.

Los hombres se casan obligados por un hijo o por amor por no estar solos.

Y ahora no puedo ni pensar en bodas. Tengo que volver a Rusia para estar con mi familia en un momento tan difícil. Debo irme cuanto antes.

Él se enojó cuando dijo eso.

—Si te vas no podré protegerte, estarás en peligro. Tu familia lo sabe, yo se los conté, no sé por qué te han llamado para contarte sus problemas. ¿Es que no pueden resolver nada solos? Son un lastre.

—No hables así de mi familia, ellos me necesitan.