EPÍLOGO
Catorce meses después
Bismarck
El verano comenzaba a despedirse.
James cerró la puerta del precinto antes de iniciar sus vacaciones.
Cuando llegó a casa, Rufus apareció desde el jardín con una pelota entre los dientes.
James sonrió.
La lanzó.
Observó al perro correr con la misma energía de siempre.
Sofía lo esperaba en la terraza con dos copas de vino.
Entonces sonó el timbre.
Un mensajero entregó un sobre certificado procedente del despacho encargado de la sucesión de Basima Mophy.
En el interior había una nota del albacea.
«La señora Basima Mophy dejó instrucciones expresas para que este sobre fuera entregado al detective James Miller cuando todo hubiera concluido.
Ella creyó que usted comprendería su significado.»
James abrió lentamente el sobre.
Encontró una fotografía antigua.
Amin Romei.
Basima.
Y un pequeño Paul sonriendo frente a una casa modesta.
Detrás de la fotografía descansaba una hoja doblada.
La desdobló.
Solo contenía una frase.
«La justicia nunca debe parecerse al odio.
El día que se parezca...
ambos habrán perdido.»
Durante varios minutos ninguno habló.
James sostuvo la fotografía entre las manos.
—Creo que Basima quería que entendiéramos algo sobre su hijo.
Hizo una pausa.
—El hombre al que más admiró Paul fue, precisamente, el hombre al que nunca consiguió parecerse.
James guardó cuidadosamente la fotografía.
—¿Todavía piensas en Paul? —preguntó Sofía.
James tardó unos segundos en responder.
—Todos los días.
»Paul Mophy vivió en el rencor y mató a personas inocentes, pero que desde su punto de vista eran iguales a los que habían humillado a su padre y a él. Me cuesta imaginarlo viviendo tantos años cargando ese odio.
James volvió a mirar la fotografía.
—Entonces... él ganó —dijo Sofía.
James levantó la vista.
—¿Quién?
—Amin, porque su mensaje, su visión ha trascendido a otros.
James volvió a mirar la fotografía.
Esta vez no respondió.
James observó el tablero magnético que descansaba sobre un librero.
Era el mismo que había utilizado durante toda la investigación.
Se acercó.
Acomodó lentamente las treinta y dos piezas en su posición inicial.
Sonrió.
Tomó un peón blanco. Lo adelantó dos casillas.
1. e4
Nadie respondió ese movimiento.
No hacía falta.
James apagó la luz del estudio.
Antes de cerrar la puerta volvió la vista al tablero.
Por primera vez en mucho tiempo, no había amenazas.
No había víctimas.
No había mensajes.
Solo una partida esperando comenzar.
James cerró la puerta.