Romance en Italia #4
—Rayos, ¿ellas qué saben? ¿Qué saben de mi vida?
Sólo hacen suposiciones tontas, ¿qué les importa?
No son más que las eternas novias de mis amigos esperando que las lleven al altar, no son nada mío, ni siquiera me agradan.
Además, en este mundo siempre van a criticarte, la gente es así.
No prestes atención a eso. Lo que pasa entre nosotros es nuestro
, preciosa. Tú no eres una ramera y jamás pensaría que lo eres.
—Pero tú me compraste, me salvaste de ese horrible lugar.
—No es así, no pienses eso. Estamos juntos y lo pasamos bien, nos entendemos bien y no eres eso, eres mi mujer, mía… Y te aseguro que nunca he tenido a una ramera más que una noche. Lamento ser tan crudo. Pero debes entender que tú eres especial para mí y no le pongas nombres ni creas que…
—¿Soy especial para ti?
Él asintió.
—Eres mía, mi tesoro, mi novia si te gusta más. Así te presenté hoy y te presento siempre.
—¿Soy tu novia? Me gusta ese nombre.
—Eres mía, preciosa, sólo mía.
Irina sonrió y él le dio un beso ardiente.
—Y tú eres mío, eres mi hombre y no puedo evitar sentir que te pertenezco y quiero un día ser algo más que una mujer especial. Pero no voy a forzar las cosas. Si quieres que me vaya me iré.
—No quiero que te vayas, quiero que te quedes y seas mía.
Pero que desees ser mía, yo no te obligo a quedarte, no te compré ni nada.
Pero sufriste ese horrible rapto y te hicieron mucho daño, yo te salvé, pero no voy a pedirte que por eso…
nunca he tenido a una mujer por la fuerza y no lo haré ahora.
—Algún día tendré que regresar a mi país.
—Pero no lo hagas ahora por favor, tu familia está bien, y ellos saben que estás bien.
No pienses en los demás, ¿qué importa lo que digan?
La gente de aquí es malvada y mezquina, en todas partes en realidad, les gusta mucho criticar y disfrutan cuando a los demás les va mal, especialmente si son sus amigos y tienen mucho dinero. No pienses en lo que dirán.
—Pero mi familia no puede saber que vivo con un hombre sin estar casada, no pueden saber de ti… jamás me lo perdonarían. Son muy conservadores.
—Irina, eres una mujer joven y hermosa, por qué no podrías vivir con un hombre si quieres hacerlo? di que soy tu novio si quieres.
—Pero no lo verán bien.
—Entonces dile que soy tu hombre y que tenemos sexo todos los días.
Ella lo miró escandalizada y él supo que no lo haría.
Pero le gustaba saber que era su novio, le gustaba pensar en él como su novio.
***********
Irina le hizo un giro a su familia en Rusia desde su cuenta y vio con asombro que había más de trescientos mil euros. Mucho más de lo que podría nunca gastar en ropa ni nada. Eso y todos los regalos que le hacía todo el tiempo. Era mucho dinero.
Ese día se apareció con un perfume carísimo más ropa que eligió para ella en una tienda antes de llegar de su reunión.
No podía evitar que le hiciera regalos, pero se sentía incómoda en esa situación. Ella nunca había tenido un hombre que la mantuviera.
Y también vivía con miedo al pensar que si ella dejaba a Alessio los hombres de Ítalo Crespi la atraparían de nuevo.
No estaba a su lado por esa razón, pero se preguntaba qué pasaría en un futuro si él decidía poner fin a la relación o peleaban por alguna razón.
nada era seguro en este mundo, ni el matrimonio ni los novios, nada…
Lo mejor era disfrutar el momento, el día a día. Sin hacer planes, sin pensar… estaba a salvo ahora y era feliz con su novio italiano. Jamás se habría prestado para su juego, pero casi se vio atrapada y sin embargo sabía que había sido lo mejor que le había pasado.
Lentamente comprendió que era como su esposa, como su mujer, pero sin anillo ni promesas de bodas y lo aceptó.
No necesitaba más que eso. el matrimonio era algo muy serio y lo que tenían era bonito igual, mejor que estar casada y pensar que debía soportar de todo porque estaba atada por haber firmado el contrato.
Ella comenzó a aceptarlo y aprendió a preparar su platillo favorito y ser su compañera pensando que era solo cuestión de tiempo para que ese hombre cayera rendido a sus pies. Ya lo estaba, pero no lo decía…
La mantenía escondida de sus amigos y un día que fueron a celebrar su cumpleaños notó que se ponía tenso cuando uno de ellos se le acercaba a conversar.
Sentía celos. No era tonta. Sabía detectar cuando un hombre sentía celos de ella. unos celos que lo hicieron rabiar bastante y a ella le divirtieron un montón.
Porque ella también se ponía celosa de las mujeres que trabajaban para él en su empresa de abogados. Secretarias, abogadas sexys de tacones…
Pero no lo había notado a él celoso. Y eso que los italianos de Florencia solían mirarla y decirle cosas bonitas, nunca lo vio ponerse tenso ni nada.
Ella sí se ponía incómoda, aunque en realidad el acoso sucedía cuando iba sola de compras o al gimnasio por las mañanas.
Y eso que llevaba siempre guardaespaldas.
—Eh Roberto, quita tus sucias manos de mi novia—le gritó y lo empujó.
Todo ocurrió muy rápido y Irina miró la escena horrorizada.
Los demás invitados intervinieron, pero no pudieron evitar que Alessio empujara a su amigo y le pegara cuando este le dijo:
—¿Tu novia? ¿Ahora llamas novias a las rameras que consigues por ahí?
Irina se sintió enferma, de nuevo la llamaban así y delante de todos.
—Eres un maldito cerdo Roberto, qué vil eres—le dijo su novia. Su propia novia lo insultó y Alessio lo increpó.
—Vuelve a decir eso y te parto la cara—le gritó.
Roberto sonrió y la miró.
—Es preciosa, te felicito. Es la más guapa que has comprado en tu vida.
Fue lo último que dijo antes de recibir un golpe fuerte en la quijada.
Irina se sintió enferma y pensó que era inútil, sus amigos siempre la verían como una ramera. Una ramera comprada.
La fiesta se arruinó y ella se quedó sola con Alessio que se quedó furioso y bebiendo cerveza en un rincón.
—Nunca me gustaron las fiestas de cumpleaños, mis amigos dijeron que vendrían a saludarme, en verdad que no quería nada de esto. Habría preferido irme a algún lado a pasear contigo.
Irina se acercó y lo abrazó. Lo abrazó con fuerza.
—No tenías que pegarle, no me importa lo que digan.
—Ese maldito ni siquiera es mi amigo, es un estúpido que solo conozco de vista. Y es un atrevido de venir a mi casa a hablar así de ti.
—Es un idiota. Tienes razón. Pero no tenías que darle una paliza.
Su amor italiano estaba furioso.
—¡Se lo merecía! No dejó de mirarte desde que entró, no te sacaba los ojos de encima y cuando se te acercó pensé que era hora de decirle que se fuera. Lamento no haberle dado una buena paliza como merecía, sólo eso y también por ti que tuviste que soportar a ese imbécil.
—Bueno, pensé que te gustaría una fiesta sorpresa. Tus amigos me llamaron el otro día.
—No me gusta celebrar mi cumpleaños, nunca me gustó. Ya no. ¿Y sabes qué? No me quedaré con esto. Iremos a cenar y a dar un paseo.
—Es una buena idea.
Pero mientras se aprontaban para salir Alessio recibió una llamada de su padre. Había sufrido un ataque y estaba internado en Milán.
Sabía que no había visto a su padre en años y estaban distanciados, pero él evitaba hablar de ello.
—Debes ir, Alessio. Es tu padre.
Lo vio ponerse tenso de repente.
—No, no quiero ir. Tanto da. Para mí se había muerto hace años. mi madre murió de cáncer por su culpa, por todo lo que la hizo sufrir siempre.
—Pero se está muriendo y seguramente quiere verte.
Lo había llamado su hermano, ella ignoraba que tuviera uno nunca hablaba de él.
—Justo el día de mi cumpleaños, bonito regalo.
—Debes ir, por algo quiere verte.
Irina no sabía si debía acompañarle. Ciertamente que empezaba a cansarse de amigos y allegados a su novio que la llamaban ramera y no quería que sus familiares hicieran otro tanto. Sin embargo, supo que en esos momentos él la necesitaba y sin pensarlo dijo que lo acompañaría.
—Te agradezco esto preciosa, pero no será necesario. Porque no iré. Es mi cumpleaños y quiero salir a cenar.
Irina comprendió que Alessio estaba nervioso, inquieto y necesitaba tomarse un tiempo y decidir qué hacer, si realmente quería ir.
Ella habría ido corriendo de saber que su padre estaba enfermo pero su padre había muerto hacía tiempo y siempre había sido un padre amoroso con ellos y su madre.
Sabía que no todos los padres eran iguales.
Él no le debía nada a su padre, sí a su tío que lo había criado y había muerto el año anterior de cáncer. Pero todo lo que tenía en la vida lo tenía por su esfuerzo, por su talento para las inversiones en la bolsa y otros negocios, su padre nunca lo había ayudado.
Y mientras cenaban en un restaurant muy pintoresco de la ciudad le dijo:
—Supongo que estará solo, siempre generoso con las mujeres que calentaban su cama lo arruinaron y no le dejaron nada. Cuando el dinero terminó, se largaron. Un mujeriego perdido.
Irina se sintió mal que le hablara así de su padre.
—Pero supongo que también habrá recuerdos bonitos, Alessio. Recuerdos de vida en familia, de tu infancia.
Él iba a negarlo, pero de pronto guardó silencio.
—Sí… durante años me malcrió bastante comprándome todo lo que pedía y metiéndome ideas mezquinas en la cabeza sobre las mujeres.
Hasta que crecí y vi cómo sufría mi madre por su culpa, lo mal que la trataba…
no era justo. Mi madre hacía todo por sacar adelante ese matrimonio y a sus hijos y él gastaba a manos llenas en las mesas de juego y las mujeres.
Tenía mucho dinero cuando se casaron, ahora no le queda nada.
Toda fortuna se pierde si te dedicas a gastar a manos llenas.
Hubo un tiempo en que lo ayudé en unos juicios que tenía en la empresa, pero luego me rendí, él no aprendía, siempre estaba perdido detrás de una mujer.
Además, tampoco hizo nada por mis hermanos, eran sus hijos.
Siempre tuve que sacar las castañas del fuego por él, me harté.