14 . ENTRE EL FUEGO Y EL DESIERTO #3
—Pues ahora lo es —levantó apenas la barbilla—. No voy a dejar que perturben a mi bina de pelea. Ustedes saben mejor que nadie que un luchador debe estar enfocado en su meta.
Diego tensó la mandíbula.
—¿Tu… qué?
—Lo que oíste, que Ferrán peleará conmigo.
El aire se volvió pesado, y aunque Leone debió sentirse aliviado, el miedo seguió ahí, atorado en su pecho. No pudo mirar a nadie a los ojos; prefirió quedarse quieto bajo el brazo de Russell.
—Pero Diego le dijo que… —Valentino quiso meterse.
—¿Y? —Russell no lo dejó terminar; relajó los párpados—. Leone ya lo decidió. Así que dejen de insistirle antes de que me fastidien a mí también.
Diego lo observó con esa mirada penetrante que a Leone le seguía intimidando; mordió con fuerza, conteniéndose , dejando ver los músculos de su cuello marcarse bajo la piel.
Nadie sabía lo que pasaba por su cabeza, nada bueno, seguramente.
Al final dejó escapar una leve sonrisa que no tenía nada de cálida.
—Muy bien. Si Leone ya tomó su decisión, no hay más que decir. Vámonos, Val.
Valentino lo volteó a ver, extrañado; chasqueó con la lengua y se cruzó de brazos.
Diego dio un paso al frente, dispuesto a irse, cerrando la distancia con Russell, y pese a que mantenía la sonrisa, su porte era pesado.
Pasó junto a Huzumán sin quitarle los ojos de encima, y este ni se inmutó, se limitó a seguirlo con la mirada hasta que ambos salieron de sus respectivos campos de visión.
Cuando Diego y Valentino desaparecieron por la curva del pasillo, Russell soltó un suspiro, relajando el brazo que rodeaba a Leone.
—¿Estás bien? —le preguntó sin soltarlo del todo.
Leone asintió.
—Gracias... ¿Cómo sabías…?
—No hay que ser inteligente para darse cuenta de que el vato alucina con su poder —Russell lo soltó; le dio la última mordida a su barra mientras ojeaba el lado por donde Diego se fue—.
Hay dos tipos de personas que detesto, y él encaja perfectamente en uno.
A esos güeyes los sientas de dos formas: de un vergazo o poniéndote al tú por tú.
Existía algo en su reacción, muy opuesto al día anterior, que daba pie a iniciar una conversación amena.
—Parece que tienes experiencia... —ladeó la cabeza.
Russell se encogió de hombros, despreocupado.
—No soy precisamente el favorito de los grandotes con complejo de líder —hizo una pausa, mirando al frente con un destello pensativo en los ojos—. Pero no importa. Al final del día, siempre gano.
«Siempre».
Leone no pudo evitar pensar al respecto.
Por un instante se sintió con el derecho de interpretar las palabras del pelirrojo a su manera.
Esa actitud arrogante parecía más una máscara que una verdadera personalidad.
Por fin se percató de ese «algo» que destacaba la mirada de Russell; no era del todo seguridad , era cansancio, tal vez, o una especie de resignación, pero, ¿de qué?
Lo único que sabía era que, al igual que él, tuvo problemas en su pasado.
De nuevo reafirmó su idea: quería conocerlo.
No solo al hijo del Conquistador De Fuego, ni al chico agresivo que se prendía con cualquier malentendido.
Quería conocer al verdadero Russell, y, de alguna forma, sentía que lo estaba invitando a hacerlo, dándole pequeñas pistas, retándolo a mirar más allá de lo evidente.
—Qué bonito —alguien habló a sus espaldas.
Los dos se giraron. La sorpresa de Ferrán fue menos intensa al reconocer a Tatsuro, apoyado en el borde de la ventana, observándolos desde quién sabe cuánto tiempo.
—Tienes huevos, eh —alzó la voz, dirigiéndose a Russell—. Pero al chile qué bueno. Que el cabrón vea que no todos le van a lamer las botas.
A Leone se le iluminaron los ojos; le alivió bastante ver a Tsuro de buen humor, confianzudo y hablador como la vez que lo conoció.
—¿Es cierto que van a pelear en la competencia?
Huzumán asintió.
Tatsuro humedeció sus labios, contuvo una sonrisa moviendo su cuerpo de izquierda a derecha, como si hubiera escuchado la mejor noticia de su vida.
—Van a necesitar a un buen representante.
Russell y Leone se vieron entre sí con la esperanza de que el otro supiera de qué estaba hablando.
—¿No leyeron el panfleto? —Tatsuro se frotó la cara, irritado—.
Tenían que ser nuevos... Bien, yo seré su representante; y como su representante, haré todo lo posible para que ustedes dos peleen contra Diego y Valentino.
Tienen que quitarles la racha. El hijo de una leyenda y un prodigio—los señaló—.
No me digan que no pueden contra dos pendejos arrogantes.
¡Ya estamos! Tenemos que planear bien la estrategia, vamos. Tú también vente, zorro.
Tatsuro dio media vuelta y caminó, decidido .
—¿«Zorro»? —Russell se rascó la sien.
—Él te pone un apodo si le caes bien —Leone suspiró, dejando ver una risita.
No sabía exactamente qué les iba a esperar en los días siguientes, pero presentía que sería algo importante, no solo por la competencia, sino por los vínculos que estaba comenzando a construir.
«Tal vez Tsuro tiene razón», pensó. Podían quitarles la racha, o por lo menos intentarlo. Y con esa idea en mente, aceleró el paso junto a Russell para alcanzar a Tatsuro, su nuevo amigo en común.