La chica rusa
Irina se vistió con prisa en la penumbra de ese cuarto de hotel y tembló. Ese maldito hombre la miraba como si…
No sabía por qué había aceptado hacer esas fotos atrevidas.
Sí, sí lo sabía. La paga. Pagaban bien por ser una modelo publicitaria de ropa interior y tener curvas naturales, nada de implantes. trajes de baño, bikinis, pero nada sucio, nada atrevido.
Sin embargo, le habían pedido que luciera vestidos, una marca nueva de ropa esta vez. un vestido de novia en medio de la plaza de Milán, nada que fuera osado.
Hasta que la citaron para más fotos y pagarle. Le pagarían un anticipo muy tentador.
Pero al ver a ese hombre entrar de repente le dio mala espina, sin saber por qué ese hombre barbudo no le gustó, tenía cara de pervertido.
—Bellísima, molto bella—dijo.
El fotógrafo sonrió y por suerte había otras chicas, pero ese italiano no dejaba de mirarla como si…
—Puedo pagarte el doble si aceptas un trabajo extra.
Esa frase no le gustó.
Llevaba un año viviendo en Italia por una beca de estudios y había empezado a trabajar en sus ratos libres, era mesera y también modelo incipiente.
Pero no le gustaba cuando le ofrecían una extra de esa forma. Sabía que no sería algo bueno.
—No creo que acepte.
Esperaba que le pagara y se largaría, pero el cretino dio rodeos.
—Tranquila, no voy a hacerte daño si haces lo que pido muñeca rusa—le dijo.
—¿Qué quieres? —estaba a punto de llorar porque si ese maldito le exigía sexo le daría un golpe en las bolas con lo nerviosa que estaba.
El fotógrafo se alejó y los dejó a solas. Supo que había algo raro en esa sesión de fotos cuando vio entrar a ese barbudo de mirada rara y a otro que a su vez empezó a sacarle instantáneas con su celular.
—Tranquila nena, no voy a pedirte sexo. Sabes que podría tomar de ti lo que quisiera y luego estrangularte sin que pudieras hacer nada.
Ella tragó saliva y lo miró pálida, aterrada mientras buscaba con la vista algo para defenderse.
—Sólo quiero que me ayudes con mi amigo inglés. Es guapo y millonario y…
—¿Que te ayude con tu amigo inglés? ¿De qué hablas?
—Tienes que acostarte con este hombre y ser su esposa un tiempo. pagará mucho dinero por eso y te ha escogido a ti. ¿Lo ves? Dije que te conseguiría un buen trabajo como modelo, aunque no deberás modelar sino abrirte a él y dejarlo muy contento en la cama. imagino que sabrás cómo hacerlo.
—Soy modelo publicitaria no una ramera fina. Jamás he dormido con un hombre por dinero.
—¿Ah no? Bueno, dicen que en esta vida hay una primera vez para todo. Tendrás que hacerlo. Verás, no te ofrezco algo deshonesto, una boda inglesa con un hombre guapo y millonario. El sueño de cenicienta. ¿Qué dices?
—Digo que no. No haré eso. Búscate a otra, italiano. crees que soy tonta? Una boda con un millonario.
Quiso escapar, pero ese hombre fue astuto y le mostró una fotografía de su hermana Katia, la más parecida a ella y dos años menor.
—No me dejas hablar, pequeña. ¿Siempre son tan impulsivas las rusas? Mira bien la fotografía, tal vez sea la última vez que los veas así enteros.
—Qué… ¿pero por qué?
—Porque a mi amigo le gustan eslavas rubias y de pecho abundante, así como tú. Una hermosa rubia interesante con encantos. Le envié otras fotos, pero él te escogió a ti.
—¿Me escogió a mí? ¿Y eso cuándo pasó ¿… no tiene sentido. Nunca he visto a ese hombre, ni siquiera me conoce.
—Es verdad. Pero vio tu fotografía y le gustaste. Si no haces lo que te digo haré una llamada a Rusia y le pediré a unos amigos de allí que se lleven a tu hermanita y la vendan a un burdel. Tiene edad suficiente para gustarle a alguien.
—No, no por favor. Haré lo que me pides. Dormiré con ese hombre.
—Así está mejor. Estas fotos lo han dejado como loco. Rayos… qué buenas fotos he podido sacarte. Ahora ponte un abrigo y ven conmigo. La cosa no es tan simple preciosa. No se trata de una noche. Si así fuera sería muy fácil ¿no?
Irina obedeció temblando. Iría a la policía, pediría ayuda. Ella no era una ramera, no se entregaría a un hombre por dinero.
Pero el italiano tenía una foto de su familia, sabía de ellos y también sabía que era una modelo principiante que ganaba dinero haciendo algunas pequeñas campañas publicitarias de ropa interior.
Tenía un cuerpo delicado y sensual, un cabello rubio lacio de una tonalidad dorada y ojos inmensos y verdes.
Pero no era su ocupación principal, estaba estudiando una carrera de publicista y periodismo.
Quería progresar y por eso había rechazado algunas campañas que eran poco serias.
En una ocasión su mánager le dio el teléfono de un millonario italiano que quería conocerla y charlar.
Le habló maravillas de ese hombre, pero Irina sabía que ese hombre seguramente quería sexo y pagarle bien.
ningún hombre rico se acercaría a ella sólo para charlar.
Tragó saliva y el italiano dijo que debía acompañarlo.
—¿Qué, pero a dónde?
—A un lugar donde cuidan a las chicas que, como tú, están en venta.
Ella pensó que no hablaba en serio, ella no estaba en venta.
Antes de que pudiera hacer algo un hombre alto la atrapó por detrás y la inmovilizó. Forcejaron y logró golpearlo y la lucha duró un buen rato hasta que se acercaron dos hombres y uno de ellos le dio algo que la durmió. Un spray con algo.
“Diablos, pelea como una gata esta rusa” dijo uno de ellos y otro se rio.
Pensó que todo había sido un mal sueño, que en una sesión de fotos como tantas un tipo corpulento y barbudo le había hablado de venderse por mucho dinero a un millonario inglés. No podía ser real, debía ser una broma.
Pero al despertar se encontró con las muñecas y los tobillos atada a una cama sin poder moverse y no estaba sola, una chica de cabello rubio muy claro fumaba un cigarro y hablaba con alguien por celular en italiano. Estaba mal, parecía llorar.
Otra chica estaba sentada mirándola. Ninguna estaba atada, sólo ella y el cuarto parecía una habitación de hotel de lujo, no un sucucho donde encerraban mujeres.
—Ya despertó—dijo una tercera en alguna parte.
—Avísale a Ítalo.
Lo siguiente que pasó fue que la dejaron así atada durante horas y sólo le permitieron quitarse las sogas cuando llegó el barbudo.
—Va bene, ahora te ves más tranquila. Esta chica es muy brava, es rusa y sabe artes marciales. No se fíen de lo que diga, es mentira, y si intenta algo la vuelven atar o le dan u Las otras se miraron y una de ellas se le acercó osada.
—¿Es para Tintoretto?
—¿Tintoretto?
La chica rubia rio.
—A él le gustan mucho las rubias rusas, ¿es para él?
El barbudo dijo que no, algo molesto de que mencionaran a ese tipo.
—No digan que tengo una rusa, ¿sí? Soto voce, en boca cerrada no entran moscas.
Esta chica es un premio mayor. Pagarán mucho por ella, pero debemos cuidarla y entregarla intacta, sin marcas ni nada.
Así que quítale las sogas. Si hace algo deben avisarme y ponerla a dormir un rato. Hasta que se tranquilice.
La habían raptado, la habían encerrado y la querían vender como si fuera una res para entregarla a un tipo extranjero, un inglés, lo dijeron con todas las letras.
—¿Has comprendido Irina Petrov? Si no quieres que tu hermana venga aquí y sea compañía de las demás harás lo que te diga.
Ella no dijo nada, seguía pensando que todo era un sueño. Una horrible pesadilla en realidad, el hotel, las chicas…
Pero cuando la liberaron no hizo nada más que beber agua fresca y luego pidió para darse un baño.
—No intentes nada rusa, que yo pego más fuerte que tú —le advirtió una chica de cabello pelirrojo y trasero saltón. Vestía de colegiala, pero debía tener más de veinticinco o más.
De pronto notó que todas vestían distinta temática, la jovencita, la inocente, la sensual…
Pensó que si quería escapar debía ser más astuta. Podía bien con dos de esas chicas, se veían delgadas y esmirriadas, la colorada parecía más brava.
Pero así y todo por más que escapara esa gente era muy mala, sabían quién era y acababan de quitarle todo: el pasaporte, sus tarjetas, no tenía dinero para ir a ningún lado.
Se dio un baño y luego comió algo parecido a un sándwich de huevo y queso y agua.
—¿Cómo te llamas, rusa?
Ella miró a la chica rubia que tenía todo el maquillaje corrido como si hubiera estado llorando, tenía los ojos muy grandes y era muy delgada, demasiado.
—Irina.
—Bonito nombre para una ramera fina. A los italianos les encantan extranjeras… yo soy brasileña y me llamo Rossana.
—No soy una ramera fina, fui embaucada, raptada,
—Todas dicen eso, algunas dicen la verdad y otras mienten.
—Yo no miento.
—Da igual aquí debes hacer lo que te dicen o te las verás feas. Muy feas, pero no te preocupes, te irá bien porque ya tienes un comprador.
Irina miró a la chica brasileña con extrañeza.
—¿Cómo diablos lo sabes?
—Soy vieja aquí—dijo la chica dándole una pitada al cigarro. —Sé muchas cosas.
—¿Trabajas para esos hombres?
Ella hizo un gesto de indiferencia.
—Ítalo me consigue buenos clientes, me pagan bien y vivo como reina, pero ten cuidado, parece un osito tierno con esa barba, pero es muy malo.
Mientras hablaba notó que tenía una marca en el cuello, tal vez fuera su nombre o…
—¿Qué miras?
—¿Tienes un tatuaje en el cuello, es tu nombre?
Ella sonrió.
—Son las iniciales de mi amo, Ítalo Crespi, IC son las siglas de su nombre. También a ti van a tatuarte. ¿En Rusia también eras ramera?
—No soy una ramera, soy modelo y trabajo en una oficina. NO debo estar aquí, esto es criminal.
Las chicas se miraron.
—Todas dicen eso. ay no, no soy ramera. ¿Qué hay de malo con ser ramera? Al menos te pagan por sexo, no lo haces gratis como esas estúpidas que creen que así tendrán el amor de un hombre. Yo prefiero tener su dinero y disfrutarlo y comprarme lo que quiera—dijo la pelirroja.
La chica rubia sonrió. Rossana la brasileña.
—No se ven muy felices—dijo Irina.
La pelirroja se le acercó.
—Cuidado con lo que dices. No te creas superior porque serás comprada por un hombre extranjero, seguramente te hará cosas horribles y entonces habrás deseado quedarte aquí con nosotras.