Romance en Italia #2
—Ese tonto no te sacaba los ojos de encima. Aquí no tienes amigos cuando tienes una novia tan guapa como tú, rusa—le dijo en un rapto de sinceridad.
Ella sonrió tentada y pensó que le gustaba que la hubiera llamado novia. Era un comienzo, el comienzo de algo… el que le pidiera que se quedara, el que la llevara a Florencia…
Irina pensó que con el tiempo tal vez le pediría que fuera su esposa, pero eso no la inquietaba, sólo quería tener un lugar más importante que el de ser su acompañante.
Sin embargo, todo cambió esa tarde cuando asistieron a una velada de ópera.
Debía ir de vestido formal y buscó entre la ropa que el había comprado algo qué ponerse.
No le gustaba mucho la ópera, pero a Alessio sí y al parecer luego se reuniría con unos amigos en un brindis.
—No sé qué ponerme—dijo al fin saliendo de la ducha cubierta sólo con una toalla.
Él le sonrió.
—Bueno, no lleves nada—le dijo mirándola con creciente lujuria.
Ya estaba listo y se veía muy guapo de trajee y camisa blanca y corbata.
—Es que no sé si llevar este o este…
Alessandro vio los vestidos y luego a ella.
—Los dos son bonitos, pero tú lo eres mucho más cielo. Me encanta cuando no llevas nada de ropa.
Avanzó hacia ella rapaz y Irina se quedó de que llegarían tarde, pero a él no le importó.
—Hay tiempo cielo—dijo y le quitó la toalla despacio para verla y no tardó en atrapar su cintura y darle un beso ardiente y desesperado.
—Pero ahora…
Ella seguía siendo algo reticente y tímida en la intimidad, y de pronto pensó que alguien podía verlos.
—Tranquila, las cortinas del comedor están cerradas—él se rio de su turbación, pero no tuvo piedad y la llevó hasta la cama para comenzar esos juegos que tanto le gustaban.
—Vas a arruinarte el traje.
No, no le importó, quería devorarla devorar cada rincón de su cuerpo y lo haría.
—¿Qué importa? Hay tiempo, tenemos tiempo.
Ella no tuvo más remedio que rendirse y cuando se apartó para recibir caricias lo hizo.
y de pronto ambos se encontraron desnudos en la cama, desnudos y entrelazados.
Era un hombre ardiente y sensual y siempre quería más.
Se preguntó si estaría satisfecho con ella pues a pesar de haber cambiado bastante no era sensual, es decir no creía que el sexo lo fuera todo a pesar de que disfrutaba mucho esos encuentros.
—Preciosa, eres tan deliciosa, tan perfecta para mí—le dijo al oído mientras copulaban duro y salvaje.
Ella se había adaptado a ese miembro grueso y duro, al principio le había costado ciertamente que las primeras veces le dolió pues su vagina no parecía adaptarse bien, ahora era distinto, ahora se acoplaba a él y lo abrazaba con fuerza como ella lo hacía.
Y también sabía lo que era un orgasmo, los tenía todo el tiempo y de pronto a pesar de las prisas sintió que al mojarla con su semen su vagina estallaba sacudiéndose en un movimiento rítmico involuntario y todo el placer la envolvía, un placer largo y cada vez más fuerte.
En esos momentos sentía que tocaba el cielo con las manos y nada más le importaba.
Luego se sentía mal al pensar que para él era placer, era deseo y nada más y que sólo eran amantes.
Le habría gustado pensar que era su novia y más que eso, saber si ella era algo más que una mujer guapa y hermosa a la que le gustaba tener muy cerca. Pero sabía que para él era sexo y que mientras la quisiera allí estaría.
Él sonrió acariciando su cabello rubio con hebras más claras.
—Hermosa donna—le dijo al oído–Eres toda una mujer ahora ¿eh? Siempre te escondes, te niegas, pero luego … te conviertes en una fémina ardiente y tan dulce, tan dulce y sensual.
Irina lo miró y él apartó el cabello largo y lacio de su rostro para mirar su carita redonda y hermosa, sus labios, sus ojos y su cuerpo delgado, pero de suaves curvas.
Su mirada cambió, se volvió oscura y posesiva y Irina notó el cambio en él sin saber qué pasaba y le sonrió y lo abrazó, dulce y cariñosa como era, y él respondió con un beso apasionado y un abrazo fuerte y ardiente que la dejó sin aire.
—Eres muy ardiente italiano y yo pensaba que ni loca tendría un novio italiano—le dijo, pero ya era demasiado tarde para escapar y rio al sentir algo duro entre sus piernas pujando por entrar de nuevo.
Fue tan rápido que no tuvo tiempo a nada.
Pero luego le gustó tanto tenerle allí de nuevo, dentro de ella mientras la besaba y le decía cosas tiernas en su idioma.
Era tan feliz, se sentía tan bien a su lado, no sabía si se estaba enamorando o qué, pero le daba miedo.
porque no sabía bien cómo terminaría esa historia.
Pensó que esta vez no podría hacer planes ni adelantarse, ella que siempre había sido tan organizada debía conformarse con disfrutar el presente.
Fueron a la opera media hora después en su auto y llegaron con retraso, pero había sido su culpa y no dijo nada.
Irina optó por llevar un vestido clásico negro largo de chiffon y cubrirse con una chaqueta larga de gamuza color beige con ribetes de piel. Le daba un toque más elegante. Pudo lucir algunas de las joyas que él le había obsequiado en su última salida de compras.
El espectáculo musical era muy colorido y visual, y más que ópera parecía teatro con muchas voces y demás, lo que lo hizo más dinámico.
Todo estuvo bien hasta que duró el espectáculo y ellos estuvieron muy juntos, abrazados, las manos unidas y mirándose todo el tiempo como dos enamorados.
Poco le importaba la obra sólo el recuerdo de lo que acababa de pasar entre ellos, todavía sentía su placer, sus besos en su cuerpo y la erotizaba su promesa de continuar ese momento cuando regresaran a la casa.
Sus miradas, sus caricias eran mucho más que lujuria y deseo y lo sabía, o tal vez no lo sabía con certeza, pero prefería creer que era algo más.
Porque para ella lo era y se sentía tonta por sentirlo, aunque supiera que era inevitable.
No se detenía a analizar todo lo que había pasado entre ellos desde el día que se conocieron, pero sabía a ciencia cierta que todo era un torbellino de emociones intensas y fuertes sin control.
Pero no quería pensar en ello, se negaba a analizar esas emociones.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Luego de la velada de ópera se reunió con unos amigos en un salón contiguo al teatro para celebrar el compromiso de uno de ellos.
Fue inesperado porque no le dijo que sería un compromiso de bodas y al ver entrar a la novia con un vestido blanco largo se quedó encantada.
Le encantaban las bodas, pero de haber sabido no habría ido de negro, habría escogido un vestido de un color más vivo.
Saludó a los novios y entonces notó ciertas miradas de desdén. Fue tan evidente. La novia casi le dio vuelta la cara y se alejó luego de sonreírle de forma forzada a Alessio.
Otros hicieron lo mismo lo que le hizo ver que no eran imaginaciones suyas.
Alessio se puso a conversar con su amigo recién casado y él sí parecía amable mientras sentía que las mujeres la señalaban y decían algo entre cuchicheos.
Y no era por el vestido, no era boba, no se detendrían a criticarla por su atuendo, era algo más.
—Irina.
Su amor italiano la llamó y ella fue corriendo como un cachorrito moviendo la cola ansiosa de llamar la atención de su amo y ser llevada lejos de personas hostiles que la hacían sentir incómoda a todo momento.
La presentó a unos amigos y se quedó allí, quieta mientras se servía una copa de champagne. No quería comer nada y en realidad luchaba por el sentimiento de incomodidad que se iba adueñando de su alma en esos momentos.
Contó los minutos, y las aganas de largarse que iban en aumento, pero su amor tenía que hablar con alguien en esa fiesta y lo hizo en privado, apartado.
Y ella se quedó sola en un rincón viendo a esas mujeres mirarla de lejos y murmurar algo desdeñosas. Una de ellas se rio abiertamente y otras sonrieron. Se preguntó si no sería alguna de ellas una novia antigua de Alessandro pues no entendía el interés que despertaba su presencia allí.
Molesta al ver que demoraba él fue a sentarse alejada de todos los presentes, pues ninguno se esmeró en hablarle siquiera ni nada.
Además, estaba cansada luego de haber hecho el amor media hora antes de asistir al teatro, el sexo era maravilloso y también muy relajante. A veces le daba sueño y bostezaba, como hacía ahora.
Miró el salón y luego su nuevo celular. Con él charlaba con sus hermanos y se enteraba de cosas de su familia. Había un mensaje de Anisa, su hermana menor que le había enviado uno de esos videos graciosos que se compartían en las redes.
Fue entonces que escuchó voces, sabía italiano para conocer bien esas expresiones desdeñosas.
—Es una ramera rusa, todos lo saben. Es muy hermosa sí. Pero es una ramera. No sé por qué la trajo a la fiesta. No es correcto. No debió hacerlo por respeto a los novios. —dijo una mujer.
Estaba lejos, pero escuchó su voz chillona decir todo eso mientras otra mujer alta y de nariz muy larga respondió:
—Ya conoces a Alessio, siempre sale con rameras. Nunca una chica decente. Un hombre soltero y rico desperdiciando su vida con mujeres así.
—Alessio no quiere compromisos y odia que sus amigos le presenten chicas decentes para salir. A él le gustan otro tipo de mujeres.
—Rameras por supuesto.
—Claro. Porque con ellas no hay compromisos, sólo regalos y diversión.
—Sin compromisos. Sin bodas. A él le aterran los compromisos.
—Pues no debió traerla.
Irina sintió que había oído suficiente y nerviosa tiró la copa al piso llamando aún más la atención.