Vendida al mejor postor (Romance con el millonario mafioso italiano nº 1) Beginning #4
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Beginning #4

—Porque no tienes nada ni parecido en tu catálogo de rameras finas y guapas.

Además, puede que no le guste luego la chica.

Mejor será tomar fotografías y esperar y no hacer nada hasta que tu amigo dé el okey.

Hoy día la operación para convertir a una chica común en virgen es muy buena… no notará nada la diferencia.

—Y si lo nota me quedo sin mi paga.

—Tú consíguele una muy hermosa y curvilínea y veremos si él mismo no se come el engaño. Porque una mujer como a él le gusta no la va a encontrar nuevita como quiere. Contadas con los dedos. Pero por una buena suma de dinero tendrá todo eso y más.

Luego de cortar habló con su amigo y socio.

—Parece difícil pero no imposible. No pienso perder este encargo.

***********

Ron Stratford vio las chicas una semana después y rechazó todas. Ninguna le agradó.

—Me mandas fotos de chicas muy parecidas—se quejó.

—¿Qué? Son preciosas. Tú eres demasiado exigente.

—Bueno, pagaré lo que sea. Sólo mándame algo mejor.

Y así pasaron los días y el inglés se empezó a enfurecer por no tener lo que deseaba y su amigo por no poder contentarle con nada.

Empezó a sospechar que eran todas rameras tratando de engañarle y se crispó.

Tal vez fuera mala idea buscar allí una esposa.

Ni siquiera lo convencía buscar una chica de catálogo.

Tal vez debía olvidar esa idea. El matrimonio no era para él, ¿además dónde encontraría una mujer que aceptara convertirse en su esposa por un tiempo límite y además le diera un hijo?

Por dinero tal vez… pero no quería comprar una esposa.

No quería tener una falsa esposa por un tiempo.

aunque en verdad necesitaba una mujer cerca en esos momentos, su estado de ánimo era pésimo, por momentos ni él se aguantaba.

Por un lado, empezaba a considerar cruel y absurdo comprar una esposa y a su vez sentía mucha más pena al perderlo todo. No quería comprar una mujer, ni tampoco pedirle ayuda a una ramera, pero comprendía que sólo una mujer astuta e inteligente podría cumplir bien su papel.

Y mientras recorría la propiedad a caballo para despejarse y dejar de pensar su amigo el italiano le envió la fotografía de una hermosa chica con traje de novia con la siguiente pregunta: ¿la quieres? Si la quieres será tuya, si no, seguiré buscando.

Contempló la foto sorprendido y emocionado. Era una hermosa chica rubia de grandes ojos verdes y chispeantes y se veía feliz, radiante envuelta en su vestido blanco posaba con su vestido como si fuera una modelo eslava.

—Es preciosa. ¿Quién es?

—Es una novia italiana lista para casarse y dicen que es virgen. No estoy seguro al respecto, ya sabes que las chicas de hoy día son muy pícaras. ¿La quieres, aunque no sea del todo virgen?

El inglés millonario vaciló, pero garabateó:

—Sí, la quiero.

Luego miró las fotos que le envió el astuto italiano.

Quedó loco con esa chica, qué hermosa era, parecía hecha a su medida, fresca, natural, casi no tenía maquillaje porque sus rasgos eran perfectos.

El cabello rubio largo y lacio, los ojos muy grandes y verdes el rostro en forma de corazón y esos labios rojos llenos naturales…

El italiano lo llamó.

—¿Estás seguro, Stratford?

—Sí… al fin me enseñas algo que vale la pena. ¿Quién es?

El italiano respondió con evasivas.

—Temo que esto será algo complicado y más costoso de lo esperado.

—Ofrécele todo el dinero que quieras y creas necesario en cuanto a tus honorarios los pagaré, siempre lo hago.

—Sí, lo sé. pero me refiero a que si estás seguro realmente moveré un dedo. ¿Quieres pensarlo?

—No, no hay nada qué pensar. ¿Qué sucede?

—Nada. Sólo quería que estuvieras seguro.

—¿Quién es esa chica? ¿Y cómo diablos sabías que me volvería loco al verla?

—Porque conozco el gusto de mis clientes, sé la clase de mujer que te gusta. Y en realidad sólo probé, tenía otras fotografías para enviarte, pero por lejos la primera es la más guapa y tierna. Como a ti te gustan.

—¿Por qué lleva un traje de novia?

—Porque es modelo—mintió el italiano.

—¿Es modelo? ¿De dónde es?

—Es rusa.

—¿rusa?

—Sí, ahora tengo que dejarte. Tengo trabajo amigo, luego ajustaremos detalles y prepararé una cita para que conozcas a la chica.

El inglés se sintió locamente enamorado pero el italiano fue astuto y se negó a darle más detalles.

Ni siquiera le dijo su nombre, pero él tenía sus fotografías y supo que no quería ver otras chicas y que no importaba si la entrevista era un desastre, quería a esa mujer para él.

Una rusa hermosa y voluptuosa, se veía besando cada rincón de su femenino cuerpo, como loco, insaciable...

Sabía que las eslavas eran muy hermosas y de genio vivo, pero en verdad que eso no le afectaba, él podía rugir mucho más fuerte.

No era hombre de dejarse domeñar por ninguna mujer. Se quedó tonto mirando la fotografía.

Tal vez fuera hora de dejarse atrapar por una…se dijo pensando en la chica de la fotografía. Le gustaba tanto que no le importaba nada más. Debía estar loco o muy desesperado, entusiasmarse con una mujer por una fotografía.